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Matías mí nueva fantasía (el final)

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Si no leíste la primera parte leéla acá.

https://misrelatoshot.wordpress.com/2010/04/08/matias-el-stripper-mi-fantasia-1ra-parte/

Sus gestos y susurros reflejaban que le había gustado…

Reaccionó con movimientos firmes y salvajes…

Con una mano me tiró del cabello haciendo mi cuerpo arquear hacía atrás. La otra mano la apoyó sobre mi cuello alongado y con sus dedos bien abiertos comenzó a arrastrarlos con ahínco. Dejó tan sólo unos escasos centímetros de aire entre su cuerpo y el mío y así fue  descendiendo en línea recta atravesando mis senos, bajando por el abdomen y abandonando en la pelvis.

Su repentina manipulación me elevó al mismísimo cielo. Mis gestos y murmullos se lo hicieron saber.

Totalmente compenetrado en lo suyo tomó el cinto; lo pasó por entre sus piernas pegándose más e hizo lo propio por las mías, y comenzó a bambalearlo reiteradas veces rozando nuestra intimidad; despertando la templanza de mi sexo.

Dando unos pasos hacia atrás se distancio un poco y tras retirar el cinto me tomó de la mano y me llevó al sillón, dejándome allí con un – ¡no me extrañes!–

Me paré y me miré al espejo, reparé en mis mejillas, coloridas, acaloradas…

Toda yo estaba desencajada, impaciente, nerviosa.

Desesperadaaaaaaaaaaaaa!!!!

Sobre la mesa ratona yacía el vaso de caipiriña; la  misma parecía estar incitándome a beber lo que quedaba de su contenido.

Lo estaba bebiendo a grandes sorbos, cuando Matías aparece de nuevo (se cambio rapidísimo) personificando un guapo del 900.

Recuerdo haberlo visto de “malevo” en algunas imágenes de la pagina.

¡Ahhhhhhhh noooooooo!

¡Qué hijo de puta! no podés estar tan fuerte -pensé-

Con su completo aspecto arrabalero se plantó en el living con una mano tomándose el sombrero y con un pañuelo blanco asomando del bolsillo del saco haciendo juego con la bufanda que rodeaba su cuello.

Caminó con su sonrisa amplia (la cual me derritió) orgulloso de lucir su dentadura impecable.  Se dirigió hacia el equipo de música y metiendo la mano en el bolsillo derecho sacó otro Cd; lo insertó y comenzó a sonar “La Cumparsita”.

Bailando alrededor de la silla poco a poco se fue despojando de sus pertenencias.

Sin quitar sus ojos en los míos se sacó el sombrero y lo arrojó con desparpajo cayendo a mi lado. Luego le siguió la bufanda previa a mecerla por unos segundos sobre su cuello la que también lanzó sobre mí.

Continuó con el saco, el que colgó sobre el respaldo de la silla y desprendiendo los botones de su camisa blanca quedó con la “tabla de planchar “al desnudo; (perdón quise decir torso, je je) bailando al compás del tango.  Se la fue quitando con una indescriptible sensualidad, tal es así que mi respiración comenzó a aumentar. (No me quiero imaginar la cara de boba que habré puesto. Les aseguro que no era para menos)

Sin exagerar en el más mínimo detalle sentí bajar el flujo mojando mi tanga, chorreando mis muslos, y alcanzando la tela del vestido (por suerte negro) no aguantaba más las ganas de manosearlo, comerloooooo a besossssssss por Diossssssssss ¡Qué delirio!

Al fin se acercó al sillón. Estiró la mano invitándome a parar.

Me dejó de cara a su espalda y haciendo sus brazos para atrás tomó los míos y los llevó hacia adelante apoyando mis manos sobre su torso esplendoroso.

Mis manos transpiradas y aun con un dejo de timidez le acariciaron el pecho. Luego descendí ondeando sus abdominales como cual naufrago va en búsqueda de la orilla nadando en las profundidades del mar atlántico.

Cuando Matí notó mis manos flojear volvió a ejercer presión y las llevó hasta su cintura, impulsando mis dedos a meterse debajo del pantalón.

Me mordía los labios de la desesperación, quería arrancárselo y cogérmelo en ese instante. Una vez cumplido su objetivo me las llevó hasta su abultado sexo.

¡Increíble!

Era notorio lo que se había calentado.

Vislumbraba un tamaño importante. Yo moría porque lo pelara ahí mismo.

Siguió con sus manos sobre las mías en un franeleo de seducción constante. Me las arrastró hacia los laterales de su cuerpo, las depositó sobre el borde del pantalón y allí las dejó quietas; mientras él contorneaba con las suyas mi figura.

El contacto de sus manos en mi cuerpo provocó la completa erección de mi piel. Mis poros a esa altura clamaban “sexo” a borbotones.

Volvió a ponerlas sobre las mías mientras de fondo sonaban las últimas notas, en un imprevisto arrebato las tomó usándolas de pinza y las jaló con rapidez hacía afuera; deshaciéndose por completo del pantalón con mi ayuda accidental.  Se quedó tan sólo con una diminuta sunga blanca que de haber podido y sin dudar hubiese quitado con mis dientes.

“Fue un acto único, majestuoso. Quedará incrustado en mis retinas por el resto de mis días”

Llegó al final de la rutina algo agitado y transpirado. Me miraba con picardía mientras se tomaba lo que quedaba en el vaso, y volviéndose a servir preguntó:

– ¿Te gustó?-

Con risita burlona sabiendo la respuesta bebió otro poco de gaseosa mientras me recorría con detenimiento con su mirada posándose justó allí, en el “blanco”, y me tiró la pregunta:

– ¿Y ella qué opina? –

A mi mente llegaron tantos pensamientos libidinosos como las ganas de coger. Apreté mis labios para cerrar la boca y contenerme de no decir cada barrabasada que de ella quería soltar, pero mi subconsciente me traicionó…

¿A mí? ¡Me encantó!  y si querés saber cómo está mi amiga averígualo vos mismo…

(maaaaaaaaa sí; ya fue! se pudrió todo) – pensé para mí-

Mi cuerpo a esa altura emanaba un insinuante olor a sexo y un mundo de sensaciones que quería concluir.

Pero el muy desgraciado tras reírse ligeramente me susurró al oído:

– quiero mucha humedad, mucha más –

Y se volvió a marchar dejando la estela de un exquisito perfume que aun hoy pareciera que puedo oler… mientras comenzaba a sonar Mick Jagger y su “hard woman” único testigo de ese memorable momento.

Tuve la vaga idea de ir tras él y tirármele encima, pero también no quería dejar de disfrutar de cada una de sus actuaciones y mordiéndome de deseo me volví a servir otro poco de caipiriña (¿para animarme a más?) Y me senté esperando su aparición…

Al término de hard woman comienza a sonar “habibi ya nour el ain” que traducido quiere decir “querida mía eres la luz de mis ojos”  tema que me encanta. (Yo soy profe de danza árabe, pero él no lo sabía)

Como un sikh entró arremetiendo con total energía superando sus demás personajes. Con un turbante dorado sobre su piel bronceada era el mejor exponente jeque árabe que jamás haya visto, salvando la distancia claro; que muy joven para serlo.

Completando su personificación con un chaleco  satinado igual color que el turbante, abierto con flecos y en lugar de la típica túnica llevaba un amplio babuchón con una faja ancha negra elevando su porte.

Empezó a danzar delante del sillón con un dinamismo  tal que estimuló por completo mis sentidos.

Ante su presencia noble me salía de la vaina por pararme y demostrarle mis dotes de bailarina.

Como adivinando mí intención estiró sus manos, los colocó debajo de mis brazos y me levantó en el aire girándome como niñita pequeña mientras sonría contagiosamente. Me bajó lentamente, dilatando el momento de mi aterrizaje, como si deseara no soltarme.

Ese contacto tan directo me hizo sentir tan cerca de él que en ese instante me sentí suya.

Al apoyar mis pies en el suelo como un shock eléctrico me recorrió el cuerpo.

Mirándome a los ojos me dice: – ¿qué fue eso? –

No sé, pero me sacudió.

– A mí también. Sentí como si me hubiese agarrado corriente –

Estarás sobrecargado (y largue una carcajada) a la que no dudó en sumarse. Luego bajó la mirada hacia mi boca, llevó la mano hacía ella y con el dedo índice me hizo callar con un sensual:

– “shhhhhhhhh” –

Me comenzó a recorrer a lo largo y ancho de mis labios con la yema del dedo, automáticamente cerré los ojos para sólo disfrutar de su tacto.

De pronto sentí el cambio de textura… no lo podía creer; era su boca sobre la mía.

Me besó fugazmente (un beso tímido, como esos que damos en los inicios de nuestra pubertad)

Suficiente para encender la llama del deseo.

Abrí los ojos, y lo vi alejarse de mí, al ritmo de “habibi”. Lo observé tiesa por unos segundos, como si ese beso me hubiese paralizado. Pero pronto me animé antes que la canción finalizara, y le dejé saber que la danza árabe era lo mío. Y en cuestión de segundos lo tenía de espectador asombrado esbozando un estridente “guauuuuuuuu”

Pareciera que no le molestó en absoluto cambiar su rutina. Contrariamente y cambiando su cuadro por completo me disfrutaba viéndome con cara de satisfacción.

Mi vestido no era el atuendo ideal para menear mi cuerpo como la situación lo ameritaba, pero sin embargo ni eso me detuvo, y según me pude observar en el espejo que tenía enfrente; la falda subida por los meneos le dejaban ver el color de mi tanga (negra).  Mí figura se veía  sexy, atrevida, eso me animó a más…

Posé mis manos en lo que dejaba  expuesto su chaleco desprendido y las arrastre por ese abdomen que más de uno le envidiará, haciéndole sentir mis largas uñas.

Bailamos los dos, seduciendo con cada movimiento. De por sí, la música árabe induce constantemente a seducir a su pareja y/o espectadores.

Pero me hubiera gustado lucirme cuando abismada le baile la danza del vientre, pero el vestido si bien dejaba ver claramente el meneo  sensual de mis caderas no me favoreció a la hora de demostrar el quiebre de mi cintura ni de mi  total  habilidad en mi especialidad.

Al terminar “habibi” nos aplaudimos orgullosos el uno al otro como agradecimiento de dicho espectáculo.

Acalorados los dos por el baile, y por el alcohol que había empezado a hacer efecto en mí,  bajo risas cómplices comenzamos a jugar con los cubitos de la hielera.

Su show había terminado,  pero empezaba otro, “el mejor”; el que me tenía también de protagonista; y el que tanto ansiaba…

Tomó un hielo y comenzó a recorrer el circuito de mis labios con él. Haciendo pausas en el trayecto, dilatando el fin.

Mezcla del calor que hacía en el lugar, y el calor etílico  que mi cuerpo desprendía; el hielo comenzó a derretirse…

Sugestivamente dejé asomar mi lengua, y acompañé el itinerario con la punta de ella y así fui bebiendo las refrescantes gotas que iba soltando.

Después de haber recorrido mis labios y sosteniendo el minúsculo hielo entre sus dedos me lo depositó para que se fundiese por completo en mi boca.

Calcando sus pasos hice lo propio, sólo que una vez que acabé de recorrer sus labios me lo llevé a mi boca y desde allí se lo introduje en la suya.

Jugamos con él mientras duró, luego nos fundimos en un beso gélido pero contradictoriamente ambas bocas se sacaban chispas.

Nuestras lenguas poco a poco se fueron aclimatando e involucrando. No podíamos parar de besarnos, se sentía tan rico… invitaba a seguir

Sin despegar las bocas voluntariamente nos dejamos caer en el sillón. Una vez allí bajó besándome el cuello, y yo como cuan garza tratando de divisar alimento lo estiraba y echaba hacía atrás para que no quedara ninguna partícula sin besar…

La música seguía sonando…

Comienza a sonar Kaoma  y su archi conocida “Lambada” (para los que no la conocen, les cuento que data de la década de los 80’s). Melodía altamente sensual como pocas.

Matías al sentir la primera nota como una pluma (peso 53 kilos) me levantó y me depositó en el suelo.

Pegó su cuerpo al mío, me tomó la mano y me la llevó en alto y tras un par de ligeros giros empezamos a danzar. Asombrosamente simétricos como si lo hubiésemos hecho desde siempre.

Al término de “Lambada”  estábamos más excitados que antes, era re evidente lo parada que tenía la pija. La babucha era amplísima, pero por la amplitud más se le notaba más el bulto. Y ni se imaginan lo empapada que estaba yo; tenía la tanga toda mojada, sentía escurrir mis juguitos por entre las piernas.

Me indujo a sentarme en el apoya brazo del sillón. Se paró y me dijo:

– ¿Podés hacer algo con esto? – Manoteándose el bulto.

Claro que sí, te voy a pegar una chupada antológica, para que nunca te olvides de mí.

Cumpliendo mi fantasía con su metro ochenta y cuatro delante mío era algo que tiempo atrás jamás me hubiese imaginado.

Le bajé el pantalón hasta los tobillos, él; prefirió sacárselo del todo.  Abrió sus piernas luciendo un bóxer blanco con guardas rayadas en gris. La prenda resistía por contener su mástil. Hasta que decidí liberarlo.

Le bajé el bóxer hasta las rodillas. ¡Hay Dios míooooo! ¡Qué buena pija!

En cuestión de segundos mi boca  se inundó de saliva. Producto de mi apetito sexual.

Mati hizo un intento por quitárselo, pero yo no lo dejé; puse mi mano sobre la suya y se la quité diciéndole:

¡Me gusta así! ¡No lo saques!

No le quedó otra más que obedecerme. Yo pagaba por sus servicios. Sería a mí manera, no a la de él.

Con una mano recorrí su caja torácica haciendo figuras imaginarias sobre ella. Y como buena amante que soy mirando siempre a los ojos  ¡OBVIO!

Con la otra agarré su pija que ya estaba a punto “chupetín” lista para el disfrute de mi aguada boca y con sólo la puntita de mi lengua comencé a martirizarlo tan lentamente como me fue posible.

Quería hacerme desear tanto como él me había hecho desear a mí.

Me tomó del cabello con ambas manos “suponiendo” dos colitas y con ellas acompañó los movimientos que yo le otorgaba.

Lamí sus primeras gotas preseminal. Por nada del mundo me las iba a perder. Las deguste con vehemencia.

Su sexo depilado por completo, estéticamente perfecto.

Su pija estaba híper rígida. De grande testículos, suavecitos… los comencé a lametear a la vez que mi mano acariciaba su tronco.

En principio lo hice suave, pero una vez que me engolosiné no pude dejar de devorarlo. Lo chupetee hasta que eyaculó sobre mí cara, él me preguntó dónde, y yo no dudé en que lo hiciera sobre mí rostro.

Hacía mucho que nadie me calentaba como él;(aparte de mi novio claro, con el gordito tenemos muy buen sexo, pero fuera de él, nadie me había logrado excitar así) y no quise dejar pasar la oportunidad de disfrutarlo a mi manera, así lo quise y así fue.

Con cara de exhaustivo regocijo me miró y dijo:

– ¡Déjame cogerte toda! sos una delicia de mujer… –

Sus palabras sonaron como una dulce melodía en un momento muy hot; pero nada era comparado al placer que me generaba saber que estaba ahí para cumplir una misión.

Exclusivamente contratado para mi propia complacencia.

“Vos vas a hacer lo que yo te ordene ¿OK?”

Estaba emputecida, me desconocía tan dominante…

Sumergida en un “juego” desconocido hasta ese momento, pero me divertía, la estaba pasando genial.

Esta vez fui yo la que le ordenó que se acostara en el sillón, boca arriba con la cabeza en el apoya brazo.

Levanté el vestido, me bajé la tanga que estaba increíblemente empapada y me senté en su cara, de espalda a él.

Sus ojos perfectamente redondeados se abrieron asombrados.

– ¡nena!

¡Me vas a matar! – decía con su boca pegada a mi sexo.

Si pensaba seguir hablando no sé, porque me empecé a mover frotándome en ella, él instantáneamente comenzó a hacer uso de su lengua orillando por la parte de afuera de los laterales de mis labios, como si quisiera juntarlos…

Una mano de cada costado de mis caderas acompañaba los movimientos que me generaba, ejercía presión, quería hundirse sin piedad en mí…

Así se fue introduciendo en el interior de mi hoyito rosado y con su hábil y larga lengua contrariamente a la vez anterior comenzó a separar mis labios en un ir y venir entre jadeos desenfrenados llevándose consigo la miel que mi sexo le obsequiaba.

Ahhhhh ahhhhh ahhhhhh

¡Cuánto placerrrrrr!

En un estado de total excitación y en forma casi desesperada como tomando aire levantó mi trasero por un momento de su rostro clamando…

– ¡Báñame con tus jugos!  –

“Quiero que te los tomes toditos” Le respondí en el preciso momento que liberaba con ímpetu un riquísimo orgasmo.

Me paré frente a él y adoré mirar su cara, totalmente pegoteada. Bajé hasta su boca. Se mantenía inmóvil, en la misma postura y le arrebaté un “jugoso” y sabroso beso al pasar.

Se incorporó y me dijo: – tenemos poco menos de 1 hora, aprovechemos a full el tiempo que nos queda. –

Lo agarré de la mano y sin perder un segundo más me lo llevé a mi habitación.  Cogimos en todos los rincones y espacios del pequeño habitáculo. En el mismo que me revuelco con mi novio jurándole fidelidad eterna. Eso me generaba mucho  morbo y más me excitaba.

Mati acabó 2 veces mientras me penetraba por la conchita y yo 4,la última cuando me hizo el culito, me late y mojo de solo recordar sus 21 riquísimos cm entrando en mí. No se le bajaba nunca…

– Ufff…Me destrozaste la pija ¡Nena! ¡Sos tremenda! Mejor no la pude pasar, me sorprendiste gratamente, Martina.

A ver cuándo repetimos… –

Yo también la pasé muy bien; me encantó elegirte a vos, pero no te confundas bombón; no habrá repetición.

– Le decía mientras abría el grifo para darme una ducha y quitarme la leche que disparó por todo mi cuerpo…

– ¿Me puedo duchar con vos? –

¡Dale! ¡Entrá!

Cero ganas de irse el chabón, me acariciaba tierno, me besaba toda…, más que un contratado parecía un novio, jaja

Resultó un dulce de leche“el” Mati

Nos encendimos de nuevo y terminé contra la pared piernas abiertas penetrada (sin protección) desde atrás dándome fuerte sin parar hasta que llegó su 4ta lechada… mmm no dudé en abrir mi boquita para recibir sus grandes chorros y saborearme mientras me la tragaba.

Al llegar la hora de retirarse le fui a pagar como corresponde…

Y ohhhh ¡sorpresa! No me quiso cobrar excusándose que quería seguir viéndome…

– ¡Martina! me encantó este encuentro, sigamos viéndonos –

– ¡Matías! Sos divino, la pasé genial, ¡pero no!; hasta acá llegamos. Fuiste tan sólo un recreo en mi relación.

Yo contraté tus servicios, y te voy a pagar como todos los demás…

– ¡Ok! De verdad me encantaste. Pero acá la que decide sos vos. Mi número lo tenés, así que espero que algún día me vuelvas a llamar.

Nos dimos un beso de despedida y se marchó llevando consigo su bolsito negro y con él todos sus personajes para seguramente alguna otra novia despechada como yo.

Cerré la puerta y fui en busca de mi celular para mandarle un mensaje de texto a mi novio y el mismo decía…

¡Gordito te amo! ¡Volvé pronto!

¡Te extraño!

No puedo vivir sin vos…