La dama y el vagabundo (2 parte)

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Se bajó el cierre y sacó la pija afuera, sacudiéndola orgulloso de tener semejante pedazo. Estaba totalmente erecta.

Por suerte la iluminaría de la calle se filtraba por las ventanillas ayudando para que no me perdiese ni un solo gesto.

Me miró, me agarró del brazo y me lo llevó hasta su pedazo, tomó mi mano y  ejerció presión sobre su miembro diciendo…: – ¡dale pajeame! mientras manejo, perra –

Puso el auto en marcha y salió a las chapas para el hotel.

Agarré mi nuevo juguete y se lo empecé a estimular suavemente, de a ratos lo abandonaba para meter un poco más adentro mi mano y palpar sus huevos,  así seguí hasta llegar al último semáforo en el que aprovechó para toquetearme. Se mandó por el escote y me estrujó los pezones, mmmm me encanta esa mezcla de dolor y placer.

Continué pajeandolo hasta que me sorprendió presionando con una mano  entre el cuello y la nuca empujando  mi cabeza hasta su pija.

– Quiero ver cómo te la comes. ¡puta!  Trágatela toda. ¡yegua!–

– Siiiiiiiiiiii bebé la quiero sentir todita.

Mmmm ¡Pendejo!… –

(Desde que lo vi tirado en la cama deseaba sentir su pedazo en mi boca)

Glotona como pocas me la metí lo más profundo que pude, estirando al máximo mi lengua alcancé sus huevos. En ese instante cerró los ojos perdiendo el control del auto y dando un fuerte volantazo que me hizo ahogar con su pija.

Fue suficiente para llenarme la boca con su deliciosa y abundante leche,  por suerte era más bien dulzona y me la tragué toda…

-¡Mostrame tu boca! Quiero comprobar que no haya quedado ni una gota de mi semen –

Por suerte no chocamos y pudo retomar sin problema alguno.

– Tengo que admitir que me sorprendiste, primero que no me imaginaba que irías a salir con esto,  y segundo quéeeeeeeeeeee buena paja por Diossssss…

Sos muy buena chupando“mamita” me hiciste explotar como perro en celo.

¡Quiero cogerte ya!

– Síiiiiii bebé  esta noche quiero ser tuya –

– Te voy a contar lo que me pasó en el teatro. Lo que menos hice fue ver la obra, porque me puse a fantasear con  vos, imaginando que lo hacíamos en el ahí mismo, y me puse al palo, me empecé a sobar la pija por encima del pantalón. Estabas tan concentrada mirando que ni te percataste, ¡por suerte!

Imaginaba ser yo quién te insinuara algo, pero seguro no me hubiera atrevido. Nunca imaginé que una señora como “usted”, perdón, como vos se fuera a fijar en una rata como yo, además era faltarte el respeto, y abusar de tu generosidad, después de todo lo que hiciste por mí…

No puedo negarte que sos el estilo de mujer que me calienta y mucho –

-Si hubiera leído tu mente en el teatro seguramente no hubiéramos esperado a que terminara la función para irnos… Cuánto tiempo desperdiciado… –

(Me acerqué a su cara para robarle un primer beso, “un piquito”)

– ¡te quiero comer la boca nena! se me reparó la pija, la puta madre, ¡como me calentas!…

Estoy ansioso por llegar y mostrarte todo lo que puedo hacer por vos.-

Así te quiero, caliente y eufórico, con ganas de matarme en la cama, mmmm  ¡pendejo! Qué lindo macho hay detrás de tu perfil sumiso, callejero, y con tremenda pija.

Sos una caja de sorpresas, y quiero seguir sorprendiéndome más… –

Cuando llegamos al hotel (casi corriendo) iba un paso más atrás tocándome el culo, diciéndome:

– ¡mamita! este culo está para entrarle, ¿me lo vas a entregar? Quiero ver esos cachetes comiéndose mi verga –

Depende de cómo te portes, si haces bien los “deberes” te lo doy como premio.-

Nunca hubiera imaginado que pocas horas después de conocernos “el modosito” sería capaz de hablarme como una cualquiera.

Lo insólito es que ese lenguaje tan vulgar que lo hace diferente, especial, y del cual no estoy acostumbrada fue capaz de hacerme imaginar el goce antes de gozar, y relamerme por anticipado por aquel pedazo de carne que estaba a punto de saborear….

Entramos a la habitación y ni bien se cerró la puerta me apretujó contra ella, parecía un pulpo, sentía manos por todas partes, por suerte me había puesto un vestido rojo, por encima de las rodillas, ceñido al cuerpo y con cierre en la espalda, facilitando su despojo, que de no haber sido así, creo que me lo arrancaba a pedazos.

Estaba totalmente  desquiciado.

Por primera vez me comió la boca mientras dejaba caer el vestido a mis pies.

Le fui desprendiendo la camisa sin dejar de besarnos, calculando uno a uno todos sus botones.

Su boca era atrapante, de tamaño importante y de labios imponente, despertando salvajemente mi apetito sexual.

Apoyó su pesado cuerpo contra el mío y restregándose contra él hábilmente me hizo notar que una parte de su cuerpo también se había despertado.

Fue una situación extremadamente excitante, llena de erotismo y de libertinaje, no me reconocía tan eufórica. Estaba ansiosa por ser penetrada por ese “joven bohemio” que horas antes y a cambio de unas monedas me ofrecía tocar una melodía.

Se quito el pantalón y con él arrastró su prenda interior. Su cuerpo es descomunal, me gusta mucho su porte, con aspecto de machote bruto.

(Justamente era lo que necesitaba).

Aún de pie y sin movernos del lugar recorrí con ambas manos reconociendo su figura, tal cual lo haría un no vidente, empezando por su cara. Palpando su boca entre abierta, mojando mis dedos con su humedad, bajando por su cuello ancho y largo, arrastré mis manos por sus pectorales dibujando con ellas sus marcados abdominales por su cuerpo fibroso que a pesar del tiempo que no entrenaba dejaba claramente adivinar que antes lo había hecho con rigurosidad.

Levantó su rostro estilizando su cuello como un cisne, evidentemente estaba gozando de mi tacto.

Y con un dedo sobre mi tanga hacía presión sobre mis labios vaginales devorándose la delgada tela de mí ya mojada prenda. Eso me calentó mucho más, quería que me la metiera ¡YA! Pero se tomó el tiempo necesario para cada momento, haciéndome gozar como una yegua con cada uno de sus movimientos.

Luciano me había prometido una noche a puro sexo, y estaba empezando a cumplir su promesa…

Continuará!

La nueva versión de la Dama y el Vagabundo (1ra parte)

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Soy la esposa de un reconocido Juez. Su nombre es Sergio tiene hoy 61 años, y yo “María Eugenia” 43.

Antes de él había salido con otros 3 en mi adolescencia. Chicos de mi misma edad, totalmente pendejos y huecos mentalmente.

Al conocerlo a Sergio noté gratamente la disparidad y “me enganche”. En ese entonces la diferencia de edad ni se notaba. Pero hoy día se nota, y mucho.

Soy profesora de danza árabe y de patín artístico tengo 38 alumnas entre ambos cursos.

Y puedo decir que tengo un cuerpo privilegiado. Algunas amigas me dicen que me mantengo físicamente tan bien como a mis 25 años.

Y ¡sí! Tienen razón. Mis curvas aún  innatas, mi cola y mis pechos firmes, sin estrías ni celulitis, mi piel fresca y tersa como la piel de mi hija menor que hoy tiene 14 añitos.

Pero claro, me cuido mucho,como muy sano, bebo mucha agua, voy al gimnasio 3 veces por semana, además de jugar al tenis con mis amigas en el club.

Me casé con él el día de mi cumpleaños número 21. Me deslumbró con su hombría y caballerosidad. Sus gestos y regalos me confundieron, creí estar perdidamente enamorada, pero poco a poco con el correr del tiempo ese encantamiento se fue diluyendo.

Luego llegaron los niños (3) y me quedé a su lado aún sin amarlo, por el cariño y respeto que le tengo, y porque es un padre ejemplar, y como marido también lo es, el problema es que yo no lo amo. Él dice amarme como el primer día, y le creo, porque me lo demuestra día a día.

Mínimamente hacemos el amor 2 o 3 veces por semana, (sexualmente es muy activo, para su edad. Siempre es él quién provoca la situación) yo no tengo deseos de hacerlo, pero no puedo negarme. No quiero que se dé cuenta que ya no lo amo.

Me conformo con la vida que me toca vivir, lo tengo todo, mis caprichitos son órdenes para él, nunca me cuestiona absolutamente nada, pero a veces pienso: que distinto hubiera sido sino me hubiese dejado llevar a solo 4 meses de conocernos por mis efusivos impulsos.

Había viajado sola, y paraba en un  lindo y lujoso hotel que había reservado mi esposo por internet.

Una tarde iba caminando por corrientes rumbo al teatro en busca de una platea, para ver ese espectáculo que tanto me habían recomendado

Me quedaría tan sólo unos días; y quería aprovechar mis días a full.

De pronto se acercó un muchacho que rondaría los 30 años. Con un aspecto de abandono total, de cabellos negros, largo, barba de unos días, olía bastante mal.

Cargaba consigo una mochila en sus hombros y una guitarra entre sus manos.

Se acercó y se ofreció a cantarme una canción a cambio de unas monedas o de un sándwich.

Me apenó su estado calamitoso, y a pesar de tener unos bonitos ojos color café y de voluminosas pestañas noté en su mirada una gran tristeza.

En ese instante pensé en mis hijos, y no pude evitar quererle ayudar.

Le dije que no era necesario y lo invité a merendar a la cafetería de enfrente.

Pedimos un par de gaseosas y un par de suculentos tostados lo dejé comer tranquilo, no quise molestarlo ni hacerle preguntas que pudieran incomodarlo, pero por cómo se manejaba en la mesa parecía un muchacho de buenas costumbres.

Antes que yo lo hiciera se adelantó a presentarse

– Mi nombre es Luciano Almeida, tengo 26 años, y soy Mendocino.

¡Y permítame agradecerle señora por su invitación!–

-¡Luciano! Bonito nombre. El mío es Eugenia, y también soy del interior.

No me agradezcas.

Estoy en Buenos Aires sólo por unos días.

Iba al teatro a sacar una entrada para ver un espectáculo, ¿te molestaría acompañarme?

– Como podría negarme, será un placer oficiarle de guardaespaldas habiéndose comportado tan bien conmigo. Estoy a sus órdenes –

– Creo que no me has entendido muchacho, te estoy pidiendo que me acompañes a ver la obra. Después podríamos ir a cenar algo por ahí –

– Pero señora… ¿me está diciendo en serio? Me gustaría mucho, pero… no tengo ropa para la ocasión.

– Hace tiempo que ando vagando y mis pocas pilchas dan pena, gracias por el gesto, pero no podré acompañarla.

– Si ese es el motivo por el cual no podés, no hay problema, déjamelo a mí, lo soluciono fácilmente. Salvo que… no quieras acompañarme –

– En lo más mínimo señora, estoy encantado con su invitación –

– No se habla más del tema, vayamos a sacar las entradas y luego me encargo lo de la ropa –

Volvimos con las entradas en nuestro poder (a la mitad de la segunda fila, muy buena ubicación).Camino al hotel pasamos por una casa de ropa de una marca muy reconocida en la que yo ya había estado en la mañana comprando un par camisas para mi marido.

Como nadie me conocía no me importó lo que pudieran pensar, pero… como la casa se reserva el derecho de admisión les tuve que pedir aprobación para dejar entrar a ese vagabundo al cual yo deseaba ayudar comprándole algunas prendas.

El empleado excusándose se fue adentro a consultar a su superior.

Regresó dándonos la BIENVENIDA y pensé: -¡como se nota que los comercios están en crisis!-

Luciano me pidió que fuese yo quién eligiera lo que debía ponerse para la ocasión.

El vendedor trajo varias alternativas, y de diferentes estilos, me costó decidirme, así que opté por alcanzarle al probador 3 mudas completas, incluido los zapatos, medias y bóxer.

Cuando estuvo listo con el primer cambio me llamó para que lo viera.

Me sorprendió ver la transformación de una persona con tan sólo unos simples “trapos” nuevos.

– Cuando me pruebe el otro equipo “te” llamo – (cuanta confianza pensé… pero me divirtió que lo hiciera. ¡Me gustó!

-Me pareció escuchar desde el probador que Luciano me llamaba-

Me acerqué y corrí la cortina y ¡ohhhhhh sorpresa!

¡Qué lomazo!

De espalda muy ancha, vestido no parecía tener ese cuerpazo. Todavía no se había puesto la ropa, llevaba solo el slip (blanco) y las medias del mismo color, bueno… blancas habrán sido el día que las compró.

-perdón creí escuchar que me llamaste –

(No pude evitar que mis ojos se fueran directo a su bulto, era demasiado ostentoso, no pasaba desapercibido fácilmente) cuando me di cuenta que miraba fijo “ahí”, me puse colorada de inmediato, ¡qué vergüenza!

– no pasa nada señora – quédese ya que está acá, enseguida me cambio –

Creo que se dio cuenta, pero se hizo el “tonto” y encima llamándome “señora”.

Mientras se ponía el pantalón lo miraba por el espejo. Su cola es fantástica; redondita, y bien marcada, parecida a una cola femenina.

“Quién diga que no le atrae la cola de los hombres ¡MIENTE VILMENTE!”

Y esa colita tentaba…para lengüetearla y morderla largo rato. Y cabalgar sobre ese pedazo de carne  mmmm

A mi mente llegaban pensamientos calientes y perversos, pasaban miles de imágenes, todas teniendo sexo en diferentes posiciones con él.

Me dejé de soñar despierta y aterricé en la tienda.

Le quedaba todo a su medida, así que saqué la tarjeta de crédito y le compre las 3 mudas. Sí las 3.Lo necesitaba…

Salimos de la tienda y nos fuimos al hotel.

Confesó que hacía tiempo que no entraba a un baño que no fuera público, y para ducharse tenía que pedir permiso en las estaciones de servicio y muchas veces se lo negaban.

Su historia de vida “desgraciada” me partía el alma.

El apart hotel era 5 estrellas y no le faltaba nada. Tenía todas las comodidades, incluso un bonito jacuzzi que pensaba estrenar esa noche. Pero debido a la presencia de Luciano descarté esa posibilidad.

Saqué las prendas de las bolsas, le corté las etiquetas y se la extendí sobre la cama mientras él se daba esa ducha que tanta falta le hacía.

Lo dejé sólo.

Bajé a tomar un trago al bar que está junto a la piscina, (había estado la noche anterior y me gustó mucho) no sin antes guardar todas mis cosas de valor en la caja fuerte. Por las dudas.

Dejé pasar 30 minutos y regresé.

Y lo encontré sobre el borde de la cama al lado de la ropa, (parecía otro).

Cubierto con la bata, acostado, estaba súper dormido, “lucia fantástico”, cara relajada, de facciones muy masculinas. Me imaginé que hacía tiempo que no se acostaba sobre un buen colchón.

Estaba prolijamente afeitado (se había sacado integra la barba).

Lo poco que dejaba ver la bata se veía de poco vello en el pecho, (me encantan, los osos me dan rechazo).

Me daba pena tener que despertarlo, además faltaba todavía más de 3 horas para la función.

Lo dejé dormir.

Yo me senté en el sillón frente a la cama y desde allí lo contemplaba… disfrutaba de su paz.

Pero mi curiosidad fue más allá de lo que la vista me devolvía.

Me paré del sillón y fui hacia la cama, mezcla de picardía, y de pánico, me aterraba pensar que se despertara y me encontrara en esa incómoda situación.

Me animé a deshacer el lazo que cruzaba su bata para poder tener mejor panorama…y vaya sí lo tenía.

No se había puesto ropa interior el hijo de puta.

Y tremendo pedazo de carne dormido le colgaba de entre sus piernas.

Fácil rondaba los 25 cm, y muy grueso, eso lo hacía doblemente más deseable. Acostumbrada a tener en casa un tamaño “normal”.

Me empecé a excitar de sólo verlo. Me sentí humedecer, mis dedos obedecieron mis pensamientos, y empezaron a hurgar en mi mojada conchita.

Desde que estoy con Sergio no había vuelto a tener contacto íntimo con nadie.

Desde hace años que me siento algo “asexuada” .Disfruto más conmigo misma, que teniendo sexo con mi marido.

Y en ese momento viendo el cuerpazo de Luciano me toqué hasta empapar mi tanga, y acabé imaginándome que era su boca la que recibía mi néctar.

Me incorporé rápidamente y le ajusté el lazo de la bata. Luciano seguía inmutable, nunca se entero de la pajita que me hice, gracias a él.

Salí disparando al baño, me metí en la bañera, y me quedé un largo rato allí.

Cuando salí del baño fui directo al cuarto, esperaba que Luciano ya se hubiese cambiado, pero para mi sorpresa seguía dormido.

Me ajusté la bata para asegurarme que no se desatara, y a fuerza de zamarreos; lo desperté.

-¡Vaya que dormías!-

– Perdón señora, ¡discúlpeme! me quedé dormido. ¡Qué vergüenza!-

– No te preocupes, está todo bien pero vístete que en un rato salimos.

– Mientras me voy a maquillar un poquito– (me fui al baño para dejarlo cambiar.

Cuando volví a la habitación ya estaba listo, ¡IMPECABLE! No pude contenerme y se lo hice saber.

Muy educadamente me agradeció el halago.

Le pedí que me esperase abajo mientras me cambiaba. Luego me uní a él.

Cuando llegué a la sala de estar se paró en un acto de caballerosidad. Me sorprendió y deslumbró.

No paraba de mirarme, y de decirme lo linda que estaba.

Me había soltado el cabello, lo tengo muy largo y ondulado, pero siempre lo llevaba atado salvo ocasiones especiales como la de esa noche.

Fuimos en el auto. Llevaba  un desconocido a mi lado me sentía rara, pero a la vez eso lo hacía excitante.

Durante el transcurso de la obra disfrutamos en silencio; algún que otro ligero comentario, nada más. Salimos del teatro y ahí sí, intercambiamos algún que otro comentario sobre el espectáculo.

Mientras caminábamos en búsqueda de un sitio para cenar, lo tomé del brazo no sin antes de preguntar si le molestaba que lo hiciera.

Me hallaba cómoda, y muy segura, su figura imponente me daba sensación de protección.

Elegí un restaurante muy bonito, bastante despejado para la hora, un sitio cálido, de luz tenue, acogedor.

Ambos pedimos lo mismo: una parrillada con ensalada para mí y papas fritas para él.

Entre tanta charla se aflojó, y empezó a contar de su pasado. Estaba en Buenos Aires a causa de que su hermano mellizo falleciera en un partido de rugby del que él también pertenecía.

Dice que se enojó mucho con Dios y con el mundo entero. Por eso decidió irse de Mendoza, cambiar de aire, de gente…

También me contó que abandonó su carrera, trabajo, novia, todo.

No quiso saber más nada de todo aquello que le recordase a Lisandro (Su hermano).

Mientras lo contaba sus ojos se llenaban de lágrimas y en su carita se reflejaba su entendible tristeza.

Le hablé como una madre le hablaría a un hijo en estos casos. Traté de hacerle comprender (fui inútil) que la vida continúa a pesar de todo, y que su familia sufriría doblemente; la pérdida irreparable de un hijo, y el alejamiento de él.

Estaba muy cerrado, demasiado negativo para hacerle comprender en una sola charla lo que quizás llevaría meses de terapia.

Se excusó y se fue al baño. Al regresar cambie de tema, no quise insistir, preferí hacerlo pasar un buen momento, y que por lo menos por unas horas despejase su mente de todo aquello que tanto daño lo hacía.

Luego del postre llegó el infaltable café y con el quedaría concluida  “la cita”. Pero me resistía a dejarlo ir, me daba ternura y a la vez intrigada quería saber más de él; conocerlo  más a fondo.

No supe cómo encarar la situación, no sabía cómo darle a entender que no quería que la noche terminase allí.

Pagué y nos fuimos del lugar.

Luciano me preguntó si lo podía alcanzar hasta su “lugar”, una humilde pensión que compartía con  gente de la calle como él.

Pero con el pretexto de que habían quedado sus cosas en el hotel lo llevé hasta allá.

Al llegar a la cochera le pregunté si sabía manejar, me dijo que sí, que en Mendoza había dejado un Fiat uno.

Entonces le sugerí que manejase él. Sin oponer resistencia alguna tomó las llaves y nos marchamos.

El trayecto no era muy largo.

En un momento me dijo:

-dígame que no estoy soñando, ha sido todo tan lindo… que si es un sueño no me quiero despertar. Hacía rato que no me sentía una persona normal, que no la pasaba bien, y mucho más todavía volver a sonreír.

-Me alegra haber sido yo quién te arrancara un par de sonrisas, qué por cierto es muy hermosa.

Y tutéame que no soy tan mayor. Mientras con mi mano tocaba su pierna.

¿Acaso te parezco una jovata? Tengo 43 y muchas ganas de disfrutar de la vida.

Había logrado quebrar la barrera de la seriedad, y estaba dispuesta a conquistarlo.

Había despertado la fiera que hacía tiempo estaba dormida en mí. Esa no he me sentía muy mujer, y necesitaba explotar al máximo mi conquista.

Me desaté de golpe. No crean que lo ayudé con segundas intenciones, porque no fue así. Pero algo  en mi  cabeza me hizo clic y simplemente deseaba pasarla bien, gozar, y vivir una noche inolvidablemente lujuriosa.

Y por primera vez engañar al aburrido de mí marido.

¡Sí por primera vez! Leyeron bien.

El chico era mi nuevo capricho, muy diferente a los que suelo tener normalmente: que me cambie el auto, algún tapado de visón que veía en el shopping, o una joya que me deslumbrase, o hacer algún viajecito de placer, entre tantos otros caprichitos que me concede amorosamente mi marido…

Qué fácil nos resulta sacarle lo que deseamos cuando están enamorados…

Con sólo hacerles creer que estamos perdidamente enamoradas y fingiendo como una actriz porno un par de buenos orgasmos; convenciéndolos que son lo máximo.

Luciano responde a mi pregunta anterior.

– Qué pregunta señora Eugenia. Me hace poner nervioso.

Mire si la voy a considerar una vieja con lo linda que es usted.-

– mmmm  Te pusiste nervioso… ¿Te gusto, me deseas? –

Mi mano que seguía en su muslo comenzó a ascender con firmeza haciéndole sentir mis uñas de gata en celos.

¡y sí!

Entre el vino y la excitación que Luciano me provocaba estaba entregadísima.

Lo quería sí o sí en mi cama esa  noche.

No me anduve con vueltas ni perdiendo el tiempo con histeriqueos estúpidos como una adolescente.

– Señora no me haga esto…

¡Por favor!

(Refiriéndose a la presión de mi mano sobre su pierna).

Voy a perder el control…–

-Justamente, es lo que quiero. Que te descontroles…

El cierre del pantalón te está pidiendo desesperado que lo liberes…

Y manoteé con entusiasmo su bulto dándole a entender que no se podía echar atrás.

¡Vamos!

Dejá la vergüenza de lado, podríamos pasarlo genial…

El muchacho desesperado clavó los frenos y estacionó el auto en el único hueco que encontró.

Alzando la voz dejó aflorar el macho que se ocultaba tras su apariencia sumisa.

-¡Ok!

¿Querés pija? vas a tener pija toda la noche. Me vas a tener que pedir por favor para que te la saque-

“No puedo explicarles como me calentó escucharlo… tan rudo y alterado”

-mmmm que prometedor sonó eso–
Continuará….

Ayudame a ponerle un título

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Cerré los ojos y automáticamente llegaste a mi mente… te recuerdo vigoroso, enérgico, lujurioso…

Siempre jocoso, bromista, optimista. Qué buen humor mi amor…

Engalanando cualquier festividad con tu presencia suprema.

Eterno amante de los buenos momentos, haciendo del más simple acontecimiento la mejor celebración.

El mejor de los amigos, respetado y querido por todos, virtuoso, confidente, decente como pocos…

Recuerdo tus besos, tus caricias, tu mano en mi hombro dándome aliento en mis peores momentos…

Siempre dulce, cariñoso, expresivo, regalándonos tu sonrisa a flor de labios en toda ocasión.

Según tus hermanos el mejor, tus padres insisten que no hay otro hijo igual.

Esposo maravilloso, amante ideal.
Y sin lugar a dudas serías el padre ejemplar de este niño que llevo en mi vientre del que sueño tenga tu carita, tus gestos, tu humor, tu vivo retrato “mi amor”.

Acariciabas mi vientre eufórico aquel día que te anuncié la paternidad. Saltabas de alegría, me alzabas, me besabas sin parar.

Era cómico, y placentero satisfacerte cuando no me dejabas hacer nada por miedo a que le pasara algo a nuestro bebé. Exagerabas siempre, pero me hacías tan feliz…

Nos cuidaste hasta el último día de tú vida.

Lástima que no te cuidaste vos mi amor cuando volvías a casa feliz de saber que tendríamos un varón.

Maldito el destino que quiso que pasara el tren justo cuando cruzabas vos.

El día que tuve sexo con mi amiga Anto

Estándar

Somos amigos desde hace mucho tiempo, los dos nos dábamos cuenta de la gran atracción sexual que teníamos por el otro. Pero por respeto a nuestra amistad nunca nos habíamos insinuado nada. Algunas miradas cruzadas, pequeños roces; esos que te erizan la piel al mínimo contacto con el otro, pero todo en el más absoluto de los silencios. Cuando estas cosas nos ocurrían siempre alguno de los dos, disimuladamente, sacaba un tema de conversación para cortar el nerviosismo que nos provocaban estas situaciones.

Ese día para mí era “especial” era el cumple de Anto, mi mejor amiga.

Iba ya en mi auto rumbo a su casa cuando mi celular me avisa de un nuevo sms que al leerlo decía:

– Te estoy esperando.

Espero que hoy sí me des “el regalo” que hace tanto tiempo estoy anhelando. Hoy por ser mi cumple me decidí a decírtelo. Creo que sabes muy bien de lo que te estoy hablando, vos lo deseas tanto como yo.

Cuando terminé de leer el mensaje estacioné en el primer lugar libre que encontré.

Creí que estaba alucinando. Lo volví a leer pausadamente, y sí!!! Era justamente eso lo que decía. Me extrañó muchísimo porque Anto es muy conservadora. La novia ideal para presentarle a cualquier padre y que se enamoren de ella tanto como yo. Desconocí esta faceta desenfrenada, atrevida.

Para colmo me había puesto un pantalón de jeans que tiene las costuras blancas dobles, haciendo contraste con la tela (me fascinan ese tipo de pantalón, están re copados), pero esa noche noté que me apretaba bastante, principalmente en la zona de mis genitales: me los marcaba demasiado, producto de mi instantánea excitación por tremenda sorpresa.

Al llegar a su casa, toco el timbre y me recibe con un beso rozando mis labios y diciendo:

– Pasá!!!

Los chicos están en el quincho, al fondo, y mi familia cenando adelante en el comedor, por si quieres ir a saludar.

Estaba bellísima. Con unas calzas negras bien pegadas al cuerpo, realzando su figura, su cola saltona parecía quererse salir de su cuerpo, una cola para enmarcar. Arriba se había puesto una remera blanca escotada con cuello volcado, que dejaba ver debajo un top de igual color, marcando sus turgentes pechos, pero sin mostrar demasiado. Completando su vestimenta se había puesto unas botas que dijo estrenar ese día, regalo de la mamá, con un tacón importante. La recorrí con la mirada una y otra vez, mientras pensaba, hoy será el día que al fin pueda tener ese cuerpo desnudo para mí. Mi sueño se me estaba por hacer realidad.

– Bueno, vamos -dijo ella.

Y entramos a recorrer el largo pasillo que nos llevaría donde los demás. Ella iba adelante como guiándome. Su andar me volvía loco, su culo me había hipnotizado, cuando de repente se frena de golpe a mitad del pasillo, se da vuelta y con voz melosa me susurra al oído… “Lo que estás mirando con tanta insistencia hoy puede ser todo tuyo, si lo quieres, claro”.

Como si hubiera estado leyendo mis pensamientos.

_  Desde luego que quiero!!!  Es más… lo he estado deseando  desde siempre, solo que nunca me anime a decirte nada…

Pero al fin llegó el momento,  hoy será nuestro gran día…

Te haré el mejor de los regalos…

Comimos y bebimos. Las botellas vacías inundaban la mesa y el alcohol nuestra sangre. Durante toda la cena refregó suave pero intensamente mi muslo con el suyo… casi llegaba a la entrepierna; y se detenía en el límite del mantel para no ser muy evidente ante los demás. Ella lo sabía, mi excitación aumentaba con cada uno de sus eróticos roces.

Inmediatamente terminada la cena, me guió hasta su habitación con su sola mirada. En el camino nos encontramos con un total descontrol: parejas acurrucadas que nos anticipaban lo que nosotros también íbamos a consumar. Pero ocurrió algo… quizás por darse cuenta que en ese momento estaba al mando de la casa, tal caos le provocó una furia irascible que por poco destruye mis ilusiones… sentí desesperación al ver que su magnífico culo se alejaba cada vez más. Sin embargo, su furia rápidamente me devolvió las esperanzas cuando, muy enojada, me dijo:

_Salgamos… no aguanto más. Vamos a tomar algo al pub que está cerca de tu casa.

Los chicos escucharon y se prendieron a su propuesta. Al final, fuimos todos, y creo que se notó cuánto ello me molestaba; aunque dudo que comprendieran el porqué.  Al final, resignada, Anto aceptó que salgamos todos juntos. Nunca le gustó la obscena obviedad; siempre prefirió la sensual sutileza de los detalles ínfimos y calientes.

Mientras yo saludaba a los parroquianos conocidos que a esas horas todavía despuntaban el vicio, Anto y los demás ocuparon una mesa de pool…

No habrían pasado ni diez minutos cuando ella, tironeándome del brazo, me acerca a su lado sacando trompita como haciendo puchero recordándome que era su cumple y que no era de  esa manera la que quería festejar, diciéndome

_ vos sabes lo que quiero!!!

Vayámonos disimuladamente de acá, ahora que están todos entretenidos.

Y efectivamente huimos del lugar. La adrenalina se adentro en nuestros cuerpos perturbados y lujuriosos, invadiéndonos por completo.

Salimos con rumbo incierto, de lo único que sí estábamos seguros era que queríamos poseernos sin perder el tiempo.

Una vez fuera del pub la tomé de la mano y nos subimos al auto pensando que mi casa era el albergue propicio para descargar todo lo que habíamos engendrado.

Ya como es costumbre en mí y a modo automático le di play  al reproductor  que comenzó a sonar Viejas locas “Me gustas mucho” (como si lo hubiera preparado)  jaja

En el trayecto fuimos prodigándonos toda clase de mimos posibles alimentando nuestra calentura. Al llegar busqué como loco las llaves de mi guarida, pero sin obtener éxito: seguramente se cayeron de mi bolsillo al correr hasta el auto.

Ya era muy tarde y el tiempo no era nuestro mejor aliado. No había llevado demasiado dinero conmigo ni tampoco las tarjetas de crédito como para ir en busca de un hotel alojamiento.

Alce la mirada buscando la aprobación de ella… la miré  con cierta congoja por lo sucedido trasmitiéndole mi pensamiento.

Nuestra reacción fue instantánea… buscamos nuestras bocas apasionadamente fundiéndonos en un beso ardiente, como queriendo apagar el fuego que nos quemaba hasta el alma.

Nunca creí que llegaría ese momento, lo había soñado infinidad de veces, pero esa vez no fue un sueño, estaba despierto, la tenía  frente a mí, era sus labios los que estaba besando, los  que tanto he deseado.

Mis manos hurgaban en su larga y rubia cabellera, se notaba en su rostro que le gustaba sentir mis dedos escurriéndose entre ellos. Dejé sus cabellos y la tomé de la cintura atrayéndola hacia mí, era la primera vez que la tenía tan cerca, “la deseaba”.

Mi excitación era evidente, las costuras del pantalón me ajustaban tanto que me hacían doler. No parábamos de besarnos, en un momento salí de su boca para explorar con la mía su cuello, lo llené de besos, su piel se sentía muy suave, a medida que la humedad de mi boca entraba en  contacto con ella  desprendía un exquisito aroma que aumentaba mi libido aún un poco más…

Anto estaba excitadísima, su respiración iba incrementando  a  medida que nuestros cuerpos  se entregaban por completo,  introduje mi mano derecha en aquel escote que siempre había observado con timidez, rodee sus pechos con devoción, ella mordía su labio inferior  evidenciando la sensibilidad  que en ellos tenía. Mi mano izquierda acariciaba su cintura con la yema de mis dedos, pero quería hurgar un poco más… lentamente la fui deslizando  bajo sus prendas,   de golpe noté como que se le había puesto la piel de gallina y  si sintiera escalofríos,  ahí me di cuenta que era porque mi mano había alcanzado su  espalda recorriendo  su columna vertebral hasta la nuca,  haciendo firuletes con mis dedos como si fueran un pincel.  Indudablemente estaba por dibujar  mi mejor obra…

Fue entonces donde ella se permitió empezar a jugar.  Sus tibias y temblorosas manos buscaron mi bragueta acariciándome por encima del pantalón;  susurrándome al oído: _ te deseo tanto… quiero ser tuya esta noche.

Sentir aquellas palabras con la calentura que me las trasmitió y con su dulce  voz provocó en mí la lujuria total.

Me descontrolé  por completo, despertando  mi instinto salvaje  le arranqué de un solo movimiento  la remera y el top, grata fue mi sorpresa al notar que no llevaba corpiño.  Estaba frente a los pechos más bonitos que había visto en mi vida, un tamaño perfecto para la medida de mis manos, redonditos y turgentes.

Los besé una y otra vez, ella susurraba lo mucho que le gustaba, como pudimos nos despojamos del resto de la ropa, recliné los asientos  al máximo, la quería disfrutar por completo.

Besé  cada parte de su cuerpo, “me sentí en el paraíso” con la poca luz que nos alumbraba desde la calle podía ver su rostro  retozando de placer,  Anto  recorría mi cuerpo con sus delicadas manos, haciéndome estremecer por completo.

Cuando llegué con mi boca a su sexo, “lo ignoré”.  Quería excitarla un poco más,  rozando con mis labios apenas suavemente, recorrí su entrepierna, el contorno de su vagina,  no pude contenerme más, deseaba saborear  sus jugos. Cuando introduje mi sedienta lengua  en su cavidad vaginal sentí una vez más ese  escalofrió  que le erizaba la piel.  Ella llevó sus manos  a mi cabeza y con sus dedos enredados entre mis cabellos me iba despeinando con  cada lamida que le otorgaba, “sus movimientos eran mi guía”.

Y en  cada succión que le propinaba a su  clítoris entre mis dientes sus manos más fuertemente tiraban de mi pelo avisándome  que  estaba a segundos de eyacular.

Deguste  hasta la última gota de su néctar, ella me lo entregó complacida, al mirarla   me pareció vislumbrar  una  relajada sonrisa, como premiándome.

Elevé mi cuerpo para reencontrarme con su rostro, buscando su boca, en la mía quedaban aún algunos hilos de su miel  chorreando por la comisura…  la besé apasionadamente: si hay algo que  me vuelve loco es  que beban de sus propios jugos.

Cambiamos de postura  quedando yo recostado en la butaca.  Instantáneamente ella se agacho quedando en cuclillas  frente a mí,  tenerla  totalmente  desnuda así me  enloquecía.  Tenía la pija re dura, y los huevos  ya me comenzaban a doler.

Cuando la tomo entre sus manos  y me la empezó a pajear tuve que detenerla, no quería acabar, quería seguir disfrutando de aquel momento pero no sabía cuánto  más podría aguantarme las ganas de eyacular.

La tomé de abajo de los brazos y la atraje hasta mí,  se pegó a mi cuerpo,  y la besé  por unos minutos tratando de calmar mi ansiedad.

Anto tomo el mando de la situación y volvió a bajar  pero ya esta vez no fueron sus manos las que   se apoderaron de mi pedazo, sino  su boca!!  Empezó lamiendo en círculos mi glande, eh inmediatamente fue arrastrando con su caliente lengua por todo mi tronco hasta llegar a mis huevos,  la lujuria fue más fuerte que yo y sin previo aviso le acabé en la boca, era nuestra primera vez y no conocía sus gustos, pero pareció que mi leche espesa y caliente le gustó  demasiado porque se la trago toda, abriendo la boca en “O” me mostró que no había quedado ni una gota de mi semen en ella.

Se enderezó y se me tiró encima:

-Ahora vos sentirás tu propio sabor.

Y nos comimos las bocas una vez más. Estábamos abrazados tratando de recuperarnos cuando nos sobresaltó el rington de su celular. Eran los chicos que nos andaban buscando, zafó  diciendo que volvimos a la casa en busca de dinero.

Cortó y me miró a los ojos diciendo:

– esto no puede terminar acá. Mañana a la noche te espero en casa y la seguimos…


Amor entre hermanos “El final”

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Pasaron los días, y en mi cabeza seguían las imágenes de “esa” noche.

Para colmo no se lo podía contar a nadie. Mis amigas no me entenderían. No tenía con quién descomprimir la angustia que acarreaba.

Me costaba enormemente concentrarme en la facultad. Me sentía mal, triste, abatida.

Llamé varias veces a la casa de mis padres en las siguientes semanas con la esperanza de que en algún momento fuese Iván el que atendiese, pero no; no tuve suerte.

Mamá me comenzó a enviar las encomiendas con una empresa de transporte qué casualmente el dueño es amigo de la familia y coincidentemente Esteban el hijo de este cursaba en otra facultad de la gran ciudad.

Y alguna que otra vez lo hicieron personalmente mis padres. Pero Iván no apareció más.

Y así pasaron los meses hasta que llegó el verano, y con él las vacaciones. Como cada temporada me fui a la casa de mi padres o sea a mi casa.

Y ahí sí, no pudo evitarme, nuestro primer encuentro fue frío, distante. Pero con el correr de los días ambos nos íbamos liberando de aquello que tanto nos angustiaba…

Una noche de jueves mis padres se fueron a una cena empresarial. Motivo por el cual Iván y yo nos quedamos a solas por primera vez después de tanto tiempo.

Estaba en la compu cuando entró Iván al cuarto a preguntarme si quería comer empanadas  de la rotisería de la vuelta, (sabía muy bien que eran mis preferidas) Obviamente le di el OK.

Nos acomodamos sobre almohadones en el piso del living junto a la mesita ratona mientras hacíamos zapping hasta que por fin nos pusimos de acuerdo; una peli estaba comenzando y tenía toda la pinta de estar muy buena. Comimos  y tomamos cerveza hasta el hartazgo.

Poco rato después y producto de la excesiva cantidad de birra consumida me comencé a reír como una idiota, por cualquier cosa. ¿Se repetía la escena?

Siempre que tomo un poco de más me produce lo mismo. La falta de costumbre. Me da por decir boludeces y tentarme por cualquier cosa.

La película pasó a ser ignorada por ambos.

Iván también había tomado mucho, mucho más que yo.

Empezamos a empujarnos, reírnos de la nada misma, matarnos a almohadonazos. Una cosa fue llevando la otra, el tema es que al rato nos estábamos busconeando como locos.

¡Incontrolables! nos decíamos barrabasadas, celándonos como dos viejos amantes que habían dejado pasar el tiempo como si eso fuera a cambiar los sentimientos.

Sacamos todos los trapitos al sol en medio de la calentura que bullía de nuestros poros.

Era ineludible, necesitábamos hacernos el amor.

Terminamos desgarrando la ropa del otro con toda la calentura a flor de piel. Revolcándonos con furia y pasión poseyéndonos como aquella primera vez.

Me alzó  y llevó a su habitación y allí la seguimos entre besos y arrumacos como dos ¿enamorados? Cogiendo hasta caer desplomados uno al lado del otro.

Deseaba quedarme a vivir en ese cuarto, dormirme abrazada a él. El deseo era más fuerte que yo, pero no podía correr el riesgo de que mis padres nos encontraran. Cuando decidí pararme e irme Iván me agarra la pierna y me dice: -quédate negrita, durmamos juntitos.

Ahhhhhh…. Qué placer escuchar su “casi” ruego. Me sentí flotar sobre pompas de jabón.

Le expliqué de mi miedo a que nos descubrieran y me tranquilizó diciendo: -a mi cuarto nunca entran sin llamar, así que podés quedarte tranquila.

Con tan sólo eso me convenció. Eran tantos mis deseos por quedarme que no necesité más que eso.

Fui a mi habitación, saqué la llave y cerré la puerta del lado de afuera.

Pasamos lo que quedaba de la noche acariciándonos, besándonos. No nos podíamos hacer más los tontos. Hablamos de nuestros sentimientos, de lo mucho que sufrimos después de aquella vez en mi departamento por no querer aceptar lo que nos pasaba. Era una atracción demasiado fuerte como para ignorarla.

Nos prometimos desde ese momento sincerarnos siempre, bajo cualquier tipo de eventualidad; pasara lo que pasara.

Viví la mejor noche de mi vida, y creo sin lugar a equivocarme que también lo fue para Iván.

Al día siguiente, 11:20 me desperté a su lado, dormía con carita plácida. Lo disfruté en silencio. Me lo quedé mirando como una tonta y pensando cómo podía sentirlo como hombre más qué como hermano.

Salí de esas preguntas sin respuesta y lo besé suavemente en los labios y sin que se despertara me marché a mi cuarto.

Estaba feliz por la noche vivida. Me volví a dormir sobre mi cama pero con el aroma de su piel impregnada en la mía.

Desde entonces nos seguimos viendo a escondidas hasta el día de hoy …

Hace  3 años que me recibí de contadora. Iván me ofreció trabajo en su empresa. Obviamente acepté. Qué mejor…

Desde entonces trabajo para mi hermano qué es doblemente placentero.

Me paga el doble de lo contemplado por la ley y además tenemos la excusa perfecta para pasar más tiempos juntos.

Iván montó una habitación a todo vapor al fondo de la propiedad, desde entonces ese es nuestro nidito de amor.

Hace 2 años y algunos meses se casó con “Flavia” aquella chica quedada, tímida, pero buena mina con la que ya estaba saliendo cuando tuvimos nuestro primer encuentro sexual. A la que dice querer mucho, pero que no lo satisface en la cama.  (El mismo tiempo que hace que yo empecé a salir con Santiago)

Es entendible, porque Él es terriblemente sexual. Necesita hacerlo todos los días y hasta más de una vez, y parece que ella es algo reacia, y no le soporta el ritmo. Cosa que yo sí, porque soy tan calentona como Él y disfruto mucho del buen sexo. Nada de rapiditos ni de simples misioneros. Santiago es muy fogoso también, y no deja escapar oportunidad de hacerme el amor cada vez que puede. Pero yo soy insaciable, como una verdadera ninfómana; siempre quiero más…

Flavia actualmente está embarazada de 8 meses, y me acaban de dar la noticia que me eligieron de madrina para su primera beba a la que llamaran “Ariane” y a la que voy a amar con locura, sin lugar a dudas.

Con mi cuñada me llevo fantástico, jamás desconfiaría de mí. Si supiera… con lo pacata que es se muere si se llegara a entender que su marido mi hermanito y yo cogemos a sus espaldas como dos buenos amantes.

Con mis 27 años y con todos los nervios normales de una inminente boda, estoy plena porque tengo todo lo que quiero, un futuro marido al que adoro y con el que estoy segura voy a ser muy feliz.

Unos padres joviales gozando de buena salud, babosos por la pronta llegada de su primera nieta y de su “nenita” a punto de dar el sí con el yerno ideal (lo adoran) Y cómo si esto fuera poco tengo el mejor amante que podría llegar a tener…

¡MI HERMANO!

ESPERO  HABER SACIADO SUS ESPECTATIVAS.  COMO SIEMPRE LES DIGO, ESPERO ME DEJEN SUS COMENTARIOS  EN EL POST. Y NO SE OLVIDEN DE CALIFICAR EL POST CON LAS ESTRELLITAS QUE TIENEN A LA IZQUIERA EN LA PARTE INICIAL DE LA ENTRADA.

LOS ESPERO EN MI PRÓXIMO RELATO “LA DAMA Y EL VAGABUNDO”

QUIÉN QUIERA CHATEAR CONMIGO LO PUEDEN HACER DESDE EL FACEBOOK

Amor entre hermanos (5ta parte)

Estándar

Me empujó del puff haciéndome caer sobre la alfombra. En un raudo movimiento Él también se tiró. Dio un par de giros y quedamos enfrentados, a milésimas de distancia. Se estiró lo poco  que lo separaba de mí  y me clavó su penetrante mirada. Su aliento se confundía con el mío.

– Es ahora o nunca ¿no te parece? Me dijo con voz de ganador…

No necesitó esperar mi respuesta.

Nuestras miradas se entendieron.

El lenguaje de nuestros cuerpos se hicieron oír.

Actuó efusivo. Me robó un beso, el primero de muchos.

Ambos estábamos muy nerviosos, no podíamos disimularlo, ni tampoco podíamos disimular las ganas que nos teníamos…

Literalmente nos comimos la boca. El sabor de lo prohibido fue supremo.

Nuestra respiración se agitaba. Las palabras sobraban…

En minutos su cuerpo y el mío ardían entre las llamas del deseo…

El aroma de su piel siempre me había atraído, pero ese día que pude acariciar la suavidad de ella, me di cuenta que indudablemente era la culpable de mi lasciva, tan sólo con el contacto de mis manos pude percibir la ebullición  de toda mi piel…

Mientras Iván gozaba ferviente se escurría entre mis dedos, y cada milímetro de su cuerpo vibraba sobre el mío.

A partir de ese instante ignoramos nuestros lazos sanguíneos, y pasamos a ser amantes en lugar de hermanos…

No podíamos parar de poseernos, hicimos el amor toda la noche.

Por fin pude sentir su gran pedazo de carne en mis más íntimas cavidades. Lo deseaba tanto…

En plena lujuria del acto sexual le imploré que me hiciera la cola. Desaforados como estábamos, era el momento ideal. Aproveché  y le confesé aquél día que lo vi haciéndoselo a su ex y que desde entonces me perseguía la fantasía de que me lo hiciera a mí…

-¡Qué perrita que sos hermana!  No haberlo adivinado… Me dijo entre espasmos.

Cambió de posición, y me puso a cuatro patas Iván se fue detrás de mí.

-Primero vamos a estimularlo… Susurró con un notadísimo tono de excitación.

Y con su lengua jugueteó con mi ano humectándolo con su saliva mientras este se iba dilatando a sabiendas de lo que estaba a punto de recibir.

Creo que ese fue el momento que más deliré, estaba sacada, quería aprovechar el tiempo al máximo.

Cuando por fin sentí la presión de su glande empujando por entrar me agarré fuerte de las sabanas y lo empecé a insultar con palabras groseras.

-Rómpeme el culo de una buena vez.
Sé que me lo deseas desde que éramos chicos.

¡Dale!

Partime en dos pendejo del orto

¡Putito!

¡Úsame!

¡Haceme tuya!

-Quiero ver como se pierde mi pija abriendo tu hermoso culito.
Mirá que te hago mierda eh… si te la meto de golpe vas a gritar como una yegua.

¿Eso querés?

¡Tomá!

Ahhhhh ahhhhh ahhhh

Se confundían los gemidos de ambos mientras Iván forcejeaba por introducirla por completo.

-Así hijo de perra mándala hasta el fondo.

Reaccionó como yo quería. Había despertado mi lado más salvaje, y el suyo también. Quería explotarlo y estaba cumpliendo mi fantasía más deseada.

Fuimos cogiendo por cada rincón de mi diminuto departamento. Dejando huellas de ese lujurioso encuentro carnal.

Lo sorprendí mientras lo cabalgaba bajándome así de la nada, era mi momento, era yo quién dominaría la situación…

Elevé sus piernas y las empujé sobre su cuerpo, dejando bien expuesto su hoyo, testículos y su pija dura como piedra. Y sin siquiera saber si le gustaba sentir la tibieza de mi larga y juguetona lengua fui directo a lamer su amargo y bien cerrado culito.
(Por cierto muy buena cola, para nada chato, no, no).

-Uffff nena la puta que te parió… como me gustó eso…

-¿No me digas que ninguna de tus novias te lamía el culito?

-No. Nadie.  😦

Mis gestos de asombro se mezclaban con la satisfacción que me produjo la respuesta.

Más a mi favor. Me excitaba muchísimo lamerle ahí, y mientras con una mano lo pajeaba, con mi lengua subía hasta sus huevos y los saboreaba metiéndomelos en mi boca. Bah, lo que entraba de ellos. Y así intercalaba; comiéndome ano, bolas y pija…

Con la punta de mi dedo hurgué en su culo mientras le chupaba la pija con devoción. Al ir retirando el dedo de su hoyo este latía presionando como queriendo que no saliera más…
No se imaginan lo que gozó… acabó de manera infernal…

Terminamos revolcándonos en la cama, lugar donde tuvimos un par de polvos más. Con una previa de lujo.  Sin exagerar perdí la cuenta de mis tantísimos orgasmos, los de él fueron seis. Los recuerdo muy bien. ¡Como olvidarlos!

Nos temblaban las piernas, todo nuestro cuerpo vibraba de placer. El goce fue absoluto, sublime.

Nos sorprendió el amanecer abrazados, exhaustos.

Nos  habíamos dormitados; una escena digna de haber sido capturada como insignia de esa memorable noche.

Pero al caer a la cuenta de lo que habíamos hecho no pudimos evitar sentir culpa. Arrepentidos por el desliz experimentado.

Nos levantamos, desayunamos casi sin promediar palabras, lo único que dijo fue:

-Te dejo la plata que mandaron los viejos. Y de lo otro, hagamos de cuenta que nunca pasó.  Y se fue mucho antes de lo planeado (me había dicho que se iría por la tarde)

Me quedé con una rara sensación, plena por  un lado, vacía por el otro…


Continuará…