Varada en la ruta (2da Parte)

Estándar

Cuando descendió de la camioneta sólo alcance a verle los pies, eran grandes, llevaba puesto zapatos negros, brillosos “impecables”. Caminó hacía a mí.


Lo empecé mirando desde abajo, de piernas largas, vestía un traje azulado, corbata blanca con rayas celestes, y una camisa blanca.

Mi primer pensamiento fue -¡Qué elegancia!-

-¡Hola linda! ¿Qué te pasó? –

Grrrrrrrrrrrr

Segundo pensamiento cuando lo miré a la cara:

-“papito”- qué lindo sos. Pero grande! debe pasar los 40, seguro. (Y sí; todo eso pensé en cuestión de segundos)

Muy, muy alto. De contextura robusta, no gordo.

Pelo corto, castaño claro, sin llegar a rubio, un aro no muy grande adornaba su oreja derecha. Una barba no muy tupida. Tenía puesto unos anteojos de sol que se los quitó cuando estuvo a mi lado.

Lo miré a los ojos…

Tercer pensamiento: ¡Qué ojazos!

Grandes, azules, preciosos, mirada penetrante. Enamorante…


¡Hola! Gracias por detenerte, ya nadie para, la gente anda con miedo y desconfía de todo.

No sé bien que pasó, lo detuve porque empezó a hacer un extraño ruido, es preferible parar antes de seguir, y romper algo más.

Pero lo peor es haberme dado cuenta que no alcé el celular.

No tengo para llamar el auxilio.

Metió la mano en el bolsillo y sacó un lindísimo laptop

¡Toma linda! llamá tranquila… Mientras ¿Me permitís que lo mire?

Me estiré un poco y tomé el celular.

Mientras comento: ¿Podrías?…

Es que verte así, tan impecable…

Mirá si te ensucias…

– Naaa, no pasa nada, no te preocupes. –

Mientras tanto yo intentaba comunicarme con los del remolque.

Pensé: adiós plan.

Había quedado el capot levantado. Lo puso en marcha y le  metió mano; no sé si entendería algo pero las manos se las ensucio bastante; ja ja

Ah mirá acá está el problema: levanté la tapa de la válvula y se ve un agujero justo en el medio de la cabeza del pistón.

– Decime ¿vos sos de mardel? –

De Necochea.

– Ahhhh… ¿y sí en vez de llamar al remolque de allá te llamo al mío? Es una pena que estando tan lejos te tengas que volver, puedo hacer que te lo solucionen acá.

¿Regresas en el día? –

¡Sí! Esa esa la idea.

Te cuento; tengo un amigo que es mecánico, lo llamo para avisarle si puede mirarlo enseguida y si dice que sí y vos estás de acuerdo lo mandamos a su taller.

¿En serio harías eso?

– ¡Claro! ¿Por qué no?

Cómo ni nos conocemos…

– ¡Hasta hoy! Me llamo Lucio. ¿Y vos? –

Ja Ja tenés razón.

Julieta. Mucho gusto.

Estiraba mí brazo para estrecharle la mano, pero él prefirió un saludo un poco más amistoso; acercó su rostro al mío dándome un beso en la mejilla.

Inesperadamente su actitud me provocó un escalofrió que me recorrió el cuerpo.

Accedí a su ofrecimiento y le entregué el celular para que hiciese los llamados pertinentes.

Mientras este lo hacía me dispuse a acomodar las cosas dentro del bolso.

Unas nubes amenazantes taparon el hermoso sol que nos había acompañado en el transcurso de la mañana, y en escasos minutos el cielo se cubrió por completo.

Comenzó a levantarse una fuerte brisa fría.

(Maldita costumbre de nunca alzar abrigo)

Comencé a tiritar. Mi piel reaccionó de inmediato, encrespándose. Al igual que los pezones.

Se volvió a acercar a  mí.

-¡Linda! Estás temblando de frío.-

Automáticamente se quitó el saco y me lo coloco sobre los hombros, cómo todo un caballero que supuse que era.

– ¡Listo!

¡Relájate!

Solucionado el problema. Ahora solo resta esperar a que llegue la grúa. –

Muchas gracias Lucio. No sabés cuanto agradezco tu ayuda.

Qué suerte la mía. De no haber sido por vos, vaya a saber cuánto tiempo hubiese estado acá.

– ¿Como no detenerme ante una dama solicitando ayuda? Y si la misma es tan hermosa imposible resistirse –

Pensé:

¡Guau…Qué hombre!

Su expresión acreditaba aun más la idea de que rondaba los cuarenta y tantos…

Me vas a hacer sonrojar.

– No tenés porqué; no digo más que lo que ven mis ojos. Y ante ellos no puede haber mejor ejemplar.

¿Sácame de una duda? ¿Sos modelo?–

No. Modelé alguna que otra vez pero nada irrelevante, nunca di con las personas indicadas. Pero me hubiese gustado.

– Qué desperdicio, con esa cara y  ese cuerpo no tenés nada que envidiarle a Nicole Neuman, por citar a una grande de las pasarelas –

No sigas que me la voy a terminar creyendo. Ja Ja

– ¿No me digas que no sos consciente de tu belleza? ¿Ni de lo que logras despertar en los demás?…

Sin esperar respuesta continuó diciendo: subamos que se está largando fuerte.

Bajó el capot de mi auto, me tomó de la mano y me llevó hasta su vehículo.

Al subir el tajo de la pollera se abrió demasiado, haciendo que se deslice la tela hacia arriba, dejando mi pierna casi al descubierto.

Sus ojos se posaron de inmediato en la abertura. No disimulo en absoluto.

Me di cuenta de lo sucedido y ni bien apoyé la cola sobre el asiento me la bajé.

Pero claro, el tajo igual se abría, para colmo justo era de su lado.

Tras cerrar la puerta y acomodarme dice:

– No seas así. Hermosísimas piernas mujer, no las escondas. Lucilas con orgullo.

Yo qué tu novio no podría ni siquiera considerar la idea de dejarte venir solita.-

Pero como novio no tengo…

Noté que mientras hablaba no dejaba de mirarme la boca. Como cuan sordo/mudo lee los labios para comprender.

– No puedo creer que una chica delicadamente preciosa esté sola… –

Gracias. Pero así es. Estuve 3 años saliendo con alguien, e incluso estuvimos conviviendo unos meses, pero se acabo.

Estoy muy bien así. Disfrutando de mi nuevo estado.

– ¿Cuántos años tenés Julieta? –

23 ¿y vos?

– 44 ¡a tu lado, un viejo choto! –

¿Te consideras viejo? ¿En serio?

– No para nada; pero por edad biológica digo; podrías ser mi hija… –

Ahhhh es eso…  bueno, en ese caso un papá joven  jeje

Un estridente trueno me sobresaltó.

Me tomó por sorpresa. Pegué un saltito en el asiento que le causo cierta gracia. Lo miré cómo diciendo ¿te reís de mi “miedo”? Creo que me leyó la mente por que  automáticamente se disculpó; se dio cuenta que mi estado no era el mejor.

Justo, en ese momento  vimos un rayo caer delante de nosotros. Lucio al verme aterrorizada se pegó a mí, atrajo mi cuerpo envolviéndome con fuerza con sus brazos; los sentí fuerte, musculosos.

Me tranquilizó diciendo que me calmara, que nada iba a pasarme.

Puso un cd y comenzó a sonar un muy lindo tema que desconocí.

Le pregunté quienes eran… y aflojando sus brazos y alejándose me respondió:

– dudo que los conozcas. Son de mí época –

Y se sonrió.

Le festejé el comentario, pero un trueno me volvió a desestabilizar.

El viento empezó a aumentar, convirtiéndose en fuertes ráfagas, tan, pero tan potentes que hamacaba el vehículo.

Donde estábamos no había reparo alguno.

De golpe se puso oscuro cómo la noche misma.

Se dio cuenta de que eso me había puesto más nerviosa aun.

Continurá..

»

  1. Por qué!?!!!! Por qué me dejas así?!

    Excelente como siempre Martu. Aunque tengo la sensación de que tus textos por más sensuales y “calientes” que sean, siempre apuntan al hombre esbelto, bien vestido, y “pijon”.. Nunca un texto apuntado a la clase media del sexo jajajaj.. Igual bien..

    Iván!

    Te pedí me agregaras al msn :S Así me avisas cuando hay nuevo material. Sino me cuelgo.

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