La dama y el vagabundo!! Infidelidad y perversión

Estándar

Soy la esposa de  un reconocido  Juez, su nombre es  Sergio  tiene hoy 61 años,  y  yo “María Eugenia” de  43. Antes había salido con otros 3 chicos de mi misma edad, totalmente pendejos y huecos mentalmente.

Al conocerlo a él noté gratamente la disparidad y “me enganche”,  en ese entonces  la diferencia de edad ni se notaba. Pero hoy día se nota y mucho. Soy  profesora de danzas árabes  y de patín artístico y  les doy  clase a 38  alumnas entre ambos cursos. Y puedo decir que tengo un cuerpo privilegiado. Algunas amigas me dicen que me mantengo físicamente tan bien como a mis 25 años.

Y ¡sí! Es verdad, mis curvas aún  innatas, mi  cola y mis pechos son firmes, sin estrías ni celulitis, mi piel es fresca y tersa como la piel de mi hija menor que hoy tiene 14 añitos.

Pero claro,  soy una mujer que como muy sano, bebo mucha agua, voy al gimnasio 3 veces por semana, además de jugar  al tenis con mis amigas en el club.

Me casé con él el día de mi cumpleaños número  21, me deslumbró con su hombría y caballerosidad. Sus gestos y regalos me confundieron, creí estar perdidamente  enamorada, pero poco a poco con el correr del tiempo ese encantamiento se fue diluyendo.

Luego llegaron los niños (3) y me quedé a su lado aún sin amarlo, por el cariño y respeto que le tengo, y porque es un padre ejemplar, y como marido también lo es, el problema pasa por mí,  no por él. Él dice amarme como el primer día, y le creo, me lo demuestra  con hechos.

Mínimamente  hacemos el amor 2 o 3 veces por semana, (sexualmente es muy activo,  siempre es él quién provoca la situación) yo no siento  deseos de hacerlo, pero no puedo negarme. No  quiero que se dé cuenta que ya no lo amo.

Me conformo con la vida que me toca vivir, lo tengo todo, mis caprichos son ordenes para él, nunca me cuestiona absolutamente nada, pero a veces pienso que distinto sería todo si no me hubiera  dejado llevar por mis impulsos,  a solo 4 meses de conocernos.

Una tarde caminaba por la calle corrientes  iba a sacar una entrada para ver una obra esa misma noche, no tenía con quién ir, estaba de paso por la ciudad y me quedaría  tan solo unos días en ella.

Había viajado sola, y paraba en un  lindo y lujoso hotel que había reservado mi esposo  por internet, cuando de pronto  se acerca un muchacho  que no pasaría de los 30 años. De aspecto muy dejado, de cabellos negros, más bien corto, barba de unos días, algo sucio y hasta olía bastante mal, cargaba una mochila en sus hombros y una guitarra  entre sus manos, se ofreció cantarme una canción a cambio de unas monedas o de un sándwich.

Me  apenó  su estado calamitoso, y a pesar de tener unos bonitos ojos  color café  y de voluminosas pestañas  noté  en su mirada la tristeza que acarreaba. Pensé en ese instante  en mis hijos,(que tranquilamente podrían ser ellos)  y no pude evitar querer ayudarle.

Lo invité a merendar a la cafetería de enfrente, lo dejé comer tranquilo,  no quise molestarlo ni hacerle  preguntas que pudieran incomodarlo, pero por cómo se manejaba en la mesa parecía un muchacho de buenas costumbres.

Se adelantó a presentarse  antes que yo lo hiciera.

– Mi nombre es  Luciano Almeida, tengo 26 años, y soy de un pueblo pequeño de Mendoza.

Gracias por esto señora, lo necesitaba, me estaba descomponiendo de hambre –

-¡Luciano! Bonito nombre. El mío es Eugenia, y también  soy del interior, y no me agradezcas, por favor, estoy en buenos aires por unos trámites solo por unos días.

Estoy yendo al teatro a sacar una entrada para ver un espectáculo, ¿te molestaría acompañarme? La verdad no me gusta la idea de ir sola –

– Como podría negarme a acompañarla hasta la puerta del teatro habiéndose comportado tan bien conmigo. Cuando quiera ir Eugenia vamos –

– Creo que no me has entendido chico, te estoy invitando a que me acompañes al espectáculo, después podríamos ir a cenar algo por ahí –

– Pero señora…  no tengo ropa adecuada para ir, hace tiempo que estoy en la calle y mis pocas pilchas  dan pena, gracias por el gesto, pero no puedo acompañarla-

– Si ese es el motivo por el cual no puedes ir, no te hagas problema se. Tengo la solución, salvo que… te incomode  acompañarme… –

– En lo más mínimo señora, estaría encantado de ir –

– No se habla más del tema, vayamos a sacar las entradas y luego me encargo de solucionar lo de la ropa –

Volvimos con las entradas en nuestro poder (a la mitad de la segunda fila,  mejor ubicación imposible).  Camino al hotel pasamos por  una casa de ropa de una marca muy reconocida  en la que yo ya había estado en la mañana comprando un par camisas para Sergio.

Como nadie me conocía allí no me importó lo que pudieran pensar, pero como la casa se reserva el derecho de admisión les tuve que  pedir  aprobación  para dejar entrar a ese vagabundo al cual yo deseaba ayudar comprándole algunas prendas. El empleado excusándose se fue hacia adentro  a consultar a su superior.

Regresó dándonos la BIENVENIDA y pensé… -¡como se nota que los comercios están en crisis!-

Luciano me pidió que fuese yo quién elija lo que debía ponerse para aquella ocasión, el vendedor  trajo varias alternativas, y de diferentes estilos, me costó decidirme, así que opté por alcanzarle al probador  3 mudas completas, incluido los zapatos, medias y bóxer.

Cuando estuvo listo con el primer cambio me llamó para que lo viera.

Me sorprendió  ver como una persona pudiera parecer otra con unos simples “trapos” nuevos.

– Cuando me pruebe el otro equipo “te” llamo – (cuanta confianza pensé…  pero me divirtió que lo hiciera, y contrariamente me gustó)

Quieren que la continué?….  no estoy muy convencida, que opinan ustedes?

»

  1. Maria Euge, esta muy interesante continua, me guta como lo relatas. Besitos Maru, sos una diosa.

  2. Hola Martina!!! Encantada de que lo continues, no faltaba más.. Se siente bastante interesante, una mujer madura con ganas de sentir amor y deseo.. Y saliendo de ti, sería un relato magnifico!!

    Espero que lo continues!!! 🙂 Saludos!!!

  3. Mar, empezó bien el relato, bien tranquilo; me gusta. Tengo cierta perversa ilusión que, llegado el momento, él sea quien se resista y ella la que saca su parte más dominante…
    Interesante… Muchos besos, y espero la segunda parte!

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