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“Me mojo con las anécdotas de mi tía” (El final)

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3ra parte de esta historia leéla acá

https://misrelatoshot.wordpress.com/2010/03/08/me-mojo-con-las-anecdotas-de-mi-tia-3ra-parte/

Me sentía en el paraíso.

Abrí bien los ojos para encontrarme con la realidad, despertarme de ese sueño húmedo. Y comprobar que era solo un sueño. Pero contrariamente a mi pensamiento era real, era la tía, ¿Adriana la culpable de mi humedad?

Verla a escasos centímetros de mi sexo era mi fantasía a punto de hacerse real.

Una vez allí lamió los laterales de mi entrepierna con devoción, comprobó que estaba suficientemente mojada y de repente, como adivinando que me había despertado se detuvo.

Dudé de mi reacción, no sabía que era mejor: si hacerle saber que estaba disfrutando despierta o seguir haciéndome la dormida…

Pero tuve el presentimiento que se marcharía, y opté por dejarle saber que estaba disfrutando, y con mi voz excitada le dije: “no pares, seguí”

Alzó un poco su cabeza de mi entrepierna para preguntarme:
– ¿Segura querés que siga? ¡Esto es una locura!–

Lamenté no poder ver con claridad su rostro.

¡Sí tía seguí! No me dejes así…
En todo caso es una divina locura…

Con mi aprobación doblegó su calentura y sin más comentarios ni sobresaltos, me siguió lameteando y succionando con una fogosidad imposible de superar…

El placer que me otorgaba con su boca juro que nadie antes en mi corta vida sexual me lo había entregado.

Cuando estaba a punto de llegar el orgasmo me comencé a mover desaforada, mi cuerpo se descontroló.

Tuvo que sostenerme con fuerza para poder mantenerme firme en su boca.

Aceleraba sus estimulaciones a medida que el ritmo de mis gemidos iba in crescendo.

Quería gritar mi orgasmo, que todos se enteraran de mi goce; pero no podía correr el riesgo que nos descubriesen.

Acabé exquisitamente en su boca.

Ella subió hasta mí y con toda la crema de mi sexo en su boca apoyó sus labios sobre los míos y nos entregamos en un primer beso apasionado. El primero de muchos…

Mientras nos besábamos me preguntaba para mi adentro si sería capaz de bajar hasta su entrepierna y comerme ese tesorito que tenía en medio. La incertidumbre de lo que viniese después me carcomía.

Por suerte Adri me guió.
Me fue llevando la mano, y con la suya sobre la mía me hizo acariciar sus piernas, abdomen, senos, cuello, y cuando llegamos al rostro se detuvo en los labios, me tomó con firmeza el dedo índice e hizo que los recorriera con empeño. Poco a poco fue entreabriendo su boca e incorporó la lengua.
Con la puntita de ella tocaba y mojaba mi dedo.
Ufff eso me encendió de manera irrestricta.

Me calentó tanto que me elevó a la mismísima estratosfera.

Ya no fue necesario que mi tía me siguiera guiando, con la excitación que me había provocado lo hice por propio deseo.

Para llegar a mi mayor obsesión tuve que levantar su remera; y correr hacia un lado el corpiño.
Al fin me pude encontrar cara a cara con sus grandes y terribles pechos; primero los acaricié disfrutándolos durante largo rato hasta encrespar toda su piel.

Antes de llevar mi boca a sus oscuros pezones, estos se pusieron como roca, los lamí, mordisquee, pellizqué hasta que me mi cuerpo me pidió avanzar…

Bajé tímidamente besando su abdomen, su pequeña y sexy pancita que adoré acariciar. A esa altura Adri estaba que volaba de calentura, no paraba de vibrar y jadear a la vez…

Ella misma decidió quitarse el short y sacarse por completo la remera, se quedó tan solo con ese lindo conjuntito de ropa interior que horas antes le vi ponerse.

Cuando alcancé su sexo fue glorioso escuchar cómo me imploraba que se la siguiera chupando aunque su cuerpo se desestabilizara y luchara inconscientemente por sacarme de sitio.

Primero lamí con sólo la punta de mi lengua por el pliegue de sus labios mayores, y por el alrededor de su sexo.

Su cuerpo se contorneaba con cada lameteada que le daba.

Luego usé un dedo que pasé por entre sus labios carnosos para abrir lo que hasta ese momento era totalmente desconocido para mí.

Un mundo de nuevas y riquísimas sensaciones.
El olor de su conchita caliente comenzaba a fluir…
Llegaba hasta mí nariz para desearla aún más…

Incorporé mi otra mano y con ambas abrí su delicada y bien cuidada selva en forma de triangulo.
Sin querer perderme el más mínimo detalle del espectáculo y sin preguntarle nada estiré mi brazo y prendí la luz tenue del velador.

– Nahi… ¡apagá esa luz! – dijo con voz entre cortada por la excitación.

Es que no veo nada tía, disfrutaré mucho más viéndote…

Mi respuesta la conformó porque no insistió más.

Volví la mano a su posición anterior y tras abrir su vulva me recibió rosada y brillosa por los mismos jugos que hasta esa altura le había provocado.

¡Era un espectáculo único!
Me incliné hasta su sexo increíblemente y sin pudor con mi lengua comencé a deleitarme con el flujito que le chorreaba y saboree cada gota en mi boca como el mejor de los bocaditos…

Juguetee con ella en un ir y venir descarado.
Al parecer lo hice bastante bien porque no tardó de llenarme la boca con la totalidad de su miel.

Y por primera vez sentí su sabor, y toda la adrenalina que genera haber llegado hasta ese momento culmine.

Desde ese día y durante el tiempo que vacacionó en mi casa seguimos teniendo encuentros a escondidas.

Lo hacíamos en la playa cada vez que podíamos, en la parte alta, donde se encuentran los tamariscos (plantas); y en la casa en la intimidad de mi habitación.

El sexo entre ambas era altamente celestial, inigualable.

Sufrimos mucho cuando al llegar el fin de su estadía se marcharía a su ciudad. Ambas nos abrazamos y lloramos desconsoladas… el resto de mi familia nos miraba sin entender tanto apego.

Nos hablábamos por teléfono 1 vez por semana y chateamos por Skype rigurosamente todas las noches. Tenía que contenerme para no mostrar la tristeza que me provocaba tenerla tan lejos ¿me había enamorado de mí tía? Pero el día que la cam captó una lágrima rodando por su mejilla supe que no estaba donde debía estar. A su lado.

Acomodé mis cosas, hablé con mi familia y los convencí de irme a estudiar a otra ciudad, ohhh casualidad la misma en la que vive Adriana.

Y desde su casa, ahora también la mía les estoy escribiendo “nuestra” historia de amor prohibido mientras ella ceba unos riquísimos y dulces mate acariciando mi pelo mientras los tomo.

Consejo: hagan siempre lo que sientan ganas de hacer, no repriman el deseo. Sean leales consigo mismo.