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El día que tuve sexo con mi amiga Anto

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Somos amigos desde hace mucho tiempo, los dos nos dábamos cuenta de la gran atracción sexual que teníamos por el otro. Pero por respeto a nuestra amistad nunca nos habíamos insinuado nada. Algunas miradas cruzadas, pequeños roces; esos que te erizan la piel al mínimo contacto con el otro, pero todo en el más absoluto de los silencios. Cuando estas cosas nos ocurrían siempre alguno de los dos, disimuladamente, sacaba un tema de conversación para cortar el nerviosismo que nos provocaban estas situaciones.

Ese día para mí era “especial” era el cumple de Anto, mi mejor amiga.

Iba ya en mi auto rumbo a su casa cuando mi celular me avisa de un nuevo sms que al leerlo decía:

– Te estoy esperando.

Espero que hoy sí me des “el regalo” que hace tanto tiempo estoy anhelando. Hoy por ser mi cumple me decidí a decírtelo. Creo que sabes muy bien de lo que te estoy hablando, vos lo deseas tanto como yo.

Cuando terminé de leer el mensaje estacioné en el primer lugar libre que encontré.

Creí que estaba alucinando. Lo volví a leer pausadamente, y sí!!! Era justamente eso lo que decía. Me extrañó muchísimo porque Anto es muy conservadora. La novia ideal para presentarle a cualquier padre y que se enamoren de ella tanto como yo. Desconocí esta faceta desenfrenada, atrevida.

Para colmo me había puesto un pantalón de jeans que tiene las costuras blancas dobles, haciendo contraste con la tela (me fascinan ese tipo de pantalón, están re copados), pero esa noche noté que me apretaba bastante, principalmente en la zona de mis genitales: me los marcaba demasiado, producto de mi instantánea excitación por tremenda sorpresa.

Al llegar a su casa, toco el timbre y me recibe con un beso rozando mis labios y diciendo:

– Pasá!!!

Los chicos están en el quincho, al fondo, y mi familia cenando adelante en el comedor, por si quieres ir a saludar.

Estaba bellísima. Con unas calzas negras bien pegadas al cuerpo, realzando su figura, su cola saltona parecía quererse salir de su cuerpo, una cola para enmarcar. Arriba se había puesto una remera blanca escotada con cuello volcado, que dejaba ver debajo un top de igual color, marcando sus turgentes pechos, pero sin mostrar demasiado. Completando su vestimenta se había puesto unas botas que dijo estrenar ese día, regalo de la mamá, con un tacón importante. La recorrí con la mirada una y otra vez, mientras pensaba, hoy será el día que al fin pueda tener ese cuerpo desnudo para mí. Mi sueño se me estaba por hacer realidad.

– Bueno, vamos -dijo ella.

Y entramos a recorrer el largo pasillo que nos llevaría donde los demás. Ella iba adelante como guiándome. Su andar me volvía loco, su culo me había hipnotizado, cuando de repente se frena de golpe a mitad del pasillo, se da vuelta y con voz melosa me susurra al oído… “Lo que estás mirando con tanta insistencia hoy puede ser todo tuyo, si lo quieres, claro”.

Como si hubiera estado leyendo mis pensamientos.

_  Desde luego que quiero!!!  Es más… lo he estado deseando  desde siempre, solo que nunca me anime a decirte nada…

Pero al fin llegó el momento,  hoy será nuestro gran día…

Te haré el mejor de los regalos…

Comimos y bebimos. Las botellas vacías inundaban la mesa y el alcohol nuestra sangre. Durante toda la cena refregó suave pero intensamente mi muslo con el suyo… casi llegaba a la entrepierna; y se detenía en el límite del mantel para no ser muy evidente ante los demás. Ella lo sabía, mi excitación aumentaba con cada uno de sus eróticos roces.

Inmediatamente terminada la cena, me guió hasta su habitación con su sola mirada. En el camino nos encontramos con un total descontrol: parejas acurrucadas que nos anticipaban lo que nosotros también íbamos a consumar. Pero ocurrió algo… quizás por darse cuenta que en ese momento estaba al mando de la casa, tal caos le provocó una furia irascible que por poco destruye mis ilusiones… sentí desesperación al ver que su magnífico culo se alejaba cada vez más. Sin embargo, su furia rápidamente me devolvió las esperanzas cuando, muy enojada, me dijo:

_Salgamos… no aguanto más. Vamos a tomar algo al pub que está cerca de tu casa.

Los chicos escucharon y se prendieron a su propuesta. Al final, fuimos todos, y creo que se notó cuánto ello me molestaba; aunque dudo que comprendieran el porqué.  Al final, resignada, Anto aceptó que salgamos todos juntos. Nunca le gustó la obscena obviedad; siempre prefirió la sensual sutileza de los detalles ínfimos y calientes.

Mientras yo saludaba a los parroquianos conocidos que a esas horas todavía despuntaban el vicio, Anto y los demás ocuparon una mesa de pool…

No habrían pasado ni diez minutos cuando ella, tironeándome del brazo, me acerca a su lado sacando trompita como haciendo puchero recordándome que era su cumple y que no era de  esa manera la que quería festejar, diciéndome

_ vos sabes lo que quiero!!!

Vayámonos disimuladamente de acá, ahora que están todos entretenidos.

Y efectivamente huimos del lugar. La adrenalina se adentro en nuestros cuerpos perturbados y lujuriosos, invadiéndonos por completo.

Salimos con rumbo incierto, de lo único que sí estábamos seguros era que queríamos poseernos sin perder el tiempo.

Una vez fuera del pub la tomé de la mano y nos subimos al auto pensando que mi casa era el albergue propicio para descargar todo lo que habíamos engendrado.

Ya como es costumbre en mí y a modo automático le di play  al reproductor  que comenzó a sonar Viejas locas “Me gustas mucho” (como si lo hubiera preparado)  jaja

En el trayecto fuimos prodigándonos toda clase de mimos posibles alimentando nuestra calentura. Al llegar busqué como loco las llaves de mi guarida, pero sin obtener éxito: seguramente se cayeron de mi bolsillo al correr hasta el auto.

Ya era muy tarde y el tiempo no era nuestro mejor aliado. No había llevado demasiado dinero conmigo ni tampoco las tarjetas de crédito como para ir en busca de un hotel alojamiento.

Alce la mirada buscando la aprobación de ella… la miré  con cierta congoja por lo sucedido trasmitiéndole mi pensamiento.

Nuestra reacción fue instantánea… buscamos nuestras bocas apasionadamente fundiéndonos en un beso ardiente, como queriendo apagar el fuego que nos quemaba hasta el alma.

Nunca creí que llegaría ese momento, lo había soñado infinidad de veces, pero esa vez no fue un sueño, estaba despierto, la tenía  frente a mí, era sus labios los que estaba besando, los  que tanto he deseado.

Mis manos hurgaban en su larga y rubia cabellera, se notaba en su rostro que le gustaba sentir mis dedos escurriéndose entre ellos. Dejé sus cabellos y la tomé de la cintura atrayéndola hacia mí, era la primera vez que la tenía tan cerca, “la deseaba”.

Mi excitación era evidente, las costuras del pantalón me ajustaban tanto que me hacían doler. No parábamos de besarnos, en un momento salí de su boca para explorar con la mía su cuello, lo llené de besos, su piel se sentía muy suave, a medida que la humedad de mi boca entraba en  contacto con ella  desprendía un exquisito aroma que aumentaba mi libido aún un poco más…

Anto estaba excitadísima, su respiración iba incrementando  a  medida que nuestros cuerpos  se entregaban por completo,  introduje mi mano derecha en aquel escote que siempre había observado con timidez, rodee sus pechos con devoción, ella mordía su labio inferior  evidenciando la sensibilidad  que en ellos tenía. Mi mano izquierda acariciaba su cintura con la yema de mis dedos, pero quería hurgar un poco más… lentamente la fui deslizando  bajo sus prendas,   de golpe noté como que se le había puesto la piel de gallina y  si sintiera escalofríos,  ahí me di cuenta que era porque mi mano había alcanzado su  espalda recorriendo  su columna vertebral hasta la nuca,  haciendo firuletes con mis dedos como si fueran un pincel.  Indudablemente estaba por dibujar  mi mejor obra…

Fue entonces donde ella se permitió empezar a jugar.  Sus tibias y temblorosas manos buscaron mi bragueta acariciándome por encima del pantalón;  susurrándome al oído: _ te deseo tanto… quiero ser tuya esta noche.

Sentir aquellas palabras con la calentura que me las trasmitió y con su dulce  voz provocó en mí la lujuria total.

Me descontrolé  por completo, despertando  mi instinto salvaje  le arranqué de un solo movimiento  la remera y el top, grata fue mi sorpresa al notar que no llevaba corpiño.  Estaba frente a los pechos más bonitos que había visto en mi vida, un tamaño perfecto para la medida de mis manos, redonditos y turgentes.

Los besé una y otra vez, ella susurraba lo mucho que le gustaba, como pudimos nos despojamos del resto de la ropa, recliné los asientos  al máximo, la quería disfrutar por completo.

Besé  cada parte de su cuerpo, “me sentí en el paraíso” con la poca luz que nos alumbraba desde la calle podía ver su rostro  retozando de placer,  Anto  recorría mi cuerpo con sus delicadas manos, haciéndome estremecer por completo.

Cuando llegué con mi boca a su sexo, “lo ignoré”.  Quería excitarla un poco más,  rozando con mis labios apenas suavemente, recorrí su entrepierna, el contorno de su vagina,  no pude contenerme más, deseaba saborear  sus jugos. Cuando introduje mi sedienta lengua  en su cavidad vaginal sentí una vez más ese  escalofrió  que le erizaba la piel.  Ella llevó sus manos  a mi cabeza y con sus dedos enredados entre mis cabellos me iba despeinando con  cada lamida que le otorgaba, “sus movimientos eran mi guía”.

Y en  cada succión que le propinaba a su  clítoris entre mis dientes sus manos más fuertemente tiraban de mi pelo avisándome  que  estaba a segundos de eyacular.

Deguste  hasta la última gota de su néctar, ella me lo entregó complacida, al mirarla   me pareció vislumbrar  una  relajada sonrisa, como premiándome.

Elevé mi cuerpo para reencontrarme con su rostro, buscando su boca, en la mía quedaban aún algunos hilos de su miel  chorreando por la comisura…  la besé apasionadamente: si hay algo que  me vuelve loco es  que beban de sus propios jugos.

Cambiamos de postura  quedando yo recostado en la butaca.  Instantáneamente ella se agacho quedando en cuclillas  frente a mí,  tenerla  totalmente  desnuda así me  enloquecía.  Tenía la pija re dura, y los huevos  ya me comenzaban a doler.

Cuando la tomo entre sus manos  y me la empezó a pajear tuve que detenerla, no quería acabar, quería seguir disfrutando de aquel momento pero no sabía cuánto  más podría aguantarme las ganas de eyacular.

La tomé de abajo de los brazos y la atraje hasta mí,  se pegó a mi cuerpo,  y la besé  por unos minutos tratando de calmar mi ansiedad.

Anto tomo el mando de la situación y volvió a bajar  pero ya esta vez no fueron sus manos las que   se apoderaron de mi pedazo, sino  su boca!!  Empezó lamiendo en círculos mi glande, eh inmediatamente fue arrastrando con su caliente lengua por todo mi tronco hasta llegar a mis huevos,  la lujuria fue más fuerte que yo y sin previo aviso le acabé en la boca, era nuestra primera vez y no conocía sus gustos, pero pareció que mi leche espesa y caliente le gustó  demasiado porque se la trago toda, abriendo la boca en “O” me mostró que no había quedado ni una gota de mi semen en ella.

Se enderezó y se me tiró encima:

-Ahora vos sentirás tu propio sabor.

Y nos comimos las bocas una vez más. Estábamos abrazados tratando de recuperarnos cuando nos sobresaltó el rington de su celular. Eran los chicos que nos andaban buscando, zafó  diciendo que volvimos a la casa en busca de dinero.

Cortó y me miró a los ojos diciendo:

– esto no puede terminar acá. Mañana a la noche te espero en casa y la seguimos…