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Me mojo con las anécdotas de mi tía (3ra Parte)

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No pude contener mí desespera necesidad: frotar  suavemente mi clítoris era lo único que deseaba.

Cerré los ojos y me masturbé imaginando que era ella con su boca la que lo succionaba.

Las sabanas fueron testigos de mi obscenidad,  quedaron en ellas las huellas de mi plena satisfacción.

Apoyé la cara en la almohada y apreté  bien fuerte mi boca contra ella conteniendo los gemidos que yo solita me arrancaba…

A medida que jadeaba más apretaba mis labios,  fue un orgasmo silencioso; pero intensísimo.

Acabé re enflujadita, acalorada y algo transpirada, pero me dio pereza irme a lavar… me quedé así; disfrutando de las últimas vibraciones que  mi cuerpo me regalaba.

A medida que mi respiración se normalizaba mi mente se predisponía a dormir.

Me dormí satisfecha, exhausta, pero con la plena certeza que  iría por más…

Cuando me desperté lo primero que hice fue mirar hacia su cama.

Qué bonita imagen me encontré. Su rostro relajado, el cabello alborotado…

Dormía boca arriba. La sabana la cubría hasta poco más arriba de la cintura, inmediatamente  mi mirada buscó sus tetas, contenidas bajo un lindísimo corpiño semi transparente, dejando dilucidar  sus oscuros pezones relajados, prisioneros de la delgada tela que los envolvía.

Me levanté y me paré al ladito de su cama, necesitaba observar más de cerca, tan lindo espectáculo.

Me tuve que contener para no pasar la yema de mis dedos por sus aureolas, ni mi lengua por el canal de sus pechos, buscando encresparlos.

Bajé la vista hasta donde el borde de las sabanas  la tapaba,  me desesperó saber que a escasos centímetros estaba la razón de mi humedad.

Me frené justo a tiempo que mi mano levantaba un poco el lienzo para observar algo más, pero mi torpeza  producto de los nervios me jugaron una mala pasada, rozando justo entre medio del ombligo y el pubis.

Me asustó pensar que la había despertado, eso me trajo a la realidad y me paralizó.

La idea de que abriera sus ojos y me encontrara en esa lamentable posición me aterrorizó.

Se movió levemente, como quejosa. . .

Saqué la mano de inmediato, me puse el traje de baño  y me retiré en silencio tras cerrar la puerta de la habitación.

Me fui directo a la piscina, me zambullí intentando ahogar mis deseos, librarme de ellos, pero me fue imposible, me perseguían…

Me quedé en el agua recostada sobre la colchoneta   disfrutando de la quietud de la tarde. Inmersa en mis propios pensamientos; me dormí al sol.

Cuando de pronto me despertaron unos gritos…

– ¡Nahiara!  Estás asándote  al sol,  mírate cómo estás –

No entendía nada, estaba súper dormida.

Abrí los ojos desconcertada, ni siquiera sabía de dónde venía la voz; ni de quién era.

Busqué a mí alrededor y a nadie encontré.

Me volvió a repetir lo mismo para asegurarse de que la escuchara, y ahí  sí; miré para arriba y la vi, era ella, mi tía, en el balcón de mi habitación asomando el cuerpo por la baranda  con apariencia de recién despertada.

– ¿Cuánto hace qué estás al rayo del sol? –

– ¡No sé! ni idea, me quedé dormida –

– Ahí bajo – me dijo con voz de preocupada.

Pensé: qué exagerada…

Y me zambullí en la pileta.

Inmediatamente sentí el fresquito del agua,  y recién ahí  me miré las piernas; enrojecidas y brillantes, los brazos, la panza, todo mi cuerpo estaba igual.

Cuando estaba saliendo de la piscina, llegaba Adriana, con un short rosa con bordes blancos,  y una musculosa con detalles entre rosa y lila contrarrestando con su piel  morena

– Uy que barbaridad querida, cómo te quemaste.

Vamos  a adentro, pégate  una duchita bien fría –

– No me arde ni nada eh –

– Ahora no,  pero dentro de un rato te va a empezar a arder. Hazle caso  a tu tía, andá a bañarte. Después te alcanzo un gel refrescante que es excelente para estos casos,  justamente me lo compré por si me pasaba lo que a vos. Mientras te duchas lo pongo un rato en el frezzer. –

Cuando me fui a sacar la bikini sentí dolor al enrollar  el elástico y rozar la piel al bajarla.

Abrí sólo la ducha de la fría.

A medida que el agua se deslizaba por mi cuerpo afiebrado se iba calentando cada vez más.

Cuando salí de la ducha envuelta en un toallón me dirigí a mi cuarto, me enfrenté con el espejo y me asombré del gran daño que había  hecho el sol.

Estaba tratando de secarme un poco sin hacerme doler; cuando sentí  pasos subiendo la escalera.

Me cubrí de nuevo, podían ser algunos de mis hermanos. Pero no, era la tía, que me había visto salir del baño y me traída el gel.

Lo dejó y se fue.

Luego de embadurnarme el cuerpo con el producto sentí un alivio inmediato. Además de refrescarme solía exquisito.

Demás está decir que no me puse ropa interior, no la iba a soportar.  Me chanté  un vestidito suelto, más bien corto, cosa de tener el mínimo contacto con mi piel.

Se escuchaban voces, creí saber de dónde venían y fui hacía ellas.

Precisamente  provenía del living; estaban todos reunidos mirando una película. Me uní a ellos y ahí me quedé, tirada en un sillón debajo del ventilador de techo. Me planché.

-¡pobrecita mi nena!

Se quedó dormidita.  La voy a llevar –

Oía su voz cada vez más cerca de mí.

Me rodeo con sus brazos y me alzó.  Entre pasos sólidos  fue subiendo a lo largo de la escalera.

Luego de abrirse la puerta  sentí que me depositaba sobre lo que imaginaba era mi cama.

Mi cuerpo  y mi mente se hallaban desequilibrados.

La figura por un lado, la mente por otra. Como alejada de la realidad,  sintiéndome una espectadora más de la película en la que no soy protagonista.

Sumergida en la pesadez  de un sueño profundo  me hallaba.

Creí haber estado soñando. Ya ni sé.

Tuve la sensación de que alguien minuciosamente sacaba el vestido.

Con mucha suavidad me iba despojando de la prenda.  Se encontró con que debajo no llevaba nada. Pero ni así se detuvo, pareció no importarle.

Despegó un poco la cabeza de la almohada  y acabó por deshacerse de la única prenda que ocultaba la desnudez de mi cuerpo somnoliento.

A mis orificios  respiratorios  llegaba  un rico, fresco y dulce aroma; pero mi estado no era capaz de desentrañar la esencia.

Experimenté una extrañísima vibración cuando me pareció que mis pies eran tocados. En un momento sentí que me los succionaban  dedo por dedo, babeándolos  a su paso.

Fue muy loco, porque jamás antes lo habían hecho, con lo cual esas sensaciones eran novedosas y felizmente placenteras.

¿Fantaseaba dormida?

Luego continuó subiendo con los labios entreabiertos mojando  a lo largo de mis piernas con su saliva.

Al llegar a los muslos comenzó a darme pequeños chuponcitos,  ascendiendo de apoco, para luego concentrarse en la cara interna de ellos… y allí se quedó,  entretenidamente  lengüeteando por largo rato.

Mi entrepierna como no podía ser de otra manera comenzó a manifestarse de manera súbita.

No entendía lo que estaba ocurriendo, pero  no tenía la más mínima intención de entender, ni de salir del estado del que me encontraba. Disfrutaba sin interrupción.

Sus labios parecían querer devorarme. Me recorrían hambrientos,  sedientos de mí;  y de cada centímetro de mi piel.

Subió hasta mis senos y palpó  la redondez de ellos con frenesí, como si quisiera tomar el molde con sus manos.

De repente  dejó de oprimirlos  y de manosearlos.

Pero sin embargo no los abandonó! esta vez el tacto era mucho más suave, y percibí cierta humedad al estimularlos.

Segundos después la humedad se posicionó en uno de mis pezones perdiéndose en la boca.  Sus labios y su lengua coordinaron de manera fabulosa y me lo comenzaron a succionar.  Y con los dientes me propinaba pequeños mordiscos… más allá de cierta  sensación extraña me proporcionaba una estimulación difícil de describir en palabras.

Mordisqueaba e intercalaba con ligeras lamidas que hacían mi cuerpo  retozar de placer.

Adivinando que mis botoncitos explotaban de excitación tanto que me ardían, bajó hasta el ombligo e hizo lo propio.

¡Me encantó! lo sentí  fabuloso.

A lo largo del recorrido fue dejando una estela de saliva que finalizó al llegar a mi sexo…

Pronto la 4ta parte

Si llegaste hasta acá quiere decir que te gustó, no seas fiaca y dejá tu comentario.

Un besito.

Martina


Me mojé con las anécdotas de mí tía (2da parte)

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Me sorprendí colándome un dedo por debajo de la tanga, escalé hasta mi sexo y comprobé la excitación que la conversación me había provocado.
Empujé un poquito más hasta hundir el dedo en mi hendidura. Lo moví despacito por miedo a que mi tía se pudiera dar cuenta, pero la habitación estaba demasiado oscura como para que pudiera verme.
Lo restregué por mi conchita con suavidad empapando el dedo por completo, pero mi agitación iba in crescendo y un dedo ya no alcanzaba…
Filtré otro que comenzó a deslizarse en mis propios jugos, “delicioso”, me estaba penetrando a centímetros de mí tía. Con cada cosa que contaba me iba morboseando un poco más.

– No debería estar contándote estas cosas a vos –

Sin dejar que siguiera lamentándose la interrumpí

– ¿Y por qué no tía?
Ya soy adulta, no me veas como a una nenita. –

– ¡SÍ! En eso tenés razón, Pero no dejás de ser mi sobrina…

Otro día te cuento otras cosas que viví en la cárcel, he pasado de todo … –

– Bueno tía, como quieras. Hasta mañana. Que descanses. –

-Hasta mañana hermosa. Que sueñes con los angelitos. –

Saqué mi mano de mi entrepierna y me dispuse a dormir.
Pero no podía conciliar el sueño, a mi cabeza llegaban las imágenes de lo que Adriana me había contado, y siendo ella la protagonista no sé porqué pero me producía mucha más excitación.

Me quedé dormida con algunos pensamientos en mi cabeza, llena de fantasías, imaginando situaciones que desearía me ocurriesen.

Al día siguiente después del almuerzo decidí irme a dormir un rato la siesta, (la noche anterior no había dormido casi nada).

Hacía demasiado calor para dormir con ropa, así que me deshice de ella y me acosté desnuda, total si la sentía entrar a mi tía me tapaba.

Me dormí profundamente, ni la escuché llegar. Cuando me desperté estaba desvistiéndose. Ella no se avivó que yo me había despertado, me seguí haciendo la dormida y por primera vez la vi totalmente desnuda.

¡Qué cuerpo!

De medidas exuberantes, muy llamativa, lo que más me atrajo fueron esas tetas enormes y firmes, parecían dos melones, los pezones centrados en sus aureolas súper grandes y amarronadas, (qué ganas de pasar mi lengua por ahí), me volví loca, me llené de deseos por saber qué tal sabrían.

Me econtraba perturbada…

Más allá del morbo que su cuerpo y sus historias de lesbianismo me provocaran, no dejaba de pensar que es la hermana de mí  mamá, y que mis retorcidos pensamientos eran por demás pecaminosos. Pero así y todo no pude evitarlo…

Bajé mi mirada recorriendo la panza y el ombligo, observé cada centímetro de su piel.
Me detuve tratando de adivinar esos  tatuajes;  uno de cada lado de su sexo, eran muy pequeños,  no logré distinguir de qué se trataban.

Su pubis prolijamente depilado, sólo un pequeño triangulito adornaba su entrepierna.

Cuando mi mirada recorría sus largas piernas me tomó de sorpresa girando inesperadamente corriendo las sabanas hacia atrás, signo de que se pensaba acostar.

Fue entonces donde pude observar su anatomía por completo. Su cola bastante grande, de anchas caderas; pero sin rollos dentro de su voluptuosidad.

Caminó hacía el baño con desparpajo creyéndome dormida. Y otra vez la humedad de mi entrepierna se hizo presente: ya no eran sólo las anécdotas de mi tía las que me hacían mojar, era su desnudez, su presencia.

Regresó con su andar tranquilo secando su cabello, no pude contener mi mirada, se clavaron en ese par de hermosos melones, y otra vez la boca se me hizo agua, esas tetas se estaban convirtiendo en mi más absoluta fantasía.

Se dirigió hacia la cama, imaginando que venía hacía mí; apuntaba con sus pezones como si intentara provocarme.

Sacó de su maleta un conjunto de bombacha y corpiño y se lo puso.

Se metió en la cama y, desde mi privilegiada posición, observé cómo la función concluyó en el preciso momento que las sabanas que la cubrían, hicieron de telón.

Pronto la 3ra y última parte 😉

Amar contra viento y marea!! (Lesbianas)

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Demostremos que somos más que dos
la gente que  diga lo que quiera
hagamos oído sordo a  la discriminación

Cada quién vive como puede y quiere
y nosotras tenemos  la dicha de tenernos
la una a la otra, entendernos
amarnos, y disfrutarnos.

Demostrémosle a la humanidad entera
este gran  amor que nos une
especialmente a ellos “los homofóbicos”
que nos marginan con sus miradas
que nos apuntan con el dedo
como si hubiéramos cometido el peor de los  delito

Al mundo y  especialmente a  ellos
gritémosle  que nos hemos encontrado
en el camino de la vida, y que no es fácil
hallar  nuestra otra mitad, agradecidas por ello
vivimos la vida como solo nosotras sabemos hacerlo
“Amandonos”

Otra creatividad propia, por favor haganme saber si la copian,  no me enoja que lo hagan, pero por favor les pido eso, AVISEN donde, dejenme el enlace y citen la verdadera FUENTE,  el link de este BLOG

Mi vecina del 4to “b” (el final)

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Me agarró  del brazo, (estaba exaltada) encaró hacia la salida y entre empujones y algún que otro pisotón  zafamos de la multitud. Al llegar al auto me apoyó sobre la puerta de mi lado y me beso. ¡guau!

¡Qué beso!

Despegó su boca de la mía  y mirándome a los ojos dijo “la frase”…

_ No sabes cuánto te deseo…  –

–  ¡y yo! –

Respondí  de una, así, sin pensarlo.

Subimos al auto y partimos.

Al llegar al primer semáforo estiró el brazo y me empezó a acariciar la pierna, convirtiéndolo en un franeleo  suscitado  (ufff me ponía la piel de gallina).

En un ligero movimiento alcanzó con la punta de los dedos mi vagina, escabulléndose por debajo de la tanga.

La distancia entre su butaca y la mía nos separaba demasiado, complicando un poco  su  cometido.

Abrí  sutilmente las piernas para allanarle el camino. Sus dedos naufragaban como en un mar en creciente. A medida que se deslizaban más abría mis piernas, mi cuerpo estaba   rendido y  entregado como el más fiel de los sumisos a su amo.

Con oleadas intermitentes desbordando entre  espasmos y  cuantiosos gemidos sonoros bañe  su mano con el fruto del placer recibido.

Luego hundió su mano lo más que pudo juntando los dedos como si quisiera sellarlos, doblándolos hacia arriba  los utilizó  como una pala recolectora, cosechó así gran parte de mi maravillosa acabada.

Extendió  su brazo  y lo llevó hasta mi boca, ofreciéndome su mano…

– limpia mis dedos “bebe” ¡vamos! Lámelos que no quede nada –

Sumisa como nunca antes obedecí a sus plegarias.

Lamí uno a uno sus dedos embadurnados con mis jugos.

Satisfecha por lo sucedido se estiro buscando mi boca.  Se posó sobre mis labios – esperaba me diese un beso ligero, pero no – me paso la lengua por toda la boca, sin besarme, (me hizo desearla).

Se concentro en el volante y piso el acelerador, se la veía sensualmente muy excitada. Mi cabeza no dejaba de pensar “en lo que me esperaba” mi inexperiencia me aterrorizaba, pero si de algo  estaba segura es  que: mejor maestra que Guillermina no podría tener…

Lo que resto hasta llegar al departamento fuimos  tarareando  las canciones que salían de los parlantes.

Al llegar se dirigió directo a la cochera. Entramos al ascensor y tras cerrarse la puerta me  avanzó. Me levantó  la remera, me corrió el corpiño  y me empezó a lamer las tetas con devoción. Mi piel se erizó por completo,  se me pusieron duras al instante, sentir su lengua caliente sobre mis pezones fue majestuoso.

El indicador señalaba  que habíamos llegado al 4to piso, ella salió detrás de mí, cerró  la puerta del ascensor y me agarró la mano, frenándome.

– ¿Preferís ir al tuyo, o al mío? –  me preguntó

– al tuyo mejor –

Creo que era la respuesta que esperaba, porque su rostro se lleno de felicidad y me regaló una gran sonrisa.

Llegamos a la puerta de su departamento y mientras intentaba abrir; con la otra mano me acariciaba las nalgas.

La adrenalina corría por mis venas haciendo mi cuerpo estremecer.

Una vez dentro del departamento y tras cerrar  la puerta se me tiró encima, apoyo su cuerpo contra el mío y me comió la boca apasionadamente.

Sus manos recorrían todas las partes de mi cuerpo, la sensualidad con la que me tocaba… muy  diferente a los chicos con los que he estado. Sus movimientos eran precisos, provocadores, mi cuerpo ardía en deseo. Mi vagina palpitaba húmeda y excitada.

De pronto con sus manos  me quitó la remera, desprendió el corpiño y comenzó a besar mis senos, los succionaba y lameteaba con énfasis.

En ese momento me sentía extasiada, no podía creer que eso me estuviera pasando a mí.

Me costaba soltarme, disfrutaba del placer que me provocaba solo con su boca y con sus manos.

– ¡Sácame la remera bebe! – me dijo en un tono meloso.

Apoyé mis manos en su cintura, a la altura  del final de la prenda, la tomé desde abajo y  con su ayuda alzando los brazos empecé a tirar hacia arriba hasta despojarla de ella.

Sus senos apuntaban hacia mí, firmes, erotizados bajo la tela del corpiño semi-transparente, sensual y delicado, de color marfil.

Su mirada elocuente me guió hacia ellos, como suplicando me deshiciera de él.

Tomé coraje dejando de lado la timidez y se lo desprendí con cuidado.

El contacto de mis dedos con su piel suave me embriagó en un mar de  enigmáticas sensaciones…

Exponiendo sus pezones erguidos frente a mis ojos no pude menos que copiar sus pasos y llevar mi boca hacia ellos.

Suave y tímidamente pasé mi lengua por sus pechos, se sentían duros, pero no tanto como cuando mi lengua comenzó a jugar con ellos. No puedo transmitir lo que sentí en ese momento, simplificando la sensación diré que fue “genial”.

Guille me indujo hacia el sillón que teníamos a la derecha  frente a nosotras. Me senté  en él esperando que ella haga lo mismo, ¡pero no! se quedó parada frente a mí, era la anfitriona, y se manejaba  con la libertad que la situación ameritaba.

Se arrodilló y deslizó sus manos estirando sus brazos por los laterales de  mis piernas hasta alcanzar  la tira  de la tanguita, la tomó con fuerza y arrastró de ella hacia abajo, a la vez que Yo soliviaba mi cuerpo para que pudiera sacarla por completo.

Levantó la tanga hasta su nariz y olio inhalando con intensidad  con los ojos cerrado como si eso fuera a preservar el olor en su memoria.

Metió la mano en mi entrepierna y ejerciendo algo de presión las hizo abrir hasta donde la mini lo permitía.

Ya la postura de ella enfrente de mí daba morbo por sí sola, pero mucho más excitante fue sentir sus manos arrastrándolas por mis muslos, hasta alcanzar mi vagina. Una vez allí comenzó a jugar con los dedos separando los  labios de mi conchita mojada,  los movía hacia arriba y hacia abajo rozando a su paso el clítoris, (mmmm me acuerdo aquellas sensaciones y me vuelvo a humedecer).

A esta altura nos ambas estábamos a full, por mi parte me estaba dejando llevar por la calentura, ya nada me importaba,  sólo me interesaba gozar de ese momento. Y  para demostrarlo yo  misma me quite la mini, quedándome totalmente desnuda.

Guille  seguía allí abajo, arrodillada en  el piso contemplando mi sexo sin quitarme la vista ni un segundo.

De pronto introdujo  su cara hasta quedar pegada a mi cavidad vaginal. Desde arriba monitoreaba una vista fabulosa “única”,  su cabeza en mi entrepierna y su rojiza cabellera cayendo por su espalda desnuda, su piel dorada por el sol de  las tardes de terraza.

¡No podía tener mejor panorama!

Se me hace difícil trasmitirles aquella sensación que tuve al momento que ella metió su lengua en mi  vagina, un estremecimiento que me recorrió  de pies a cabeza,  a la vez que mis pezones también reaccionaron por ello.

Guille comenzó a jugar con su lengua  lamiendo la parte inferior de mi vagina, primero lo hizo recorriendo los labios mayores, luego continuó por los labios menores  separándolos entre sí, los lamía de manera tal que parecía querérselos devorar,  era tan excitante que no podía mantener mi cuerpo estable, me sacudía con cada uno de sus movimientos, despegando mi cola del sillón.

Mis jugos no se hicieron esperar, me sentía chorrear, estaba a punto de tener el tercer orgasmo de lo que iba de la noche cuando su lengua alcanzó  las paredes internas  de mi vagina,  no me pude contener, apoye mis manos en su cabeza aferrándome a ella como queriendo dominar sus lengüeteos,  mientras mi cuerpo convulsionado se sumergía en un abismo de incesantes espasmos, ella no dejaba de naufragar, cosechando a su paso todo lo que fluía de mi interior.

(Nunca antes nadie me había hecho acabar tan intensamente como esa primera vez con La Colo.)

–  mmm ¡Que rico acabaste mi vida!  Tu néctar estaba  apetitoso, me tomé hasta la última gota que me regalaste – mientras lo decía salía de mi entrepierna en busca de mi boca, fue el beso más sabroso de todos los que nos habíamos dado hasta entonces.

Había llegado “mi momento”  estaba a punto de probar por primera vez una vagina. La curiosidad y excitación me tenían impaciente, el miedo de que mi inexperiencia pudiera truncar la velada me apabullaban.

Pero Guille con una simple sonrisa adivinando mis pensamientos me preguntó:

–  ¿me deseas? ¿tenés ganas de comprobar lo mojadita que la tengo por vos? –

– ¡obvio cielo! Pero compréndeme, me da “cosita”–

– ¡mi vida! ¡Que linda que sos! relájate y disfruta de este momento, solo eso, ¿ok? –

“Por sus 32 años imagino que  por su cama han pasado muchas otras chicas como yo:

¡Inexpertas!

Y  estoy convencida que para ella debe ser “un juego” sumamente magnifico, le debe de dar “esa”  cuota de lujuria extra.”

Ella seguía parada semidesnuda delante de mí, alcé el mentón y mirando hacia arriba busqué sus ojos, “esa mirada que atraviesa el alma”, esa que tanto me gusta.  Guille me observaba  pasándose la lengua por sus labios, ummm verla era “excitante”. De pronto con sus manos se tomó uno de sus pechos y me lo llevó hasta  mi boca.

– Cómemela  – (se dio cuenta que debía ser ella misma quién diera ese primer paso).

A esa altura había dejado la timidez de lado, acaricie sus brazos, su abdomen, mientras  le rodeaba  con mi lengua el pezón, se lo empecé a lamer hasta sentir que se endurecía en mi boca, mientras le masajeaba la otra,  para luego hacer  exactamente  lo mismo que con el otro pecho.

Súper  excitada pero más segura de mí misma  la bese. Sin mencionar palabra desabroché  el pantalón y se lo bajé, dejaba su tanga traslucir  la humedad de su sexo, le pasé un dedo por sobre su prenda intima hundiendo la tela en su cavidad vaginal y a modo de sarcasmo le pregunte:

–  ¿esto es por mí? –

– ¡sí! Pendejita es por y para vos-.

Terminé  de sacarle los pantalones rozando casi como sin querer sus nalgas, al hacerlo pude percatarme de su piel erizándose al mínimo contacto con la mía.

Levantó sus pies y se los quito por completo,  se quedó tan solo con la bombachita puesta. Su rostro se veía extasiado, casi desdibujado por el frenesí de lo que acontecería.

De repente buscó  mi mano y tirando de ella me separó del sillón, llevándome hasta la habitación. Nos subimos a la cama y se me  tiró encima. Me comenzó a dar besos por todo el cuerpo, arrancó besando y lamiendo mis pies (esto último me excitó sobre manera) luego subió besando las piernas, al llegar a los muslos sentí un estremecimiento  que me hizo erizar por completo.  Continuo avanzando hasta la pelvis, y con su lengua lamia  una de mis zonas más erógenas, humedeciendo mi piel al pasar a medida que ascendía  suspendiendo mi cuerpo en el aire dejándole saber mi goce.

Prosiguió  dando besos por mi panza y ombligo, y como una estrella fugaz pasó por mis senos succionándolos al pasar, embriagándome de lujuria para luego escalar  hasta el  cuello donde se alojó  el tiempo suficiente para enardecer por completo y  así, ya con la timidez de lado arremetí sobre su tanga hasta despojarla de ella.

Guille viró sobre mí induciendo su vagina a merced de mi boca. Mi excitación estaba a punto de eclipsar, pero igual me tomé el tiempo necesario para disfrutar al máximo de ese primer contacto íntimo.

Me  apoyé sutilmente sobre su pelvis e inhalé el olor que desprendía  su sexo,  mmm  ¡que rico! “lo disfruté”  recordaré su perfume por la eternidad.

Cuando sentí su boca y su lengua estimulando mi vagina hundí mi cara en la suya, estaba terriblemente “empapaba”, su sabor era más bien dulzón, agradable y  excitante, muy por el contrario de lo que Yo me imaginaba que sería.

Al cabo de unos minutos y  luego de unos cuantos lameteos por fuera y por  dentro, puse mi lengua rígida y comencé a jugar con ella en un  “mete  y saque” constante, a la vez que con un dedo estimulaba en círculos su clítoris. Creo que por mi inexperiencia no lo hice tan mal, porque su cuerpo se estremecía de forma descontrolada,  repercutiendo en cada una de sus extremidades.

Producto del terrible orgasmo que  fui capaz de generarle y al compas de aquellos movimientos lujuriosos  lanzaba  gemidos insospechados, entregándome  su néctar que no dude en devorar con pasión como una experta lesbiana.

– Milagros, no te imaginaba haciéndolo tan bien, realmente me sorprendiste –

– pierde cuidado, tampoco yo me reconozco, me alegra saber que no te defraudé, tenía miedo de no saberlo hacer –

– sinceramente Mili y no te agrandes con lo que te voy a decir, pero estuviste fantástica –

Luego de los halagos me sentí plena, haber gozado con ella, y haberla hecho gozar, fue una experiencia “sublime”.

Nos acomodamos en la cama apoyándonos en la almohada y mirándonos fascinadas deliciosamente nos comenzamos  a besar con todo el sabor del néctar de la otra, entremezclándose dentro de nuestras bocas.

Tantos besos de lengua y tantos manoseos no pudimos no menos que volver a calentarnos.

Guille volvió a tomar la iniciativa comenzando a jugar en mis senos con su boca, el clima se fue calentando y nos volvimos a entregar por completo, solo que esta vez no acabamos en la boca de la otra.

Para mi sorpresa fue exquisitamente inesperado.

Montándose encima de mí despegó mis piernas con sus manos hasta dejarlas separadas entre sí, luego apoyó su cuerpo moviéndose  para un lado y para otro buscando con exactitud el roce  de nuestros clítoris,  conjuntamente con sus manos alcanzaba mis pezones y los retorcía  provocándome un “dolor” placentero, en cambio yo con mis manos presionaba su bonito trasero  cooperando para que la fricción resultara más intensa, en cambio ella era quién tenía el mando de la situación, la comodidad de estar arriba le permitía dominar el frotamiento a su antojo provocando una excitación  extra.

Fue una experiencia inmejorable, percibir ambos clítoris totalmente endurecidos y expuestos agitándose entre sí  es un placer  “inigualable”  difícil de explicar y de comprender, solo lo pueden apreciar aquellas que lo hayan experimentado.

No sé si fue por lo novedoso ¡ó qué! Pero “ese” fue indudablemente el mejor orgasmo de mi vida.

En ese instante se tumbó a mi lado, extasiada, cobijándose en mí apoyó su cabeza sobre mi pecho pudiendo  advertir el descenso  de los latidos de su corazón todavía agitado. Una extraña sensación me embriagó, siendo yo aún una pendeja me sentí capaz de poder contenerla,  viendo  a Guille tan grande (físicamente y de edad) acurrucada sobre mi pequeño cuerpo me dio la impresión de que buscaba algo más que pasar un buen rato, cerré los ojos  y dejé fluir  aquellas imágenes sueltas que comenzaban a rondar por mi mente como una película de futuras situaciones  en la que nos tenía como protagonistas  principales de la historia.

El silencio de la madrugada era absoluto, sólo nuestra respiración y algunos suspiros eran testigo de nuestra primera ¿noche de amor?  Mientras yo  acariciaba su cabeza y jugaba con sus rulos, ella pasaba sutilmente sus dedos por mi abdomen, dibujando imaginariamente ¡vaya a saber qué!

Al despertar por la mañana me encontré sola, Guille ya no estaba, me vestía cuando escuché ruidos que provenían de la cocina, fui caminando en puntitas de pies, me aparecí descalza y en tanga.

– ¡hola bebe! ¿Cómo amaneciste? – (recibiéndome con una gran sonrisa)

– ¡súper bien! –

Puso en mi mano un vaso de jugo de naranja y simultáneamente me estampó un beso intenso, haciendo mi cuerpo vibrar.

Vestía un conjunto verde manzana de short y musculosa,  femenina y sensual como pocas, el cabello mojado semirecogido  despejando su rostro, estaba simplemente  hermosa.
Le pedí permiso para darme una ducha ligera mientras ella terminaba de preparar el desayuno.

Al regresar me esperaba sentada en la mesa mientras chequeaba  el correo electrónico en la notebook.
Me sentí muy cómoda a su lado tanto que hasta el día de hoy no he vuelto a dormir en mi cama.

Hasta hace unos días atrás podía decir que estaba segura de mi heterosexualidad, pero todo cambió desde que la conocí a ella, mi vecina del 4to “b”.


Pido disculpas por no haber publicado antes esta última parte,  en verdad no había podido terminarlo, anduve muy complicada con mi vida personal y no me quedaba tiempo para sentarme a escribir.

Espero que  lo hayan disfrutado, sepan que a mí me gustó mucho escribir este  relato desde la primera oración hasta la última.

Muchos me hacen llegar  por otros medios que no saben como comentar acá, bueno, ahí va la explicación.

Al pie de cada RELATO a la derecha  dice:  DEJAR COMENTARIO , al clikear allí aparece la pagina donde les permitirá dejarlo.

Prometo  actualizar más seguido el blog, tengo muchas cosas para contarles.

Besos y abrazos para todos. Gracias por pasar a las 12oo personas por día que visitan  este blog.

Mi vecina del 4to “b” (5ta parte)

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Yo seguía allí, inmutable, aunque tengo que admitir  que  sentí un cierto “cosquilleo” que me embriagó por completo.

De pronto me sorprendió su accionar… extrajo   un hielo  del vaso  que luego  llevó hasta su boca,  lo pasó por sobre  los labios  haciendo  un gesto  elocuente, mientras me miraba  incitándome  hizo lo propio con la punta de la lengua.

¿Buscaba calentarme?

Si era eso lo consiguió.

Luego se sacó el hielo de la boca  y lo llevó hasta la mía.

Presagiaba   lo que estaba a punto de acontecer…

En  ese preciso instante  me di cuenta que deseaba  concluir con aquella fantasía que me venía desvelando cada noche desde que la conocí.

–  ¿Ahora vos?- me dijo;  y sin dejarme reaccionar  me apoyó el hielo  ya prácticamente devastado por el calor, mojándome  el  mentón, y  chorreando hasta  mi escote que seguramente iba a ser absorbido  por mi piel acalorada. Pero Guille fue más rápida que el mismísimo calor de mi cuerpo  y se zambulló en el canal de mis pechos.  Con su lengua atrevida lambiéndome  recogió  el fruto del deshielo, generándome  un estremecimiento difícil de expresar en palabras.

En un arrebato inesperado  subió por mi cuello  sin dejar de hacerme  sentir su lengua en ningún momento, escaló hasta mi boca y “me la comió”  en un profundo  y terrible beso apasionado,  que no pude menos que corresponderle con lujuria.

Al abrir los ojos observe a mi alrededor, y constate que  cada cual hacía la suya sin importarles  en lo más mínimo lo que hacia el resto.  En ese momento  sentí  como si  estuviéramos tan  solo “ella y yo”, mientras su mano  se escurría bajo la remera  logrando alcanzar mis pechos, yo tímidamente acariciaba su brazo.

Mientras una  marcha  remixada  sonaba al mejor estilo “punchi punchi”  la colo estiraba  su brazo libre metiendo mano sin prejuicios en mi entrepierna (que rico) separando la tanguita de mi piel, con sus dedos  se  deslizó  alcanzando mi cavidad vaginal.

– ¡Que mojadita estás, bebe!  Mmmm Desearía  meterme de cabeza  en tu sexo,  abrirte los labios con mi lengua, empaparme de tus jugos y beberme cada gota que derrames –

Mis manos se aferraron al tapiz de los sillones mientras  me auto-mordía nerviosa el labio inferior al escuchar  sus  calientes y prometedoras palabras.

De repente mi cuerpo se estremeció de placer al sentir  sus dedos  escurridizos  profundizando en mi ser…

Le pedí que se detuviese…

– pará Guille, no sigas, porque me vas a hacer acabar –

– mmmmmm

¡Qué rico bebe!

¡Eso quiero! ¿No te diste cuenta? Quiero hacerte mía esta noche.

Acaba sobre mi mano porfa, quiero probar el sabor de tu miel –

Imposible no satisfacerla.  Sus dedos  penetraban  impetuosos en mi vagina,  rozando  y estimulando el  clítoris  que a esa altura asomaba por completo de su capuchón.

Sin parar de gemir por lo bajo (disimulando) con una ligera fricción   me arrancó   un orgasmo “interminable”   traté de aminorarlos  en  su  boca, con la ayuda de sus besos.

Como era de imaginar acabé de forma bestial  chorreando  su mano por completo.

-¡Huy mi amor! que rico acabaste, ¡me volves loca!-

Mientras hablaba  retiraba su mano de mi entrepierna y como previamente había anticipado lamio  uno a uno sus dedos saboreando mi néctar.

Desesperada  buscó mi boca y nos  entregamos en otro beso desenfrenado.   Dejándome  todo  el  sabor de mi sexo  en ella.

– Vámonos  Mili! no aguanto más…  –

Continuará…

“Citas a ciegas” (editado)

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Estaba en el local en el que trabajo cuando me sobresaltó el timbre del teléfono, era el celular de mi compañera.  Desde la trastienda  se escuchaban los gritos de ella pidiéndome  que se lo atienda …
Al hacerlo una voz masculina me pregunta por Pato (mi compañera); le informo que está ocupada y así de la nada me preguntó quién era la dueña de esa “dulce” voz…

Le dije mi nombre, aunque me hizo reir la forma en que me lo dijo, por cortesía le pregunte la de él.  Me respondió que Pablo era el suyo.

Mientras aguardaba que pato se desocupara  seguimos hablando…

La charla se había tornado interesante, y así de repente en medio de de la nada  me sorprendió diciéndome que le gustaría conocerme personalmente, que sería una pena que todo quedara en una simple conversación telefónica…
Con lo cual no supe que responderle, me había dejado muda, asumo que soy bastante tímida.
Ante el gran silencio que se produjo  a la espera de mi respuesta, dejó la sutileza de lado y fue  más directo.

–  ¿Aceptarías cenar conmigo esta noche? –

Mi compañera que ya estaba a mi lado con la oreja pegada al celu escuchó todo,  y me hacia muecas desesperadas para  que aceptara la invitación.

Pato me hacía reír…
Traté  de disimular mi voz temblorosa poniéndome sería para que no se diera cuenta.

Hacía mucho  que había cortado con  mi ex (una  relación de casi 2 años)
y no me pareció mala idea; por el contrario, una cita a ciegas era lo ideal.

No tenía compromisos ni que darle explicaciones a nadie, así que acepte.

Pareció  sorprendido cuando le di mi respuesta positiva.
Antes de pasarle el teléfono a Pato nos pusimos de acuerdo. En ese  instante entraba una clienta, por lo que  me dirigí a atenderla.

Cuando nos quedamos con Pato a solas pudimos conversar sobre la “extraña situación” ella no dejaba de decir lo buen chico que es Pablo, amigo de su hermano mayor.

Faltando poco más de media hora para salir del trabajo entra un cliente al local, mi pensamiento inmediato fue “que lindo es”
Al preguntarle necesitaba me dice:
–  creo que a vos –

Ante mi cara atónita esbozó una carcajada y me llamó por mi nombre.

No podía creer que ese chico tan lindo fuese Pablo, el mismo  con el que horas antes había conocido por teléfono…

Cruzamos miradas y algunas tímidas  sonrisas. Fue directo a saludar  a Pato y se retiró diciendo:

–  te espero en el auto, te dejo trabajar tranquila… –

Minutos más tarde ya sobre la hora de salir me di una última  pasada por el  espejo del baño para retocarme el maquillaje.

Cerramos el local y nos subimos a su auto, anteriormente Pablo se habría ofrecido a dejar a Pato en su casa de pasada.

En  el trayecto me  pidió que fuese yo quien eligiera el sitio donde ir a cenar.  Escogí uno muy tranqui,  música suave y de luz muy tenue…
Un lugar que no es demasiado conocido porque está muy alejado de la ciudad.

–  Espero no te molesto por lo lejos… le dije –

El respondió

– En absoluto, ¡me encantó! yo no hubiese sabido elegir uno mejor –

Elegimos una mesa pegada a un gran ventanal, con vista al parque. Una ubicación privilegiada.  Cenamos exquisito.  Nos contamos muchas cosas sobre  nuestras vidas,  en verdad fue una charla súper interesante.  Mientras hablábamos no  dejábamos de comernos con la mirada.


En un momento pasado un buen rato de comer el postre me dice:

–  ¿Qué te parece si nos vamos a tomar un trago por ahí? –

– Me parece buena idea – le respondí


Al subir al auto Pablo un poco alterado y mirándome a los ojos me dice:

–  desde que entré al local y te vi me dejaste loco, ya por teléfono me atrapaste con tu vocecita, ¡nena muero por besarte¡
en ese momento no hay mejor respuesta que el silencio…


Me tomó la cara con sus manos,  me acariciaba suavemente y rozando con la punta de sus dedos recorrió mis labios como dibujándolos…
bajó por mi cuello y con los dedos se escurrió bajo la blusa topándose  con mis pechos,  haciendo círculos con la palma abierta sobre ellos logró mi cuerpo entero estremecer…

Mis pezones erectos al punto de sentir dolor, mezcla de placer y  deseo causó en mí una excitación incontrolable, dejando escapar un profundo suspiro que fue sellado de inmediato por sus labios carnosos, me devoraba la boca como si quisiera calmar mis suspiros.

Uno a uno fue desprendiendo los botones de mi blusa.


Despojada de ella mis pechos quedaron descubiertos ante su mirada devorante, y sin mencionar palabra bajo la cabeza a la altura de los mismos y comenzó a jalar como cuán bebe hambriento no dejaba de chupar; jugueteando con su lengua de pezón en pezón.
Y con sus manos inquietas debajo de mi falda corrió la tanga hacia un costado quedando mi ya mojada vagina a su entera disposición.

Introdujo un dedo en ella, luego fueron dos, con movimientos lentos a la vez que los empujaba hasta que se perdieron en mi inmersa y húmeda conchita… solo se escuchaba el sonido  del chasquido de sus dedos impregnados de mis jugos, entrando y saliendo de mi… a la vez que su boca buscaba mis labios y con su lengua desaforada refregaba con la mía provocándome  un sinfín de estallidos orgásmicos…

Dejándome llevar por el éxtasis del momento gemí como una perra en celo devorándome su mano dentro de mí…

Su calentura era tan notable como la mía.

Dice:
– Linda vayamos a mi casa, dejemos la copa para después.-

No pude decir que no,  también lo deseaba.

Al llegar a la puerta de su casa con la llave en la mano aun sin abrir nos besamos apasionadamente, éramos como un fuego difícil de apagar.

Una vez dentro me tomó el rostro con ambas manos y me dijo:
– Te deseo, quiero hacerte sentir todo lo que me provocas, e introduce su lengua en mi hambrienta boca… los latidos de mi corazón se aceleraban, quedando parados frente al diván me desnudó sin dejar de acariciar una a una todas las partes de mi excitado cuerpo…

Haciendo lo mismo como copiando sus pasos comencé desabrochando los botones y quitando su camisa sin dejar de mirar sus ojos, besaba y lamia sus tetillas, su rostro se desdibujaba de placer, eso me volvió aún más caliente, me agache poniéndome en cuclillas quedando a la altura de su notable pene erecto y deteniéndome en su cinturón desprendí la hebilla del mismo, desabroche el botón de su pantalón arrastrando por sus abdominales las manos sin despegarme de su piel, baje su cremallera con mucha sutileza y en un arrebato baje por completo el pantalón y el bóxer en un mismo envión , quedando su pene firme como una roca frente a mis ojos.

Inclinó su torso hacia mí; y tomándome de los hombros enderezo mi cuerpo quedando enfrentadas nuestras caras, nuestras bocas, y sin titubear enredó su lengua con la mía haciendo de nuestras bocas una sola…

Hábilmente empujó suavemente mi cuerpo para que cayera sobre el diván, dejándose caer sobre mí, y sin perder tiempo manoseaba mis tetas a la vez que su boca se hundía en mi jugosa y palpitante vagina, intercalaba lamidas y mordisquitos a mi clítoris que a cada movimiento más tenso se ponía, mientras él me hacia acabar con su boca mis gemidos lo excitaban aun mas,… mis manos yacían sobre sus nalgas ejerciendo presión para hundir su cara más dentro de mí, logrando arrancarme un intenso y placentero orgasmo que mientras se alimentaba de mi néctar conjuntamente cesaban los temblores que mi cuerpo emitían.

Ahora me tocaba darle placer a él, tomando con mis manos su pene lo llevé a mi boca recorriéndolo todo con mis labios y disfrutando de ese sabor tan rico que provoca la excitación varonil, baje hasta sus testículos, jugué con ellos lamiéndolos como si fuera una deliciosa golosina, dejé de lamerlo y le empecé a propinar una suave pero firme paja con mis manos, así durante unos pocos minutos, hasta que viéndole a la cara note su mirada suplicante que me lo vuelva a llevar a la boca, y sin perder más tiempo me la fui comiendo suavemente, su tronco era bastante generoso, pero mi boca también lo es, me lo metí todo hasta sentirla en mi campanilla provocándome algunas arcadas que me sentí ahogar …


Me pidió que deje de chupárselo, a la vez que sus manos abrían los labios de mi vagina pasando unos dedos por ella sintiendo un “chasquido especial” de cuándo está sobrada en lubricación…
Al comprobar esto cambio sus dedos por su pija introduciéndomelo poco a poco disfrutando cada centímetro acompañando con movimientos pélvicos se fue perdiendo toda dentro de mí, mis músculos y los de mi vagina se contraían a la par de que mis gemidos acrecentaban…

¡Y sí que sabia moverse! metía y sacaba mientras succionaba mis pezones. Cambiando de posición me puso a cuatro patas, apoyando los pies en el piso y mis manos en el diván, abriendo mis piernas con sus manos dejaba mi vagina totalmente  expuesta frente a él que se situó detrás para penetrarme desde allí; a la vez que un dedo escurridizo hacia de las suyas en mi hoyito, dándole más juego a la situación, con embestidas cada vez más potentes podía sentir sus testículos replicando en mi…

Su dedo fue devorado por mi cola con sus movimientos circulares, cada vez más penetrantes.

Mis insipientes gemidos no se hicieron esperar y como si nuestros orgasmos se hubieran puesto en total acuerdo estallamos en un maravillosoy simultáneo gemido, acabando ambos a la vez, cómo si nuestros cuerpos se conocieran de toda una vida…

Como broche de una brutal noche de sexo selló mis labios con un intenso y ardiente beso (de esos que nos gustan a las mujeres después de acabar)

Fue una larga noche de sexo desenfrenado.

Al día siguiente fuimos a beber ese trago que antes me había invitado…