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La Doctora y un paciente muy caliente (el final)

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Traté de bajar un cambio: – discúlpeme, es que me pone muy nervioso que ande ahí. –

 

– ¡Así está mejor!  Necesito que no te tenses  –

 

-Podría estar mejor si se quitase la chaqueta, eso me distendería je je (me la jugué, cuando mucho me echaba del consultorio a patadas con el culo aceitado, pero algo me indicaba que no sería así).

 

– No lo puedo evitar, es más fuerte que yo, su inconmensurable belleza me ha cautivado. –

 

– ja-ja

¡Qué divino sos!  Bueno, si eso te hace sentir mejor… –

 

Se dirigió hasta la puerta, dio una vuelta de llave y volvió hacia la camilla. Con una seguridad notable, se desprendió uno a uno todos los botones de su blanco uniforme, dejando relucir su “tez dorada”. Sus pechos quedaron frente a mis ojos, parecía como si necesitaran escapar, descomprimirse ante mi mirada atónita. Por el tipo de tela (creo que se llama encaje) se podía ver claramente lo que sujetaba, incluso los pezones, que ante mi presencia se le pusieron muyyyy duros.

 

 

– ¿Conforme? –

 

– Como un boludo le dije que sí. ¡Qué tarado! Yo ya la tenía entregada, sino no se hubiera prendido al juego, ahí nomás tendría que haberle entrado a las tetas. –

 

– Me alegro que te sientas mejor –

 

– Naaaaaaaa qué mejor ni mejor, tenía unas ganas de ensartarla terribles, me dolían los huevos de la calentura que me hizo pegar, para colmo hacía como un mes que no la ponía.  Pero no me animaba a decirle nada. Como un boludo sólo agradecí.

 

¡Sí! gracias, así está súper –

 

– Bueno, ahora es mi turno. Dame esa colita  –

 

– ¡Es toda suya Dra.! –

 

– ¿Toda? –

 

– ¡Sí! Toda suya. Confío en que no me hará doler –

 

– Claro chiquito, verás que ni lo sentirás – (no supe a qué se refirió hasta minutos después). –

 

Cerré los ojos y me relajé, como pude, pero relajado al fin.

 

Ella se paró detrás. Apoyó sus manos en el culo y de pronto sentí algo “muy frio” en la puerta del orto. De a poco se fue deslizando lentamente pero sin dolerme. ¡Qué loco! Como que me introducía un dedo.

 

– Dra. ¿podría decirme qué me está haciendo? –

 

–  Garrido, para palpar la textura del recto tengo que revisar y ver si el prurito viene desde adentro hacia afuera. Pero no creo que te duela, porque el gel que te puse anteriormente es un anestésico –

 

– Ahhhhhh ¡ok!

 

Mientras ella me revisaba, a mi mente llegaba la siguiente conclusión. “Con razón tanto gay dando vueltas”.

 

 

–  Por último y para que ni te des cuenta cuando retiro mi dedo, te voy a masajear la zona mientras lo voy sacando despacito.

Por suerte la erupción es sólo externa, con una simple pomadita en dos o tres días desaparecerá.

Es un herpes muy común.

¡Listo bebé! ¡Ya acabé! –

 

 

– ¿No me puedo quedar unos minutos más? –

 

– ¿Porqué? ¿Qué pasó? ¿Te quedó doliendo?  –

 

¡Hija de recontra mil puta! ¿Qué me va a pasar?

 

– Dra. no puedo ocultarlo, es  demasiado evidente lo que me pasa –

 

Salí de la posición que estaba (boca abajo) y me senté al borde de la camilla

 

– ja-ja- ¡que tonta que soy! Debí imaginarlo.  Pero…  no fue para tanto… –

La muy yegua clavó la vista en mi pija. Me di cuenta que le gustó lo que vio, porque se le escapó una relamida recorriendo la boca con su lengua, mientras se apretujaba las tetas con ambas manos.

En ese instante tuve un sólo impulso: aun sin bajarme de la camilla la envolví con mi brazo derecho, tomándola con ímpetu de la cintura y acercándola con fuerza hacia mí.

 

– ¿Le gusta lo que ve?  (Agarrándome la pija con la mano) necesita atención personalizada. –

 

– ¡Es verdad! Veo que se puso gorda y tensa –

 

– ¿Y no piensa hacer nada? Vamos Doc, chúpemela ¡please!  Estalla de leche –

 

Primero me miró a la cara, luego bajó la mirada hasta el bulto.

 

– Voy a ver qué puedo hacer por él –

 

Bajó tímidamente las manos y lo manoteó. Lo agarró como con vergüenza, pero se le notaba lo puta en la cara, la deschababa mal.

Me lo empezó a rozar con la punta de los dedos, casi como sin querer, pero increíblemente eso me hizo calentar más. No veía la hora que se la tragara.

 

– Rosadita, cabezona y pocos  pelitos, mmmmm ¡lindo juguetito! –

 

– Todo suyo, haga lo que quiera con él, ahora es “su” juguetito –

 

– Pero qué paciente más servicial…  –

 

Me estiró la pielcita de la pija para atrás, dejando al descubierto la cabeza enrojecida y mojada. Mientras con la otra mano me agarró las bolas, me palpó los huevos desde abajo (eso me re calienta).

 

Al fin decidió comérmela, se la llevó a la boca, pero tan solo se metió la puntita. Jugó con su lengua rodeando la cabeza, como si estuviese lamiendo un helado derretido (acostumbrado a cogerme pendejas, esto era “el paraíso”.

Estaba entregado al placer que ella se permitiera darme.

 

Cuando su boca se devoró por completo mi pija no pude resistir cogerle la boca y al sentir que venía mi leche, le dije:

– Quiero cogerte las tetas y acabar en ellas –

 

Con una sonrisa amplia accedió a mí pedido casi desesperado, sacó sus tetas fuera del corpiño y apretándolas entre sí me miró provocativamente:

– ¡Tomá pendejo!

 

No alcanzó a decirlo que empecé a bombear leche como loco, salpicando hasta su cara.

La muy turra se relamía mi acabada. Bien puta la Doc, como me gustan a mí.

Me saboreaba de antemano pensando en romperle el ojete ahí mismo cuando interrumpió mis pensamientos.

 

–  Me bañaste en leche ¡nene!  Me voy a lavar la cara,  cuando venga espero que estés vestido –

 

–  ¿Qué? ¿No vamos a coger?

Quiero meterle la pija por todo sus  agujeros, por favor, no me deje así… –

 

– Pendejos, pendejos,  – (decía pensando en voz alta mientras me hacía la receta).

 

Vení dentro de quince días, quiero ver cómo evolucionó esa lesión. –

 

Me acompañó hasta la salida, abrió la puerta y me despidió como si nada hubiera pasado, como a un paciente más.

 

Salí sonriente, pensando entusiasmado en la cogida de culo que le iba a pegar.



La Doctora y un paciente muy caliente!!

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– ¿Garrido? –

Llamaba la Gastroenteróloga desde la puerta de su consultorio.

– Buenas tardes Dra –

¿Qué tal Garrido? Tome asiento y cuénteme que le está pasando –

– Miré Dra desde hace un par de días que tengo comezón en el tracto anal, me estoy volviendo loco, mi mamá me dio una pomada que usa mi papá en esos casos,  a él le suele pasar seguido y con eso le calma un tocazo, pero a mí no me calmó nada. –

– A ver Garrido, sáquese el pantalón y el calzoncillo y póngase esta bata, y acuéstese boca abajo en la camilla –

– ¡Ya vengo! –

Y  se fue por una de las puertas  internas,  dejándome  solo.

Cuando saqué el turno por teléfono no se me había ocurrido pensar que podía tratarse de una Doctora en lugar de un Doctor, me daba un poco de vergüenza la situación, encima era un día agobiante, la temperatura a esa hora (las 16) pasaba los treinta grados. El sudor comenzaba a fluir de mi cuerpo, y eso me fastidiaba.

Habrían pasado un par de minutos y la veo venir de refilón.

Pero algo en ella me llamó la atención.  Había algo diferente, ¿acaso se había cambiado de ropa en ese ínterin?

Haciendo algo de esfuerzo (porque la posición no me permitía verla) me di cuenta  que” lo diferente” era la ausencia de lo que llevaba puesto debajo del guardapolvo/chaqueta  cuando me recibió.

¿Cómo no notarlo?

Si sus dos globos parecían querer arrancar los botones de la prenda que la cubría, sobrepasaba  unos pocos escasos centímetros de la  cadera,  y dejaba  ver una pollera recta,  ajustada al cuerpo y más bien corta, de color azul, haciendo juego con el corpiño azulado (seguramente fue casual)  que se divisaba entre botón y botón al abrirse la tela por la presión que ejercía ese tremendo de par de tetas.

Se intuía  bajo la chaqueta ceñida  al cuerpo  una cintura  diminuta, contrarrestando con su delantera voluptuosa.  Una muy buena figura para sus (cálculo) treinta y tantos y quizás pasaba los cuarenta, no lo sé, pero estaba “re buena”. Con esa  minifalda  que tenía puesta permitía admirar un muy buen par de piernas torneadas y un bronceado  dorado  que seguro envidiaran más de una.  A mis diecinueve años estaba mirando  a esa mujer que podría ser tranquilamente mi madre,  pero justamente mi mirada no era como la de un hijo a su madre. Je je

Menos mal que estaba boca abajo, porque se me había parado la pija mal, mal, viendo “semejante yegua” venir hacía mí.

Se casó los guantes de latex, los entalcó y mirándome a la cara  me sonrió y me dijo: – “relájate”   vamos a mirar esa colita…

Naaaaaa no podes decirme así ¡ que yegua!   Con esa voz mescla de dulzura y come hombre me mató.

Empecé a sentir  mi pija palpitar,  hacia presión contra la dureza de la camilla. Pensaba cómo haría para  pararme sin que la Dra  no se avivara.

Agarró  una lupa, y con ella en la mano se paró a mi lado, de repente sentí  el calor de sus manos  apoyadas  sobre mi culo,  con una me abría los cachetes y con la otra me miraba con la lupa.

– Creo que ya sé cuál es tu problema, si es lo que yo supongo lo vamos a poder saber en un rato. Te voy a pasar un gel, hay que esperar  veinte minutos como mínimo para ver su reacción. Ahora necesito que cambies de posición, apoyado sobre tus rodillas y manos, así tengo una mejor visión de tu ano, y facilita la penetración de la crema.

Necesito que estés relajado,  no te va a doler en absoluto si te aflojas  y  liberas la tensión que evidentemente tenés. –

– ¿De que me está hablando esta mina? Como no tensionarme si me pide que me ponga en cuatro para meterme algo en el culo… ¡Imposible!

Hice lo que pude, como lo suponía, la pija me saltó erguida, pero ella no pudo verlo, estaba detrás de mí.

Sentí sus dedos en la zona,  empezó a  dar masajes circulares con movimientos suaves, deslizándose  hacia dentro y hacia afuera,  no puedo explicarles lo bien que se sentían sus manos. Pero la cosa se complicó cuando empezó a masajearme el orificio,  me puso por demás nervioso.

– no contraigas la colita bebe, que precisamente necesito que entre la mayor cantidad de gel posible, y no estás colaborando en absoluto  conmigo, se buenito, y abrí la colita –

– hija de re mil puta, no podéssssssssss hablarme así…

Me hizo mojar la pija de una.

Continuará…