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La dama y el Vagabundo (3ra parte)

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Mientras continuaba estimulando mi vagina por sobre la tanga con la otra mano acariciaba mis pechos, intercalaba con lengüeteos húmedos que hacían mi piel erizar. Mis pezones se pusieron como piedra en su boca ardiente, quería sentir esos prominentes labios por cada recodito de mi cuerpo excitado.

Me tomó la mano y me guió hasta la cama, nos recostamos sobre ella y me empezó a besar, para continuar recorriendo cada una de mis curvas, deseoso de probar con sus labios el dulce sabor de mí piel.

Me hacía arquear de placer con cada succión.

Quitó mi tanga y con su pesada mano superficialmente comenzó a frotar mi sexo, haciendo que lo deseara desesperadamente…

-¡qué mojadita!

¿Estás muy excitada eh? –

¡sí, muy caliente ¡tengo muchas ganas de vos ¡pendejo!

-me volvés loco llamándome así, éste pendejo te va a coger hasta que me supliques que deje de hacerlo-

mmmmmmm síii siii que ricooooooo

Dejó de frotarme de forma superficial para hundir un par de dedos en mi empapado orificio vaginal. Fue muy excitante sentir como se deslizaban hacia el interior perdiéndose en mí humedad, para luego entrar y salir con ellos repetidamente, a la vez que con su otra mano separaba mis labios menores, dejando expuesto mi clítoris que pedía a gritos ser estimulado.

Me lo comenzó a sobar en círculos con un solo dedo; presionando y aflojando, sin dejar de penetrarme la vagina.

El sonido que salía de mi conchita se mezclaba con los primeros gemidos que comenzaban a surgir.

-uy qué ricura…quiero ver como lames tu mielcita de mis dedos.-

Inmediatamente y casi sin terminar de decir aquello, los llevo hasta mi boca, estaban chorreando de flujito.

No me quise perder su cara, ni sus gestos, cuando cerré la boca envolví sus dedos y con mi lengua moviéndose hacia un lado y hacia el otro fui lamiendo mi propia cremita.

Su pija estallaba de calentura. Sobresalía del bóxer de tan dura que la tenía.

Y mientras lamía sus dedos no pude resistir las ganas de frotarle “el paquete”, lo hice por sobre el bóxer, desde la base de sus testículos hasta la punta del glande que asomaba generosamente mojado y brillando, asfixiado por el elástico.

Aquello era irresistible, no dábamos más…

Mis ansias por sentirla en mi boca eran desesperantes, (la chupada de pija en el auto me había dejado con ganas de más) bajé hasta ella para saciar mi ansiedad pero no me lo permitió, me detuvo de inmediato.

– Shhhhhhhh momentito, ahora no, primero quiero sentir como te venís en mi mano –

“No hizo falta que me lo pidiera”

Con sus dedos entrando y saliendo vertiginosos era algo más que inminente.

Mientras palpaba en lo más profundo de mi sexo, frotaba en paralelo con vehemencia mi clítoris…

Mis jadeos se fueron agudizando de manera tal que lo sorprendí expulsando una gran cantidad de liquido similar a la orina, pero que no lo era.

“Los que desconocen lo confunden con el pis” sin saber que eso es una verdadera eyaculación femenina, y que según leí no es muy común…

(Con mi marido me ha ocurrido en varias ocasiones, en las que estuve extremadamente excitada. Claro qué en nuestros mejores tiempos).

Seguí gimiendo y entregándole hasta la última gota de aquella eyaculación…

La cual sentía correr por mi entrepierna.

Verme tan sexual, “tan perra” lo enloqueció…

-¡Me measte! ¡Que hija de puta hermosa que sos!

Nunca antes me habían meado, ¡me encantó… putita!-

¿En serio te gustó?

-¡Totalmente! me mataste, me volaste la cabeza, tengo muchísimas ganas de cogerte, pero antes te voy a “atender” a vos-

En un arrebato busqué sus labios, me los ofrendó con entusiasmo.

Envolvió mi boca con la suya y nos entregamos en un juego excitante, entre roces y frotadas de nuestras lenguas estimulando al máximo el deseo por poseernos.

Abandonó mi boca para bajar hasta mi sexo, a la vez que con sus manos palpaba mi anatomía. Desde mi cuello hasta la planta de mis pies. En un recorrido suave y sugestivo, haciendo poner mi piel de gallina.

Sin dejarme recuperar del anterior orgasmo afirmó su cara en mi entrepierna y lamió con énfasis el néctar de aquella anterior acabada. Su ritmo exacerbado logró que comenzaron a brotar nuevos fluidos…

¡Como me calienta el olor a hembra. ¡Por Diossss!

(Ese tipo de comentario son los que me hacen sentir una verdadera puta, y me encantó que me las dijera un total “desconocido”)

Aunque no dije nada, en ese momento mis ininterrumpidos jadeos fueron suficientes para que él percibiera que estaba llegando al punto máximo de excitación, y sin dejar de lametearme el clítoris me penetró primero con un dedo, luego con dos… sentía la delgada piel de mi vulva estirarse cuando sumó un tercero, (3 de él equivalen más o menos a mi mano entera ja ja “una bestia”)

Abrí mis piernas lo más que pude para recibir aquellos dedos que a esa altura  me cogían sin piedad.

Ahhhhhhh ahhhhhhhh ahhhhhhhh

Más, más, más duro, ahhhhhhhhhh ahhhhhhhhhh

No podía parar de gemir…

¡Luciano! me viene, me viene el chorro de nuevo; apartateeeeee –

-¡Ni loco! ¡Acabá! quiero sentir tu líquido en mi boca –

Mi cuerpo comenzó a sacudirse, perdí el control, y no pude contenerlo, por inercia eleve mi pelvis, inevitablemente y escuchando sus ruegos expulsé “el gran chorro” sobre su rostro asombrado ante lo ocurrido.

Disfrutó embutido en mi cara recibiendo todo lo que le entregaba. Sin aminorar la estimulación en ningún momento…acabé 2 veces, una seguida de otra, no podía dejar de temblar.

Hasta que no pararon las convulsiones Luciano no retiró la cara de mi sexo. Cuando vi su rostro totalmente “enchastrado” me di cuenta que había sido muchísimo más que la vez anterior.

-¡Me mató!

Más que una perra, sos una loba.

Me volvés loco… que manera de gemir hija de perra… tengo la pija dolorida de tanta calentura-

Fui a higienizarme refrescarme, y al regresar la vista que tenía desde el baño no pudo ser mejor…

Me esperaba sobre la cama, boca arriba y acariciando su dura verga.

Me paré frente a su miembro, y me agarré las tetas con ambas manos y con un poco de esfuerzo logré alcanzarlas con mi boca, propinándome lametones que de tanto en tanto interrumpía pasando la lengua por mis labios, humedeciéndolos, mientras lo miraba con cara de “bebota” llevándome un dedo a la boca que lamia y chupaba con devoción haciéndome la idea que era su pedazo.

-Que puta divina–

¿Te gusta lo qué ves?

-Me calentás mucho, flaca, mucho –

Y vos a mí, ¡pendejo!

Envolviendo mi cuerpo con mis propios brazos a la altura de mis pechos como si me estuviera abrazando comencé acariciarme, deslizando mis manos por sobre mi piel todavía exudada, logrando que se resbalen con facilidad.

Fui recorriendo mi abdomen mientras meneaba mis caderas como si me estuviera penetrando, a esa altura Luciano se pajeaba descontrolado.

Subí una de mis piernas sobre el sillón que tenía a mi izquierda, (el mismo que fue cómplice de aquella paja mientras él dormía) al hacer esto, mis labios vaginales se abrieron dejando ver como mi conchita comenzaba a brillar con mi propia lubricación.

Introduje un dedo que se perdió con facilidad, entonces metí otro más, y me empecé a pajear con ellos.

Mi actuación lo estaba volviendo loco, sus gemidos no se hicieron rogar…

-ahhhhh cómo me hacés subir la leche ¡nena!–

mmmm ¿me la vas a dar?

-¡TODA!

Ahhhhhhhhh, ya viene, ahhhhhhh-

Fui hacia la cama y me le subí encima, en posición inversa. Relajé mi cuerpo entregándome al placer…

Mientras él comenzaba a chuparme la concha yo lamía sus huevos, pero como sabía que la llegada de su leche estaba por llegar me la metí toda en la boca, y la empecé a chupetear.

Mientras su lengua se movía inquieta dentro de mí, provocándome de inmediato un tremendo y glamoroso orgasmo.

Él, jadeaba y elevaba la pelvis cogiéndome la boca abruptamente…

-No te aguantes, entrégame todo. Quiero recibir tus fluidos una y otra vez y beberme todo lo que salga de ella-

Éramos un solo clamor, sus gemidos se mezclaban con mis jadeos, que a esa altura ya eran más que fuertes. No podía ocultar la detonación de mi ser.

En cada embestida me venían arcadas, que inundaban su verga con mi saliva.

Cuando me sentí venir aplasté la concha contra su cara y me refregué en ella, hasta que solté “el chorrito” (mas que chorrito fue un gran chorro).

Luciano estaba tan excitado que levantó su cadera e hizo presión contra mi boca perdiéndose por completo en ella, los huevos rebotaban en cada embestida contra mis labios.

-Ahhh ahhhh ahhhhhhh ahhhhhhhhh

¡Tomáaaaaaa puta, tómatela toda!-

Entregándome sus últimos temblores colmó mi boca con una gran lechada que desbordó por mis comisuras, sintiéndola correr por el cuello, los pechos, y muriendo en mi torso.

Fue una acabada magnifica.

Me tiré a su lado, exhausta. Luciano sonreía aún agitado.

-¡Fue increíble!

Mejor dicho: ¡Sos increíble!-

¡Gracias lindo!… vos estuviste estupendo.

Tenemos que brindar por este encuentro.

Llamé al conserje y le pedí que mandase un buen champagne.

Disfrutamos cada burbuja entre besos y mimos impensados.

Aquel muchachote no dejaba de sorprenderme. Lo creía tan bohemio y salvaje, que no me esperaba fuera tan suave y cariñoso. Sin lugar a dudas un lindo cóctel para una noche de sexo desenfrenado.


Continuará…

La Dama y el Vagabundo (4ta Parte)

Estándar

Mientras continuaba estimulando mi vagina por sobre la tanga con la otra mano acariciaba mis pechos, intercalando con lengüeteos húmedos que hacían mi piel erizar, mis pezones se pusieron como piedra en su boca ardiente, quería sentir esos prominentes labios por cada recodito de mi cuerpo excitado.

Me tomó la mano y me guió hasta la cama, nos recostamos sobre ella y me empezó a besar, para continuar recorriendo  cada una de mis curvas, deseoso de probar  con sus labios el sabor de mí piel.

Me hacía arquear de placer con cada succión.

Quitó mi tanga y con su pesada  mano superficialmente comenzó  a frotar  mi sexo, haciendo que lo deseara un poco más…

–  ¡qué mojadita!

¿Estás muy excitada eh? –

– ¡sí, muy caliente ¡tengo muchas ganas de vos, pendejo –

– me vuelve loco que me llames así, éste pendejo te va a coger hasta que me supliques que deje de hacerlo-

-mmmmmmm síii siii que ricooooooo-

Dejó de frotarme de forma superficial para  hundir  un par de dedos  en  mi  empapado  orificio vaginal, fue muy excitante sentir como se  deslizaban hacia el interior perdiéndose  en mí humedad para  luego entrar y salir con ellos repetidamente, a la vez que con su otra mano   separaba  mis labios menores dejando expuesto el glande de  mi clítoris que pedía  a gritos ser estimulado.

Justamente era lo que buscaba,  me  lo comenzó a sobar en círculos  con un solo dedo, presionando y aflojando, sin dejar de penetrarme la vagina. El sonido que salía de mi conchita  se mezclaba con los primeros gemidos que comenzaban a surgir.

-¡uy mi amor!

Por favor, quiero ver como lames tu propia miel de mis dedos.-

Inmediatamente y casi sin terminar de decir aquello, los llevo hasta mi boca, estaban chorreando de lubricación.

No me quise perder su cara, ni sus gestos, cuando cerré  la boca  envolví sus dedos  y con mi lengua moviéndose hacia un lado y hacia otro  fui lamiendo  el producto de mi excitación.

Su pija parecía estallar de calentura, sobresalía del bóxer de tan dura que la tenía.

Y mientras lamía sus dedos no pude resistir las ganas de frotarle “el paquete”, lo hice por sobre el bóxer, desde la base de sus testículos hasta la punta del glande que asomaba mojado y brillando, aunque asfixiado por el  elástico.

Aquello era irresistible, no daba más, mis  ansias por sentirla en mi boca  eran desesperantes, (la chupada de pija en el auto me había dejado con ganas de más) bajé hasta ella para saciar mi ansiedad  pero no me lo permitió, me detuvo de inmediato.

– Shhhhhhhh momentito, ahora no, primero quiero sentir como te venís en mi mano –

¡No hizo falta que lo dijera!

con sus dedos entrando y saliendo vertiginosos era algo más que inminente. Mientras palpaba en lo más profundo de mi sexo y frotaba en paralelo con vehemencia mi clítoris mis jadeos se fueron agudizando de manera tal que lo sorprendí expulsando un gran chorro de orina.

(Con mi marido solo me había ocurrido en tres ocasiones, en las que estuve extremadamente excitada).

Seguí gozando y gimiendo entregándole hasta la última gota de mi néctar, el cual sentía correr por mi entrepierna. Entremezclándose con “el chorrito”.

Verme  “tan perra” lo enloqueció…

– ¡Me meastes! Que hija de puta hermosa que sos…. Nunca antes me habían meado, ¡me encantó putita!

¿Sos siempre así? –

– ¡no! Incluso hace años  que no me pasaba, pero lograste la estimulación necesaria para que con solo masturbarme se me escapara, (no pude evitar ponerme colorada) es una sensación “rara” pero muy placentera, imposible de contenerla,-

– ¿en serio te gustó?  –

– ¡Totalmente! me mataste, me volaste la cabeza mal, tengo muchísimas ganas de cogerte, pero antes te voy a “atender” a vos, por lo menos no antes de que acabes un par de veces en mi boca, y pueda tomarme tu lechita…

En un arrebato busqué sus labios, que me los  ofrendó con euforia.

Envolvió mi boca con la suya y nos entregamos en un juego excitante, entre roces y frotamientos con nuestras lenguas estimulando al máximo nuestro deseo por poseernos.

Abandonó mi boca para bajar hasta mi sexo, a la vez que con sus manos palpaba mi anatomía, desde mi cuello hasta la planta de mis pies, en un recorrido suave y sugerente, haciendo poner mi piel de gallina.

Sin dejarme recuperar del anterior orgasmo afirmó su cara en mi entrepierna y lamió con énfasis el néctar de aquella primera acabada, su ritmo exacerbado logró que comenzaron a brotar nuevos fluidos…

– ¡como me calienta el olor a hembra que despedís!

Ese tipo de comentario son los que me hacen sentir una verdadera puta en la cama, y me encantaba tener “a un desconocido” diciéndomelas.

Aunque no dije nada en ese momento, mis ininterrumpidos jadeos fueron suficientes para que él percibiera que estaba llegando al punto máximo de excitación, y sin dejar de lametear el clítoris me penetro primero con un dedo, luego dos, sentía la delgada piel de mi vulva estirarse cuando sumó un tercer dedo, (tres que de él equivalen a mi mano entera, “una bestia”)

Abrí mis piernas lo más que pude para recibir aquellos dedos que a esa altura  me cogían sin piedad.

– Ahhhhhhh ahhhhhhhh ahhhhhhhh

Más, más, más duro, ahhhhhhhhhh ahhhhhhhhhh, no podía dejar de gemir…

¡Luciano! me viene, me viene el chorro de nuevo, apartateeeeee –

– ¡ni loco!

Por Diossssssss acabá en mi boca, quiero sentir yaaaa tu meo caliente –

Mi cuerpo comenzó a sacudirse, perdí el control de él, y de mi contención, por inercia eleve mi pelvis, inevitablemente y a su ruego expulsé “el gran chorro”.

Luciano disfrutaba de la situación, yo continuaba temblando, mientras él seguía embutido en mi cara, recibiendo todo lo que le entregaba, no aminoró la estimulación en ningún momento, y le acabé dos veces, una seguida de otra.

Hasta que no pararon mis convulsiones no levantó la cara de mi sexo, cuando vi su cara totalmente “enchastrada” me di  cuenta que había expulsado más que la vez anterior.

– ¡Me mató!

Más que una perra, sos una loba, me volvés loco… que manera de gemir… tengo la pija que me estalla.-

Continuará
En la 5ta parte “el final”

La Dama y el Vagabundo (3ra parte)

Estándar

Había despertado la fiera que hacía tiempo estaba dormida en mí. Me sentía poderosa al lado de él, debía ser mío, y no porque fuera premeditado, porque no lo fue, ni tampoco  a cambio de nada, simplemente para gozar juntos, y vivir una noche de lujuria. Engañando por primera vez al aburrido de mí marido. ¡Sí por primera vez! Leyeron bien. Y no es verso.

(El chico era mi nuevo capricho,  diferente  a los que tengo normalmente: viajes exóticos, un nuevo auto, algún nuevo  tapado de visón que vi en algún shopping,  entre tantos otros caprichitos que me ha concedido gentilmente mi marido…

qué fácil es meterle la mano en el bolsillo  cuando están enamorados… hacemos lo que queremos con ellos, hasta logramos  que crean que estamos perdidamente enamoradas de ellos. Y aunque en la cama no sintamos absolutamente nada le fingimos tremendos orgasmos  actuando como la mejor actriz.

–  ¡Eugenia por favorrrrrrrrrrrr!  ¿No me preguntará enserio?  –

– mmmm  ¿porqué? ¿Te gusto? –

Mi mano que seguía en su muslo comenzó a ascender  con total firmeza haciendo sentir mis uñas de gata en celos, ¡y sí!  Entre el vinito que tomé y la excitación que Luciano me provocaba  estaba  entregadísima.

Lo quería sí o sí en mi cama, esa  misma noche, y no iba  a andar con vueltas perdiendo el tiempo  con jueguitos  estúpidos de  pendejas  histéricas.

– Señora no me haga esto… ¡por favor!  que  me hará perder el control del auto –

– Sin embargo bajo el cierre de tu pantalón hay algo que hace fuerza para salir…

¡Vamos!

Dejá la vergüenza  para otra ocasión, podríamos pasarlo tan bien… – (en esa última frase manoteé  con entusiasmo su bulto como una buena puta, dejando de lado la señora  que soy)

El muchacho clavó los frenos y  estacionó en el único hueco  que encontró  libre.

Peló el machote Argentino que tenía bien escondido  y levantando la voz  me corrió con el siguiente comentario:

–  ¡Ok¡ vos me tenés ganas hija de puta… me vas a tener , te voy a coger  hasta que me pidas por favor que te la saque-

No puedo explicarles como me calentó escucharlo  tan rudo y alterado.

–  Huy  bebé  que prometedor sonó esoooooooo mmmm –

Se bajó el cierre y  sacó la pija  afuera, estaba totalmente al palo, y la tenía  enorme. Me miró y me agarró  del  brazo y me lo llevó hasta su pedazo, tomó mi mano y  ejerció presión sobre su miembro y  dijo: – pajeame mientras conduzco, perra –

Puso el auto en marcha y salió a las chapas para el hotel.

Agarré mi nuevo  juguete  y al revés de lo que me pidió se lo empecé a estimular suavemente, de a ratos lo abandonaba para meter un poco más adentro mi mano y palpar sus huevos,  así seguí hasta llegar al último semáforo en el que aprovechó que se detuvo para toquetearme, se mandó por el escote y me estrujó  los pezones, mmmm me encanta esa mezcla de dolor y placer. Continué  pajeandolo  hasta que me sorprendió presionando con una mano  entre el cuello y la nuca empujando  mi cabeza  hasta su pija.

–  quiero ver cómo te la comes, ¡puta!  Trágatela toda, ¡yegua! –

– Siiiiiiiiiiii bebé se me hace agua la boca, la estoy deseandoooooooo,

Mmmm  me la voy a devorar completa. ¡Pendejo!… –

(Desde que lo vi tirado en la cama deseaba sentir su pedazo en mi boca)

Glotona como pocas me  la metí lo más profundo que pude, estirando al máximo mi  lengua alcancé sus huevos, en ese momento calculo que debió cerrar los ojos  porqué perdió el control del auto dando un volantazo  que me hizo ahogar con su pija, fue  suficiente para  llenarme la boca con su  deliciosa y abundante leche  por suerte era más bien dulzona y me la tragué toda, porque las que son agrias, o algo acidas me cuesta tomármela.

-¡mostrame tu boca! Quiero comprobar que no haya quedado ni  una gota de mi semen

Por suerte no chocamos y pudo retomar sin problema alguno.

–   Tengo que admitir que me sorprendiste, primero que no me imaginaba que irías a salir con esto  y segundo quéeeeeeeeeeee buena paja por Diossssss,  y esa mamada  “mamita” me hizo explotar.

¡Quiero cogerte ya!

– Síiiiiii bebé  esta noche quiero ser tuya –

– Te voy  a contar lo que me pasó  en el teatro  Eugenia.  Cuando estábamos  allí adentro, lo que menos hice fue ver la obra, porque  me puse a fantasear con  vos, imaginaba que lo hacíamos en el teatro, y me puse al palo, me empecé a sobar la pija por encima del pantalón, estabas tan concentrada mirando la obra, que ni te percataste, ¡por suerte!  Si lo hubieras hecho no hubiera sabido que decirte en ese momento, imaginaba también ser yo quién te insinuara algo, pero seguro no me atrevería, además que nunca imaginé  que una Dama como usted, perdón, como vos se fuera a fijar en un sucio  como yo, además  era faltarte el respeto, y abusar de tu generosidad, después de todo lo que hiciste por mí…

No puedo negarte que sos el estilo de mujer que me calienta y mucho –

-Si hubiera leído tu mente en el teatro seguramente no hubiéramos esperado a que terminara para irnos, cuanto rato desperdiciado… – (acercándome a su cara para robarle un 1er beso “un piquito”)

– ¡te quiero comer la boca nena! se me reparó  la pija de vuelta, pero mal, la puta madre, ¡como me calentas! Estoy ansioso por llegar y mostrarte todo lo que puedo hacer por vos.-

– Así te quiero, caliente y  eufórico,  con ganas de matarme en la cama, mmmm  ¡pendejo!  Qué lindo macho hay  detrás de ese perfil  sumiso y callejero, y con tremenda pija! guau! sos  una caja de sorpresas, y quiero seguir descubriendo más … –

Cuando llegamos al hotel (casi corriendo) iba un paso más atrás tocándome el culo, diciéndome:

– ¡mamita! ese culo está para entrarle, ¿me lo vas a entregar?  Quiero ver esos cachetes comiéndose mi verga –

– depende de cómo te portes, si haces bien los “deberes”  te lo doy como premio.-

Nunca hubiera imaginado que pocas horas después de conocernos “el modosito” sería  capaz  de hablarme como a una puta, lo insólito es que ese lenguaje tan vulgar que lo hace diferente, especial, es capaz de lograr hacerme  imaginar  el goce antes de gozar. Relamerme  por anticipado aquel pedazo de carne que  estaba  por deglutir.

Entramos a la habitación y ni bien se cerró la puerta me apretujó contra ella, parecía un pulpo, sentía sus manos por todas partes, por suerte me había puesto un vestido rojo, por encima de las rodillas, ceñido al cuerpo  y con cierre en la espalda, facilitando su despojo, que de no haber sido así, creo que me lo arrancaba a pedazos, estaba totalmente  desquiciado.

Por primera vez me comió la boca mientras dejaba caer mi vestido a mis pies.

Le fui desprendiendo la camisa adivinando uno a uno todos sus botones, sin dejar de besarnos, su boca era atrapante, de tamaño importante y de labios imponente, despertando salvajemente mi apetito sexual. Y apoyando su  pesado cuerpo  contra el mío y restregándose contra él hábilmente me hizo notar que una parte de su cuerpo también se había despertado.

Fue una situación extremadamente excitante, llena de lujuria y  de pasión, no me reconocía tan eufórica, tan apasionada.  Estaba ansiosa por ser penetrada por ese joven  bohemio que horas antes y a cambio de unas monedas  ofrecía tocar una canción.

Se quito el pantalón y con él arrastró su prenda interior, su cuerpo era descomunal, digno de estar sobre una pasarela desfilando para  la más reconocida marca de ropa fashion.  Aún de pie y sin movernos del lugar  recorrí con ambas manos  reconociendo su figura, tal cual lo haría un no vidente,  empezando por su cara, palpando su boca entre abierta, mojando mis dedos con su humedad, bajando por su cuello ancho y largo, arrastrando mis manos por sus pectorales, dibujando con ellas sus marcados abdominales en su cuerpo fibroso  que a pesar del tiempo de no entrenar dejaba claramente adivinar que antes lo había hecho con rigurosidad. El levantaba su rostro estilizando su cuello como un cisne, evidentemente  estaba gozando de mi inspección. Y con un dedo sobre mi tanga hacía presión sobre mis labios vaginales  devorándose  la delgada tela de la mojada prenda, eso me calentó mucho más, quería que me la metiera ¡YA! Pero  se tomó el tiempo necesario para cada momento, haciéndome gozar como una yegua con cada uno de sus movimientos.

Luciano me había prometido una noche a puro sexo,  y estaba empezando a  cumplir con su promesa.

CONTINUARÁ…

La Dama y el Vagabundo (Infidelidad y perversión) 2da parte

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-Me pareció escuchar que Luciano  me llamaba-

Me acerqué y corrí la cortina y ¡ohhhhhh sorpresa! ¡Qué lomazo!  De espalda muy ancha, vestido no parecía tener ese cuerpazo. Todavía no se había puesto la ropa,  llevaba solo el slip (blanco)  y las medias  del mismo color, bueno… blancas habrán sido el día que las compró.

–  perdón creí escuchar que me llamaste –

(No pude evitar que mis  ojos  se fueran directo a su bulto, era demasiado ostentoso, no pasaba desapercibido fácilmente) cuando me di cuenta que miraba fijo “ahí”, me puse colorada de inmediato, ¡qué vergüenza¡

– no pasa nada señora –  quédese ya que está acá, enseguida me pongo la otra ropa –

Creo que se dio cuenta, pero se hizo el “tonto” y encima llamándome “señora”  ¡que tedioso!

Mientras se ponía el pantalón lo miraba por el espejo, es que su  cola es fantástica, redondita, y bien marcada, parecida a  la cola de una mujer.  Quién diga que no le atrae la cola de los hombres ¡MIENTE VILMENTE!

Y esa colita estaba para lengüetearla y morderla largo rato.  Y  cabalgar sobre ese pedazo de carne  mmmm

“A mi mente llegaban pensamientos  calientes y perversos, por ella pasaban  miles de imágenes  teniendo sexo con él en  diferentes posiciones”

Deje de volar  y aterricé en la realidad…

Le quedaba todo a su medida, así que saqué la tarjeta de crédito y le compre las 3 mudas.

Salimos de la tienda y nos fuimos al hotel.

Confesó que hacía tiempo no entraba a un baño que no fuera público, y para ducharse tenía que pedir permiso en las estaciones de servicio y muchas veces se lo negaban.

Su historia de vida (desgraciada) me partía el alma, y menos mal que había dejado de hacer frío, andar todo el tiempo al aire libre, expuesto, el imaginármelo me ponía muy mal.

El apart hotel era 5 estrellas y no le faltaba nada. Tenía todas las comodidades, hasta incluso un bonito jacuzzi que pensaba estrenar esa noche. Pero debido a la presencia de Luciano, pensé no lo iría a usar…

Le saqué las etiquetas a la ropa nueva y se la extendí sobre la cama mientras él se daba un buen baño, (de esos que vayan a saber cuánto tiempo no se daba).

Para dejar que pudiera cambiarse bajé a tomar un trago al bar que está junto a  la piscina, (había estado  la noche anterior y me gustó mucho) no sin antes guardar todas mis cosas de valor en la caja fuerte. Era inevitable no tomar precauciones con un extraño.  Podré ser muy buenaaaaa, pero de  tonta ni un pelo.

Dejé pasar 30 minutos y regresé. Y lo encontré prolijamente afeitado,  de poco vello en el pecho, (me encantan así, los osos nunca me han llamado la atención) cubierto por la bata y acostado sobre el borde de la cama al lado de la ropa, (parecía otro).

Lucía fantástico, cara relajada, de facciones muy masculinas,  estaba súper dormido, me imaginé que hacía tiempo no se acostaría sobre un buen colchón. De hecho no me había contado detalles de donde dormía, (luego averiguaré en la cena, si es que me quiere contar).

Me dio pena despertarlo, además faltaba todavía más de  3 horas para la función, lo dejé que durmiera, cuando lo escuché roncar y tuve la certeza que no se hacía el dormido  me senté en el sillón frente a la cama y lo contemplaba con mesura,  disfruté  observarlo,  pero mi curiosidad quería ir un poco más allá de lo que la vista me devolvía, me paré del sillón y fui hacia la cama mezcla de picardía y de  pánico porque me aterraba pensar que se despertara.

Desprendí  sutilmente el lazo que cruzaba la bata, se la abrí para poder tener mejor panorama,  ¡guau y sí que lo tenía!  tremendo pedazooooooo  de carne dormido  le colgaba  entre las piernas, fácilmente andaría  en los 25 cm, y muy grueso, eso lo hacía doblemente  más deseable.

Me empecé a excitar con solo verlo,  me sentí humedecer, mis dedos  acataron  mis órdenes y empezaron a hurgar en mi mojada conchita.

Dentro mi poca variedad sexual  nunca he tenido la suerte de haberme  topado  con  uno tan dotado.

Desde que estoy con Sergio no volví a tener  contacto íntimo con nadie más, la de Sergio es más tirando a estándar, o mal llamado “normal” 18 cm x 3,5, pero  la supo usar muy bien, no tengo quejas sexuales para con él, el problema es que ya no me calienta, no me mueve  ni un pelo.

Desde hace años que me siento algo “asexuada”  disfruto más de jugar conmigo sola, que teniendo sexo con mi marido.

Y en ese momento  viendo el cuerpazo de Luciano  me toqué hasta empapar mi tanga y acabé imaginándome que era su boca la que recibía mi néctar.

Me incorporé rápidamente y volví a hacer el lazo de la bata, él siguió inmutable, nunca se entero de la paja que me hice por  su culpa.

Salí disparando al baño, me metí en  la bañera, me quedé un rato allí relajando la tensión que me había causado “esa situación”.

Cuando salí fue directo al cuarto, esperaba que Luciano ya se hubiese cambiado, pero para mi sorpresa seguía dormido.

Me ajuste la bata para asegurarme no llegara a desatarse y a fuerza de zamarreos lo desperté.

-¡Vaya que dormías!-

_¡Perdón señora, discúlpeme, me apoyé a descansar un momento y me he quedado dormido. ¡Qué vergüenza!-

– No te preocupes, no me ha molestado, pero vístete que en un rato saldremos, mientras lo haces me voy a maquillar  un poquito– (me fui al baño para dejarlo cambiarse, pero que ganas de espiarlo tenía…)mmmmm

Cuando  volví  a la habitación ya estaba listo, ¡IMPECABLE! No pude contenerme y se lo hice saber. Muy educadamente me agradeció por ello y creo que por cuarta vez lo hizo por la compra de la ropa.

Le pedí me esperase abajo mientras me cambiaba, y luego me uní a él. Cuando llegué a la sala de estar se paró un acto muy caballeresco para su corta edad, me sorprendió. No paraba de mirarme, y de decirme lo linda que estaba,  tengo el cabello muy largo y ondulado pero siempre lo llevo atado (no me lo había descubierto) salvo ocasiones especiales como la de esa noche, que me lo dejé suelto, solo recogí un poco con una flor hacia un costado para darle un toque personal.

Fuimos en el auto para podernos manejar mejor, me sentía rara llevando a un desconocido a mi lado, pero a la vez era excitante, morbosamente se me ocurrían cosas para con el muchacho.

Salimos del teatro conversando sobre el espectáculo y camino al estacionamiento del auto, lo tomé del brazo no sin antes preguntarle si no le molestaba.  Me hallé cómoda y segura, la palabra exacta vendría a ser protegida.

Elegí un restaurante muy bonito, cálido, de luz tenue, el pidió lo mismo que yo, quizás por vergüenza no sé,  lo cierto es que parece que le gustó, porque  no dejó nada.

Me contó  que se había venido a Buenos Aires después de  que su hermano mellizo muriera  en pleno partido de rugby del cual ambos  pertenecían al mismo equipo. Abandonó su novia, su carrera, trabajo, no quería saber nada de todo aquello que le recordase a Lisandro, su hermano.  Al contarlo se notaba la gran carga de dolor que lo perturbaba. Hablé mucho con él, traté de hacerle comprender que la vida continúa a pesar de todo, y que  muchos sufrirán doblemente, por un lado por la pérdida irreparable de su hermano y por otro la ausencia de él por su huída repentina. Estaba muy cerrado en sus convicciones, demasiado negativo para hacerle comprender  en una sola charla lo que quizás llevaría meses de terapia.

Se excusó para ir al baño. Al regresar cambie de tema, no quería hacerle revivir sus tristezas.

Luego del postre un café y se terminaría  “la cita”, llegaba a su fin. Pero me resistía a dejarlo ir, la estaba pasando bien, me sentía toda una aventura experimentando  una nueva rebeldía, como cuando era adolescente y sabiendo que no debía hacer tal cosa, la hacía por el simple hecho de contradecir a lo ético.

Luciano  me pidió que lo dejase de pasada  camino al hotel en su “lugar”, una humilde pensión que compartía con  gente de la calle como él. Pero con el pretexto de que en el hotel estaban todas  sus cosas lo convencí.

Al llegar al auto le pregunté si sabía manejar, me dijo que sí, y le pedí condujera  él.  Me senté a su lado tranquila, me trasmitía seguridad,  el viaje no era muy largo, nos separaban no más de 30 minutos  hasta el hotel.

En un momento me dijo:

– dígame que no estoy soñando,  ha sido todo tan lindo… que si es un sueño no me quiero despertar, desde la tragedia que no había vuelto a sonreír-

– ¡claro que no lo es!  Me alegra haber sido el nexo que te arrancara un par de sonrisas.

Y tutéame que no soy tan mayor,  por mi edad biológica podría ser tu madre, pero no lo soy.

Y mi mano deslizándose por su pierna…

” ¿Acaso tan mal me veo para mis 43 años?”

Continuará…

La dama y el vagabundo!! Infidelidad y perversión

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Soy la esposa de  un reconocido  Juez, su nombre es  Sergio  tiene hoy 61 años,  y  yo “María Eugenia” de  43. Antes había salido con otros 3 chicos de mi misma edad, totalmente pendejos y huecos mentalmente.

Al conocerlo a él noté gratamente la disparidad y “me enganche”,  en ese entonces  la diferencia de edad ni se notaba. Pero hoy día se nota y mucho. Soy  profesora de danzas árabes  y de patín artístico y  les doy  clase a 38  alumnas entre ambos cursos. Y puedo decir que tengo un cuerpo privilegiado. Algunas amigas me dicen que me mantengo físicamente tan bien como a mis 25 años.

Y ¡sí! Es verdad, mis curvas aún  innatas, mi  cola y mis pechos son firmes, sin estrías ni celulitis, mi piel es fresca y tersa como la piel de mi hija menor que hoy tiene 14 añitos.

Pero claro,  soy una mujer que como muy sano, bebo mucha agua, voy al gimnasio 3 veces por semana, además de jugar  al tenis con mis amigas en el club.

Me casé con él el día de mi cumpleaños número  21, me deslumbró con su hombría y caballerosidad. Sus gestos y regalos me confundieron, creí estar perdidamente  enamorada, pero poco a poco con el correr del tiempo ese encantamiento se fue diluyendo.

Luego llegaron los niños (3) y me quedé a su lado aún sin amarlo, por el cariño y respeto que le tengo, y porque es un padre ejemplar, y como marido también lo es, el problema pasa por mí,  no por él. Él dice amarme como el primer día, y le creo, me lo demuestra  con hechos.

Mínimamente  hacemos el amor 2 o 3 veces por semana, (sexualmente es muy activo,  siempre es él quién provoca la situación) yo no siento  deseos de hacerlo, pero no puedo negarme. No  quiero que se dé cuenta que ya no lo amo.

Me conformo con la vida que me toca vivir, lo tengo todo, mis caprichos son ordenes para él, nunca me cuestiona absolutamente nada, pero a veces pienso que distinto sería todo si no me hubiera  dejado llevar por mis impulsos,  a solo 4 meses de conocernos.

Una tarde caminaba por la calle corrientes  iba a sacar una entrada para ver una obra esa misma noche, no tenía con quién ir, estaba de paso por la ciudad y me quedaría  tan solo unos días en ella.

Había viajado sola, y paraba en un  lindo y lujoso hotel que había reservado mi esposo  por internet, cuando de pronto  se acerca un muchacho  que no pasaría de los 30 años. De aspecto muy dejado, de cabellos negros, más bien corto, barba de unos días, algo sucio y hasta olía bastante mal, cargaba una mochila en sus hombros y una guitarra  entre sus manos, se ofreció cantarme una canción a cambio de unas monedas o de un sándwich.

Me  apenó  su estado calamitoso, y a pesar de tener unos bonitos ojos  color café  y de voluminosas pestañas  noté  en su mirada la tristeza que acarreaba. Pensé en ese instante  en mis hijos,(que tranquilamente podrían ser ellos)  y no pude evitar querer ayudarle.

Lo invité a merendar a la cafetería de enfrente, lo dejé comer tranquilo,  no quise molestarlo ni hacerle  preguntas que pudieran incomodarlo, pero por cómo se manejaba en la mesa parecía un muchacho de buenas costumbres.

Se adelantó a presentarse  antes que yo lo hiciera.

– Mi nombre es  Luciano Almeida, tengo 26 años, y soy de un pueblo pequeño de Mendoza.

Gracias por esto señora, lo necesitaba, me estaba descomponiendo de hambre –

-¡Luciano! Bonito nombre. El mío es Eugenia, y también  soy del interior, y no me agradezcas, por favor, estoy en buenos aires por unos trámites solo por unos días.

Estoy yendo al teatro a sacar una entrada para ver un espectáculo, ¿te molestaría acompañarme? La verdad no me gusta la idea de ir sola –

– Como podría negarme a acompañarla hasta la puerta del teatro habiéndose comportado tan bien conmigo. Cuando quiera ir Eugenia vamos –

– Creo que no me has entendido chico, te estoy invitando a que me acompañes al espectáculo, después podríamos ir a cenar algo por ahí –

– Pero señora…  no tengo ropa adecuada para ir, hace tiempo que estoy en la calle y mis pocas pilchas  dan pena, gracias por el gesto, pero no puedo acompañarla-

– Si ese es el motivo por el cual no puedes ir, no te hagas problema se. Tengo la solución, salvo que… te incomode  acompañarme… –

– En lo más mínimo señora, estaría encantado de ir –

– No se habla más del tema, vayamos a sacar las entradas y luego me encargo de solucionar lo de la ropa –

Volvimos con las entradas en nuestro poder (a la mitad de la segunda fila,  mejor ubicación imposible).  Camino al hotel pasamos por  una casa de ropa de una marca muy reconocida  en la que yo ya había estado en la mañana comprando un par camisas para Sergio.

Como nadie me conocía allí no me importó lo que pudieran pensar, pero como la casa se reserva el derecho de admisión les tuve que  pedir  aprobación  para dejar entrar a ese vagabundo al cual yo deseaba ayudar comprándole algunas prendas. El empleado excusándose se fue hacia adentro  a consultar a su superior.

Regresó dándonos la BIENVENIDA y pensé… -¡como se nota que los comercios están en crisis!-

Luciano me pidió que fuese yo quién elija lo que debía ponerse para aquella ocasión, el vendedor  trajo varias alternativas, y de diferentes estilos, me costó decidirme, así que opté por alcanzarle al probador  3 mudas completas, incluido los zapatos, medias y bóxer.

Cuando estuvo listo con el primer cambio me llamó para que lo viera.

Me sorprendió  ver como una persona pudiera parecer otra con unos simples “trapos” nuevos.

– Cuando me pruebe el otro equipo “te” llamo – (cuanta confianza pensé…  pero me divirtió que lo hiciera, y contrariamente me gustó)

Quieren que la continué?….  no estoy muy convencida, que opinan ustedes?

“Cita a ciegas”

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Estaba en el local en el que trabajo cuando suena el teléfono de mi compañera y ella a los gritos desde el fondo del local (deposito) me pide que lo atienda yo…
Una voz masculina pregunta por Pato (mi compañera); le digo que ella está ocupada y que no puede responderle cuando de repente me toma por sorpresa preguntando quien era la dueña de esa dulce voz!!!

Me dio risa, pero le dije mi nombre, y por cortesía le pregunte por el suyo, respondiendo que Pablo es el suyo, mientras el aguardaba la llegada de mi compi nos fuimos enganchando en la conversación, el unos años mayor que yo, tampoco eran tantos….
En un momento de la charla me interrumpe haciendo alusión de que le gustaría poder conocerme personalmente, que sería una pena que todo quedara en una simple conversación…
Con lo cual no supe que responder, me había dejado muda, tengo que asumir que soy bastante tímida.
Ante el gran silencio que se produjo a la espera de mi respuesta, vuelve a intentar persuadirme

_ ¿Aceptarías una invitación a cenar esta noche? …
Mi compañera que ya estaba a mi lado y escuchando parte de la conversación me hacia muecas insinuando que aceptara la invitación.

Pato me hacia reír…
Y tratando de disimular mi voz temblorosa para que no se diera cuenta de lo que sucedía…
(Ya hacia un buen tiempo que había terminado mi última relación de casi 2 años)
y no me pareció mala idea; no tenía compromisos con nadie, así que acepte.
Nos pusimos de acuerdo en el horario y sin más que decirnos le pase con ella y me dispuse a atender la clienta que entraba en ese momento.

Cuando nos quedamos a solas pudimos conversar sobre la “extraña situación” ella no dejaba de decir lo buen chico que era Pablo, amigo de su hermano mayor.

Faltando poco más de media hora para salir del trabajo entra un cliente al local… y mi pensamiento inmediato fue “que lindo es”…
Al preguntarle que anda necesitando
Me dice: creo que a vos, ante mi cara atónita esbozó una carcajada y me llamó por mi nombre. No podía creer que ese chico tan lindo fuese Pablo, el mismo chico con el que horas antes había conocido por teléfono…

Cruzamos miradas y algunas sonrisas, la saluda a Pato y se retira diciendo: te espero en el auto así te dejo trabajar tranquila…

Minutos más tarde y luego de hacer la última pasada por el toilette para algún que otro retoque cerramos el local y me subí a su auto.

Me pidió que eligiera yo el sitio donde ir a cenar, escogí uno muy acogedor, música suave y de luz muy tenue…
Un lugar que no es demasiado conocido porque está muy alejado de la ciudad.
Al llegar me felicita por el buen gusto;
El dice_yo no hubiese sabido elegir uno mejor.

Luego de una cena exquisita y donde nos contamos casi todo de nuestras vidas en una charla súper interesante, debo decir que no dejamos de comernos con la mirada
El dice_Que te parece si nos vamos a tomar un trago por ahí?
Al subir al auto
El dice: _desde que entré al local que me dejaste loco, ya por teléfono me atrapaste con tu dulce voz, muero por besarte…
y percibo que vos también lo deseas… en ese momento no hay mejor respuesta que el silencio…
Me tomo la cara con sus manos, me acaricio halagando mi suave rostro, y rozando con la punta de sus dedos recorrió mis labios como dibujándolos…
bajó por mi cuello y con los dedos escurriéndose bajo la blusa se topó con mis pechos; y haciendo círculos con la palma abierta sobre ellos logró mi cuerpo entero estremecer …

Y con mis erectos pezones al punto de sentir dolor, mezcla de placer y de deseo causó en mí una excitación incontrolable dejando escapar un profundo suspiro … que fue sellado de inmediato por sus labios carnosos y devorándome la boca como si quisiera calmar mis suspiros sus manos seguían recorriéndome toda!!!

Uno a uno fue desprendiendo los botones de mi blusa.
Despojada ya de ella mis pechos quedaron descubiertos ante su mirada devorante y sin mencionar palabra bajo su cabeza a la altura de los mismos y comenzó a jalar como cuán bebe muerto de hambre no deja de chupar; jugueteando con su lengua de pezón en pezón.
Y con sus manos escurridizas por debajo de mi falda corrió la tanga hacia un costado quedando mi ya mojada vagina a su entera disposición.

Introdujo un dedo luego fueron dos moviéndolos lentamente a la vez que los empujaba más profundo hasta que se perdieron en mi inmersa y húmeda conchita… y sintiendo el chasquido de sus dedos empapados de mis jugos entrando y saliendo de mi… su boca envolvía la mía y con su lengua desaforada refregaba con la mía que me provocaban un sinfín de estallidos orgásmicos… chorreando su mano.

Dejándome llevar por el éxtasis del momento gemí como una perra en celo devorándome su mano dentro de mí…

Su calentura era tan notable como la mía y me dice:
_ Linda vayamos a mi casa, dejemos la copa para después.
No pude decir que no,… también lo deseaba.

Al llegar a la puerta de su casa con la llave en la mano aun sin abrir nos besamos apasionadamente, éramos como un fuego difícil de apagar.

Una vez dentro de la casa me tomo el rostro con ambas manos diciendo…
_Te deseo, quiero hacerte sentir todo lo que me provocas, e introduce su lengua en mi hambrienta boca… los latidos de mi corazón se aceleraban, quedando parados frente al diván me desnudó sin dejar de acariciar una a una todas las partes de mi excitado cuerpo…

Haciendo lo mismo como copiando sus pasos comencé desabrochando los botones y quitando su camisa sin dejar de mirar sus ojos besaba y lamia sus tetillas, su rostro se desdibujaba de placer, eso me volvió aún más caliente, me agache poniéndome en cunclillas quedando a la altura de su notable pene erecto y deteniéndome en su cinturón desprendí la hebilla del mismo, desabroche el botón de su pantalón arrastrando las manos por sus abdominales sin despegarme de su piel baje su cremallera con mucha cautela y en un arrebato baje por completo el pantalón y el bóxer en un mismo envión , quedando su pene firme como una roca frente a mis ojos, inclinando su torso fue en busca de mi; y tomándome de los hombros enderezo mi cuerpo quedando enfrentadas nuestras caras, nuestras bocas y sin titubear me enredo con su lengua la mía haciendo de nuestras bocas una sola…

Sutilmente empujó suavemente mi cuerpo para que cayera sobre el diván, dejándose caer el sobre mí, y sin perder el tiempo amasijaba mis tetas a la vez que su boca se hundía en mi jugosa y palpitante vagina e intercalaba lamidas y mordisquitos a mi clítoris que a cada movimiento más tenso se ponía, mientras él me hacia acabar con su boca mis gemidos lo excitaban aun mas,… mis manos yacían sobre sus nalgas ejerciendo presión para hundir su cara más dentro de mí, logrando arrancarme un intenso y placentero orgasmo que mientras el se alimentaba de mi néctar conjuntamente cesaban los temblores que mi cuerpo emitían.

Ahora me tocaba darle placer a el, tomando con mis manos su falo lo llevé a mi boca recorriéndolo todo con mis labios y disfrutando de ese sabor tan rico que provoca la excitación varonil, baje hasta sus testículos jugué con ellos lamiéndolos como si fuera una deliciosa golosina, dejé de lamerlo y le empecé a propinar una suave pero firme paja con mis manos, así durante unos pocos minutos, hasta que viéndole a la cara note su mirada suplicante que me lo vuelva a llevar a la boca, y sin perder más tiempo me la fui comiendo suavemente, su tronco era bastante generoso, pero mi boca también lo es, me lo metí todo hasta sentirla en mi campanilla y unas arcadas que me sentía ahogar .
Me pidió que abandone a la vez que sus manos abrían los labios de mi vagina pasando unos dedos por ella sintiendo un “chasquido especial” de cuándo está sobrada en lubricación…
Al comprobar esto cambio sus dedos por su pene introduciéndomelo poco a poco disfrutando cada centímetro de el acompañando con movimientos pélvicos se fue perdiendo toda dentro de mí, mis músculos se contraían a la par de que mis gemidos acrecentaban, si que sabia moverse, metía y sacaba mientras succionaba mis pezones.

Cambiando de posición me puso en cuatro patas apoyando los pies en el piso y mis manos en el diván , abriendo mis piernas con sus manos dejaba mi vagina expuesta frente a el que se situó detrás para penetrarme desde allí a la vez que un dedo inquieto hacia de las suyas en mi ano, dándole más juego a la situación, con embestidas cada vez más potentes podía sentir sus testículos replicando en mi…

Su dedo fue devorado por mi culo que con sus movimientos circulares y cada vez mas penetrantes , mis insipientes gemidos no se hicieron esperar y como si nuestros orgasmos se hubieran puesto de total acuerdo estallamos en un maravilloso climax total acabando sincronizadamente.

Como broche de una brutal noche de sexo selló mis labios con un intenso y ardiente beso (de esos que nos gustan a las mujeres después de acabar) despertando nuevamente la fiera sexual que hay en mí …
Y así seguimos prodigándonos sexo desenfrenado durante toda la noche.

Al día siguiente y mucho más tranquilos fuimos a beber ese trago que antes me había invitado…