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Amor entre hermanos (5ta parte)

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Me empujó del puff haciéndome caer sobre la alfombra. En un raudo movimiento Él también se tiró. Dio un par de giros y quedamos enfrentados, a milésimas de distancia. Se estiró lo poco  que lo separaba de mí  y me clavó su penetrante mirada. Su aliento se confundía con el mío.

– Es ahora o nunca ¿no te parece? Me dijo con voz de ganador…

No necesitó esperar mi respuesta.

Nuestras miradas se entendieron.

El lenguaje de nuestros cuerpos se hicieron oír.

Actuó efusivo. Me robó un beso, el primero de muchos.

Ambos estábamos muy nerviosos, no podíamos disimularlo, ni tampoco podíamos disimular las ganas que nos teníamos…

Literalmente nos comimos la boca. El sabor de lo prohibido fue supremo.

Nuestra respiración se agitaba. Las palabras sobraban…

En minutos su cuerpo y el mío ardían entre las llamas del deseo…

El aroma de su piel siempre me había atraído, pero ese día que pude acariciar la suavidad de ella, me di cuenta que indudablemente era la culpable de mi lasciva, tan sólo con el contacto de mis manos pude percibir la ebullición  de toda mi piel…

Mientras Iván gozaba ferviente se escurría entre mis dedos, y cada milímetro de su cuerpo vibraba sobre el mío.

A partir de ese instante ignoramos nuestros lazos sanguíneos, y pasamos a ser amantes en lugar de hermanos…

No podíamos parar de poseernos, hicimos el amor toda la noche.

Por fin pude sentir su gran pedazo de carne en mis más íntimas cavidades. Lo deseaba tanto…

En plena lujuria del acto sexual le imploré que me hiciera la cola. Desaforados como estábamos, era el momento ideal. Aproveché  y le confesé aquél día que lo vi haciéndoselo a su ex y que desde entonces me perseguía la fantasía de que me lo hiciera a mí…

-¡Qué perrita que sos hermana!  No haberlo adivinado… Me dijo entre espasmos.

Cambió de posición, y me puso a cuatro patas Iván se fue detrás de mí.

-Primero vamos a estimularlo… Susurró con un notadísimo tono de excitación.

Y con su lengua jugueteó con mi ano humectándolo con su saliva mientras este se iba dilatando a sabiendas de lo que estaba a punto de recibir.

Creo que ese fue el momento que más deliré, estaba sacada, quería aprovechar el tiempo al máximo.

Cuando por fin sentí la presión de su glande empujando por entrar me agarré fuerte de las sabanas y lo empecé a insultar con palabras groseras.

-Rómpeme el culo de una buena vez.
Sé que me lo deseas desde que éramos chicos.

¡Dale!

Partime en dos pendejo del orto

¡Putito!

¡Úsame!

¡Haceme tuya!

-Quiero ver como se pierde mi pija abriendo tu hermoso culito.
Mirá que te hago mierda eh… si te la meto de golpe vas a gritar como una yegua.

¿Eso querés?

¡Tomá!

Ahhhhh ahhhhh ahhhh

Se confundían los gemidos de ambos mientras Iván forcejeaba por introducirla por completo.

-Así hijo de perra mándala hasta el fondo.

Reaccionó como yo quería. Había despertado mi lado más salvaje, y el suyo también. Quería explotarlo y estaba cumpliendo mi fantasía más deseada.

Fuimos cogiendo por cada rincón de mi diminuto departamento. Dejando huellas de ese lujurioso encuentro carnal.

Lo sorprendí mientras lo cabalgaba bajándome así de la nada, era mi momento, era yo quién dominaría la situación…

Elevé sus piernas y las empujé sobre su cuerpo, dejando bien expuesto su hoyo, testículos y su pija dura como piedra. Y sin siquiera saber si le gustaba sentir la tibieza de mi larga y juguetona lengua fui directo a lamer su amargo y bien cerrado culito.
(Por cierto muy buena cola, para nada chato, no, no).

-Uffff nena la puta que te parió… como me gustó eso…

-¿No me digas que ninguna de tus novias te lamía el culito?

-No. Nadie.  😦

Mis gestos de asombro se mezclaban con la satisfacción que me produjo la respuesta.

Más a mi favor. Me excitaba muchísimo lamerle ahí, y mientras con una mano lo pajeaba, con mi lengua subía hasta sus huevos y los saboreaba metiéndomelos en mi boca. Bah, lo que entraba de ellos. Y así intercalaba; comiéndome ano, bolas y pija…

Con la punta de mi dedo hurgué en su culo mientras le chupaba la pija con devoción. Al ir retirando el dedo de su hoyo este latía presionando como queriendo que no saliera más…
No se imaginan lo que gozó… acabó de manera infernal…

Terminamos revolcándonos en la cama, lugar donde tuvimos un par de polvos más. Con una previa de lujo.  Sin exagerar perdí la cuenta de mis tantísimos orgasmos, los de él fueron seis. Los recuerdo muy bien. ¡Como olvidarlos!

Nos temblaban las piernas, todo nuestro cuerpo vibraba de placer. El goce fue absoluto, sublime.

Nos sorprendió el amanecer abrazados, exhaustos.

Nos  habíamos dormitados; una escena digna de haber sido capturada como insignia de esa memorable noche.

Pero al caer a la cuenta de lo que habíamos hecho no pudimos evitar sentir culpa. Arrepentidos por el desliz experimentado.

Nos levantamos, desayunamos casi sin promediar palabras, lo único que dijo fue:

-Te dejo la plata que mandaron los viejos. Y de lo otro, hagamos de cuenta que nunca pasó.  Y se fue mucho antes de lo planeado (me había dicho que se iría por la tarde)

Me quedé con una rara sensación, plena por  un lado, vacía por el otro…


Continuará…