Infidelidad por amor a mi marido (2da parte)

Estándar

-¡Buenos días Sergio! Usted dirá.

-Ay Anna tanto tiempo que hace que trabajas para mí y todavía no me tuteas. Mirá que te lo he pedido eh…

-Me cuesta mucho, es por una cuestión de respeto señor. Soy una chica de campo, criada a la antigua se lo he dicho muchas veces.

-Está bien Anna! Yo te lo voy a seguir pidiendo hasta que lo logre (sonrió) ¿Podrías sacarte los anteojos? Privarme de tus ojos  es un pecado inconcebible… ¿No te parece?

-¿Es necesario? Es que tengo una pequeña molestia, por eso me los dejé.

-¡Anna! Llevás más de 3 años en la empresa y te conozco casi de memoria, y sé que me estás mintiendo. ¿Qué me estás ocultando? ¿No me digas que tu marido te pegó?

-Noooooo, miré si mi marido me va a pegar….

-Entonces… ¿qué te pasó?

Acá es donde puse en marcha el plan que acaba de idear…

Me saqué los anteojos y no pude contener una lágrima que afloraba deslizándose por mi mejilla. (El tener que contar me hizo aflojar y acercarme más a la persona y no al jefe en sí).

Inmediatamente él pegó la vuelta del escritorio y con su dedo me secó la gota que ya estaba a la altura de la comisura. Me abrazó muy, muy fuerte y me dijo: olvídate que soy tu jefe, en este momento el que te escucha es un amigo más…

No puedo negar que su proceder fue noble, espontaneo, y admirable. No me esperaba esas palabras, pero inconscientemente eran las que necesitaba.

Me escuchó con atención. No quise abusar de su tiempo y traté de ser lo más breve posible.

Le expliqué de la desocupación de Andrés, de los problemas que eso nos ocasionó,  y sin dejarme terminar de hablar me dijo: -a ver linda, no desesperes que no está muerto quién pelea” si el problema es económico, se le puede encontrar solución.

-Créame, que ya hemos pensado todo y no le encontramos la vuelta, es mucha plata…

Me largué a llorar…

-¿Anna, vos sos consciente de lo mucho que yo te aprecio?

Mientras estiraba sus  brazos rodeando mi espalda y encerrándome con ellos en un abrazo fuerte, envolvente, acogedor, pegándome a su esbeltez.

Lloraba como una tonta y me sonaba la nariz con vigor, me hallaba totalmente compungida, no me salió ni una sola palabra para responderle.

Lo bien qué me sentí en sus brazos me sorprendió.  Necesitaba más que nada en el mundo un poco de contención. No es que Andrés no me contuviese, pero era diferente, la estábamos padeciendo juntos y como que no me alcanzaba…

– Si no lo sabías, ahora lo sabés. Más allá de gustarme, ¡mucho!, intuyo que lo sabés desde el inicio, porque siempre te.digo piropos, respetuosos, pero sinceros…

Te quiero mucho como persona, más allá del vínculo laboral que nos une. No puedo, ni quiero verte padecer ninguna situación angustiosa.

Separando un poco su cuerpo del mío y con sus ojos clavados  en mi mirada triste, brillosa por otra lágrima que estaba a punto de soltar…

¡Déjame ayudarte!

-¿Pero cómo? ¿Cómo podría ayudarme? Sonaba de nuevo mi nariz aliviando mis fosas nasales y arrasando con ella mi congoja.

– ¡Soltate, libérate! permíteme que te demuestre lo que puedo hacer por vos. Creo que llegó el momento que te dejes mimar…

Con su pulgar en alto secó las cargadas lágrimas que estaban por explosionar. Llevó el dedo hasta mi boca y recorrió mis labios con pasión.

Se lo besé justo antes de que lo retirase, y le dije: – ¡gracias Sergio! me siento mejor, me sorprendió gratamente “su” ayuda.

-¡BASTA! Basta de llamarme de usted. Práctica, vuélvelo a decir, pero tuteándome.

– Con una risita solloza ante otro panorama de mi situación…

– Me siento mucho mejor, “te” agradezco sinceramente Sergio  tu acogimiento.

– De nada preciosa. Por tu lealtad intachable para conmigo te mereces esto y mucho más…

Me acarició la cabeza dejando caer su mano a lo largo del cabello.

– ¿Estás mejor?

Claro que lo estaba. Si bien no sabía hasta dónde llegaría su ayuda, su “despreocúpate” me dio la seguridad necesaria para aliviarme.

– ¡SI! Muchísimo  mejor. “Dígame” lo del proyecto. Perdón; “decime” eso del nuevo proyecto.

– Así está mucho mejor. ¿Viste que no es tan difícil?…   (Refiriéndose al tuteo)

Estuve casi 2 horas en su despacho, escuchando con atención sus innovaciones. Luego, al retirarme le volví a agradecer con palabras su gesto.

Al llegar a casa me esperaba Andrés, alicaído, desalentado, y no pude contener las ganas de contarle lo que me había dicho el jefe. Se lo conté. ¿Pará qué? Se me armó,  Andrés es celoso, ahí nomás me dijo: – ¿y el pagó como será?

– Me lo va a ir descontando de a poco, vos despreocúpate, mi amor.

¡Festejemos!

Quiero que hagamos el amor ahora. ¡YA!

Me agarró la mano y me llevó a la cocina. Me trepó arriba de la mesa; me arrancó la ropa a tirones, como con bronca y empezó a chuparme la concha (es muy bueno haciendo sexo oral).

Sin dejar de amasijar las tetas (100) “su debilidad”. No podía parar de jadear, mi cuerpo vibraba en su boca, él, seguía lamiendo con ímpetu, bebió cada gota que mi sexo le entregó.

Subió hasta mi rostro y abriéndola me mostraba como se tragaba mis últimos jugos.

Porque si a ustedes “hombres” les gusta ver cómo nos tragamos sus lechita nosotras también disfrutamos del mismo acto.

Me dio un beso de esos que te dejan “tarambana. Lo pone loquísimo, lo calienta sobremanera “mi boquita petera”; así me la bautizó Andrés.

En otra ocasión hubiese estado con el mástil erguido al instante, pero eso no sucedió; y se rabió.

Tras mi intento de consuelo, con las típicas palabras que se dicen en ese “mal” momento, le sugerí que nos diéramos una duchita juntitos. Estaba medio contrariado. Pero igual aceptó.

No podía fallar, la ducha es infalible entre “nos” je je

Lo hicimos en todas las variantes posibles que la ducha nos permitió.

Quedamos exhaustos.

Preparé la cena y nos fuimos a dormir. Yo daba vueltas y vueltas sin lograr conciliar el sueño, no me podía sacar de la cabeza las palabras de Sergio.

¿Qué me pediría a cambio? y

¿Hasta dónde sería capaz de animarme? …

Al día siguiente todo indicaba ser un día más…

Ni bien lo escuché llegar a Sergio me puse nerviosa, ya no era como cualquier otro día, algo había cambiado.

Al rato de llegar, en lugar de pedirme por el intercomunicador que le alcanzara el café lo hizo directamente; abrió la puerta de mi oficina sorprendiéndome, no me lo esperaba.

En lugar de pedirme un café me pidió que le llevase dos. Tras un cordial saludo de buenos días…

– Enseguida se lo alcanzo. Ahí nomás me autocorregí. Te los alcanzo.

Volví con ellos y los dejé sobre el escritorio, supuse que estaría en una reunión de negocios, pero para mí sorpresa no había nadie. El despacho estaba vacío.

Atravesaba la puerta para retirarme cuando lo escucho que me llama desde el fondo, desde el apartado donde tiene su gimnasio.

-Por favor Anna, tráelos para acá.

Y para el fondo me dirigí con las dos tazas sobre una bandeja.

Continuará…

»

  1. Paciencia please- Estoy terminando otra historia. El de los hermanos. Pero muhas gracias por comentar y leerme.
    Besitos
    Martu

  2. muy bueno marti, pero te recomendaria publicar todo cuando tengas un final, eso no se hace, no nos dejes con la intriga jajajaja

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s