Archivo de la etiqueta: Cuernos

Infidelidad por amor a mi marido!

Estándar

Desde hace 3 años soy la secretaria de Sergio, 46 años, padre de 3 hijos, casado con una mujer preciosa, muy refinada, las pocas veces que la cruce en los pasillos siempre me había saludó con amabilidad.

Mi jefe no es un hombre feo, por el contrario es un tipo atractivo, con algunas canas pintando su cabellera morena, alto, grandote, de espalda ancha, y brazos fornidos.

Diariamente se entrena en el gimnasio que montó en su oficina con toda clase de aparatos de primera generación.

Mi nombre es Anna, con doble “n” tengo 25 años, recientemente casada con Andrés (28) mi primer y único novio desde la secundaria y del que estoy muy enamorada.

El día que me presenté a la entrevista por el puesto de secretaria desconocía para quién se trataba. Hasta que él mismo me hizo saber que era el Director y dueño de la empresa y que le gustaba personalmente seleccionar a la que sería su secretaria y “segunda esposa”. Tras mi cara de asombro me explicó porque llamaba a la secretaria de esta manera; y su explicación fue: es con la mujer que más horas paso durante el día, después de mi señora.

Con el tiempo y la confianza necesaria me confesó que hizo ese comentario lo hizo para distender mis nervios, los que evidentemente no pude disimular ni por asomo. Ya ese día noté que en lugar de mirar mi CV miraba el surco de mis senos que tímidamente se formaban entre el escote de la camisa blanca que resaltaba el bronceado de mis tardes al sol en la pileta del club a la que asisto con regularidad. Cuando me paré para retirarme vi como me re ojeo de arriba a abajo como sacándome una radiografía.

Hizo pasar la siguiente mientras me despedía extendiendo su mano dándole seriedad al asunto. Y diciendo que en caso de ser la elegida sería llamada telefónicamente en las próximas horas.

Al día siguiente, en hora de la tarde tocan timbre en el departamento que en ese entonces habitábamos (convivíamos pero sin estar todavía casados) y para mi sorpresa era este señor; comunicándome en persona que me había elegido en el preciso momento que atravesé el umbral de la puerta de su despacho, (ya de entrada haciéndome saber que le había gustado) Desde ese primer día hasta el día que pasó lo que más adelante les narraré, me trató de levantar indirectamente y no tanto. Fue un acosador sutil. (No hubo una sola vez que no haya rebotado contra la muralla que imaginariamente cree entre los dos)

Agradecí el puesto de trabajo e hice caso omiso a todo tipo de comentarios que consideré que no tenía nada que ver con mi incorporación a la empresa.

Andrés (mi esposo) trabajaba para una compañía de seguros desde hacía 7 años, un trabajo que parecía ser estable por los años que llevaba allí, y por la seriedad de la aseguradora, hasta que hace unos meses tuvimos la mala noticia que la compañía quebró y todos sus empleados entre ellos mi esposo quedaron a la deriva, en la calle, dejándolos con una mano atrás y otra adelante.

Obviamente y como corresponde vieron un abogado y llevaron a juicio a dicha empresa. Aún siguen esperando sin tener novedades al respecto.

Lo peor de todo es que contando con su trabajo más el mío nos atrevimos a sacar un crédito de una cifra por demás importante para poder así comprarnos esa casita con la que veníamos soñando desde hacía años…

Justamente desde el living de ella estoy contándoles mi historia, mientras que Andrés tirado en la cama agotado de andar golpeando puertas, deprimido porque no encuentra otro trabajo.

Los días pasaban y nuestra situación económica se iba complicando, las cuotas del banco se iban engrosando. Una mañana muy temprano, antes del desayuno nos llegó una intimación del mismo, “paso siguiente de no cumplir con la deuda estipulada vendría el inmediato embargo de la misma”.

Nos íbamos a quedar en la calle mucho antes de lo que suponíamos.
Tantos años luchando para poder tener lo que habíamos logrado hasta ese momento para que de buenas a primera lo tuviésemos que perder todo.
¡Desconsuelo total!

Con Andrés llorábamos abrazados, tratando de contenernos mutuamente, pero no encontrábamos estimulo alguno a nuestra desgracia y más nos compungíamos.

Mi sueldo no era de los más bajo, por el contrario era muy bueno, pero sólo nos alcanzaba para comer, viáticos, y pagar los tradicionales servicios de la casa, y aquellos gustos extras que nos quisiéramos dar por esos tiempos.

En cambio con el sueldo de Andrés más la comisión que le pagaban cubríamos la cuota del banco, la del auto, y siempre nos quedaba un restito que guardábamos rigurosamente. Ese restito nos sirvió sólo para cubrir las siguientes 3 cuotas del préstamo y las últimas 2 del auto (por suerte lo pudimos cancelar)

Ese día llegué a la oficina con anteojos oscuros, cubriendo mis ojos hinchados de tanto llorar.

Generalmente yo sabía lo que tenía que hacer, eran pocas las veces que Sergio me llamaba a su despacho, pero justo esa mañana a sólo 40 minutos de haber llegado me llama por el intercomunicador.

– Toc – toc golpee la puerta de su despacho, “mi pequeña” oficina está pegada a la suya.

-Adelante- dijo con su tono de voz grave…

-¡Buen día Anna! Tomá asiento que necesito explicarte sobre el nuevo proyecto-

Como de costumbre me devoró con la mirada y acotó un halago sobre mi vestimenta, cosa que me tiene acostumbrada y no me incomoda porque lo hace respetuosamente.

Mientras me sentaba se me iluminó la mente. “Una idea acababa de ocurrírseme” Quizás tenía enfrente la solución a mis problemas…