El final de la Dama y el Vagabundo (perdón por la demora)

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Bebimos la última copa sin dejar de mirarnos…

Estaba por demás “animada” aunque más bien un poco mareada, (no acostumbro a tomar alcohol), salvo en ocasiones que como esa lo ameritan.

Soy toda tuya esta noche. Quiero ser “tu puta”.

Haceme lo que quieras pendejo.

Estaba entregada al muchachito desalineado.

Luciano había despertado en mí la pasión.

(Deseaba aprovechar esa noche al máximo qué no acabase nunca)

-¿Todo, todo, lo que yo quiera?-

GUAU mujer me tenés al palo todo el tiempo…-

¿Qué parte no entendiste? ¡Todo! es todo

– Sentate en el borde de la cama. ¡Así! en la orilla está perfecto. Ahora tirá tu cuerpo hacía atrás, que tus piernas queden colgando, y levántalas.-

Luciano se arrodilló en el suelo, sobre una de las almohadas y quedó contra el borde de la cama a escasos centímetros de mi palpitante y húmeda vagina

Tomó mis piernas y las colocó por sobre sus hombros. Las empezó a besar desde los tobillos, subiendo poco a poco hasta llegar a la entrepierna, si hay algo que me “puede” es que me acaricien y estimulen la cara interna de los muslos.

Hacen mi cuerpo retozar de placer.

Percatándose de la miel de mi sexo fue en busca de ella, introduciendo sus dedos para cosecharla.

Se los llevó a la boca y los lamió con ganas, para luego retirar los dedos para introducir la boca; abarcando toda mi concha, y succionando como si quisiera devorarla.

De golpe se quedó inmóvil. No entendía lo que estaba pasando…

– ¡uy! no tengo forros.  – Comentó -¡Bajo a comprar! –

Bueno ¡bebé, te espero!

Al cabo de unos minutos estuvo de regreso.

Vertiginoso como pocos, se lo notaba alterado, eufórico, “altamente excitado”.

Con mis piernas en alto y abiertas me la metió hasta el fondo, entró apretada, se sentía más gruesa de lo que parecía.

A esa altura los dos estábamos extremadamente calientes.

En las primeras embestidas me cogió suave, y cuando la calentura se hizo inmanejable empezó a cogerme más fuerte, con movimientos firmes y penetrantes.

– Quiero deleitarme con el sonido del repiqueteo de mis bolas en tu culo –

Y vaya que las sentía… el sonido de ellas era colosal, calzaba llenándome toda.

¡Cómo gocé!

Sacó su pija empapada con mis jugos y con la ayuda de las manos me solivió la cola, puso una almohada debajo dejándome un tanto suspendida en el aire, para luego pasarla totalmente embadurnada por la hendidura que latía enardecida.

Volvió deliciosamente a penetrarme y cada dos embestidas la sacaba y frotaba con ella en mi apretadito agujerito.

Luego la restregaba ejerciendo presión ayudándose con las manos, tratando de meter su glande.

¿Qué haces? ¿Estás loco?

¡No va a entrar!

– Acabo de comprarlo (mostrándome un lubricante)

Pero despacito que él mío no está preparado para un pito como el tuyo.

– ¡Tranquila! No te voy a hacer doler. ¡Disfruta!

Sin siquiera cambiar de posición, eleve un poco más las piernas para dejar la cola bien alta; y así hacer más fácil la penetración…

Tomó el gel y colocó una generosa cantidad en mi.ano palpitante.

Con movimientos delicados hizo entrar lentamente la puntita de un dedo hasta que de a poco fue entrando por completo.

Me relamía de placer sabiendo lo qué me esperaba…

Juntó dos dedos y los introdujo, al principio sentí un poco de dolor, porque le costó entrar, pero una vez que lo consiguió los comenzó a mover hacia afuera y hacia adentro, sin sacarlos del todo… Cada tanto los giraba. Me dolía, pero tan caliente…

La presión de éstos haciendo lugar estiraba la delicada piel del recto provocando una sensación de ardor placentero…

Se inclinó un poco, y me empezó a pasar la lengua a lo ancho y largo de mi concha; rozaba con ella sus propios dedos.

Al compás de sus movimientos yo meneaba mi cadera buscando que se perdieran en mi profundidad….

Con los dos orificios llenos perdí la razón.”Caí inmersa en un océano de placer absoluto”.

¡Pendejo! quiero que me cojas el culo. ¡Ahora mismo! llénamelo con tu pija –

– ¡Lady! sus deseos son órdenes para mí.

Deseaba que me lo pidieras así… con ganas, desesperada por sentir mi verga.

Me acomodó más cerca de la orilla y llevó mis piernas hacia atrás, tocando mi pecho. Me las sostuve con mis manos dejando expuesta toda mi intimidad.

¡Mi cuerpo mendigaba ser explorado en plenitud! Y mi orificio palpitaba de la exuberante calentura que tenía.

(Era demencial lo que ese muchachote me provocaba)

Apoyó su glande y resbalando en el producto trató de penetrarme.

La posición me permitía visualizar como manipulaba su tranca, haciendo más excitante la situación.

Su pija era apretada y devorada por el hoyo que él muy bien había sabido dilatar.

Sentía cómo se engrosaba a medida que iba abriendo camino a su paso.

Una vez que logró llenarme el orificio con buena parte de su trozo se mantuvo quieto permitiendo que las ceñidas paredes del ano se adaptaran a su huésped.

(Fue sorprendente a pesar de mi estrechez y poco usado canal como logró alojarlo)

Cuando lo creyó relajado comenzó a moverse lento, suave, sugestivo, disfrutando en cada movimiento.

Sentir y ver cómo era penetrada analmente por aquel vagabundo fue sensacional, e insuperable.

Después me dio vuelta, y me puso a cuatro patas para seguir dándome sin piedad…

Poco a poco las embestidas fueron incrementando de forma desaforada. Sus huevos golpeaban en mi hinchada, roja y destrozada concha, haciendo el tan característico sonido que aumentaba aun más la excitación de ambos.

Mis gemidos se parecían a los aullidos de una loba apareada por su macho.salvaje.

Pero Luciano no era menos que yo, jadeaba transformando sus gestos de manera que hasta el día de hoy están grabados en mi mente.

Con mi mano derecha busqué acelerar el orgasmo agitando ferviente el clítoris, a medida que sentía la entrega de su simiente daba mis últimos alaridos sin importarme que me pudieran escuchar desde el hall del hotel.

Apoyado sobre mí espalda, exhausto, exhalaba a borbotones. Se quedó así, inamovible tratando de reponerse; mientras mis pulsaciones y latidos mermaban lentamente y mis rodillas comenzaban a flaquear, quedando extendida por completo.

Se bajó dejándose caer torpemente a mi lado mientras alardeaba de su posesión…

– ¡Qué buena cogida de culo te pegué!

Estoy liquidado; decía con cara de ganador sonriendo mientras se quitaba el profiláctico.

Lo sacudió para que yo viese la tremenda cantidad de leche que le había sacado.

¡Nene! me destrozaste la concha y el culo como nadie antes…

A lo que él agrega dejando caer al piso el forro.

– Qué lástima que no vivís acá. Me encantaría poder cogerte todos los días.

¡Pendejo! me hacés estremecer de sólo pensarlo…

Me giró, y tomándome el mentón antes de pararse en busca del baño me estampó un beso arrollador.

Me quedé mirando su desnudez; lindo por donde se lo mire, fresco, rozagante con ese cuerpo imponente… y me hice la pregunta que cambió mi vida para siempre: ¿qué mierda hago yo al lado del viejo de mi marido pudiendo estar con alguien así?

Mientras “Lu” se duchaba yo no podía parar de pensar…

Luciano me calentaba mucho como para no volverlo a ver más.

Fue entonces que una idea me iluminó la mente.

Convencerlo de que viaje conmigo, bancarlo el tiempo que sea necesario mientras se busca algún trabajo digno.

Al salir de la ducha se tiró en la cama me subió sobre su cuerpo y me abrazó tan fuerte que me hacia doler…

Sin imaginarse lo que yo estaba ideando dice:- ahora que te encontré no quiero dejarte ir… te quiero toda para mí.

Ahí nomás le conté mi plan.

No necesité convencerlo, sin dudarlo me dijo: con probar no pierdo nada, en cambio si me quedo te pierdo a vos…

Me lo comí a besos. Y volvimos a hacer el amor; no tan salvajemente como las anteriores, esa vez fue diferente, se podría decir que fue más pasional, con sentimientos.

Estaba feliz de saber que vendría conmigo. No me importaba el resultado de mi locura. Estaba dispuesta a enfrentar lo que pudiera acontecer, lo único que quería era tenerlo cerca para poder gozar cada vez que mi cuerpo tuviera sed de él.

Mientras yo acudí a la reunión motivo por el cual había viajado a Buenos Aires; él fue por sus pocas pertenencias, y sin más motivos para quedarnos emprendimos viaje de regreso a mi ciudad.

En el camino hice una llamada que resolvió prontamente su estadía.

La llamé a Lorena(mi amiga). Y le expliqué la situación, yo sé que no hubiese sido necesario, pero como buenas amigas que somos no quise ocultárselo.

Llegamos allá, lo dejé en un café mientras fui a mi casa por las llaves del departamento de esta pareja amiga que desde hace algunos meses por razones laborales se encuentran en Londres, y soy yo la encargada de hacer que no se note la ausencia de sus ocupantes.

Por suerte Sergio estaba en el juzgado, y los chicos en el colegio.

Tomé las llaves rápidamente y fui en búsqueda de mi conquista…

El departamento estaba listo para habitarse, yo misma llevo cada semana a la señora que trabaja en casa para asear el lugar.

Nos pegamos una ducha ahí mismo para sacarnos el cansancio de las casi 6 horas de viaje. Situación que Luciano no dejó pasar; y me cogió a su antojo bajo la ducha.

Me despedí prometiéndole que al día siguiente regresaba, le dejé plata para que se comprara algo para comer y me fui a mi casa para cumplir con mi rol de madre y esposa.

Por más de un mes y cada vez que podía me escapaba para estar con Lu, siempre encontraba alguna razón para ausentarme varias horas sin que desconfiaran de mí.

En casa teníamos trabajando al señor de mantenimiento con cama adentro. Sólo que él estaba en el departamento pegado al quincho.

Este buen hombre de 68 años llevaba mucho tiempo trabajando para mi familia.

Un día se descompuso, y falleció en la misma ambulancia que lo trasladaba hacia la clínica privada de la cuál mi esposo es uno de los dueños.

Sin dejar de lamentarme por la pérdida de Pedro automáticamente una idea iluminó mi mente.

Y desde entonces Luciano ocupa su lugar…

Hace unos días que en la intimidad del cuarto marital, entre otras cosas mi marido  me dijo estar conforme  con el nuevo empleado, haciendo el comentario de que lo encuentra MUY aplicado.

Y vaya si lo es…

De esta forma lo tengo cada vez que lo deseo, y sin tener que salir a buscar afuera lo que no tengo en casa…


A TODOS GRACIAS POR LEERME.

Y COMO SIEMPRE ESPERO ATENTAMENTE SUS COMENTARIOS

»

  1. Genial, como siempre, no se puede esperar menos… Me encantó el final, “sin tener que salir a buscar afuera lo que no tengo en casa…”, muy rebuscada la señora!!! Felicidades por tan prolífica imaginación.

  2. Impresionante relato!!!! Me gustó muchisimo cada detalle de la penetración anal! Gracias por volver!!!!

  3. Muy bueno tú relato, me ha encantado, con todos los detalles que sin duda buscamos los lectores, recibe mi felicitación……….muaksss.

  4. Oye Martina! me ha encantado lo turra que ha sido la protagonista de tu historia. Quiero creer que no es real. O sí? me quitas la duda please…

  5. excelenteeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

    quiero más más y más escritos

  6. Muy bueno, diria buenisimo por el realismo de las situaciones. Que delicias son las senoras

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