Archivo de la categoría: Relatos Hetero

Una Dra bien putita

Estándar

– ¿Garrido? –

Llamaba la Gastroenteróloga desde la puerta de su consultorio.

– Buenas tardes Dra –

¿Qué tal Garrido? Tome asiento y cuénteme que le está pasando –

– Miré Dra desde hace un par de días que tengo comezón en el tracto anal, me estoy volviendo loco, mi mamá me dio una pomada que usa mi papá en esos casos,  a él le suele pasar seguido y con eso le calma un tocazo, pero a mí no me calmó nada. –

– A ver Garrido, sáquese el pantalón y el calzoncillo y póngase esta bata, y acuéstese boca abajo en la camilla –

– ¡Ya vengo! –

Y  se fue por una de las puertas  internas,  dejándome  solo.

Cuando saqué el turno por teléfono no se me había ocurrido pensar que podía tratarse de una Doctora en lugar de un Doctor, me daba un poco de vergüenza la situación, encima era un día agobiante, la temperatura a esa hora (las 16) pasaba los treinta grados. El sudor comenzaba a fluir de mi cuerpo, y eso me fastidiaba.

Habrían pasado un par de minutos y la veo venir de refilón.

Pero algo en ella me llamó la atención.  Había algo diferente, ¿acaso se había cambiado de ropa en ese ínterin?

Haciendo algo de esfuerzo (porque la posición no me permitía verla) me di cuenta  que” lo diferente” era la ausencia de lo que llevaba puesto debajo del guardapolvo/chaqueta  cuando me recibió.

¿Cómo no notarlo?

Si sus dos globos parecían querer arrancar los botones de la prenda que la cubría, sobrepasaba  unos pocos escasos centímetros de la  cadera,  y dejaba  ver una pollera recta,  ajustada al cuerpo y más bien corta, de color azul, haciendo juego con el corpiño azulado (seguramente fue casual)  que se divisaba entre botón y botón al abrirse la tela por la presión que ejercía ese tremendo de par de tetas.

Se intuía  bajo la chaqueta ceñida  al cuerpo  una cintura  diminuta, contrarrestando con su delantera voluptuosa.  Una muy buena figura para sus (cálculo) treinta y tantos y quizás pasaba los cuarenta, no lo sé, pero estaba “re buena”. Con esa  minifalda  que tenía puesta permitía admirar un muy buen par de piernas torneadas y un bronceado  dorado  que seguro envidiaran más de una.  A mis diecinueve años estaba mirando  a esa mujer que podría ser tranquilamente mi madre,  pero justamente mi mirada no era como la de un hijo a su madre. Je je

Menos mal que estaba boca abajo, porque se me había parado la pija mal, mal, viendo “semejante yegua” venir hacía mí.

Se casó los guantes de latex, los entalcó y mirándome a la cara  me sonrió y me dijo: – “relájate”   vamos a mirar esa colita…

Naaaaaa no podes decirme así ¡ que yegua!   Con esa voz mescla de dulzura y come hombre me mató.

Empecé a sentir  mi pija palpitar,  hacia presión contra la dureza de la camilla. Pensaba cómo haría para  pararme sin que la Dra  no se avivara.

Agarró  una lupa, y con ella en la mano se paró a mi lado, de repente sentí  el calor de sus manos  apoyadas  sobre mi culo,  con una me abría los cachetes y con la otra me miraba con la lupa.

– Creo que ya sé cuál es tu problema, si es lo que yo supongo lo vamos a poder saber en un rato. Te voy a pasar un gel, hay que esperar  veinte minutos como mínimo para ver su reacción. Ahora necesito que cambies de posición, apoyado sobre tus rodillas y manos, así tengo una mejor visión de tu ano, y facilita la penetración de la crema.

Necesito que estés relajado,  no te va a doler en absoluto si te aflojas  y  liberas la tensión que evidentemente tenés. –

– ¿De que me está hablando esta mina? Como no tensionarme si me pide que me ponga en cuatro para meterme algo en el culo… ¡Imposible!

Hice lo que pude, como lo suponía, la pija me saltó erguida, pero ella no pudo verlo, estaba detrás de mí.

Sentí sus dedos en la zona,  empezó a  dar masajes circulares con movimientos suaves, deslizándose  hacia dentro y hacia afuera,  no puedo explicarles lo bien que se sentían sus manos. Pero la cosa se complicó cuando empezó a masajearme el orificio,  me puso por demás nervioso.

– no contraigas la colita bebe, que precisamente necesito que entre la mayor cantidad de gel posible, y no estás colaborando en absoluto  conmigo, se buenito, y abrí la colita –

– hija de re mil puta, no podéssssssssss hablarme así…

Me hizo mojar la pija de una.

Traté de bajar un cambio: – discúlpeme, es que me pone muy nervioso que ande ahí. –

– ¡Así está mejor!  Necesito que no te tenses  –

-Podría estar mejor si se quitase la chaqueta, eso me distendería je je (me la jugué, cuando mucho me echaba del consultorio a patadas con el culo aceitado, pero algo me indicaba que no sería así).

– No lo puedo evitar, es más fuerte que yo, su inconmensurable belleza me ha cautivado. –

– ja-ja

¡Qué divino sos!  Bueno, si eso te hace sentir mejor… –

Se dirigió hasta la puerta, dio una vuelta de llave y volvió hacia la camilla. Con una seguridad notable, se desprendió uno a uno todos los botones de su blanco uniforme, dejando relucir su “tez dorada”. Sus pechos quedaron frente a mis ojos, parecía como si necesitaran escapar, descomprimirse ante mi mirada atónita. Por el tipo de tela (creo que se llama encaje) se podía ver claramente lo que sujetaba, incluso los pezones, que ante mi presencia se le pusieron muyyyy duros.

– ¿Conforme? –

– Como un boludo le dije que sí. ¡Qué tarado! Yo ya la tenía entregada, sino no se hubiera prendido al juego, ahí nomás tendría que haberle entrado a las tetas. –

– Me alegro que te sientas mejor –

– Naaaaaaaa qué mejor ni mejor, tenía unas ganas de ensartarla terribles, me dolían los huevos de la calentura que me hizo pegar, para colmo hacía como un mes que no la ponía.  Pero no me animaba a decirle nada. Como un boludo sólo agradecí.

¡Sí! gracias, así está súper –

– Bueno, ahora es mi turno. Dame esa colita  –

– ¡Es toda suya Dra.! –

– ¿Toda? –

– ¡Sí! Toda suya. Confío en que no me hará doler –

– Claro chiquito, verás que ni lo sentirás – (no supe a qué se refirió hasta minutos después). –

Cerré los ojos y me relajé, como pude, pero relajado al fin.

Ella se paró detrás. Apoyó sus manos en el culo y de pronto sentí algo “muy frio” en la puerta del orto. De a poco se fue deslizando lentamente pero sin dolerme. ¡Qué loco! Como que me introducía un dedo.

– Dra. ¿podría decirme qué me está haciendo? –

–  Garrido, para palpar la textura del recto tengo que revisar y ver si el prurito viene desde adentro hacia afuera. Pero no creo que te duela, porque el gel que te puse anteriormente es un anestésico –

– Ahhhhhh ¡ok!

Mientras ella me revisaba, a mi mente llegaba la siguiente conclusión. “Con razón tanto gay dando vueltas”.

–  Por último y para que ni te des cuenta cuando retiro mi dedo, te voy a masajear la zona mientras lo voy sacando despacito.

Por suerte la erupción es sólo externa, con una simple pomadita en dos o tres días desaparecerá.

Es un herpes muy común.

¡Listo bebé! ¡Ya acabé! –

– ¿No me puedo quedar unos minutos más? –

– ¿Porqué? ¿Qué pasó? ¿Te quedó doliendo?  –

¡Hija de recontra mil puta! ¿Qué me va a pasar?

– Dra. no puedo ocultarlo, es  demasiado evidente lo que me pasa –

Salí de la posición que estaba (boca abajo) y me senté al borde de la camilla

– ja-ja- ¡que tonta que soy! Debí imaginarlo.  Pero…  no fue para tanto… –

La muy yegua clavó la vista en mi pija. Me di cuenta que le gustó lo que vio, porque se le escapó una relamida recorriendo la boca con su lengua, mientras se apretujaba las tetas con ambas manos.

En ese instante tuve un sólo impulso: aun sin bajarme de la camilla la envolví con mi brazo derecho, tomándola con ímpetu de la cintura y acercándola con fuerza hacia mí.

– ¿Le gusta lo que ve?  (Agarrándome la pija con la mano) necesita atención personalizada. –

– ¡Es verdad! Veo que se puso gorda y tensa –

– ¿Y no piensa hacer nada? Vamos Doc, chúpemela ¡please!  Estalla de leche –

Primero me miró a la cara, luego bajó la mirada hasta el bulto.

– Voy a ver qué puedo hacer por él –

Bajó tímidamente las manos y lo manoteó. Lo agarró como con vergüenza, pero se le notaba lo puta en la cara, la deschababa mal.

Me lo empezó a rozar con la punta de los dedos, casi como sin querer, pero increíblemente eso me hizo calentar más. No veía la hora que se la tragara.

– Rosadita, cabezona y pocos  pelitos, mmmmm ¡lindo juguetito! –

– Todo suyo, haga lo que quiera con él, ahora es “su” juguetito –

– Pero qué paciente más servicial…  –

Me estiró la pielcita de la pija para atrás, dejando al descubierto la cabeza enrojecida y mojada. Mientras con la otra mano me agarró las bolas, me palpó los huevos desde abajo (eso me re calienta).

Al fin decidió comérmela, se la llevó a la boca, pero tan solo se metió la puntita. Jugó con su lengua rodeando la cabeza, como si estuviese lamiendo un helado derretido (acostumbrado a cogerme pendejas, esto era “el paraíso”.

Estaba entregado al placer que ella se permitiera darme.

Cuando su boca se devoró por completo mi pija no pude resistir cogerle la boca y al sentir que venía mi leche, le dije:

– Quiero cogerte las tetas y acabar en ellas –

Con una sonrisa amplia accedió a mí pedido casi desesperado, sacó sus tetas fuera del corpiño y apretándolas entre sí me miró provocativamente:

– ¡Tomá pendejo!

No alcanzó a decirlo que empecé a bombear leche como loco, salpicando hasta su cara.

La muy turra se relamía mi acabada. Bien puta la Doc, como me gustan a mí.

Me saboreaba de antemano pensando en romperle el ojete ahí mismo cuando interrumpió mis pensamientos.

–  Me bañaste en leche ¡nene!  Me voy a lavar la cara,  cuando venga espero que estés vestido –

–  ¿Qué? ¿No vamos a coger?

Quiero meterle la pija por todo sus  agujeros, por favor, no me deje así… –

– Pendejos, pendejos,  – (decía pensando en voz alta mientras me hacía la receta).

Vení dentro de quince días, quiero ver cómo evolucionó esa lesión. –

Me acompañó hasta la salida, abrió la puerta y me despidió como si nada hubiera pasado, como a un paciente más.

Salí sonriente, pensando entusiasmado en la cogida de culo que le iba a pegar.

El nuevo técnico de mi Pc

Estándar

Mi computadora estaba funcionando pésimo desde hacia unos cuantos días; pero como no me quería quedar sin ella andaba esquivando de llevarla a arreglar.

Forzosamente tuve que acudir al técnico porque la maldita maquina se me había tildado mal. Rodolfo es quien me la arregló siempre, es un hombre que calculo pasará los cuarenta años aproximadamente, es de mi entera confianza, así que teléfono en mano lo llamé.

Con tanta mala suerte que estaba vacacionando con su familia en la ciudad de Mendoza y que no volvería antes de fin de mes. Pero me recomendó que llamara a Gustavo (un colega) dijo que era muy bueno en lo suyo y además no era de los que temataban a la hora de cobrarse el arreglo. Aliviada con el dato le agradecí culminando la conversación.

Minutos más tarde llamé a Gustavo y me daba ocupado… dejé pasar un rato y volví a intentar; y ya esa vez con suerte me atendió. Con un timbre de voz gruesa, imponente, dejaba intuir su simpatía mientras me preguntaba los pormenores de mi PC.
Le expliqué lo mejor que pude (a mi manera) porque no entiendo mucho del tema, solo se usarla. Con lo cual me pidio la dirección de mi casa para irla a revisar, diciendo que en menos de una hora llegaría.

Aproveche para darme una ducha ya que el tiempo era suficiente.
Estaba saliendo del baño cuando sentí el timbre.
Quién será? Pensé …
No me quedó más alternativa que colocarme la bata e ir a atender.
Abrí la puerta y mirando por lo alto, me encontré con un bombón de unos 30 años más o menos, por su voz enseguida lo reconocí.
Con una remera blanca pegada al cuerpo y de mangas japonesas haciendo un contraste perfecto con su piel dorada, su cabello corto no llegaba a rubio, más bien castaño. Ojos grandes y verdes, boca “dibujada” de labios pulposos. Físicamente enorme .
De repente me doy cuenta que me había quedado embobada mirándolo y no lo había echo pasar…

Abriendo un poco más la puerta lo invité a entrar.
_Disculpándome por mi apariencia.
Mi imágen era patética, mis cabellos envueltos por una toalla, bajo el típico enrosque que le damos las mujeres de cabello largo para que absorba el agua excedente sin quitarlo hasta que terminamos de secarnos y de humectarnos la piel con una crema hidratante finamente perfumada, y recién ahí lo soltamos para peinar.
Mi cuerpo cubierto con una bata de seda blanca haciendo juego con las pantuflas mañaneras…

Lo dirigí a donde el PC y una vez allí señalándole la silla giratoria lo invité a sentarse. Me quedé parada detrás observando.
No me quise ir a cambiar para no dejarlo solo, hasta el momento era un completo desconocido.

Mientras reiniciaba la máquina me fue haciendo preguntas como para ir descartando ciertos problemas, en un momento giro sobre sus hombros para quedar cara a cara mientras yo hablaba, de pronto noté que su mirada se perdía sin disimulo a la altura de mis pechos, se ve que en un descuido el lazo de la bata se aflojo o en el apuro de vestirme no la ajuste lo suficiente (esa es la única contra que tiene la seda) se había abierto lo bata más de lo debido dejando escapar sutilmente mis rozados pezones fuera de ella…

Con la rapidez que caracteriza la desesperación de el incidente y con mis mejillas prendidas fuego me cubrí y ajusté el lazo …
Sin promediar palabra dándose cuenta que me había puesto nerviosa, se dio vuelta y continuó en lo suyo.

Yo seguí parada detrás cruzando con mis manos sin despegarlas de la resbalosa tela para que no se volviera abrir…
Luego de una pausa silenciosa me hizo saber que debía llevárselo a su taller, al parecer tendría que instalar nuevamente el sistema operativo .

Mi cara se transformó al instante; y como si leyera mi pensamiento me tranquilizó.
_ descuida que no te dejaré en banda, te traeré una de las mías hasta que esté lista la tuya. Suspiré de tal manera que lo hice sonreír…

(Que linda sonrisa pensé)

Me contentó!!
Y le agradecí aquel gesto para conmigo.
En un acto de caballerosidad aduce
_ que menos podría hacer ante una damisela
Ahí la que sonrió fui yo!!
Bastó con mi sonrisa para darse cuenta que me había agradado su halago.
Lo acompañe hasta la puerta de salida.
dice: tardare lo que tardo en llegar hasta mi casa y volver.
Despidiéndome con un hasta luego se marcho.
Me fui a espiarlo por el ventanal del living y me quedé mirándolo como caminaba hasta el auto. Mientras recordaba el incomodo episodio suscitado . Que vergüenza Dios!!!
Inmediatamente lo vi alejarse me fui a mi habitación a cambiarme. Algo sencillo para una tarde de sábado. Nada sofisticado, un jeans bordado, unas sandalias con algo de tacón, y una musculosa blanca que llevaBA impreso en la delantera la palabra sexy en relieve y con brillitos, sencilla pero bonita.

Arreglé el desorden que había dejado luego del baño, y sin nada más que hacer llame al celular de mi mejor amiga para contarle del técnico, (quedé embobada). No sé el rato que abremos estado hablando, pero a la hora de hablar de hombres el tiempo siempre es poco, ja ja.
LLamaron a la puerta.
Ya estaba de regreso. Llegó con un portátil mientras lo sostenía aún sin apoyarlo sobre la mesa me recorrió por completa con la mirada y comentando
_ Que linda te has puesto para recibirme!! Aunque la bata te sentaba muy bien te digo.
Una sonrisa irónica dejaba ver su blanca dentadura.

No pude menos que esbozar una sonrisa y agradecerle el piropo.
Quise salir rápidamente de la conversación e inmediatamente enfoqué mi mirada en el portátil que traía en sus manos.

Dándose cuenta de la incomodidad de las palabras anteriores acercándome el portátil a mis manos dice
_ para que no te encuentres desconectada del mundo acá te lo dejo, es el que yo uso diariamente, y estoy convencido que lo dejo en buenas manos.
RespondÍ con mi mejor cara:
_No sabes el favor que me estás haciendo, la base de mi trabajo es la compu, sin ella me atrasaría terriblemente; no sé como podré agradecerte…
Casi interrumpiéndome
_Yo se como…
_Si? Me salió un poco dubitativo (los nervios me jugaron en contra)
__ Aceptando ir a cenar esta misma noche, si es que no tienes planes, claro.
Me pareció interesante. (Tengo que cancelar la salida con las chicas) pensé.
No, no la verdad ningún programa.
Sin esperar a que le diera el OK
__ Te parece bien a las 22?
SI. Perfecto.
Se fue saludándome con un beso en la mejilla a modo de despedida; erizando mi piel al rozar sus labios con los míos. Intencional o torpeza no lo sé.

Volví a cambiarme de ropa acorde a la situación.
Como no sabía a qué sitio me llevaría escogí un vestido rojo discretamente escotado con un fino lazo que ajustaba en el cuello, dejando la espalda al descubierto, el modelo no permitía usar corpiño, pero mi pechos firmes lo permitian. Acompañe con zapatos de tacón y una diminuta carterita al tono.

Puntualmente a la hora acordada estaba ahí .

Me llevó a un restaurante muy bonito, de los mejores que hay en la ciudad.
Cálido, de iluminación más bien escaza y música tenue, haciendo de el un lugar confortable.

Era una situación un tanto extraña. No era común para mí estar sentada junto a alguien que pocas horas antes había conocido.
Mantuvimos una conversación amena. Y supimos un poco más del otro.
Ya habíamos cenado pero aún seguíamos bebiendo del exquisito vino, un Cabernet Sauvignon, pero mi cultura alcohólica siempre a sido nula.

A poco más de dos copas me empezó a subir por mi cuerpo un calor que parecería que se concentrara en mis mejillas…
__ En un tono de voz suave y relajador me preguntó si tenía calor.
Me confesé ante su mirada penetrante que parecía concentrarse en esas rosadas manzanitas que se habían incrustado en mi rostro.

Alejó la copa llevándola para su lado.

_ Mejor te pido un café…
Era una buena idea.
Me bebí el café y me levante para ir al baño, al levantarme de la silla sentí que mis piernas flojeaban, disimule bajándome el vestido; muy normal que se suba cuando se permanece mucho rato sentada.
Caminando lentamente moviendo las caderas como si fuera una top model (sabía que él me estaba mir
ando) encontré los baños y al ver la clásica muñequita pintada en la puerta; entré.

Permanecí un largo rato sentada en el inodoro esperando que se me pasara el mareo, (se me daba vuelta todo) de pronto sentí la voz de El tras la puerta…
_Te pasa algo? Me tienes preocupado estás tardando demasiado. Puedo pasar?

Que patética situación para una primera cita pensé…
Entró y se asustó al verme pálida, me ayudo a pararme y me llevó al vanitori. Me comenzó a mojar la cabeza, la frente, pasaba sus manos empapadas de agua por mi rostro, los mareos ya habían cesado, el seguía refrescándome… sacó su pañuelo y me secó.
Mientras acariciaba mi rostro suavemente… Yo como si una diavola se hubiera apoderado de mi ser, me descontrole!!
Besé sus manos, a modo de agradecimiento, me miró con un dejo de timidez y continuo secándome.
Cuando terminó lo abrasé y le pedí disculpas por el papelón.

Pensé en aguantarme las ganas pero no pude resistirme a semejante tentación, estando a escasos centímetros de esos labios era “el momento” y fui yo en busca de esa boca carnosa que parecía estarme pidiendo por favor, al posar mis labios en los suyos nos fundimos en un largo y caliente beso, estábamos tan pegados que notaba el bulto de su entrepierna crecer.

No sé si fue producto de el alcohol o que, deseaba que me penetrara ahí mismo.
Él se transformo. Sin dejar de besarme me empujaba hacia atrás hasta hacer tope contra la puerta del baño anegando la entrada a cualquiera inoportuna que quisiera interrumpirnos.
Estábamos muy excitados los dos, pero Gustavo estaba lucido, en cambio yo no tanto. Apartándose un poco de mí me tomó del mentón elevándome la cara para asegurarse que lo mirara,y se excusó diciendo ….

Sigue leyendo esta Historia haciendo click acá

Lee el resto de esta entrada

El final de la Dama y el Vagabundo (perdón por la demora)

Estándar

Bebimos la última copa sin dejar de mirarnos…

Estaba por demás “animada” aunque más bien un poco mareada, (no acostumbro a tomar alcohol), salvo en ocasiones que como esa lo ameritan.

Soy toda tuya esta noche. Quiero ser “tu puta”.

Haceme lo que quieras pendejo.

Estaba entregada al muchachito desalineado.

Luciano había despertado en mí la pasión.

(Deseaba aprovechar esa noche al máximo qué no acabase nunca)

-¿Todo, todo, lo que yo quiera?-

GUAU mujer me tenés al palo todo el tiempo…-

¿Qué parte no entendiste? ¡Todo! es todo

– Sentate en el borde de la cama. ¡Así! en la orilla está perfecto. Ahora tirá tu cuerpo hacía atrás, que tus piernas queden colgando, y levántalas.-

Luciano se arrodilló en el suelo, sobre una de las almohadas y quedó contra el borde de la cama a escasos centímetros de mi palpitante y húmeda vagina

Tomó mis piernas y las colocó por sobre sus hombros. Las empezó a besar desde los tobillos, subiendo poco a poco hasta llegar a la entrepierna, si hay algo que me “puede” es que me acaricien y estimulen la cara interna de los muslos.

Hacen mi cuerpo retozar de placer.

Percatándose de la miel de mi sexo fue en busca de ella, introduciendo sus dedos para cosecharla.

Se los llevó a la boca y los lamió con ganas, para luego retirar los dedos para introducir la boca; abarcando toda mi concha, y succionando como si quisiera devorarla.

De golpe se quedó inmóvil. No entendía lo que estaba pasando…

– ¡uy! no tengo forros.  – Comentó -¡Bajo a comprar! –

Bueno ¡bebé, te espero!

Al cabo de unos minutos estuvo de regreso.

Vertiginoso como pocos, se lo notaba alterado, eufórico, “altamente excitado”.

Con mis piernas en alto y abiertas me la metió hasta el fondo, entró apretada, se sentía más gruesa de lo que parecía.

A esa altura los dos estábamos extremadamente calientes.

En las primeras embestidas me cogió suave, y cuando la calentura se hizo inmanejable empezó a cogerme más fuerte, con movimientos firmes y penetrantes.

– Quiero deleitarme con el sonido del repiqueteo de mis bolas en tu culo –

Y vaya que las sentía… el sonido de ellas era colosal, calzaba llenándome toda.

¡Cómo gocé!

Sacó su pija empapada con mis jugos y con la ayuda de las manos me solivió la cola, puso una almohada debajo dejándome un tanto suspendida en el aire, para luego pasarla totalmente embadurnada por la hendidura que latía enardecida.

Volvió deliciosamente a penetrarme y cada dos embestidas la sacaba y frotaba con ella en mi apretadito agujerito.

Luego la restregaba ejerciendo presión ayudándose con las manos, tratando de meter su glande.

¿Qué haces? ¿Estás loco?

¡No va a entrar!

– Acabo de comprarlo (mostrándome un lubricante)

Pero despacito que él mío no está preparado para un pito como el tuyo.

– ¡Tranquila! No te voy a hacer doler. ¡Disfruta!

Sin siquiera cambiar de posición, eleve un poco más las piernas para dejar la cola bien alta; y así hacer más fácil la penetración…

Tomó el gel y colocó una generosa cantidad en mi.ano palpitante.

Con movimientos delicados hizo entrar lentamente la puntita de un dedo hasta que de a poco fue entrando por completo.

Me relamía de placer sabiendo lo qué me esperaba…

Juntó dos dedos y los introdujo, al principio sentí un poco de dolor, porque le costó entrar, pero una vez que lo consiguió los comenzó a mover hacia afuera y hacia adentro, sin sacarlos del todo… Cada tanto los giraba. Me dolía, pero tan caliente…

La presión de éstos haciendo lugar estiraba la delicada piel del recto provocando una sensación de ardor placentero…

Se inclinó un poco, y me empezó a pasar la lengua a lo ancho y largo de mi concha; rozaba con ella sus propios dedos.

Al compás de sus movimientos yo meneaba mi cadera buscando que se perdieran en mi profundidad….

Con los dos orificios llenos perdí la razón.”Caí inmersa en un océano de placer absoluto”.

¡Pendejo! quiero que me cojas el culo. ¡Ahora mismo! llénamelo con tu pija –

– ¡Lady! sus deseos son órdenes para mí.

Deseaba que me lo pidieras así… con ganas, desesperada por sentir mi verga.

Me acomodó más cerca de la orilla y llevó mis piernas hacia atrás, tocando mi pecho. Me las sostuve con mis manos dejando expuesta toda mi intimidad.

¡Mi cuerpo mendigaba ser explorado en plenitud! Y mi orificio palpitaba de la exuberante calentura que tenía.

(Era demencial lo que ese muchachote me provocaba)

Apoyó su glande y resbalando en el producto trató de penetrarme.

La posición me permitía visualizar como manipulaba su tranca, haciendo más excitante la situación.

Su pija era apretada y devorada por el hoyo que él muy bien había sabido dilatar.

Sentía cómo se engrosaba a medida que iba abriendo camino a su paso.

Una vez que logró llenarme el orificio con buena parte de su trozo se mantuvo quieto permitiendo que las ceñidas paredes del ano se adaptaran a su huésped.

(Fue sorprendente a pesar de mi estrechez y poco usado canal como logró alojarlo)

Cuando lo creyó relajado comenzó a moverse lento, suave, sugestivo, disfrutando en cada movimiento.

Sentir y ver cómo era penetrada analmente por aquel vagabundo fue sensacional, e insuperable.

Después me dio vuelta, y me puso a cuatro patas para seguir dándome sin piedad…

Poco a poco las embestidas fueron incrementando de forma desaforada. Sus huevos golpeaban en mi hinchada, roja y destrozada concha, haciendo el tan característico sonido que aumentaba aun más la excitación de ambos.

Mis gemidos se parecían a los aullidos de una loba apareada por su macho.salvaje.

Pero Luciano no era menos que yo, jadeaba transformando sus gestos de manera que hasta el día de hoy están grabados en mi mente.

Con mi mano derecha busqué acelerar el orgasmo agitando ferviente el clítoris, a medida que sentía la entrega de su simiente daba mis últimos alaridos sin importarme que me pudieran escuchar desde el hall del hotel.

Apoyado sobre mí espalda, exhausto, exhalaba a borbotones. Se quedó así, inamovible tratando de reponerse; mientras mis pulsaciones y latidos mermaban lentamente y mis rodillas comenzaban a flaquear, quedando extendida por completo.

Se bajó dejándose caer torpemente a mi lado mientras alardeaba de su posesión…

– ¡Qué buena cogida de culo te pegué!

Estoy liquidado; decía con cara de ganador sonriendo mientras se quitaba el profiláctico.

Lo sacudió para que yo viese la tremenda cantidad de leche que le había sacado.

¡Nene! me destrozaste la concha y el culo como nadie antes…

A lo que él agrega dejando caer al piso el forro.

– Qué lástima que no vivís acá. Me encantaría poder cogerte todos los días.

¡Pendejo! me hacés estremecer de sólo pensarlo…

Me giró, y tomándome el mentón antes de pararse en busca del baño me estampó un beso arrollador.

Me quedé mirando su desnudez; lindo por donde se lo mire, fresco, rozagante con ese cuerpo imponente… y me hice la pregunta que cambió mi vida para siempre: ¿qué mierda hago yo al lado del viejo de mi marido pudiendo estar con alguien así?

Mientras “Lu” se duchaba yo no podía parar de pensar…

Luciano me calentaba mucho como para no volverlo a ver más.

Fue entonces que una idea me iluminó la mente.

Convencerlo de que viaje conmigo, bancarlo el tiempo que sea necesario mientras se busca algún trabajo digno.

Al salir de la ducha se tiró en la cama me subió sobre su cuerpo y me abrazó tan fuerte que me hacia doler…

Sin imaginarse lo que yo estaba ideando dice:- ahora que te encontré no quiero dejarte ir… te quiero toda para mí.

Ahí nomás le conté mi plan.

No necesité convencerlo, sin dudarlo me dijo: con probar no pierdo nada, en cambio si me quedo te pierdo a vos…

Me lo comí a besos. Y volvimos a hacer el amor; no tan salvajemente como las anteriores, esa vez fue diferente, se podría decir que fue más pasional, con sentimientos.

Estaba feliz de saber que vendría conmigo. No me importaba el resultado de mi locura. Estaba dispuesta a enfrentar lo que pudiera acontecer, lo único que quería era tenerlo cerca para poder gozar cada vez que mi cuerpo tuviera sed de él.

Mientras yo acudí a la reunión motivo por el cual había viajado a Buenos Aires; él fue por sus pocas pertenencias, y sin más motivos para quedarnos emprendimos viaje de regreso a mi ciudad.

En el camino hice una llamada que resolvió prontamente su estadía.

La llamé a Lorena(mi amiga). Y le expliqué la situación, yo sé que no hubiese sido necesario, pero como buenas amigas que somos no quise ocultárselo.

Llegamos allá, lo dejé en un café mientras fui a mi casa por las llaves del departamento de esta pareja amiga que desde hace algunos meses por razones laborales se encuentran en Londres, y soy yo la encargada de hacer que no se note la ausencia de sus ocupantes.

Por suerte Sergio estaba en el juzgado, y los chicos en el colegio.

Tomé las llaves rápidamente y fui en búsqueda de mi conquista…

El departamento estaba listo para habitarse, yo misma llevo cada semana a la señora que trabaja en casa para asear el lugar.

Nos pegamos una ducha ahí mismo para sacarnos el cansancio de las casi 6 horas de viaje. Situación que Luciano no dejó pasar; y me cogió a su antojo bajo la ducha.

Me despedí prometiéndole que al día siguiente regresaba, le dejé plata para que se comprara algo para comer y me fui a mi casa para cumplir con mi rol de madre y esposa.

Por más de un mes y cada vez que podía me escapaba para estar con Lu, siempre encontraba alguna razón para ausentarme varias horas sin que desconfiaran de mí.

En casa teníamos trabajando al señor de mantenimiento con cama adentro. Sólo que él estaba en el departamento pegado al quincho.

Este buen hombre de 68 años llevaba mucho tiempo trabajando para mi familia.

Un día se descompuso, y falleció en la misma ambulancia que lo trasladaba hacia la clínica privada de la cuál mi esposo es uno de los dueños.

Sin dejar de lamentarme por la pérdida de Pedro automáticamente una idea iluminó mi mente.

Y desde entonces Luciano ocupa su lugar…

Hace unos días que en la intimidad del cuarto marital, entre otras cosas mi marido  me dijo estar conforme  con el nuevo empleado, haciendo el comentario de que lo encuentra MUY aplicado.

Y vaya si lo es…

De esta forma lo tengo cada vez que lo deseo, y sin tener que salir a buscar afuera lo que no tengo en casa…


A TODOS GRACIAS POR LEERME.

Y COMO SIEMPRE ESPERO ATENTAMENTE SUS COMENTARIOS

La dama y el Vagabundo (3ra parte)

Estándar

Mientras continuaba estimulando mi vagina por sobre la tanga con la otra mano acariciaba mis pechos, intercalaba con lengüeteos húmedos que hacían mi piel erizar. Mis pezones se pusieron como piedra en su boca ardiente, quería sentir esos prominentes labios por cada recodito de mi cuerpo excitado.

Me tomó la mano y me guió hasta la cama, nos recostamos sobre ella y me empezó a besar, para continuar recorriendo cada una de mis curvas, deseoso de probar con sus labios el dulce sabor de mí piel.

Me hacía arquear de placer con cada succión.

Quitó mi tanga y con su pesada mano superficialmente comenzó a frotar mi sexo, haciendo que lo deseara desesperadamente…

-¡qué mojadita!

¿Estás muy excitada eh? –

¡sí, muy caliente ¡tengo muchas ganas de vos ¡pendejo!

-me volvés loco llamándome así, éste pendejo te va a coger hasta que me supliques que deje de hacerlo-

mmmmmmm síii siii que ricooooooo

Dejó de frotarme de forma superficial para hundir un par de dedos en mi empapado orificio vaginal. Fue muy excitante sentir como se deslizaban hacia el interior perdiéndose en mí humedad, para luego entrar y salir con ellos repetidamente, a la vez que con su otra mano separaba mis labios menores, dejando expuesto mi clítoris que pedía a gritos ser estimulado.

Me lo comenzó a sobar en círculos con un solo dedo; presionando y aflojando, sin dejar de penetrarme la vagina.

El sonido que salía de mi conchita se mezclaba con los primeros gemidos que comenzaban a surgir.

-uy qué ricura…quiero ver como lames tu mielcita de mis dedos.-

Inmediatamente y casi sin terminar de decir aquello, los llevo hasta mi boca, estaban chorreando de flujito.

No me quise perder su cara, ni sus gestos, cuando cerré la boca envolví sus dedos y con mi lengua moviéndose hacia un lado y hacia el otro fui lamiendo mi propia cremita.

Su pija estallaba de calentura. Sobresalía del bóxer de tan dura que la tenía.

Y mientras lamía sus dedos no pude resistir las ganas de frotarle “el paquete”, lo hice por sobre el bóxer, desde la base de sus testículos hasta la punta del glande que asomaba generosamente mojado y brillando, asfixiado por el elástico.

Aquello era irresistible, no dábamos más…

Mis ansias por sentirla en mi boca eran desesperantes, (la chupada de pija en el auto me había dejado con ganas de más) bajé hasta ella para saciar mi ansiedad pero no me lo permitió, me detuvo de inmediato.

– Shhhhhhhh momentito, ahora no, primero quiero sentir como te venís en mi mano –

“No hizo falta que me lo pidiera”

Con sus dedos entrando y saliendo vertiginosos era algo más que inminente.

Mientras palpaba en lo más profundo de mi sexo, frotaba en paralelo con vehemencia mi clítoris…

Mis jadeos se fueron agudizando de manera tal que lo sorprendí expulsando una gran cantidad de liquido similar a la orina, pero que no lo era.

“Los que desconocen lo confunden con el pis” sin saber que eso es una verdadera eyaculación femenina, y que según leí no es muy común…

(Con mi marido me ha ocurrido en varias ocasiones, en las que estuve extremadamente excitada. Claro qué en nuestros mejores tiempos).

Seguí gimiendo y entregándole hasta la última gota de aquella eyaculación…

La cual sentía correr por mi entrepierna.

Verme tan sexual, “tan perra” lo enloqueció…

-¡Me measte! ¡Que hija de puta hermosa que sos!

Nunca antes me habían meado, ¡me encantó… putita!-

¿En serio te gustó?

-¡Totalmente! me mataste, me volaste la cabeza, tengo muchísimas ganas de cogerte, pero antes te voy a “atender” a vos-

En un arrebato busqué sus labios, me los ofrendó con entusiasmo.

Envolvió mi boca con la suya y nos entregamos en un juego excitante, entre roces y frotadas de nuestras lenguas estimulando al máximo el deseo por poseernos.

Abandonó mi boca para bajar hasta mi sexo, a la vez que con sus manos palpaba mi anatomía. Desde mi cuello hasta la planta de mis pies. En un recorrido suave y sugestivo, haciendo poner mi piel de gallina.

Sin dejarme recuperar del anterior orgasmo afirmó su cara en mi entrepierna y lamió con énfasis el néctar de aquella anterior acabada. Su ritmo exacerbado logró que comenzaron a brotar nuevos fluidos…

¡Como me calienta el olor a hembra. ¡Por Diossss!

(Ese tipo de comentario son los que me hacen sentir una verdadera puta, y me encantó que me las dijera un total “desconocido”)

Aunque no dije nada, en ese momento mis ininterrumpidos jadeos fueron suficientes para que él percibiera que estaba llegando al punto máximo de excitación, y sin dejar de lametearme el clítoris me penetró primero con un dedo, luego con dos… sentía la delgada piel de mi vulva estirarse cuando sumó un tercero, (3 de él equivalen más o menos a mi mano entera ja ja “una bestia”)

Abrí mis piernas lo más que pude para recibir aquellos dedos que a esa altura  me cogían sin piedad.

Ahhhhhhh ahhhhhhhh ahhhhhhhh

Más, más, más duro, ahhhhhhhhhh ahhhhhhhhhh

No podía parar de gemir…

¡Luciano! me viene, me viene el chorro de nuevo; apartateeeeee –

-¡Ni loco! ¡Acabá! quiero sentir tu líquido en mi boca –

Mi cuerpo comenzó a sacudirse, perdí el control, y no pude contenerlo, por inercia eleve mi pelvis, inevitablemente y escuchando sus ruegos expulsé “el gran chorro” sobre su rostro asombrado ante lo ocurrido.

Disfrutó embutido en mi cara recibiendo todo lo que le entregaba. Sin aminorar la estimulación en ningún momento…acabé 2 veces, una seguida de otra, no podía dejar de temblar.

Hasta que no pararon las convulsiones Luciano no retiró la cara de mi sexo. Cuando vi su rostro totalmente “enchastrado” me di cuenta que había sido muchísimo más que la vez anterior.

-¡Me mató!

Más que una perra, sos una loba.

Me volvés loco… que manera de gemir hija de perra… tengo la pija dolorida de tanta calentura-

Fui a higienizarme refrescarme, y al regresar la vista que tenía desde el baño no pudo ser mejor…

Me esperaba sobre la cama, boca arriba y acariciando su dura verga.

Me paré frente a su miembro, y me agarré las tetas con ambas manos y con un poco de esfuerzo logré alcanzarlas con mi boca, propinándome lametones que de tanto en tanto interrumpía pasando la lengua por mis labios, humedeciéndolos, mientras lo miraba con cara de “bebota” llevándome un dedo a la boca que lamia y chupaba con devoción haciéndome la idea que era su pedazo.

-Que puta divina–

¿Te gusta lo qué ves?

-Me calentás mucho, flaca, mucho –

Y vos a mí, ¡pendejo!

Envolviendo mi cuerpo con mis propios brazos a la altura de mis pechos como si me estuviera abrazando comencé acariciarme, deslizando mis manos por sobre mi piel todavía exudada, logrando que se resbalen con facilidad.

Fui recorriendo mi abdomen mientras meneaba mis caderas como si me estuviera penetrando, a esa altura Luciano se pajeaba descontrolado.

Subí una de mis piernas sobre el sillón que tenía a mi izquierda, (el mismo que fue cómplice de aquella paja mientras él dormía) al hacer esto, mis labios vaginales se abrieron dejando ver como mi conchita comenzaba a brillar con mi propia lubricación.

Introduje un dedo que se perdió con facilidad, entonces metí otro más, y me empecé a pajear con ellos.

Mi actuación lo estaba volviendo loco, sus gemidos no se hicieron rogar…

-ahhhhh cómo me hacés subir la leche ¡nena!–

mmmm ¿me la vas a dar?

-¡TODA!

Ahhhhhhhhh, ya viene, ahhhhhhh-

Fui hacia la cama y me le subí encima, en posición inversa. Relajé mi cuerpo entregándome al placer…

Mientras él comenzaba a chuparme la concha yo lamía sus huevos, pero como sabía que la llegada de su leche estaba por llegar me la metí toda en la boca, y la empecé a chupetear.

Mientras su lengua se movía inquieta dentro de mí, provocándome de inmediato un tremendo y glamoroso orgasmo.

Él, jadeaba y elevaba la pelvis cogiéndome la boca abruptamente…

-No te aguantes, entrégame todo. Quiero recibir tus fluidos una y otra vez y beberme todo lo que salga de ella-

Éramos un solo clamor, sus gemidos se mezclaban con mis jadeos, que a esa altura ya eran más que fuertes. No podía ocultar la detonación de mi ser.

En cada embestida me venían arcadas, que inundaban su verga con mi saliva.

Cuando me sentí venir aplasté la concha contra su cara y me refregué en ella, hasta que solté “el chorrito” (mas que chorrito fue un gran chorro).

Luciano estaba tan excitado que levantó su cadera e hizo presión contra mi boca perdiéndose por completo en ella, los huevos rebotaban en cada embestida contra mis labios.

-Ahhh ahhhh ahhhhhhh ahhhhhhhhh

¡Tomáaaaaaa puta, tómatela toda!-

Entregándome sus últimos temblores colmó mi boca con una gran lechada que desbordó por mis comisuras, sintiéndola correr por el cuello, los pechos, y muriendo en mi torso.

Fue una acabada magnifica.

Me tiré a su lado, exhausta. Luciano sonreía aún agitado.

-¡Fue increíble!

Mejor dicho: ¡Sos increíble!-

¡Gracias lindo!… vos estuviste estupendo.

Tenemos que brindar por este encuentro.

Llamé al conserje y le pedí que mandase un buen champagne.

Disfrutamos cada burbuja entre besos y mimos impensados.

Aquel muchachote no dejaba de sorprenderme. Lo creía tan bohemio y salvaje, que no me esperaba fuera tan suave y cariñoso. Sin lugar a dudas un lindo cóctel para una noche de sexo desenfrenado.


Continuará…

La nueva versión de la Dama y el Vagabundo (1ra parte)

Estándar



Soy la esposa de un reconocido Juez. Su nombre es Sergio tiene hoy 61 años, y yo “María Eugenia” 43.

Antes de él había salido con otros 3 en mi adolescencia. Chicos de mi misma edad, totalmente pendejos y huecos mentalmente.

Al conocerlo a Sergio noté gratamente la disparidad y “me enganche”. En ese entonces la diferencia de edad ni se notaba. Pero hoy día se nota, y mucho.

Soy profesora de danza árabe y de patín artístico tengo 38 alumnas entre ambos cursos.

Y puedo decir que tengo un cuerpo privilegiado. Algunas amigas me dicen que me mantengo físicamente tan bien como a mis 25 años.

Y ¡sí! Tienen razón. Mis curvas aún  innatas, mi cola y mis pechos firmes, sin estrías ni celulitis, mi piel fresca y tersa como la piel de mi hija menor que hoy tiene 14 añitos.

Pero claro, me cuido mucho,como muy sano, bebo mucha agua, voy al gimnasio 3 veces por semana, además de jugar al tenis con mis amigas en el club.

Me casé con él el día de mi cumpleaños número 21. Me deslumbró con su hombría y caballerosidad. Sus gestos y regalos me confundieron, creí estar perdidamente enamorada, pero poco a poco con el correr del tiempo ese encantamiento se fue diluyendo.

Luego llegaron los niños (3) y me quedé a su lado aún sin amarlo, por el cariño y respeto que le tengo, y porque es un padre ejemplar, y como marido también lo es, el problema es que yo no lo amo. Él dice amarme como el primer día, y le creo, porque me lo demuestra día a día.

Mínimamente hacemos el amor 2 o 3 veces por semana, (sexualmente es muy activo, para su edad. Siempre es él quién provoca la situación) yo no tengo deseos de hacerlo, pero no puedo negarme. No quiero que se dé cuenta que ya no lo amo.

Me conformo con la vida que me toca vivir, lo tengo todo, mis caprichitos son órdenes para él, nunca me cuestiona absolutamente nada, pero a veces pienso: que distinto hubiera sido sino me hubiese dejado llevar a solo 4 meses de conocernos por mis efusivos impulsos.

Había viajado sola, y paraba en un  lindo y lujoso hotel que había reservado mi esposo por internet.

Una tarde iba caminando por corrientes rumbo al teatro en busca de una platea, para ver ese espectáculo que tanto me habían recomendado

Me quedaría tan sólo unos días; y quería aprovechar mis días a full.

De pronto se acercó un muchacho que rondaría los 30 años. Con un aspecto de abandono total, de cabellos negros, largo, barba de unos días, olía bastante mal.

Cargaba consigo una mochila en sus hombros y una guitarra entre sus manos.

Se acercó y se ofreció a cantarme una canción a cambio de unas monedas o de un sándwich.

Me apenó su estado calamitoso, y a pesar de tener unos bonitos ojos color café y de voluminosas pestañas noté en su mirada una gran tristeza.

En ese instante pensé en mis hijos, y no pude evitar quererle ayudar.

Le dije que no era necesario y lo invité a merendar a la cafetería de enfrente.

Pedimos un par de gaseosas y un par de suculentos tostados lo dejé comer tranquilo, no quise molestarlo ni hacerle preguntas que pudieran incomodarlo, pero por cómo se manejaba en la mesa parecía un muchacho de buenas costumbres.

Antes que yo lo hiciera se adelantó a presentarse

– Mi nombre es Luciano Almeida, tengo 26 años, y soy Mendocino.

¡Y permítame agradecerle señora por su invitación!–

-¡Luciano! Bonito nombre. El mío es Eugenia, y también soy del interior.

No me agradezcas.

Estoy en Buenos Aires sólo por unos días.

Iba al teatro a sacar una entrada para ver un espectáculo, ¿te molestaría acompañarme?

– Como podría negarme, será un placer oficiarle de guardaespaldas habiéndose comportado tan bien conmigo. Estoy a sus órdenes –

– Creo que no me has entendido muchacho, te estoy pidiendo que me acompañes a ver la obra. Después podríamos ir a cenar algo por ahí –

– Pero señora… ¿me está diciendo en serio? Me gustaría mucho, pero… no tengo ropa para la ocasión.

– Hace tiempo que ando vagando y mis pocas pilchas dan pena, gracias por el gesto, pero no podré acompañarla.

– Si ese es el motivo por el cual no podés, no hay problema, déjamelo a mí, lo soluciono fácilmente. Salvo que… no quieras acompañarme –

– En lo más mínimo señora, estoy encantado con su invitación –

– No se habla más del tema, vayamos a sacar las entradas y luego me encargo lo de la ropa –

Volvimos con las entradas en nuestro poder (a la mitad de la segunda fila, muy buena ubicación).Camino al hotel pasamos por una casa de ropa de una marca muy reconocida en la que yo ya había estado en la mañana comprando un par camisas para mi marido.

Como nadie me conocía no me importó lo que pudieran pensar, pero… como la casa se reserva el derecho de admisión les tuve que pedir aprobación para dejar entrar a ese vagabundo al cual yo deseaba ayudar comprándole algunas prendas.

El empleado excusándose se fue adentro a consultar a su superior.

Regresó dándonos la BIENVENIDA y pensé: -¡como se nota que los comercios están en crisis!-

Luciano me pidió que fuese yo quién eligiera lo que debía ponerse para la ocasión.

El vendedor trajo varias alternativas, y de diferentes estilos, me costó decidirme, así que opté por alcanzarle al probador 3 mudas completas, incluido los zapatos, medias y bóxer.

Cuando estuvo listo con el primer cambio me llamó para que lo viera.

Me sorprendió ver la transformación de una persona con tan sólo unos simples “trapos” nuevos.

– Cuando me pruebe el otro equipo “te” llamo – (cuanta confianza pensé… pero me divirtió que lo hiciera. ¡Me gustó!

-Me pareció escuchar desde el probador que Luciano me llamaba-

Me acerqué y corrí la cortina y ¡ohhhhhh sorpresa!

¡Qué lomazo!

De espalda muy ancha, vestido no parecía tener ese cuerpazo. Todavía no se había puesto la ropa, llevaba solo el slip (blanco) y las medias del mismo color, bueno… blancas habrán sido el día que las compró.

-perdón creí escuchar que me llamaste –

(No pude evitar que mis ojos se fueran directo a su bulto, era demasiado ostentoso, no pasaba desapercibido fácilmente) cuando me di cuenta que miraba fijo “ahí”, me puse colorada de inmediato, ¡qué vergüenza!

– no pasa nada señora – quédese ya que está acá, enseguida me cambio –

Creo que se dio cuenta, pero se hizo el “tonto” y encima llamándome “señora”.

Mientras se ponía el pantalón lo miraba por el espejo. Su cola es fantástica; redondita, y bien marcada, parecida a una cola femenina.

“Quién diga que no le atrae la cola de los hombres ¡MIENTE VILMENTE!”

Y esa colita tentaba…para lengüetearla y morderla largo rato. Y cabalgar sobre ese pedazo de carne  mmmm

A mi mente llegaban pensamientos calientes y perversos, pasaban miles de imágenes, todas teniendo sexo en diferentes posiciones con él.

Me dejé de soñar despierta y aterricé en la tienda.

Le quedaba todo a su medida, así que saqué la tarjeta de crédito y le compre las 3 mudas. Sí las 3.Lo necesitaba…

Salimos de la tienda y nos fuimos al hotel.

Confesó que hacía tiempo que no entraba a un baño que no fuera público, y para ducharse tenía que pedir permiso en las estaciones de servicio y muchas veces se lo negaban.

Su historia de vida “desgraciada” me partía el alma.

El apart hotel era 5 estrellas y no le faltaba nada. Tenía todas las comodidades, incluso un bonito jacuzzi que pensaba estrenar esa noche. Pero debido a la presencia de Luciano descarté esa posibilidad.

Saqué las prendas de las bolsas, le corté las etiquetas y se la extendí sobre la cama mientras él se daba esa ducha que tanta falta le hacía.

Lo dejé sólo.

Bajé a tomar un trago al bar que está junto a la piscina, (había estado la noche anterior y me gustó mucho) no sin antes guardar todas mis cosas de valor en la caja fuerte. Por las dudas.

Dejé pasar 30 minutos y regresé.

Y lo encontré sobre el borde de la cama al lado de la ropa, (parecía otro).

Cubierto con la bata, acostado, estaba súper dormido, “lucia fantástico”, cara relajada, de facciones muy masculinas. Me imaginé que hacía tiempo que no se acostaba sobre un buen colchón.

Estaba prolijamente afeitado (se había sacado integra la barba).

Lo poco que dejaba ver la bata se veía de poco vello en el pecho, (me encantan, los osos me dan rechazo).

Me daba pena tener que despertarlo, además faltaba todavía más de 3 horas para la función.

Lo dejé dormir.

Yo me senté en el sillón frente a la cama y desde allí lo contemplaba… disfrutaba de su paz.

Pero mi curiosidad fue más allá de lo que la vista me devolvía.

Me paré del sillón y fui hacia la cama, mezcla de picardía, y de pánico, me aterraba pensar que se despertara y me encontrara en esa incómoda situación.

Me animé a deshacer el lazo que cruzaba su bata para poder tener mejor panorama…y vaya sí lo tenía.

No se había puesto ropa interior el hijo de puta.

Y tremendo pedazo de carne dormido le colgaba de entre sus piernas.

Fácil rondaba los 25 cm, y muy grueso, eso lo hacía doblemente más deseable. Acostumbrada a tener en casa un tamaño “normal”.

Me empecé a excitar de sólo verlo. Me sentí humedecer, mis dedos obedecieron mis pensamientos, y empezaron a hurgar en mi mojada conchita.

Desde que estoy con Sergio no había vuelto a tener contacto íntimo con nadie.

Desde hace años que me siento algo “asexuada” .Disfruto más conmigo misma, que teniendo sexo con mi marido.

Y en ese momento viendo el cuerpazo de Luciano me toqué hasta empapar mi tanga, y acabé imaginándome que era su boca la que recibía mi néctar.

Me incorporé rápidamente y le ajusté el lazo de la bata. Luciano seguía inmutable, nunca se entero de la pajita que me hice, gracias a él.

Salí disparando al baño, me metí en la bañera, y me quedé un largo rato allí.

Cuando salí del baño fui directo al cuarto, esperaba que Luciano ya se hubiese cambiado, pero para mi sorpresa seguía dormido.

Me ajusté la bata para asegurarme que no se desatara, y a fuerza de zamarreos; lo desperté.

-¡Vaya que dormías!-

– Perdón señora, ¡discúlpeme! me quedé dormido. ¡Qué vergüenza!-

– No te preocupes, está todo bien pero vístete que en un rato salimos.

– Mientras me voy a maquillar un poquito– (me fui al baño para dejarlo cambiar.

Cuando volví a la habitación ya estaba listo, ¡IMPECABLE! No pude contenerme y se lo hice saber.

Muy educadamente me agradeció el halago.

Le pedí que me esperase abajo mientras me cambiaba. Luego me uní a él.

Cuando llegué a la sala de estar se paró en un acto de caballerosidad. Me sorprendió y deslumbró.

No paraba de mirarme, y de decirme lo linda que estaba.

Me había soltado el cabello, lo tengo muy largo y ondulado, pero siempre lo llevaba atado salvo ocasiones especiales como la de esa noche.

Fuimos en el auto. Llevaba  un desconocido a mi lado me sentía rara, pero a la vez eso lo hacía excitante.

Durante el transcurso de la obra disfrutamos en silencio; algún que otro ligero comentario, nada más. Salimos del teatro y ahí sí, intercambiamos algún que otro comentario sobre el espectáculo.

Mientras caminábamos en búsqueda de un sitio para cenar, lo tomé del brazo no sin antes de preguntar si le molestaba que lo hiciera.

Me hallaba cómoda, y muy segura, su figura imponente me daba sensación de protección.

Elegí un restaurante muy bonito, bastante despejado para la hora, un sitio cálido, de luz tenue, acogedor.

Ambos pedimos lo mismo: una parrillada con ensalada para mí y papas fritas para él.

Entre tanta charla se aflojó, y empezó a contar de su pasado. Estaba en Buenos Aires a causa de que su hermano mellizo falleciera en un partido de rugby del que él también pertenecía.

Dice que se enojó mucho con Dios y con el mundo entero. Por eso decidió irse de Mendoza, cambiar de aire, de gente…

También me contó que abandonó su carrera, trabajo, novia, todo.

No quiso saber más nada de todo aquello que le recordase a Lisandro (Su hermano).

Mientras lo contaba sus ojos se llenaban de lágrimas y en su carita se reflejaba su entendible tristeza.

Le hablé como una madre le hablaría a un hijo en estos casos. Traté de hacerle comprender (fui inútil) que la vida continúa a pesar de todo, y que su familia sufriría doblemente; la pérdida irreparable de un hijo, y el alejamiento de él.

Estaba muy cerrado, demasiado negativo para hacerle comprender en una sola charla lo que quizás llevaría meses de terapia.

Se excusó y se fue al baño. Al regresar cambie de tema, no quise insistir, preferí hacerlo pasar un buen momento, y que por lo menos por unas horas despejase su mente de todo aquello que tanto daño lo hacía.

Luego del postre llegó el infaltable café y con el quedaría concluida  “la cita”. Pero me resistía a dejarlo ir, me daba ternura y a la vez intrigada quería saber más de él; conocerlo  más a fondo.

No supe cómo encarar la situación, no sabía cómo darle a entender que no quería que la noche terminase allí.

Pagué y nos fuimos del lugar.

Luciano me preguntó si lo podía alcanzar hasta su “lugar”, una humilde pensión que compartía con  gente de la calle como él.

Pero con el pretexto de que habían quedado sus cosas en el hotel lo llevé hasta allá.

Al llegar a la cochera le pregunté si sabía manejar, me dijo que sí, que en Mendoza había dejado un Fiat uno.

Entonces le sugerí que manejase él. Sin oponer resistencia alguna tomó las llaves y nos marchamos.

El trayecto no era muy largo.

En un momento me dijo:

-dígame que no estoy soñando, ha sido todo tan lindo… que si es un sueño no me quiero despertar. Hacía rato que no me sentía una persona normal, que no la pasaba bien, y mucho más todavía volver a sonreír.

-Me alegra haber sido yo quién te arrancara un par de sonrisas, qué por cierto es muy hermosa.

Y tutéame que no soy tan mayor. Mientras con mi mano tocaba su pierna.

¿Acaso te parezco una jovata? Tengo 43 y muchas ganas de disfrutar de la vida.

Había logrado quebrar la barrera de la seriedad, y estaba dispuesta a conquistarlo.

Había despertado la fiera que hacía tiempo estaba dormida en mí. Esa no he me sentía muy mujer, y necesitaba explotar al máximo mi conquista.

Me desaté de golpe. No crean que lo ayudé con segundas intenciones, porque no fue así. Pero algo  en mi  cabeza me hizo clic y simplemente deseaba pasarla bien, gozar, y vivir una noche inolvidablemente lujuriosa.

Y por primera vez engañar al aburrido de mí marido.

¡Sí por primera vez! Leyeron bien.

El chico era mi nuevo capricho, muy diferente a los que suelo tener normalmente: que me cambie el auto, algún tapado de visón que veía en el shopping, o una joya que me deslumbrase, o hacer algún viajecito de placer, entre tantos otros caprichitos que me concede amorosamente mi marido…

Qué fácil nos resulta sacarle lo que deseamos cuando están enamorados…

Con sólo hacerles creer que estamos perdidamente enamoradas y fingiendo como una actriz porno un par de buenos orgasmos; convenciéndolos que son lo máximo.

Luciano responde a mi pregunta anterior.

– Qué pregunta señora Eugenia. Me hace poner nervioso.

Mire si la voy a considerar una vieja con lo linda que es usted.-

– mmmm  Te pusiste nervioso… ¿Te gusto, me deseas? –

Mi mano que seguía en su muslo comenzó a ascender con firmeza haciéndole sentir mis uñas de gata en celos.

¡y sí!

Entre el vino y la excitación que Luciano me provocaba estaba entregadísima.

Lo quería sí o sí en mi cama esa  noche.

No me anduve con vueltas ni perdiendo el tiempo con histeriqueos estúpidos como una adolescente.

– Señora no me haga esto…

¡Por favor!

(Refiriéndose a la presión de mi mano sobre su pierna).

Voy a perder el control…–

-Justamente, es lo que quiero. Que te descontroles…

El cierre del pantalón te está pidiendo desesperado que lo liberes…

Y manoteé con entusiasmo su bulto dándole a entender que no se podía echar atrás.

¡Vamos!

Dejá la vergüenza de lado, podríamos pasarlo genial…

El muchacho desesperado clavó los frenos y estacionó el auto en el único hueco que encontró.

Alzando la voz dejó aflorar el macho que se ocultaba tras su apariencia sumisa.

-¡Ok!

¿Querés pija? vas a tener pija toda la noche. Me vas a tener que pedir por favor para que te la saque-

“No puedo explicarles como me calentó escucharlo… tan rudo y alterado”

-mmmm que prometedor sonó eso–
Continuará….

El día que tuve sexo con mi amiga Anto

Estándar

Somos amigos desde hace mucho tiempo, los dos nos dábamos cuenta de la gran atracción sexual que teníamos por el otro. Pero por respeto a nuestra amistad nunca nos habíamos insinuado nada. Algunas miradas cruzadas, pequeños roces; esos que te erizan la piel al mínimo contacto con el otro, pero todo en el más absoluto de los silencios. Cuando estas cosas nos ocurrían siempre alguno de los dos, disimuladamente, sacaba un tema de conversación para cortar el nerviosismo que nos provocaban estas situaciones.

Ese día para mí era “especial” era el cumple de Anto, mi mejor amiga.

Iba ya en mi auto rumbo a su casa cuando mi celular me avisa de un nuevo sms que al leerlo decía:

– Te estoy esperando.

Espero que hoy sí me des “el regalo” que hace tanto tiempo estoy anhelando. Hoy por ser mi cumple me decidí a decírtelo. Creo que sabes muy bien de lo que te estoy hablando, vos lo deseas tanto como yo.

Cuando terminé de leer el mensaje estacioné en el primer lugar libre que encontré.

Creí que estaba alucinando. Lo volví a leer pausadamente, y sí!!! Era justamente eso lo que decía. Me extrañó muchísimo porque Anto es muy conservadora. La novia ideal para presentarle a cualquier padre y que se enamoren de ella tanto como yo. Desconocí esta faceta desenfrenada, atrevida.

Para colmo me había puesto un pantalón de jeans que tiene las costuras blancas dobles, haciendo contraste con la tela (me fascinan ese tipo de pantalón, están re copados), pero esa noche noté que me apretaba bastante, principalmente en la zona de mis genitales: me los marcaba demasiado, producto de mi instantánea excitación por tremenda sorpresa.

Al llegar a su casa, toco el timbre y me recibe con un beso rozando mis labios y diciendo:

– Pasá!!!

Los chicos están en el quincho, al fondo, y mi familia cenando adelante en el comedor, por si quieres ir a saludar.

Estaba bellísima. Con unas calzas negras bien pegadas al cuerpo, realzando su figura, su cola saltona parecía quererse salir de su cuerpo, una cola para enmarcar. Arriba se había puesto una remera blanca escotada con cuello volcado, que dejaba ver debajo un top de igual color, marcando sus turgentes pechos, pero sin mostrar demasiado. Completando su vestimenta se había puesto unas botas que dijo estrenar ese día, regalo de la mamá, con un tacón importante. La recorrí con la mirada una y otra vez, mientras pensaba, hoy será el día que al fin pueda tener ese cuerpo desnudo para mí. Mi sueño se me estaba por hacer realidad.

– Bueno, vamos -dijo ella.

Y entramos a recorrer el largo pasillo que nos llevaría donde los demás. Ella iba adelante como guiándome. Su andar me volvía loco, su culo me había hipnotizado, cuando de repente se frena de golpe a mitad del pasillo, se da vuelta y con voz melosa me susurra al oído… “Lo que estás mirando con tanta insistencia hoy puede ser todo tuyo, si lo quieres, claro”.

Como si hubiera estado leyendo mis pensamientos.

_  Desde luego que quiero!!!  Es más… lo he estado deseando  desde siempre, solo que nunca me anime a decirte nada…

Pero al fin llegó el momento,  hoy será nuestro gran día…

Te haré el mejor de los regalos…

Comimos y bebimos. Las botellas vacías inundaban la mesa y el alcohol nuestra sangre. Durante toda la cena refregó suave pero intensamente mi muslo con el suyo… casi llegaba a la entrepierna; y se detenía en el límite del mantel para no ser muy evidente ante los demás. Ella lo sabía, mi excitación aumentaba con cada uno de sus eróticos roces.

Inmediatamente terminada la cena, me guió hasta su habitación con su sola mirada. En el camino nos encontramos con un total descontrol: parejas acurrucadas que nos anticipaban lo que nosotros también íbamos a consumar. Pero ocurrió algo… quizás por darse cuenta que en ese momento estaba al mando de la casa, tal caos le provocó una furia irascible que por poco destruye mis ilusiones… sentí desesperación al ver que su magnífico culo se alejaba cada vez más. Sin embargo, su furia rápidamente me devolvió las esperanzas cuando, muy enojada, me dijo:

_Salgamos… no aguanto más. Vamos a tomar algo al pub que está cerca de tu casa.

Los chicos escucharon y se prendieron a su propuesta. Al final, fuimos todos, y creo que se notó cuánto ello me molestaba; aunque dudo que comprendieran el porqué.  Al final, resignada, Anto aceptó que salgamos todos juntos. Nunca le gustó la obscena obviedad; siempre prefirió la sensual sutileza de los detalles ínfimos y calientes.

Mientras yo saludaba a los parroquianos conocidos que a esas horas todavía despuntaban el vicio, Anto y los demás ocuparon una mesa de pool…

No habrían pasado ni diez minutos cuando ella, tironeándome del brazo, me acerca a su lado sacando trompita como haciendo puchero recordándome que era su cumple y que no era de  esa manera la que quería festejar, diciéndome

_ vos sabes lo que quiero!!!

Vayámonos disimuladamente de acá, ahora que están todos entretenidos.

Y efectivamente huimos del lugar. La adrenalina se adentro en nuestros cuerpos perturbados y lujuriosos, invadiéndonos por completo.

Salimos con rumbo incierto, de lo único que sí estábamos seguros era que queríamos poseernos sin perder el tiempo.

Una vez fuera del pub la tomé de la mano y nos subimos al auto pensando que mi casa era el albergue propicio para descargar todo lo que habíamos engendrado.

Ya como es costumbre en mí y a modo automático le di play  al reproductor  que comenzó a sonar Viejas locas “Me gustas mucho” (como si lo hubiera preparado)  jaja

En el trayecto fuimos prodigándonos toda clase de mimos posibles alimentando nuestra calentura. Al llegar busqué como loco las llaves de mi guarida, pero sin obtener éxito: seguramente se cayeron de mi bolsillo al correr hasta el auto.

Ya era muy tarde y el tiempo no era nuestro mejor aliado. No había llevado demasiado dinero conmigo ni tampoco las tarjetas de crédito como para ir en busca de un hotel alojamiento.

Alce la mirada buscando la aprobación de ella… la miré  con cierta congoja por lo sucedido trasmitiéndole mi pensamiento.

Nuestra reacción fue instantánea… buscamos nuestras bocas apasionadamente fundiéndonos en un beso ardiente, como queriendo apagar el fuego que nos quemaba hasta el alma.

Nunca creí que llegaría ese momento, lo había soñado infinidad de veces, pero esa vez no fue un sueño, estaba despierto, la tenía  frente a mí, era sus labios los que estaba besando, los  que tanto he deseado.

Mis manos hurgaban en su larga y rubia cabellera, se notaba en su rostro que le gustaba sentir mis dedos escurriéndose entre ellos. Dejé sus cabellos y la tomé de la cintura atrayéndola hacia mí, era la primera vez que la tenía tan cerca, “la deseaba”.

Mi excitación era evidente, las costuras del pantalón me ajustaban tanto que me hacían doler. No parábamos de besarnos, en un momento salí de su boca para explorar con la mía su cuello, lo llené de besos, su piel se sentía muy suave, a medida que la humedad de mi boca entraba en  contacto con ella  desprendía un exquisito aroma que aumentaba mi libido aún un poco más…

Anto estaba excitadísima, su respiración iba incrementando  a  medida que nuestros cuerpos  se entregaban por completo,  introduje mi mano derecha en aquel escote que siempre había observado con timidez, rodee sus pechos con devoción, ella mordía su labio inferior  evidenciando la sensibilidad  que en ellos tenía. Mi mano izquierda acariciaba su cintura con la yema de mis dedos, pero quería hurgar un poco más… lentamente la fui deslizando  bajo sus prendas,   de golpe noté como que se le había puesto la piel de gallina y  si sintiera escalofríos,  ahí me di cuenta que era porque mi mano había alcanzado su  espalda recorriendo  su columna vertebral hasta la nuca,  haciendo firuletes con mis dedos como si fueran un pincel.  Indudablemente estaba por dibujar  mi mejor obra…

Fue entonces donde ella se permitió empezar a jugar.  Sus tibias y temblorosas manos buscaron mi bragueta acariciándome por encima del pantalón;  susurrándome al oído: _ te deseo tanto… quiero ser tuya esta noche.

Sentir aquellas palabras con la calentura que me las trasmitió y con su dulce  voz provocó en mí la lujuria total.

Me descontrolé  por completo, despertando  mi instinto salvaje  le arranqué de un solo movimiento  la remera y el top, grata fue mi sorpresa al notar que no llevaba corpiño.  Estaba frente a los pechos más bonitos que había visto en mi vida, un tamaño perfecto para la medida de mis manos, redonditos y turgentes.

Los besé una y otra vez, ella susurraba lo mucho que le gustaba, como pudimos nos despojamos del resto de la ropa, recliné los asientos  al máximo, la quería disfrutar por completo.

Besé  cada parte de su cuerpo, “me sentí en el paraíso” con la poca luz que nos alumbraba desde la calle podía ver su rostro  retozando de placer,  Anto  recorría mi cuerpo con sus delicadas manos, haciéndome estremecer por completo.

Cuando llegué con mi boca a su sexo, “lo ignoré”.  Quería excitarla un poco más,  rozando con mis labios apenas suavemente, recorrí su entrepierna, el contorno de su vagina,  no pude contenerme más, deseaba saborear  sus jugos. Cuando introduje mi sedienta lengua  en su cavidad vaginal sentí una vez más ese  escalofrió  que le erizaba la piel.  Ella llevó sus manos  a mi cabeza y con sus dedos enredados entre mis cabellos me iba despeinando con  cada lamida que le otorgaba, “sus movimientos eran mi guía”.

Y en  cada succión que le propinaba a su  clítoris entre mis dientes sus manos más fuertemente tiraban de mi pelo avisándome  que  estaba a segundos de eyacular.

Deguste  hasta la última gota de su néctar, ella me lo entregó complacida, al mirarla   me pareció vislumbrar  una  relajada sonrisa, como premiándome.

Elevé mi cuerpo para reencontrarme con su rostro, buscando su boca, en la mía quedaban aún algunos hilos de su miel  chorreando por la comisura…  la besé apasionadamente: si hay algo que  me vuelve loco es  que beban de sus propios jugos.

Cambiamos de postura  quedando yo recostado en la butaca.  Instantáneamente ella se agacho quedando en cuclillas  frente a mí,  tenerla  totalmente  desnuda así me  enloquecía.  Tenía la pija re dura, y los huevos  ya me comenzaban a doler.

Cuando la tomo entre sus manos  y me la empezó a pajear tuve que detenerla, no quería acabar, quería seguir disfrutando de aquel momento pero no sabía cuánto  más podría aguantarme las ganas de eyacular.

La tomé de abajo de los brazos y la atraje hasta mí,  se pegó a mi cuerpo,  y la besé  por unos minutos tratando de calmar mi ansiedad.

Anto tomo el mando de la situación y volvió a bajar  pero ya esta vez no fueron sus manos las que   se apoderaron de mi pedazo, sino  su boca!!  Empezó lamiendo en círculos mi glande, eh inmediatamente fue arrastrando con su caliente lengua por todo mi tronco hasta llegar a mis huevos,  la lujuria fue más fuerte que yo y sin previo aviso le acabé en la boca, era nuestra primera vez y no conocía sus gustos, pero pareció que mi leche espesa y caliente le gustó  demasiado porque se la trago toda, abriendo la boca en “O” me mostró que no había quedado ni una gota de mi semen en ella.

Se enderezó y se me tiró encima:

-Ahora vos sentirás tu propio sabor.

Y nos comimos las bocas una vez más. Estábamos abrazados tratando de recuperarnos cuando nos sobresaltó el rington de su celular. Eran los chicos que nos andaban buscando, zafó  diciendo que volvimos a la casa en busca de dinero.

Cortó y me miró a los ojos diciendo:

– esto no puede terminar acá. Mañana a la noche te espero en casa y la seguimos…


Amor entre hermanos (5ta parte)

Estándar

Me empujó del puff haciéndome caer sobre la alfombra. En un raudo movimiento Él también se tiró. Dio un par de giros y quedamos enfrentados, a milésimas de distancia. Se estiró lo poco  que lo separaba de mí  y me clavó su penetrante mirada. Su aliento se confundía con el mío.

– Es ahora o nunca ¿no te parece? Me dijo con voz de ganador…

No necesitó esperar mi respuesta.

Nuestras miradas se entendieron.

El lenguaje de nuestros cuerpos se hicieron oír.

Actuó efusivo. Me robó un beso, el primero de muchos.

Ambos estábamos muy nerviosos, no podíamos disimularlo, ni tampoco podíamos disimular las ganas que nos teníamos…

Literalmente nos comimos la boca. El sabor de lo prohibido fue supremo.

Nuestra respiración se agitaba. Las palabras sobraban…

En minutos su cuerpo y el mío ardían entre las llamas del deseo…

El aroma de su piel siempre me había atraído, pero ese día que pude acariciar la suavidad de ella, me di cuenta que indudablemente era la culpable de mi lasciva, tan sólo con el contacto de mis manos pude percibir la ebullición  de toda mi piel…

Mientras Iván gozaba ferviente se escurría entre mis dedos, y cada milímetro de su cuerpo vibraba sobre el mío.

A partir de ese instante ignoramos nuestros lazos sanguíneos, y pasamos a ser amantes en lugar de hermanos…

No podíamos parar de poseernos, hicimos el amor toda la noche.

Por fin pude sentir su gran pedazo de carne en mis más íntimas cavidades. Lo deseaba tanto…

En plena lujuria del acto sexual le imploré que me hiciera la cola. Desaforados como estábamos, era el momento ideal. Aproveché  y le confesé aquél día que lo vi haciéndoselo a su ex y que desde entonces me perseguía la fantasía de que me lo hiciera a mí…

-¡Qué perrita que sos hermana!  No haberlo adivinado… Me dijo entre espasmos.

Cambió de posición, y me puso a cuatro patas Iván se fue detrás de mí.

-Primero vamos a estimularlo… Susurró con un notadísimo tono de excitación.

Y con su lengua jugueteó con mi ano humectándolo con su saliva mientras este se iba dilatando a sabiendas de lo que estaba a punto de recibir.

Creo que ese fue el momento que más deliré, estaba sacada, quería aprovechar el tiempo al máximo.

Cuando por fin sentí la presión de su glande empujando por entrar me agarré fuerte de las sabanas y lo empecé a insultar con palabras groseras.

-Rómpeme el culo de una buena vez.
Sé que me lo deseas desde que éramos chicos.

¡Dale!

Partime en dos pendejo del orto

¡Putito!

¡Úsame!

¡Haceme tuya!

-Quiero ver como se pierde mi pija abriendo tu hermoso culito.
Mirá que te hago mierda eh… si te la meto de golpe vas a gritar como una yegua.

¿Eso querés?

¡Tomá!

Ahhhhh ahhhhh ahhhh

Se confundían los gemidos de ambos mientras Iván forcejeaba por introducirla por completo.

-Así hijo de perra mándala hasta el fondo.

Reaccionó como yo quería. Había despertado mi lado más salvaje, y el suyo también. Quería explotarlo y estaba cumpliendo mi fantasía más deseada.

Fuimos cogiendo por cada rincón de mi diminuto departamento. Dejando huellas de ese lujurioso encuentro carnal.

Lo sorprendí mientras lo cabalgaba bajándome así de la nada, era mi momento, era yo quién dominaría la situación…

Elevé sus piernas y las empujé sobre su cuerpo, dejando bien expuesto su hoyo, testículos y su pija dura como piedra. Y sin siquiera saber si le gustaba sentir la tibieza de mi larga y juguetona lengua fui directo a lamer su amargo y bien cerrado culito.
(Por cierto muy buena cola, para nada chato, no, no).

-Uffff nena la puta que te parió… como me gustó eso…

-¿No me digas que ninguna de tus novias te lamía el culito?

-No. Nadie.  😦

Mis gestos de asombro se mezclaban con la satisfacción que me produjo la respuesta.

Más a mi favor. Me excitaba muchísimo lamerle ahí, y mientras con una mano lo pajeaba, con mi lengua subía hasta sus huevos y los saboreaba metiéndomelos en mi boca. Bah, lo que entraba de ellos. Y así intercalaba; comiéndome ano, bolas y pija…

Con la punta de mi dedo hurgué en su culo mientras le chupaba la pija con devoción. Al ir retirando el dedo de su hoyo este latía presionando como queriendo que no saliera más…
No se imaginan lo que gozó… acabó de manera infernal…

Terminamos revolcándonos en la cama, lugar donde tuvimos un par de polvos más. Con una previa de lujo.  Sin exagerar perdí la cuenta de mis tantísimos orgasmos, los de él fueron seis. Los recuerdo muy bien. ¡Como olvidarlos!

Nos temblaban las piernas, todo nuestro cuerpo vibraba de placer. El goce fue absoluto, sublime.

Nos sorprendió el amanecer abrazados, exhaustos.

Nos  habíamos dormitados; una escena digna de haber sido capturada como insignia de esa memorable noche.

Pero al caer a la cuenta de lo que habíamos hecho no pudimos evitar sentir culpa. Arrepentidos por el desliz experimentado.

Nos levantamos, desayunamos casi sin promediar palabras, lo único que dijo fue:

-Te dejo la plata que mandaron los viejos. Y de lo otro, hagamos de cuenta que nunca pasó.  Y se fue mucho antes de lo planeado (me había dicho que se iría por la tarde)

Me quedé con una rara sensación, plena por  un lado, vacía por el otro…


Continuará…