La Doctora y un paciente muy caliente!!

Estándar

– ¿Garrido? –

Llamaba la Gastroenteróloga desde la puerta de su consultorio.

– Buenas tardes Dra –

¿Qué tal Garrido? Tome asiento y cuénteme que le está pasando –

– Miré Dra desde hace un par de días que tengo comezón en el tracto anal, me estoy volviendo loco, mi mamá me dio una pomada que usa mi papá en esos casos,  a él le suele pasar seguido y con eso le calma un tocazo, pero a mí no me calmó nada. –

– A ver Garrido, sáquese el pantalón y el calzoncillo y póngase esta bata, y acuéstese boca abajo en la camilla –

– ¡Ya vengo! –

Y  se fue por una de las puertas  internas,  dejándome  solo.

Cuando saqué el turno por teléfono no se me había ocurrido pensar que podía tratarse de una Doctora en lugar de un Doctor, me daba un poco de vergüenza la situación, encima era un día agobiante, la temperatura a esa hora (las 16) pasaba los treinta grados. El sudor comenzaba a fluir de mi cuerpo, y eso me fastidiaba.

Habrían pasado un par de minutos y la veo venir de refilón.

Pero algo en ella me llamó la atención.  Había algo diferente, ¿acaso se había cambiado de ropa en ese ínterin?

Haciendo algo de esfuerzo (porque la posición no me permitía verla) me di cuenta  que” lo diferente” era la ausencia de lo que llevaba puesto debajo del guardapolvo/chaqueta  cuando me recibió.

¿Cómo no notarlo?

Si sus dos globos parecían querer arrancar los botones de la prenda que la cubría, sobrepasaba  unos pocos escasos centímetros de la  cadera,  y dejaba  ver una pollera recta,  ajustada al cuerpo y más bien corta, de color azul, haciendo juego con el corpiño azulado (seguramente fue casual)  que se divisaba entre botón y botón al abrirse la tela por la presión que ejercía ese tremendo de par de tetas.

Se intuía  bajo la chaqueta ceñida  al cuerpo  una cintura  diminuta, contrarrestando con su delantera voluptuosa.  Una muy buena figura para sus (cálculo) treinta y tantos y quizás pasaba los cuarenta, no lo sé, pero estaba “re buena”. Con esa  minifalda  que tenía puesta permitía admirar un muy buen par de piernas torneadas y un bronceado  dorado  que seguro envidiaran más de una.  A mis diecinueve años estaba mirando  a esa mujer que podría ser tranquilamente mi madre,  pero justamente mi mirada no era como la de un hijo a su madre. Je je

Menos mal que estaba boca abajo, porque se me había parado la pija mal, mal, viendo “semejante yegua” venir hacía mí.

Se casó los guantes de latex, los entalcó y mirándome a la cara  me sonrió y me dijo: – “relájate”   vamos a mirar esa colita…

Naaaaaa no podes decirme así ¡ que yegua!   Con esa voz mescla de dulzura y come hombre me mató.

Empecé a sentir  mi pija palpitar,  hacia presión contra la dureza de la camilla. Pensaba cómo haría para  pararme sin que la Dra  no se avivara.

Agarró  una lupa, y con ella en la mano se paró a mi lado, de repente sentí  el calor de sus manos  apoyadas  sobre mi culo,  con una me abría los cachetes y con la otra me miraba con la lupa.

– Creo que ya sé cuál es tu problema, si es lo que yo supongo lo vamos a poder saber en un rato. Te voy a pasar un gel, hay que esperar  veinte minutos como mínimo para ver su reacción. Ahora necesito que cambies de posición, apoyado sobre tus rodillas y manos, así tengo una mejor visión de tu ano, y facilita la penetración de la crema.

Necesito que estés relajado,  no te va a doler en absoluto si te aflojas  y  liberas la tensión que evidentemente tenés. –

– ¿De que me está hablando esta mina? Como no tensionarme si me pide que me ponga en cuatro para meterme algo en el culo… ¡Imposible!

Hice lo que pude, como lo suponía, la pija me saltó erguida, pero ella no pudo verlo, estaba detrás de mí.

Sentí sus dedos en la zona,  empezó a  dar masajes circulares con movimientos suaves, deslizándose  hacia dentro y hacia afuera,  no puedo explicarles lo bien que se sentían sus manos. Pero la cosa se complicó cuando empezó a masajearme el orificio,  me puso por demás nervioso.

– no contraigas la colita bebe, que precisamente necesito que entre la mayor cantidad de gel posible, y no estás colaborando en absoluto  conmigo, se buenito, y abrí la colita –

– hija de re mil puta, no podéssssssssss hablarme así…

Me hizo mojar la pija de una.

Continuará…

»

  1. Hola Martina!
    No pues pase por aqui a ver si encontraba la continuación del relato! (Garrido).
    Te Felicito me gustan tus relatos y los efectos secundarios

  2. Seeeee, siempre salgo calienteeee y el problema es que no se donde meterlaaaaaaa.
    Un beso de mi pija para tu conchitaaaa 😉

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