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La dama y el Vagabundo (3ra parte)

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Mientras continuaba estimulando mi vagina por sobre la tanga con la otra mano acariciaba mis pechos, intercalaba con lengüeteos húmedos que hacían mi piel erizar. Mis pezones se pusieron como piedra en su boca ardiente, quería sentir esos prominentes labios por cada recodito de mi cuerpo excitado.

Me tomó la mano y me guió hasta la cama, nos recostamos sobre ella y me empezó a besar, para continuar recorriendo cada una de mis curvas, deseoso de probar con sus labios el dulce sabor de mí piel.

Me hacía arquear de placer con cada succión.

Quitó mi tanga y con su pesada mano superficialmente comenzó a frotar mi sexo, haciendo que lo deseara desesperadamente…

-¡qué mojadita!

¿Estás muy excitada eh? –

¡sí, muy caliente ¡tengo muchas ganas de vos ¡pendejo!

-me volvés loco llamándome así, éste pendejo te va a coger hasta que me supliques que deje de hacerlo-

mmmmmmm síii siii que ricooooooo

Dejó de frotarme de forma superficial para hundir un par de dedos en mi empapado orificio vaginal. Fue muy excitante sentir como se deslizaban hacia el interior perdiéndose en mí humedad, para luego entrar y salir con ellos repetidamente, a la vez que con su otra mano separaba mis labios menores, dejando expuesto mi clítoris que pedía a gritos ser estimulado.

Me lo comenzó a sobar en círculos con un solo dedo; presionando y aflojando, sin dejar de penetrarme la vagina.

El sonido que salía de mi conchita se mezclaba con los primeros gemidos que comenzaban a surgir.

-uy qué ricura…quiero ver como lames tu mielcita de mis dedos.-

Inmediatamente y casi sin terminar de decir aquello, los llevo hasta mi boca, estaban chorreando de flujito.

No me quise perder su cara, ni sus gestos, cuando cerré la boca envolví sus dedos y con mi lengua moviéndose hacia un lado y hacia el otro fui lamiendo mi propia cremita.

Su pija estallaba de calentura. Sobresalía del bóxer de tan dura que la tenía.

Y mientras lamía sus dedos no pude resistir las ganas de frotarle “el paquete”, lo hice por sobre el bóxer, desde la base de sus testículos hasta la punta del glande que asomaba generosamente mojado y brillando, asfixiado por el elástico.

Aquello era irresistible, no dábamos más…

Mis ansias por sentirla en mi boca eran desesperantes, (la chupada de pija en el auto me había dejado con ganas de más) bajé hasta ella para saciar mi ansiedad pero no me lo permitió, me detuvo de inmediato.

– Shhhhhhhh momentito, ahora no, primero quiero sentir como te venís en mi mano –

“No hizo falta que me lo pidiera”

Con sus dedos entrando y saliendo vertiginosos era algo más que inminente.

Mientras palpaba en lo más profundo de mi sexo, frotaba en paralelo con vehemencia mi clítoris…

Mis jadeos se fueron agudizando de manera tal que lo sorprendí expulsando una gran cantidad de liquido similar a la orina, pero que no lo era.

“Los que desconocen lo confunden con el pis” sin saber que eso es una verdadera eyaculación femenina, y que según leí no es muy común…

(Con mi marido me ha ocurrido en varias ocasiones, en las que estuve extremadamente excitada. Claro qué en nuestros mejores tiempos).

Seguí gimiendo y entregándole hasta la última gota de aquella eyaculación…

La cual sentía correr por mi entrepierna.

Verme tan sexual, “tan perra” lo enloqueció…

-¡Me measte! ¡Que hija de puta hermosa que sos!

Nunca antes me habían meado, ¡me encantó… putita!-

¿En serio te gustó?

-¡Totalmente! me mataste, me volaste la cabeza, tengo muchísimas ganas de cogerte, pero antes te voy a “atender” a vos-

En un arrebato busqué sus labios, me los ofrendó con entusiasmo.

Envolvió mi boca con la suya y nos entregamos en un juego excitante, entre roces y frotadas de nuestras lenguas estimulando al máximo el deseo por poseernos.

Abandonó mi boca para bajar hasta mi sexo, a la vez que con sus manos palpaba mi anatomía. Desde mi cuello hasta la planta de mis pies. En un recorrido suave y sugestivo, haciendo poner mi piel de gallina.

Sin dejarme recuperar del anterior orgasmo afirmó su cara en mi entrepierna y lamió con énfasis el néctar de aquella anterior acabada. Su ritmo exacerbado logró que comenzaron a brotar nuevos fluidos…

¡Como me calienta el olor a hembra. ¡Por Diossss!

(Ese tipo de comentario son los que me hacen sentir una verdadera puta, y me encantó que me las dijera un total “desconocido”)

Aunque no dije nada, en ese momento mis ininterrumpidos jadeos fueron suficientes para que él percibiera que estaba llegando al punto máximo de excitación, y sin dejar de lametearme el clítoris me penetró primero con un dedo, luego con dos… sentía la delgada piel de mi vulva estirarse cuando sumó un tercero, (3 de él equivalen más o menos a mi mano entera ja ja “una bestia”)

Abrí mis piernas lo más que pude para recibir aquellos dedos que a esa altura  me cogían sin piedad.

Ahhhhhhh ahhhhhhhh ahhhhhhhh

Más, más, más duro, ahhhhhhhhhh ahhhhhhhhhh

No podía parar de gemir…

¡Luciano! me viene, me viene el chorro de nuevo; apartateeeeee –

-¡Ni loco! ¡Acabá! quiero sentir tu líquido en mi boca –

Mi cuerpo comenzó a sacudirse, perdí el control, y no pude contenerlo, por inercia eleve mi pelvis, inevitablemente y escuchando sus ruegos expulsé “el gran chorro” sobre su rostro asombrado ante lo ocurrido.

Disfrutó embutido en mi cara recibiendo todo lo que le entregaba. Sin aminorar la estimulación en ningún momento…acabé 2 veces, una seguida de otra, no podía dejar de temblar.

Hasta que no pararon las convulsiones Luciano no retiró la cara de mi sexo. Cuando vi su rostro totalmente “enchastrado” me di cuenta que había sido muchísimo más que la vez anterior.

-¡Me mató!

Más que una perra, sos una loba.

Me volvés loco… que manera de gemir hija de perra… tengo la pija dolorida de tanta calentura-

Fui a higienizarme refrescarme, y al regresar la vista que tenía desde el baño no pudo ser mejor…

Me esperaba sobre la cama, boca arriba y acariciando su dura verga.

Me paré frente a su miembro, y me agarré las tetas con ambas manos y con un poco de esfuerzo logré alcanzarlas con mi boca, propinándome lametones que de tanto en tanto interrumpía pasando la lengua por mis labios, humedeciéndolos, mientras lo miraba con cara de “bebota” llevándome un dedo a la boca que lamia y chupaba con devoción haciéndome la idea que era su pedazo.

-Que puta divina–

¿Te gusta lo qué ves?

-Me calentás mucho, flaca, mucho –

Y vos a mí, ¡pendejo!

Envolviendo mi cuerpo con mis propios brazos a la altura de mis pechos como si me estuviera abrazando comencé acariciarme, deslizando mis manos por sobre mi piel todavía exudada, logrando que se resbalen con facilidad.

Fui recorriendo mi abdomen mientras meneaba mis caderas como si me estuviera penetrando, a esa altura Luciano se pajeaba descontrolado.

Subí una de mis piernas sobre el sillón que tenía a mi izquierda, (el mismo que fue cómplice de aquella paja mientras él dormía) al hacer esto, mis labios vaginales se abrieron dejando ver como mi conchita comenzaba a brillar con mi propia lubricación.

Introduje un dedo que se perdió con facilidad, entonces metí otro más, y me empecé a pajear con ellos.

Mi actuación lo estaba volviendo loco, sus gemidos no se hicieron rogar…

-ahhhhh cómo me hacés subir la leche ¡nena!–

mmmm ¿me la vas a dar?

-¡TODA!

Ahhhhhhhhh, ya viene, ahhhhhhh-

Fui hacia la cama y me le subí encima, en posición inversa. Relajé mi cuerpo entregándome al placer…

Mientras él comenzaba a chuparme la concha yo lamía sus huevos, pero como sabía que la llegada de su leche estaba por llegar me la metí toda en la boca, y la empecé a chupetear.

Mientras su lengua se movía inquieta dentro de mí, provocándome de inmediato un tremendo y glamoroso orgasmo.

Él, jadeaba y elevaba la pelvis cogiéndome la boca abruptamente…

-No te aguantes, entrégame todo. Quiero recibir tus fluidos una y otra vez y beberme todo lo que salga de ella-

Éramos un solo clamor, sus gemidos se mezclaban con mis jadeos, que a esa altura ya eran más que fuertes. No podía ocultar la detonación de mi ser.

En cada embestida me venían arcadas, que inundaban su verga con mi saliva.

Cuando me sentí venir aplasté la concha contra su cara y me refregué en ella, hasta que solté “el chorrito” (mas que chorrito fue un gran chorro).

Luciano estaba tan excitado que levantó su cadera e hizo presión contra mi boca perdiéndose por completo en ella, los huevos rebotaban en cada embestida contra mis labios.

-Ahhh ahhhh ahhhhhhh ahhhhhhhhh

¡Tomáaaaaaa puta, tómatela toda!-

Entregándome sus últimos temblores colmó mi boca con una gran lechada que desbordó por mis comisuras, sintiéndola correr por el cuello, los pechos, y muriendo en mi torso.

Fue una acabada magnifica.

Me tiré a su lado, exhausta. Luciano sonreía aún agitado.

-¡Fue increíble!

Mejor dicho: ¡Sos increíble!-

¡Gracias lindo!… vos estuviste estupendo.

Tenemos que brindar por este encuentro.

Llamé al conserje y le pedí que mandase un buen champagne.

Disfrutamos cada burbuja entre besos y mimos impensados.

Aquel muchachote no dejaba de sorprenderme. Lo creía tan bohemio y salvaje, que no me esperaba fuera tan suave y cariñoso. Sin lugar a dudas un lindo cóctel para una noche de sexo desenfrenado.


Continuará…

“Amor entre hermanos” (no hay mejor amante que mi hermano) 1ra parte

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Soy hija de Juan y  Mabel,  hermana de Iván,  un año y cinco meses  mayor  que yo. Dueño de una conocidísima empresa láctea  que por situaciones que leerán a continuación  no daré a conocer.

Mi nombre es Jorgelina tengo 27 años y soy empleada administrativa en la empresa de mi hermano.  Estoy a solo dos días de mi casamiento con Santiago, mi novio desde hace 4 años.

Esta mañana no sé por qué motivo me desperté  rememorando ciertos recuerdos de mi niñez, y parte de mi adolescencia.

Si bien no debería sentirme orgullosa de ello,  quiero ser sincera con ustedes y decirles que fueron los años más bonitos de mi vida, aunque  para muchos pueda resultarles “bochornoso” y me tilden de inmoral.

Mamá y papá trabajan desde aquella época  para una entidad gubernamental  por lo que mi hermano y yo quedábamos  al cuidado de la “Niñera”. Ella fue muy importante en nuestras vidas, en nuestro crecimiento y educación, porque era exigente y correcta como pocas, nos inculcó  siempre a ser sobre todas las cosas personas dignas y sinceras ante todo tipo de eventualidad.

Ella de todos modos  siguió trabajando con nosotros haciendo los quehaceres domésticos hasta que le llegó la jubilación y dejó de trabajar.

Me fui por las ramas contando otros pormenores, mejor vamos al tema que nos ataña.

Era una tarde  fría, típica del mes de  Julio.  La niñera (Rosa) había ido hasta el centro comercial para proveer a la familia  de comestibles para el fin de semana, siendo que todos los viernes  al regreso de mis padres se iba a su casa con su familia regresando  el día lunes temprano por la mañana.

Recuerdo jugábamos con Iván a las cartas sobre la  alfombra del living  frente al rojo fuego del hogar cuando le gané por segunda vez consecutiva a la escoba  de quince, mientras yo festejaba con risas burlonas  Iván indignado me desafió  a seguir jugando,  pero a diferencia de las anteriores y para darle otro ritmo al juego le quiso sumar emoción. Debíamos  quitarnos   “una prenda” por cada partido perdido.  Ese era el trato. Para desgracia de él y alegría mía la suerte  estaba de mi lado, Iván ya se había quitado casi todo, quedándose  sólo con el bóxer puesto, en cambio yo  había perdido uno solo hasta ese momento, sacándome un buzo polar.

Pero de repente la suerte se  dio vuelta y empecé a  perder  partido tras partido, no quedándome  mucho por sacarme, quise echarme atrás, pero Iván no me lo permitió,  me desafío diciéndome que si no lo hacía “era una boba”  lejos de mí estaba la idea de quedar como una boba ante “mi adversario”, no me quedó más remedio que  quitarme el corpiño, (no hacía mucho que lo había comenzado a usar) era ¡eso! o la bombachita, no tenía muchas  opciones. Aunque debo admitir que me dió bastante vergüenza hacerlo, estaba entrando en la adolescencia, (13) y si bien mi cuerpo no estaba del todo desarrollado, mis pechos  ya eran llamativos, no por el tamaño sino más bien por su forma, muy paraditos y los pezones  rosaditos, (porque soy muy blanca)   apuntando hacia arriba, como en forma de pera.

Era la primera vez que mi hermano  me veía así (en tetas), aunque esté estaba muy nervioso y hasta llegó a ruborizarse, igualmente  sin disimulo fijó su mirada en mis pequeños senos. No me sentí molesta ni nada que se le parezca,  pensé que era “mera” curiosidad,  así que no hice caso y seguimos jugando…

Estaba a un solo partido de perder el juego. Ya me estaba poniendo nerviosa de solo pensar que me tendría que quitar la bombacha.

Ya en la mano siguiente comencé a hacer una escoba  tras otra (4), y sin darme cuenta  había logrado  la setenta completa, sumado al siete de oro,  eran 6 je je  ya con eso tenía asegurado el partido.

Cuando hicimos el recuento  su cara se transformó. Saber que  le gané  lo puso loco.

Era “mi momento”,  el de divertirme  y ver  como se quitaba el calzoncillo y pispiar que había abajo mientras se sonrojaba,  je je , aunque pensé que se iba a parar, agarrar  las pilchas  y mandarse a mudar. Pero no, a pesar de estar furioso por haber perdido cumplió con lo pactado, se  lo quitó y el muy guacho me dice:

– bueno acá lo tenés, satisfecha? –

En ese momento pensé Dios mío que cosota más fea, pero a la vez me daba curiosidad,  y se lo seguía mirando, aunque en aquel momento no comprendí porque lo tenía erecto. (Que inocentona éramos en aquella época)

– Que feo es – fue todo lo que atiné a decirle, sin importarle en lo más mínimo mi comentario …

– Quiero tocarte las tetas- ¿me dejás? –

– Bueno, solo un poco, pero si vos me dejas tocarte el pito –

– buenísimo, yo me dejo si me dejas –

Se acercó a donde yo continuaba sentada y me las tocó suave y tímidamente, pero a los pocos segundos me las empezó a manosear y apretujar fuerte

– Bueno basta! Que me haces cosquillas, ¿a ver el tuyo?-

Él parado frente a mí dando justo con su cosa a mi cara,  en ese momento pensé “¿o yo estoy loca ó se le está poniendo más grande?” era evidente el porqué, pero yo por aquel entonces lo desconocía, era muy inocentona, no tenía la viveza  que quizás otras de mi edad tendrían.

Apenitas  lo rocé  me produjo escalofrío.

– ¡tócalo! no seas sonsa, no te va a morder –

Continuará…

Mi primera vez con otra chica (mi vecina del 4to “b”)

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Mi nombre es  Milagros,  tengo 19 años, y  no tengo novio, hace  tres meses que terminé  una relación que duró nueve.

Nadie me cree cuando digo mi edad, je je.

Me considero una chica  linda, simpática y de apariencia aniñada, un poco tímida cuando estoy entre gente que desconozco.

Mido 1,66,  cabello castaño claro, lacio y  por debajo de los hombros, ojos color indefinidos,  algunos dicen que son verdes, otros color miel, ni yo sé que color son, igual  que los de papá.

Mis medidas son 93-59-92 (lo que se denomina un cuerpo normal).

De  boca  ancha (por no decir jetona) je je y exuberante, siendo la envidia de  varias  de mis amigas  por mis labios pulposos,  y el motivo de varios piropos  por  parte de los chicos. Mi nariz es igual que la de mamá, ñata y respingada, y en lo culona también salí  a ella, je je

Mi papá es un prestigioso abogado y  desde que nos mudamos a la casa  del centro él se instaló  con el estudio, ahí mismo.

Desde pequeña he andado tras sus pasos, desde que iba a jardín de infantes cuando me preguntaban que quería ser de grande decía que sería abogada como mi papá.

Actualmente estoy cursando 2do año de abogacía, y espero ser tan buena como él.

Luego de una fuerte pelea con mi hermano mayor  Rodrigo (21) decidí mudarme.

Lo hice  a un edificio  lindante  del cual  papá heredó de un tío solterón, al que ni siquiera llegué a conocer.

Aproveché que el departamento se encontraba desocupado  desde hacía 2 semanas, y  con  la excusa de la pelea con mi hermano que me vino como anillo al dedo, “hacía tiempo que tenía ganas de irme a vivir sola”, pero en mi casa ponían el grito en el cielo cada vez que sacaba el tema, dicen  que soy muy chica para  eso.

Aprovechando que  soy la mimada de papá,  me dirigí  hacia él, me refugie bajo su ala protectora  implorando  que convenza a mamá a dejarme volar.

Parece ser que en la intimidad de la noche papá logró persuadirla, porque a la mañana siguiente en medio del desayuno,  antes de salir para la universidad me dieron la buena nueva, (al fin cedieron).

Agradecí con besos y abrazos  luego de escuchar infinidad de  consejos por parte de mamá.

Al regresar de la facu  fui directo al estudio  en busca de la llave de mi nuevo hogar, de pasada compré todo lo necesario para asearlo. Luego de una ardua tarea que duró casi tres horas de puro fregar, me tiré en el sillón  a observar “mi gran obra de arte”.

Era la primera vez que  me tocaba limpiar, y lo hice con mucho entusiasmo.

Desde que tengo uso de razón Beatriz (empleada domestica) es la que hace las tareas de la casa, mi única obligación siempre  ha sido hacer la cama, y acordarme de  no dejar tirada la ropa en cualquier lugar.

Del resto siempre se encargó Bea; (como yo le digo cariñosamente), para mí ella es como mi segunda mamá, dicen que aprendí a dar los primeros pasos de su mano.

Por su profesión mi madre ha estado  bastante  ausente de la casa. Ella es una excelente  pediatra, en las mañanas atiende en el hospital municipal y por las tardes  lo hace en su consultorio particular. Qué paradoja  ¿no? Vivir  rodeada de niños, pero tan lejos de los propios.

Mejor dejo de contar cosas del pasado que no los quiero aburrir y retomo al tema inicial.

Esa noche me quedé por última vez en la casa de mis padres, mis hermanos me miraban desconcertados por la decisión que había tomado, pero no me dijeron nada.

Al que  voy a extrañar mucho  es a Tiago (16), él es muy cariñoso conmigo, nos llevamos muy bien, y estoy segura que él me extrañara también.

Me agasajaron con mi comida preferida,(sorrentinos  a la pomarola) habían invitado a mis cuatro abuelos,  me taladraron la cabeza toda la noche diciéndome  – ¿dónde vas a estar  mejor que con tu familia? – “que era una locura”  y no sé cuantas cosas más…

¿Para que los invitaron?

Nunca lo sabré.

Pero allí estaban.

Hice oído sordo a aquellos  comentarios negativos, y disfruté  de la última cena.

Si hay algo que voy a extrañar muchísimo es la comida que Bea con tanta dedicación nos prepara día a  día (yo de cocina no sé nada de nada ).

Comí como una cerda, y encima a eso le sumé el postre (tiramisú) que tan bien le sale a la abuelita Alicia. ¡¡Estaba espectacular!!

Terminada la cena nos quedamos de  sobremesa, en casa es prácticamente como  un ritual, ésta costumbre data de viejas usanzas en mi familia, si te levantas de la mesa seguido de comer te miran como sapo de otro pozo, lo toman como una falta de respeto hacia los demás comensales.

A la hora de irmepara el depto  fue el mismísimo Rodrigo, (mi hermano mayor, con el que me había peleado)  quién se ofreció amistosamente  a  llevarme a mi nuevo  destino, con lo cual me pareció “buena idea”,  no quería seguir peleada con  Ro, y menos ahora que no íbamos a vivir bajo el mismo techo.

En el trayecto que son solo unas pocas cuadras me pidió disculpas por lo ocurrido y me dijo que si me iba por culpa de él no se lo iba a perdonar nunca, y que estaba dispuesto a no contradecirme más.

Antes de dejarlo terminar de hablar le dije que me iba por mí, no por él, que hacía tiempo  tenía ganas  de hacerlo, y que me pareció el momento oportuno aprovechando que el departamento  se encontraba deshabitado.

Llegamos a la puerta del mismo y nos abrazamos demostrándonos cuanto nos queremos, una mezcla de risas sollozas nos unió, el abrazo se potencio y por primera vez sentí que podía contar con él a pesar de todo.

Esa noche fue un poco extraña, me sentía rara, y no paraba de pensar en la libertad que había conseguido.  Me costó dormirme.

A la mañana siguiente dormí hasta que me dio la gana, era sábado y no tenía obligaciones de horarios.

Me desperté a pocos minutos de la una de la tarde, no había comprado nada para desayunar, y mucho menos para almorzar, la panza me chillaba así que  bajé al súper y me abastecí lo suficiente como para que no me falte nada por lo menos en toda una semana.

Fui directo a la góndola de los congelados, ¡pensé! (esta es mi salvación),  al llegar al depto me aparté una caja de hamburguesa y guardé el resto en el freezer.

Era  Noviembre y hacía  mucho calor, demasiado para la fecha.  El aire acondicionado no funcionaba, algo de lo cual no contaba. Pegue una nota en la heladera para no olvidarme de llamar al service.

Me cocine las hamburguesas  y las comí acompañada de una ensalada  multicolor, de esas  que vienen lista para consumir.  Quedé pipona y muerta de calor.

Me di una ducha con agua más bien fría y lavé ahí mismo la ropa que había usado. Todavía no había desarmado la valija, así que me puse lo que encontré a mano.

Un top blanco al cuerpo, sin corpiño (queda muchísimo mejor sin él), una colaless  blanca, un short desflecado de jeans y unas  ojotas  re copadas que mamá me compró cuando estuvieron en Brasil hace tan solo un par de meses atrás en sus vacaciones anuales, a la cual por culpa de la facu no pude ir.

Me dieron ganas de tomar un helado y bajé por él, (olvidé mencionar que vivo en el 4to piso departamento “C” ) en la misma cuadra pero por la vereda de enfrente está una de las mejores heladerías de la ciudad.

Al bajar del ascensor me crucé  con una  chica  que  esperaba para subir,  vestía un pantalón blanco re ajustado, tanto que le separaba la conchita en 2, (no sé porqué pero se me fueron los ojos ahí) jeje, su delantera también me  llamó la atención, sobre salían sus  grandes tetas  de una escotadísima remera rayada que dicho sea de paso, le sentaba muy bien, jeje  su larga y ondulada  cabellera pelirroja, también me impactó.  Me la quedé mirando como una tonta…

Sentí admiración y envidia a la vez,  entre mis amigas siempre hago mención  que me encantaría tener ese color de pelo tan especial y poco común.

Ella me sonrió y me saludó como si nos conociéramos, pero juraría que nunca antes nos hemos cruzado.

Le correspondí el saludo y creo que hasta me puse colorada…

Próximamente la 2da parte


“El siestero”

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– ¿Querés que  hoy nos encontremos para  una siestita? – ¿Te gustaría?

– Claro mi vida!!!  Ni lo dudes. ¿A qué hora? –

– A las 15 hs  ¿podés? Necesito  y deseo que tengamos  un  “siestero”   Tengo muchas ganitas de darte mi lechita, amore–

– ¡ok cielito!  ¡Yo también lo deseo, muchísimo!  A las 15 hs estoy allá –

– Vamos a nonar súper relajaditos, ya vas a ver.  ¡Ah! Te aviso que de solo pensarlo ya se me paró…  Jaja  Un besito dulzura mía –

– ummm que rico amore,  y a mí ya se me humedeció levemente la tanguita. Je je

Chao vidita, hasta luego – Besos  –

La hora no adelantaba nunca, se me hicieron eternas, miraba el reloj cada 5 minutos,  no aguantaba más las ganas de encontrarme con él.

Al fin las agujas marcaron las 2 de la tarde.

Ansiosa  por llegar, aunque faltaba  1 hora,  “demasiado tiempo”,  y estando  a tan sólo 10 minutos del sitio  emprendí camino  hacia “nuestro nidito de amor”.

Quise llegar antes  y chequear que todo estuviese armonioso,  con lo necesario  para poder  disfrutar de una tarde “soñada”, en la que no podía estar ausente  nuestra música preferida, esas melodías que nos elevan hasta el infinito, y convierten nuestros cuerpos en uno solo. Como tampoco  podía faltar el aroma de aquel sahumerio que tanto nos gusta.

Previa supervisión  de cada detalle  me di una ligera y refrescante  ducha.  Me dirigí a la cama tal cual salí de ella y me recosté  esperando su arribo.

Al fin llegó la hora añorada.

– ¡Hola Princesita!

Perdón, se me hizo tarde. En el banco había más gente que nunca.

Estabas dormidita ya…–

– ¡Hola mi vida!

¡Si!

Me recosté y parece que me  dormí ni bien apoyé la cabeza en la almohada. Estoy con fiaquita –

– Qué lindo encontrarte así amorcito, abrazada a la almohada totalmente desnudita  esperándome  así, culito  para arriba –

Se acercó a la cama y se inclinó hacia mí nos enfundamos en un beso tierno y a la vez muy profundo. Como sólo los enamorados podemos darnos.

Se despojó rápidamente de todas sus prendas y se acostó a mi lado. Estaba adormecida,  entregada al placer del roce  que me producía la  suavidad de las sabanas, oliendo el aroma  que desprenden cuando están recientemente  colocadas.

Mi estado  era más bien cómodo, tenía  más ganas de dormir que de hacer el amor.  (No les voy  a mentir)

– ¡Estás cansadita princesita!,  quédate así como estás.  Te quiero mimar, darte besitos  por todo el cuerpo, sentirte mía una vez más. –

Me quedé mullidita  sobre el lado derecho, mantenía los ojos cerrados,  rendida a lo que estaba por acontecer.

Cada encuentro  diferente a los anteriores, cada uno con su encanto especial.

Empezó dándome  masajitos  para distender mi  cuello

¡ufff que lindo!

Dejó caer sus manos y comenzó a moverlas  ejerciendo cierta presión en los omoplatos.

Me hizo saber que  notó mi contractura. Movía  sus dedos en círculos, esparciéndolos hacia afuera, (se sentía  súper relajante), tiene ese “Don especial”,  de que todo lo que toca deja su estigma.

Siguió masajeándome a lo largo de mi cuerpo,  gocé a pleno cada centímetro que él estimulaba.

Cada vez que levantaba y giraba mi cabeza para mirarlo, su rostro destilaba lujuria, percibía  su deseo reprimido por el sólo hecho de entregarme  placer, una comunión compartida, (es  un sentimiento que  no se puede explicar en un texto, solo lo entenderán aquellos que lo han vivido en carne propia) es notable la excitación que le causa saberme entregada, así, como abandonada a su suerte.

Una de las partes de mi cuerpo que lo enloquecen es mi espalda, le fascina quedarse mirándome  por largo rato mientras duermo desnuda, si bien en ese momento no estaba durmiendo mi pose era su delirio, estaba apasionadísimo acariciando a lo largo y ancho de la espalda, pero al llegar al hueco  que se forma entre el  termino de la espina dorsal y la cola (lo tengo muy marcado por que mi cola es de tamaño importante para mi delgado y estilizado cuerpo, generando un tremendo contraste con la línea de la cintura) cuando llegó allí  dejó de acariciarme con sus manos y me empezó a dar besos en ese surco que tanto admira y elogia, besos suaves y tiernos, e intercalaba con algunos  lengüeteos, siempre que hace eso retozo  de placer, me estremecía y desesperaba porque me poseyera.

– Ay amorrrr, sos  tan delicioso –  fue lo único que atiné a decirle en ese instante.

– Vos sos una delicia total,  no te imaginas cuando me desquicias ¡nena! –

Habíamos alcanzado el extremo máximo  de deseo,  la sabana era cómplice y  testigo fiel  de mi humedad, ella absorbía cada gota de miel que de mi cavidad vaginal desprendía.

El olor a sexo había copado la habitación.

De su pene aun sin estimular asomaban las primeras gotas preseminales, esas que tanto me gusta saborear. Obviamente que no me iba a quedar con las ganas, abandoné mi postura y giré mi cuerpo quedando frente a él.

Nos miramos deseándonos, fuimos en busca de la boca del otro para calmar nuestra sed, sed de sentirnos, de poseernos. Rápidamente nuestras lenguas comenzaron a participar de forma categórica del juego sexual del lujurioso siestero.

Me despegue de ella y cambié de posición, me puse cómoda para brindarle una buena chupadita, esas que tanto me deleitan.

Sabiendo lo que estaba a punto de saborear más me mojaba.

Bajé sin más preámbulos a su solemne virilidad. Me recibió con su glande brillando  en sus propios jugos. Lo miré  a los ojos antes de inclinarme hacia su sexo diciéndole:

– Esos juguitos me pertenecen, quiero nutrirme con ellos, “sos mi vicio”. ¡Sábelo! –

–  ¡Son todos tuyos mi Princesa! –

– mmmm –

Próximamente la continuación

La Dama y el Vagabundo (4ta Parte)

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Mientras continuaba estimulando mi vagina por sobre la tanga con la otra mano acariciaba mis pechos, intercalando con lengüeteos húmedos que hacían mi piel erizar, mis pezones se pusieron como piedra en su boca ardiente, quería sentir esos prominentes labios por cada recodito de mi cuerpo excitado.

Me tomó la mano y me guió hasta la cama, nos recostamos sobre ella y me empezó a besar, para continuar recorriendo  cada una de mis curvas, deseoso de probar  con sus labios el sabor de mí piel.

Me hacía arquear de placer con cada succión.

Quitó mi tanga y con su pesada  mano superficialmente comenzó  a frotar  mi sexo, haciendo que lo deseara un poco más…

–  ¡qué mojadita!

¿Estás muy excitada eh? –

– ¡sí, muy caliente ¡tengo muchas ganas de vos, pendejo –

– me vuelve loco que me llames así, éste pendejo te va a coger hasta que me supliques que deje de hacerlo-

-mmmmmmm síii siii que ricooooooo-

Dejó de frotarme de forma superficial para  hundir  un par de dedos  en  mi  empapado  orificio vaginal, fue muy excitante sentir como se  deslizaban hacia el interior perdiéndose  en mí humedad para  luego entrar y salir con ellos repetidamente, a la vez que con su otra mano   separaba  mis labios menores dejando expuesto el glande de  mi clítoris que pedía  a gritos ser estimulado.

Justamente era lo que buscaba,  me  lo comenzó a sobar en círculos  con un solo dedo, presionando y aflojando, sin dejar de penetrarme la vagina. El sonido que salía de mi conchita  se mezclaba con los primeros gemidos que comenzaban a surgir.

-¡uy mi amor!

Por favor, quiero ver como lames tu propia miel de mis dedos.-

Inmediatamente y casi sin terminar de decir aquello, los llevo hasta mi boca, estaban chorreando de lubricación.

No me quise perder su cara, ni sus gestos, cuando cerré  la boca  envolví sus dedos  y con mi lengua moviéndose hacia un lado y hacia otro  fui lamiendo  el producto de mi excitación.

Su pija parecía estallar de calentura, sobresalía del bóxer de tan dura que la tenía.

Y mientras lamía sus dedos no pude resistir las ganas de frotarle “el paquete”, lo hice por sobre el bóxer, desde la base de sus testículos hasta la punta del glande que asomaba mojado y brillando, aunque asfixiado por el  elástico.

Aquello era irresistible, no daba más, mis  ansias por sentirla en mi boca  eran desesperantes, (la chupada de pija en el auto me había dejado con ganas de más) bajé hasta ella para saciar mi ansiedad  pero no me lo permitió, me detuvo de inmediato.

– Shhhhhhhh momentito, ahora no, primero quiero sentir como te venís en mi mano –

¡No hizo falta que lo dijera!

con sus dedos entrando y saliendo vertiginosos era algo más que inminente. Mientras palpaba en lo más profundo de mi sexo y frotaba en paralelo con vehemencia mi clítoris mis jadeos se fueron agudizando de manera tal que lo sorprendí expulsando un gran chorro de orina.

(Con mi marido solo me había ocurrido en tres ocasiones, en las que estuve extremadamente excitada).

Seguí gozando y gimiendo entregándole hasta la última gota de mi néctar, el cual sentía correr por mi entrepierna. Entremezclándose con “el chorrito”.

Verme  “tan perra” lo enloqueció…

– ¡Me meastes! Que hija de puta hermosa que sos…. Nunca antes me habían meado, ¡me encantó putita!

¿Sos siempre así? –

– ¡no! Incluso hace años  que no me pasaba, pero lograste la estimulación necesaria para que con solo masturbarme se me escapara, (no pude evitar ponerme colorada) es una sensación “rara” pero muy placentera, imposible de contenerla,-

– ¿en serio te gustó?  –

– ¡Totalmente! me mataste, me volaste la cabeza mal, tengo muchísimas ganas de cogerte, pero antes te voy a “atender” a vos, por lo menos no antes de que acabes un par de veces en mi boca, y pueda tomarme tu lechita…

En un arrebato busqué sus labios, que me los  ofrendó con euforia.

Envolvió mi boca con la suya y nos entregamos en un juego excitante, entre roces y frotamientos con nuestras lenguas estimulando al máximo nuestro deseo por poseernos.

Abandonó mi boca para bajar hasta mi sexo, a la vez que con sus manos palpaba mi anatomía, desde mi cuello hasta la planta de mis pies, en un recorrido suave y sugerente, haciendo poner mi piel de gallina.

Sin dejarme recuperar del anterior orgasmo afirmó su cara en mi entrepierna y lamió con énfasis el néctar de aquella primera acabada, su ritmo exacerbado logró que comenzaron a brotar nuevos fluidos…

– ¡como me calienta el olor a hembra que despedís!

Ese tipo de comentario son los que me hacen sentir una verdadera puta en la cama, y me encantaba tener “a un desconocido” diciéndomelas.

Aunque no dije nada en ese momento, mis ininterrumpidos jadeos fueron suficientes para que él percibiera que estaba llegando al punto máximo de excitación, y sin dejar de lametear el clítoris me penetro primero con un dedo, luego dos, sentía la delgada piel de mi vulva estirarse cuando sumó un tercer dedo, (tres que de él equivalen a mi mano entera, “una bestia”)

Abrí mis piernas lo más que pude para recibir aquellos dedos que a esa altura  me cogían sin piedad.

– Ahhhhhhh ahhhhhhhh ahhhhhhhh

Más, más, más duro, ahhhhhhhhhh ahhhhhhhhhh, no podía dejar de gemir…

¡Luciano! me viene, me viene el chorro de nuevo, apartateeeeee –

– ¡ni loco!

Por Diossssssss acabá en mi boca, quiero sentir yaaaa tu meo caliente –

Mi cuerpo comenzó a sacudirse, perdí el control de él, y de mi contención, por inercia eleve mi pelvis, inevitablemente y a su ruego expulsé “el gran chorro”.

Luciano disfrutaba de la situación, yo continuaba temblando, mientras él seguía embutido en mi cara, recibiendo todo lo que le entregaba, no aminoró la estimulación en ningún momento, y le acabé dos veces, una seguida de otra.

Hasta que no pararon mis convulsiones no levantó la cara de mi sexo, cuando vi su cara totalmente “enchastrada” me di  cuenta que había expulsado más que la vez anterior.

– ¡Me mató!

Más que una perra, sos una loba, me volvés loco… que manera de gemir… tengo la pija que me estalla.-

Continuará
En la 5ta parte “el final”

La Dama y el Vagabundo (Infidelidad y perversión) 2da parte

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-Me pareció escuchar que Luciano  me llamaba-

Me acerqué y corrí la cortina y ¡ohhhhhh sorpresa! ¡Qué lomazo!  De espalda muy ancha, vestido no parecía tener ese cuerpazo. Todavía no se había puesto la ropa,  llevaba solo el slip (blanco)  y las medias  del mismo color, bueno… blancas habrán sido el día que las compró.

–  perdón creí escuchar que me llamaste –

(No pude evitar que mis  ojos  se fueran directo a su bulto, era demasiado ostentoso, no pasaba desapercibido fácilmente) cuando me di cuenta que miraba fijo “ahí”, me puse colorada de inmediato, ¡qué vergüenza¡

– no pasa nada señora –  quédese ya que está acá, enseguida me pongo la otra ropa –

Creo que se dio cuenta, pero se hizo el “tonto” y encima llamándome “señora”  ¡que tedioso!

Mientras se ponía el pantalón lo miraba por el espejo, es que su  cola es fantástica, redondita, y bien marcada, parecida a  la cola de una mujer.  Quién diga que no le atrae la cola de los hombres ¡MIENTE VILMENTE!

Y esa colita estaba para lengüetearla y morderla largo rato.  Y  cabalgar sobre ese pedazo de carne  mmmm

“A mi mente llegaban pensamientos  calientes y perversos, por ella pasaban  miles de imágenes  teniendo sexo con él en  diferentes posiciones”

Deje de volar  y aterricé en la realidad…

Le quedaba todo a su medida, así que saqué la tarjeta de crédito y le compre las 3 mudas.

Salimos de la tienda y nos fuimos al hotel.

Confesó que hacía tiempo no entraba a un baño que no fuera público, y para ducharse tenía que pedir permiso en las estaciones de servicio y muchas veces se lo negaban.

Su historia de vida (desgraciada) me partía el alma, y menos mal que había dejado de hacer frío, andar todo el tiempo al aire libre, expuesto, el imaginármelo me ponía muy mal.

El apart hotel era 5 estrellas y no le faltaba nada. Tenía todas las comodidades, hasta incluso un bonito jacuzzi que pensaba estrenar esa noche. Pero debido a la presencia de Luciano, pensé no lo iría a usar…

Le saqué las etiquetas a la ropa nueva y se la extendí sobre la cama mientras él se daba un buen baño, (de esos que vayan a saber cuánto tiempo no se daba).

Para dejar que pudiera cambiarse bajé a tomar un trago al bar que está junto a  la piscina, (había estado  la noche anterior y me gustó mucho) no sin antes guardar todas mis cosas de valor en la caja fuerte. Era inevitable no tomar precauciones con un extraño.  Podré ser muy buenaaaaa, pero de  tonta ni un pelo.

Dejé pasar 30 minutos y regresé. Y lo encontré prolijamente afeitado,  de poco vello en el pecho, (me encantan así, los osos nunca me han llamado la atención) cubierto por la bata y acostado sobre el borde de la cama al lado de la ropa, (parecía otro).

Lucía fantástico, cara relajada, de facciones muy masculinas,  estaba súper dormido, me imaginé que hacía tiempo no se acostaría sobre un buen colchón. De hecho no me había contado detalles de donde dormía, (luego averiguaré en la cena, si es que me quiere contar).

Me dio pena despertarlo, además faltaba todavía más de  3 horas para la función, lo dejé que durmiera, cuando lo escuché roncar y tuve la certeza que no se hacía el dormido  me senté en el sillón frente a la cama y lo contemplaba con mesura,  disfruté  observarlo,  pero mi curiosidad quería ir un poco más allá de lo que la vista me devolvía, me paré del sillón y fui hacia la cama mezcla de picardía y de  pánico porque me aterraba pensar que se despertara.

Desprendí  sutilmente el lazo que cruzaba la bata, se la abrí para poder tener mejor panorama,  ¡guau y sí que lo tenía!  tremendo pedazooooooo  de carne dormido  le colgaba  entre las piernas, fácilmente andaría  en los 25 cm, y muy grueso, eso lo hacía doblemente  más deseable.

Me empecé a excitar con solo verlo,  me sentí humedecer, mis dedos  acataron  mis órdenes y empezaron a hurgar en mi mojada conchita.

Dentro mi poca variedad sexual  nunca he tenido la suerte de haberme  topado  con  uno tan dotado.

Desde que estoy con Sergio no volví a tener  contacto íntimo con nadie más, la de Sergio es más tirando a estándar, o mal llamado “normal” 18 cm x 3,5, pero  la supo usar muy bien, no tengo quejas sexuales para con él, el problema es que ya no me calienta, no me mueve  ni un pelo.

Desde hace años que me siento algo “asexuada”  disfruto más de jugar conmigo sola, que teniendo sexo con mi marido.

Y en ese momento  viendo el cuerpazo de Luciano  me toqué hasta empapar mi tanga y acabé imaginándome que era su boca la que recibía mi néctar.

Me incorporé rápidamente y volví a hacer el lazo de la bata, él siguió inmutable, nunca se entero de la paja que me hice por  su culpa.

Salí disparando al baño, me metí en  la bañera, me quedé un rato allí relajando la tensión que me había causado “esa situación”.

Cuando salí fue directo al cuarto, esperaba que Luciano ya se hubiese cambiado, pero para mi sorpresa seguía dormido.

Me ajuste la bata para asegurarme no llegara a desatarse y a fuerza de zamarreos lo desperté.

-¡Vaya que dormías!-

_¡Perdón señora, discúlpeme, me apoyé a descansar un momento y me he quedado dormido. ¡Qué vergüenza!-

– No te preocupes, no me ha molestado, pero vístete que en un rato saldremos, mientras lo haces me voy a maquillar  un poquito– (me fui al baño para dejarlo cambiarse, pero que ganas de espiarlo tenía…)mmmmm

Cuando  volví  a la habitación ya estaba listo, ¡IMPECABLE! No pude contenerme y se lo hice saber. Muy educadamente me agradeció por ello y creo que por cuarta vez lo hizo por la compra de la ropa.

Le pedí me esperase abajo mientras me cambiaba, y luego me uní a él. Cuando llegué a la sala de estar se paró un acto muy caballeresco para su corta edad, me sorprendió. No paraba de mirarme, y de decirme lo linda que estaba,  tengo el cabello muy largo y ondulado pero siempre lo llevo atado (no me lo había descubierto) salvo ocasiones especiales como la de esa noche, que me lo dejé suelto, solo recogí un poco con una flor hacia un costado para darle un toque personal.

Fuimos en el auto para podernos manejar mejor, me sentía rara llevando a un desconocido a mi lado, pero a la vez era excitante, morbosamente se me ocurrían cosas para con el muchacho.

Salimos del teatro conversando sobre el espectáculo y camino al estacionamiento del auto, lo tomé del brazo no sin antes preguntarle si no le molestaba.  Me hallé cómoda y segura, la palabra exacta vendría a ser protegida.

Elegí un restaurante muy bonito, cálido, de luz tenue, el pidió lo mismo que yo, quizás por vergüenza no sé,  lo cierto es que parece que le gustó, porque  no dejó nada.

Me contó  que se había venido a Buenos Aires después de  que su hermano mellizo muriera  en pleno partido de rugby del cual ambos  pertenecían al mismo equipo. Abandonó su novia, su carrera, trabajo, no quería saber nada de todo aquello que le recordase a Lisandro, su hermano.  Al contarlo se notaba la gran carga de dolor que lo perturbaba. Hablé mucho con él, traté de hacerle comprender que la vida continúa a pesar de todo, y que  muchos sufrirán doblemente, por un lado por la pérdida irreparable de su hermano y por otro la ausencia de él por su huída repentina. Estaba muy cerrado en sus convicciones, demasiado negativo para hacerle comprender  en una sola charla lo que quizás llevaría meses de terapia.

Se excusó para ir al baño. Al regresar cambie de tema, no quería hacerle revivir sus tristezas.

Luego del postre un café y se terminaría  “la cita”, llegaba a su fin. Pero me resistía a dejarlo ir, la estaba pasando bien, me sentía toda una aventura experimentando  una nueva rebeldía, como cuando era adolescente y sabiendo que no debía hacer tal cosa, la hacía por el simple hecho de contradecir a lo ético.

Luciano  me pidió que lo dejase de pasada  camino al hotel en su “lugar”, una humilde pensión que compartía con  gente de la calle como él. Pero con el pretexto de que en el hotel estaban todas  sus cosas lo convencí.

Al llegar al auto le pregunté si sabía manejar, me dijo que sí, y le pedí condujera  él.  Me senté a su lado tranquila, me trasmitía seguridad,  el viaje no era muy largo, nos separaban no más de 30 minutos  hasta el hotel.

En un momento me dijo:

– dígame que no estoy soñando,  ha sido todo tan lindo… que si es un sueño no me quiero despertar, desde la tragedia que no había vuelto a sonreír-

– ¡claro que no lo es!  Me alegra haber sido el nexo que te arrancara un par de sonrisas.

Y tutéame que no soy tan mayor,  por mi edad biológica podría ser tu madre, pero no lo soy.

Y mi mano deslizándose por su pierna…

” ¿Acaso tan mal me veo para mis 43 años?”

Continuará…

Mi vecina del 4to “b” (5ta parte)

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Yo seguía allí, inmutable, aunque tengo que admitir  que  sentí un cierto “cosquilleo” que me embriagó por completo.

De pronto me sorprendió su accionar… extrajo   un hielo  del vaso  que luego  llevó hasta su boca,  lo pasó por sobre  los labios  haciendo  un gesto  elocuente, mientras me miraba  incitándome  hizo lo propio con la punta de la lengua.

¿Buscaba calentarme?

Si era eso lo consiguió.

Luego se sacó el hielo de la boca  y lo llevó hasta la mía.

Presagiaba   lo que estaba a punto de acontecer…

En  ese preciso instante  me di cuenta que deseaba  concluir con aquella fantasía que me venía desvelando cada noche desde que la conocí.

–  ¿Ahora vos?- me dijo;  y sin dejarme reaccionar  me apoyó el hielo  ya prácticamente devastado por el calor, mojándome  el  mentón, y  chorreando hasta  mi escote que seguramente iba a ser absorbido  por mi piel acalorada. Pero Guille fue más rápida que el mismísimo calor de mi cuerpo  y se zambulló en el canal de mis pechos.  Con su lengua atrevida lambiéndome  recogió  el fruto del deshielo, generándome  un estremecimiento difícil de expresar en palabras.

En un arrebato inesperado  subió por mi cuello  sin dejar de hacerme  sentir su lengua en ningún momento, escaló hasta mi boca y “me la comió”  en un profundo  y terrible beso apasionado,  que no pude menos que corresponderle con lujuria.

Al abrir los ojos observe a mi alrededor, y constate que  cada cual hacía la suya sin importarles  en lo más mínimo lo que hacia el resto.  En ese momento  sentí  como si  estuviéramos tan  solo “ella y yo”, mientras su mano  se escurría bajo la remera  logrando alcanzar mis pechos, yo tímidamente acariciaba su brazo.

Mientras una  marcha  remixada  sonaba al mejor estilo “punchi punchi”  la colo estiraba  su brazo libre metiendo mano sin prejuicios en mi entrepierna (que rico) separando la tanguita de mi piel, con sus dedos  se  deslizó  alcanzando mi cavidad vaginal.

– ¡Que mojadita estás, bebe!  Mmmm Desearía  meterme de cabeza  en tu sexo,  abrirte los labios con mi lengua, empaparme de tus jugos y beberme cada gota que derrames –

Mis manos se aferraron al tapiz de los sillones mientras  me auto-mordía nerviosa el labio inferior al escuchar  sus  calientes y prometedoras palabras.

De repente mi cuerpo se estremeció de placer al sentir  sus dedos  escurridizos  profundizando en mi ser…

Le pedí que se detuviese…

– pará Guille, no sigas, porque me vas a hacer acabar –

– mmmmmm

¡Qué rico bebe!

¡Eso quiero! ¿No te diste cuenta? Quiero hacerte mía esta noche.

Acaba sobre mi mano porfa, quiero probar el sabor de tu miel –

Imposible no satisfacerla.  Sus dedos  penetraban  impetuosos en mi vagina,  rozando  y estimulando el  clítoris  que a esa altura asomaba por completo de su capuchón.

Sin parar de gemir por lo bajo (disimulando) con una ligera fricción   me arrancó   un orgasmo “interminable”   traté de aminorarlos  en  su  boca, con la ayuda de sus besos.

Como era de imaginar acabé de forma bestial  chorreando  su mano por completo.

-¡Huy mi amor! que rico acabaste, ¡me volves loca!-

Mientras hablaba  retiraba su mano de mi entrepierna y como previamente había anticipado lamio  uno a uno sus dedos saboreando mi néctar.

Desesperada  buscó mi boca y nos  entregamos en otro beso desenfrenado.   Dejándome  todo  el  sabor de mi sexo  en ella.

– Vámonos  Mili! no aguanto más…  –

Continuará…