La Dama y el Vagabundo (Infidelidad y perversión) 2da parte

Estándar

-Me pareció escuchar que Luciano  me llamaba-

Me acerqué y corrí la cortina y ¡ohhhhhh sorpresa! ¡Qué lomazo!  De espalda muy ancha, vestido no parecía tener ese cuerpazo. Todavía no se había puesto la ropa,  llevaba solo el slip (blanco)  y las medias  del mismo color, bueno… blancas habrán sido el día que las compró.

–  perdón creí escuchar que me llamaste –

(No pude evitar que mis  ojos  se fueran directo a su bulto, era demasiado ostentoso, no pasaba desapercibido fácilmente) cuando me di cuenta que miraba fijo “ahí”, me puse colorada de inmediato, ¡qué vergüenza¡

– no pasa nada señora –  quédese ya que está acá, enseguida me pongo la otra ropa –

Creo que se dio cuenta, pero se hizo el “tonto” y encima llamándome “señora”  ¡que tedioso!

Mientras se ponía el pantalón lo miraba por el espejo, es que su  cola es fantástica, redondita, y bien marcada, parecida a  la cola de una mujer.  Quién diga que no le atrae la cola de los hombres ¡MIENTE VILMENTE!

Y esa colita estaba para lengüetearla y morderla largo rato.  Y  cabalgar sobre ese pedazo de carne  mmmm

“A mi mente llegaban pensamientos  calientes y perversos, por ella pasaban  miles de imágenes  teniendo sexo con él en  diferentes posiciones”

Deje de volar  y aterricé en la realidad…

Le quedaba todo a su medida, así que saqué la tarjeta de crédito y le compre las 3 mudas.

Salimos de la tienda y nos fuimos al hotel.

Confesó que hacía tiempo no entraba a un baño que no fuera público, y para ducharse tenía que pedir permiso en las estaciones de servicio y muchas veces se lo negaban.

Su historia de vida (desgraciada) me partía el alma, y menos mal que había dejado de hacer frío, andar todo el tiempo al aire libre, expuesto, el imaginármelo me ponía muy mal.

El apart hotel era 5 estrellas y no le faltaba nada. Tenía todas las comodidades, hasta incluso un bonito jacuzzi que pensaba estrenar esa noche. Pero debido a la presencia de Luciano, pensé no lo iría a usar…

Le saqué las etiquetas a la ropa nueva y se la extendí sobre la cama mientras él se daba un buen baño, (de esos que vayan a saber cuánto tiempo no se daba).

Para dejar que pudiera cambiarse bajé a tomar un trago al bar que está junto a  la piscina, (había estado  la noche anterior y me gustó mucho) no sin antes guardar todas mis cosas de valor en la caja fuerte. Era inevitable no tomar precauciones con un extraño.  Podré ser muy buenaaaaa, pero de  tonta ni un pelo.

Dejé pasar 30 minutos y regresé. Y lo encontré prolijamente afeitado,  de poco vello en el pecho, (me encantan así, los osos nunca me han llamado la atención) cubierto por la bata y acostado sobre el borde de la cama al lado de la ropa, (parecía otro).

Lucía fantástico, cara relajada, de facciones muy masculinas,  estaba súper dormido, me imaginé que hacía tiempo no se acostaría sobre un buen colchón. De hecho no me había contado detalles de donde dormía, (luego averiguaré en la cena, si es que me quiere contar).

Me dio pena despertarlo, además faltaba todavía más de  3 horas para la función, lo dejé que durmiera, cuando lo escuché roncar y tuve la certeza que no se hacía el dormido  me senté en el sillón frente a la cama y lo contemplaba con mesura,  disfruté  observarlo,  pero mi curiosidad quería ir un poco más allá de lo que la vista me devolvía, me paré del sillón y fui hacia la cama mezcla de picardía y de  pánico porque me aterraba pensar que se despertara.

Desprendí  sutilmente el lazo que cruzaba la bata, se la abrí para poder tener mejor panorama,  ¡guau y sí que lo tenía!  tremendo pedazooooooo  de carne dormido  le colgaba  entre las piernas, fácilmente andaría  en los 25 cm, y muy grueso, eso lo hacía doblemente  más deseable.

Me empecé a excitar con solo verlo,  me sentí humedecer, mis dedos  acataron  mis órdenes y empezaron a hurgar en mi mojada conchita.

Dentro mi poca variedad sexual  nunca he tenido la suerte de haberme  topado  con  uno tan dotado.

Desde que estoy con Sergio no volví a tener  contacto íntimo con nadie más, la de Sergio es más tirando a estándar, o mal llamado “normal” 18 cm x 3,5, pero  la supo usar muy bien, no tengo quejas sexuales para con él, el problema es que ya no me calienta, no me mueve  ni un pelo.

Desde hace años que me siento algo “asexuada”  disfruto más de jugar conmigo sola, que teniendo sexo con mi marido.

Y en ese momento  viendo el cuerpazo de Luciano  me toqué hasta empapar mi tanga y acabé imaginándome que era su boca la que recibía mi néctar.

Me incorporé rápidamente y volví a hacer el lazo de la bata, él siguió inmutable, nunca se entero de la paja que me hice por  su culpa.

Salí disparando al baño, me metí en  la bañera, me quedé un rato allí relajando la tensión que me había causado “esa situación”.

Cuando salí fue directo al cuarto, esperaba que Luciano ya se hubiese cambiado, pero para mi sorpresa seguía dormido.

Me ajuste la bata para asegurarme no llegara a desatarse y a fuerza de zamarreos lo desperté.

-¡Vaya que dormías!-

_¡Perdón señora, discúlpeme, me apoyé a descansar un momento y me he quedado dormido. ¡Qué vergüenza!-

– No te preocupes, no me ha molestado, pero vístete que en un rato saldremos, mientras lo haces me voy a maquillar  un poquito– (me fui al baño para dejarlo cambiarse, pero que ganas de espiarlo tenía…)mmmmm

Cuando  volví  a la habitación ya estaba listo, ¡IMPECABLE! No pude contenerme y se lo hice saber. Muy educadamente me agradeció por ello y creo que por cuarta vez lo hizo por la compra de la ropa.

Le pedí me esperase abajo mientras me cambiaba, y luego me uní a él. Cuando llegué a la sala de estar se paró un acto muy caballeresco para su corta edad, me sorprendió. No paraba de mirarme, y de decirme lo linda que estaba,  tengo el cabello muy largo y ondulado pero siempre lo llevo atado (no me lo había descubierto) salvo ocasiones especiales como la de esa noche, que me lo dejé suelto, solo recogí un poco con una flor hacia un costado para darle un toque personal.

Fuimos en el auto para podernos manejar mejor, me sentía rara llevando a un desconocido a mi lado, pero a la vez era excitante, morbosamente se me ocurrían cosas para con el muchacho.

Salimos del teatro conversando sobre el espectáculo y camino al estacionamiento del auto, lo tomé del brazo no sin antes preguntarle si no le molestaba.  Me hallé cómoda y segura, la palabra exacta vendría a ser protegida.

Elegí un restaurante muy bonito, cálido, de luz tenue, el pidió lo mismo que yo, quizás por vergüenza no sé,  lo cierto es que parece que le gustó, porque  no dejó nada.

Me contó  que se había venido a Buenos Aires después de  que su hermano mellizo muriera  en pleno partido de rugby del cual ambos  pertenecían al mismo equipo. Abandonó su novia, su carrera, trabajo, no quería saber nada de todo aquello que le recordase a Lisandro, su hermano.  Al contarlo se notaba la gran carga de dolor que lo perturbaba. Hablé mucho con él, traté de hacerle comprender que la vida continúa a pesar de todo, y que  muchos sufrirán doblemente, por un lado por la pérdida irreparable de su hermano y por otro la ausencia de él por su huída repentina. Estaba muy cerrado en sus convicciones, demasiado negativo para hacerle comprender  en una sola charla lo que quizás llevaría meses de terapia.

Se excusó para ir al baño. Al regresar cambie de tema, no quería hacerle revivir sus tristezas.

Luego del postre un café y se terminaría  “la cita”, llegaba a su fin. Pero me resistía a dejarlo ir, la estaba pasando bien, me sentía toda una aventura experimentando  una nueva rebeldía, como cuando era adolescente y sabiendo que no debía hacer tal cosa, la hacía por el simple hecho de contradecir a lo ético.

Luciano  me pidió que lo dejase de pasada  camino al hotel en su “lugar”, una humilde pensión que compartía con  gente de la calle como él. Pero con el pretexto de que en el hotel estaban todas  sus cosas lo convencí.

Al llegar al auto le pregunté si sabía manejar, me dijo que sí, y le pedí condujera  él.  Me senté a su lado tranquila, me trasmitía seguridad,  el viaje no era muy largo, nos separaban no más de 30 minutos  hasta el hotel.

En un momento me dijo:

– dígame que no estoy soñando,  ha sido todo tan lindo… que si es un sueño no me quiero despertar, desde la tragedia que no había vuelto a sonreír-

– ¡claro que no lo es!  Me alegra haber sido el nexo que te arrancara un par de sonrisas.

Y tutéame que no soy tan mayor,  por mi edad biológica podría ser tu madre, pero no lo soy.

Y mi mano deslizándose por su pierna…

” ¿Acaso tan mal me veo para mis 43 años?”

Continuará…

»

  1. Esta historia merece terminar por favor , es increible el enorme talento qe tenes para la narrativa y sobre todo atrapar al lector.. pidiendo mas. Quiero mas !!!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s