Una Dra bien putita

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- ¿Garrido? -

Llamaba la Gastroenteróloga desde la puerta de su consultorio.

- Buenas tardes Dra –

¿Qué tal Garrido? Tome asiento y cuénteme que le está pasando –

- Miré Dra desde hace un par de días que tengo comezón en el tracto anal, me estoy volviendo loco, mi mamá me dio una pomada que usa mi papá en esos casos,  a él le suele pasar seguido y con eso le calma un tocazo, pero a mí no me calmó nada. –

- A ver Garrido, sáquese el pantalón y el calzoncillo y póngase esta bata, y acuéstese boca abajo en la camilla –

- ¡Ya vengo! -

Y  se fue por una de las puertas  internas,  dejándome  solo.

Cuando saqué el turno por teléfono no se me había ocurrido pensar que podía tratarse de una Doctora en lugar de un Doctor, me daba un poco de vergüenza la situación, encima era un día agobiante, la temperatura a esa hora (las 16) pasaba los treinta grados. El sudor comenzaba a fluir de mi cuerpo, y eso me fastidiaba.

Habrían pasado un par de minutos y la veo venir de refilón.

Pero algo en ella me llamó la atención.  Había algo diferente, ¿acaso se había cambiado de ropa en ese ínterin?

Haciendo algo de esfuerzo (porque la posición no me permitía verla) me di cuenta  que” lo diferente” era la ausencia de lo que llevaba puesto debajo del guardapolvo/chaqueta  cuando me recibió.

¿Cómo no notarlo?

Si sus dos globos parecían querer arrancar los botones de la prenda que la cubría, sobrepasaba  unos pocos escasos centímetros de la  cadera,  y dejaba  ver una pollera recta,  ajustada al cuerpo y más bien corta, de color azul, haciendo juego con el corpiño azulado (seguramente fue casual)  que se divisaba entre botón y botón al abrirse la tela por la presión que ejercía ese tremendo de par de tetas.

Se intuía  bajo la chaqueta ceñida  al cuerpo  una cintura  diminuta, contrarrestando con su delantera voluptuosa.  Una muy buena figura para sus (cálculo) treinta y tantos y quizás pasaba los cuarenta, no lo sé, pero estaba “re buena”. Con esa  minifalda  que tenía puesta permitía admirar un muy buen par de piernas torneadas y un bronceado  dorado  que seguro envidiaran más de una.  A mis diecinueve años estaba mirando  a esa mujer que podría ser tranquilamente mi madre,  pero justamente mi mirada no era como la de un hijo a su madre. Je je

Menos mal que estaba boca abajo, porque se me había parado la pija mal, mal, viendo “semejante yegua” venir hacía mí.

Se casó los guantes de latex, los entalcó y mirándome a la cara  me sonrió y me dijo: – “relájate”   vamos a mirar esa colita…

Naaaaaa no podes decirme así ¡ que yegua!   Con esa voz mescla de dulzura y come hombre me mató.

Empecé a sentir  mi pija palpitar,  hacia presión contra la dureza de la camilla. Pensaba cómo haría para  pararme sin que la Dra  no se avivara.

Agarró  una lupa, y con ella en la mano se paró a mi lado, de repente sentí  el calor de sus manos  apoyadas  sobre mi culo,  con una me abría los cachetes y con la otra me miraba con la lupa.

- Creo que ya sé cuál es tu problema, si es lo que yo supongo lo vamos a poder saber en un rato. Te voy a pasar un gel, hay que esperar  veinte minutos como mínimo para ver su reacción. Ahora necesito que cambies de posición, apoyado sobre tus rodillas y manos, así tengo una mejor visión de tu ano, y facilita la penetración de la crema.

Necesito que estés relajado,  no te va a doler en absoluto si te aflojas  y  liberas la tensión que evidentemente tenés. –

- ¿De que me está hablando esta mina? Como no tensionarme si me pide que me ponga en cuatro para meterme algo en el culo… ¡Imposible!

Hice lo que pude, como lo suponía, la pija me saltó erguida, pero ella no pudo verlo, estaba detrás de mí.

Sentí sus dedos en la zona,  empezó a  dar masajes circulares con movimientos suaves, deslizándose  hacia dentro y hacia afuera,  no puedo explicarles lo bien que se sentían sus manos. Pero la cosa se complicó cuando empezó a masajearme el orificio,  me puso por demás nervioso.

- no contraigas la colita bebe, que precisamente necesito que entre la mayor cantidad de gel posible, y no estás colaborando en absoluto  conmigo, se buenito, y abrí la colita –

- hija de re mil puta, no podéssssssssss hablarme así…

Me hizo mojar la pija de una.

Traté de bajar un cambio: – discúlpeme, es que me pone muy nervioso que ande ahí. –

- ¡Así está mejor!  Necesito que no te tenses  –

-Podría estar mejor si se quitase la chaqueta, eso me distendería je je (me la jugué, cuando mucho me echaba del consultorio a patadas con el culo aceitado, pero algo me indicaba que no sería así).

- No lo puedo evitar, es más fuerte que yo, su inconmensurable belleza me ha cautivado. -

- ja-ja

¡Qué divino sos!  Bueno, si eso te hace sentir mejor… -

Se dirigió hasta la puerta, dio una vuelta de llave y volvió hacia la camilla. Con una seguridad notable, se desprendió uno a uno todos los botones de su blanco uniforme, dejando relucir su “tez dorada”. Sus pechos quedaron frente a mis ojos, parecía como si necesitaran escapar, descomprimirse ante mi mirada atónita. Por el tipo de tela (creo que se llama encaje) se podía ver claramente lo que sujetaba, incluso los pezones, que ante mi presencia se le pusieron muyyyy duros.

- ¿Conforme? –

- Como un boludo le dije que sí. ¡Qué tarado! Yo ya la tenía entregada, sino no se hubiera prendido al juego, ahí nomás tendría que haberle entrado a las tetas. –

- Me alegro que te sientas mejor –

- Naaaaaaaa qué mejor ni mejor, tenía unas ganas de ensartarla terribles, me dolían los huevos de la calentura que me hizo pegar, para colmo hacía como un mes que no la ponía.  Pero no me animaba a decirle nada. Como un boludo sólo agradecí.

¡Sí! gracias, así está súper –

- Bueno, ahora es mi turno. Dame esa colita  -

- ¡Es toda suya Dra.! –

- ¿Toda? –

- ¡Sí! Toda suya. Confío en que no me hará doler –

- Claro chiquito, verás que ni lo sentirás – (no supe a qué se refirió hasta minutos después). –

Cerré los ojos y me relajé, como pude, pero relajado al fin.

Ella se paró detrás. Apoyó sus manos en el culo y de pronto sentí algo “muy frio” en la puerta del orto. De a poco se fue deslizando lentamente pero sin dolerme. ¡Qué loco! Como que me introducía un dedo.

- Dra. ¿podría decirme qué me está haciendo? –

-  Garrido, para palpar la textura del recto tengo que revisar y ver si el prurito viene desde adentro hacia afuera. Pero no creo que te duela, porque el gel que te puse anteriormente es un anestésico –

- Ahhhhhh ¡ok!

Mientras ella me revisaba, a mi mente llegaba la siguiente conclusión. “Con razón tanto gay dando vueltas”.

-  Por último y para que ni te des cuenta cuando retiro mi dedo, te voy a masajear la zona mientras lo voy sacando despacito.

Por suerte la erupción es sólo externa, con una simple pomadita en dos o tres días desaparecerá.

Es un herpes muy común.

¡Listo bebé! ¡Ya acabé! –

- ¿No me puedo quedar unos minutos más? –

- ¿Porqué? ¿Qué pasó? ¿Te quedó doliendo?  -

¡Hija de recontra mil puta! ¿Qué me va a pasar?

- Dra. no puedo ocultarlo, es  demasiado evidente lo que me pasa –

Salí de la posición que estaba (boca abajo) y me senté al borde de la camilla

- ja-ja- ¡que tonta que soy! Debí imaginarlo.  Pero…  no fue para tanto… -

La muy yegua clavó la vista en mi pija. Me di cuenta que le gustó lo que vio, porque se le escapó una relamida recorriendo la boca con su lengua, mientras se apretujaba las tetas con ambas manos.

En ese instante tuve un sólo impulso: aun sin bajarme de la camilla la envolví con mi brazo derecho, tomándola con ímpetu de la cintura y acercándola con fuerza hacia mí.

- ¿Le gusta lo que ve?  (Agarrándome la pija con la mano) necesita atención personalizada. –

- ¡Es verdad! Veo que se puso gorda y tensa –

- ¿Y no piensa hacer nada? Vamos Doc, chúpemela ¡please!  Estalla de leche –

Primero me miró a la cara, luego bajó la mirada hasta el bulto.

- Voy a ver qué puedo hacer por él -

Bajó tímidamente las manos y lo manoteó. Lo agarró como con vergüenza, pero se le notaba lo puta en la cara, la deschababa mal.

Me lo empezó a rozar con la punta de los dedos, casi como sin querer, pero increíblemente eso me hizo calentar más. No veía la hora que se la tragara.

- Rosadita, cabezona y pocos  pelitos, mmmmm ¡lindo juguetito! –

- Todo suyo, haga lo que quiera con él, ahora es “su” juguetito –

- Pero qué paciente más servicial…  -

Me estiró la pielcita de la pija para atrás, dejando al descubierto la cabeza enrojecida y mojada. Mientras con la otra mano me agarró las bolas, me palpó los huevos desde abajo (eso me re calienta).

Al fin decidió comérmela, se la llevó a la boca, pero tan solo se metió la puntita. Jugó con su lengua rodeando la cabeza, como si estuviese lamiendo un helado derretido (acostumbrado a cogerme pendejas, esto era “el paraíso”.

Estaba entregado al placer que ella se permitiera darme.

Cuando su boca se devoró por completo mi pija no pude resistir cogerle la boca y al sentir que venía mi leche, le dije:

- Quiero cogerte las tetas y acabar en ellas –

Con una sonrisa amplia accedió a mí pedido casi desesperado, sacó sus tetas fuera del corpiño y apretándolas entre sí me miró provocativamente:

- ¡Tomá pendejo!

No alcanzó a decirlo que empecé a bombear leche como loco, salpicando hasta su cara.

La muy turra se relamía mi acabada. Bien puta la Doc, como me gustan a mí.

Me saboreaba de antemano pensando en romperle el ojete ahí mismo cuando interrumpió mis pensamientos.

-  Me bañaste en leche ¡nene!  Me voy a lavar la cara,  cuando venga espero que estés vestido –

-  ¿Qué? ¿No vamos a coger?

Quiero meterle la pija por todo sus  agujeros, por favor, no me deje así… -

- Pendejos, pendejos,  – (decía pensando en voz alta mientras me hacía la receta).

Vení dentro de quince días, quiero ver cómo evolucionó esa lesión. –

Me acompañó hasta la salida, abrió la puerta y me despidió como si nada hubiera pasado, como a un paciente más.

Salí sonriente, pensando entusiasmado en la cogida de culo que le iba a pegar.

Buscando un macho para mi marido

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Habrán escuchado que la mejor edad de la mujer es a partir de los cuarenta, ¿verdad?

Bueno…parecería que a las mujeres al llegar a esa etapa de nuestra vida algo nos hiciera clic.

Como que se nos despierta la curiosidad, de hacer cosas que no hicimos hasta el momento, y comienza a aflorar nuestra parte más salvaje.

Nuestro apetito sexual  es mucho mayor que a los veinte, y tomamos el sexo como un “arte”.

A la hora del sexo está más que claro que la que tiene el mando soy yo y no mi pareja. A él le gusta jugar al cambio de roles, su postura de sumiso siempre me ha calentado, es por eso que tomé la decisión de sorprenderlo con la visita de un amigo virtual; Gonzalo, un flaco de 36 años, muy agradable, simpático y tan morboso y degenerado como yo, eso me atraía de él. A pesar de que no lo conocía en persona hasta esa “inolvidable” noche.

Arreglé por chat con Gonza hasta el mínimo detalle, quería que todo saliera como lo venia fantaseando desde tiempo atrás.

Terminamos de cenar con Fer y nos fuimos a la cama. No sin antes retirar del armario nuestros “juguetitos”, de allí saqué: el antifaz, las esposas, el arnes, y algunas cositas más…

Comenzamos con unos tiernos, dulces y suaves besos y cuando lo percibí bien excitado le coloqué el antifaz, y lo esposé a los barrotes de la cama, y le puse un tensor dejando sus piernas bien abiertas, privándolo de toda movilidad y exponiendo por completo los genitales y su ano. Él, en total silencio disfrutaba del momento. Pero ni se imaginaba la sorpresa que le esperaba.

Tomé una pluma y recorrí su cuerpo con ella, al paso de la suave pluma su piel se erizaba y su pija se erectaba, juguetee un rato con ella pasándola por los laterales y por la cabecita, sin olvidarme de los huevos, donde parece tener bastante sensibilidad porque a su paso esbozaba un profundo gemido de placer…

En ese instante entra un mensaje de texto a mí celular, el que estaba esperando. “La confirmación que Gonza había llegado y estaba detrás de la puerta esperando que le diera el ok para entrar”

Le dije a Fer que iba al baño y con esa excusa tras colocarme un camisolín de gaza rojo trasluciéndose mi desnudez por completo. Quería gustarle a nuestro anfitrión.

Me dirigí a la puerta de entrada. La acción estaba a punto de comenzar…

Tras la mirada atónita de Gonza con ese par de ojazos negros recorriendo mi cuerpo y deteniéndose en mis 120 de lolas (las que tantas veces vio por la webcam y dedico algunas pajas).Cuando se dio cuenta de que no me había saludado me tomó de la cintura acercándome hacía él y dándome un tremendo y profundo beso que correspondí con la misma energía.

Lo tomé de la mano y lo llevé hasta la habitación en la que Fer esperaba sin sospechar lo que estaba sucediendo del otro lado de la casa.

Gonza se desvistió en silencio dejando su ropa en el perchero del rincón.

Puse la música un poco más fuerte, y encendí un sahumerio para confundir el perfume de Gonza que podía llegar a ser descubierto por Fer, no antes de lo que yo tenía pensado.

Como lo habíamos pautado, no necesitábamos hablar, solo se escuchaba la voz de Fer preguntando

-¿qué estás haciendo Maru? Hoy te estás haciendo desear demasiado… (Ignorando por completo la presencia de una tercera persona)

-Algo que te va a gustar y mucho Fue mi corta respuesta.

Le tomé la pija con mis manos y se la entregue a Gonza, quién comenzó a mamársela lentamente y de a poco vi como se perdía en totalidad dentro de su boca.

Fer no paraba de acreditarme lo bien que se la estaba mamando. (Parece que es verdad el mito que los hombres la chupan mejor).

Mmm no sé imaginan lo qué fue ver a otro hombre comiéndose la pija de mi marido. Eso es algo que no olvidaré jamás, y que sin dudas volveremos a repetir.

Luego le quito el tensor de las piernas y fue directo a su expuesto hoyito anal y con el mismo ímpetu se lo comenzó a lamer. (Fer estaba en la gloria) Se vuelve loco cuando se lo hago yo.

Sentada en el sillón no paraba de deleitarme con la escena, disfrutaba cada momento, sentía deseos de besarlo pero eso me deschavaría. Así que me tuve que conformar con mirarlos y grabar en mis pupilas cada segundo de la película que me tenía de guionista.

Estaba súper excitada, me tocaba los pechos, mis pezones estaban duros como una roca y de mi concha comenzaba a chorrear un espeso y pegajoso fluido ese que tanto le gusta a Fer.

Mis dedos no pudieron resistir la tentación de hurgar en tan caliente y hambrienta concha, los comencé a agitar de manera tal que acabé a los pocos minutos.

Me paré y me acerqué a donde ellos y sacando a Gonza que ya tenía dos dedos entrando y saliendo del apretado culito de Fer. Fui en busca de su cara y le comí la boca

Gonza que a esa altura tenía la pija como una estaca se comenzó a pajear y a frotarse contra mi cuerpo sin que Fer lo advirtiese.

Le retiré las esposas y ayudé a que se diera vuelta, lo puse a cuatro patas, y me coloqué detrás de él en posición de ama, y lo comencé a azotar con un látigo de tiras, esto lo excitaba sobre manera, era el momento indicado para ponerme el arnes y comenzar a penetrarlo…:

-¡qué putito que sos!, se te hace agua la cola le dije como burlándome de su gusto sexual.

Gonza seguía pajeandose disfrutando de la escena.

A Fer solamente se lo escuchaba gemir de placer, seguía sin saber que en el cuarto había una tercera persona. Lo miré a mi invitado y le señale el hermoso culo de mi chico, mientras que iba saliendo muy lentamente de él a pesar de sus imploraciones…

Este que tenía sobrada experiencia en romper culos le apoyó la cabeza y lentamente fue devorada así como también se fue comiendo gran parte de la pija de Gonza.

Fer notó la diferencia entre los juguetes que está acostumbrado a introducirse y me lo hizo saber…

-¡Ey Maru!, que me estás metiendo?

Mmmm ¿te gusta bebe?

¡Me encanta! ¿Qué es?

Gonza al escuchar lo empezó a embestir más y más fuerte

¿De verdad querés saberlo? Pero ahora mi vida goza, goza…

Cuando noté que Gonza se estaba por venir le retire el antifaz a Fer, le tomé la pija con ambas manos y lo empecé a pajear fuerte. A esa altura estaba tan excitado que me miraba “maravillado” estaba en otra estratósfera, no le importaba más que gozar.

Solamente balbuceo -¡NO LO PUEDO CREER!

Ahí se dio cuenta de la situación, le tomé la cara con ambas manos lo besé casi con desesperación, (estaba extremadamente mojada, excitadísima de ver cumplida mi gran fantasía) y le dije: -es un regalito para vos, mi amor…

Con una mueca hice que Gonza lo dejara de coger.

Le ordene a Fer que se bajara de la cama y en ese momento lo vio por primera vez a la cara,

Me arrodille delante de él y le exigí a Gonza que hiciera lo mismo, y como buen sumiso obedeció silenciosamente, y entre ambos se la chupamos, viniéndose casi de inmediato sobre nuestras bocas, nos bebimos como dos desesperados hasta la última gota.

Luego de ese momento vivido nos fuimos a duchar los tres juntos, y ahí me atendieron los dos a mí, je je pero eso ya forma parte de otro capítulo.

Y si se encuentran con alguna cuarentona ya saben lo que les puede pasar ja ja

El nuevo técnico de mi Pc

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Mi computadora estaba funcionando pésimo desde hacia unos cuantos días; pero como no me quería quedar sin ella andaba esquivando de llevarla a arreglar.

Forzosamente tuve que acudir al técnico porque la maldita maquina se me había tildado mal. Rodolfo es quien me la arregló siempre, es un hombre que calculo pasará los cuarenta años aproximadamente, es de mi entera confianza, así que teléfono en mano lo llamé.

Con tanta mala suerte que estaba vacacionando con su familia en la ciudad de Mendoza y que no volvería antes de fin de mes. Pero me recomendó que llamara a Gustavo (un colega) dijo que era muy bueno en lo suyo y además no era de los que temataban a la hora de cobrarse el arreglo. Aliviada con el dato le agradecí culminando la conversación.

Minutos más tarde llamé a Gustavo y me daba ocupado… dejé pasar un rato y volví a intentar; y ya esa vez con suerte me atendió. Con un timbre de voz gruesa, imponente, dejaba intuir su simpatía mientras me preguntaba los pormenores de mi PC.
Le expliqué lo mejor que pude (a mi manera) porque no entiendo mucho del tema, solo se usarla. Con lo cual me pidio la dirección de mi casa para irla a revisar, diciendo que en menos de una hora llegaría.

Aproveche para darme una ducha ya que el tiempo era suficiente.
Estaba saliendo del baño cuando sentí el timbre.
Quién será? Pensé …
No me quedó más alternativa que colocarme la bata e ir a atender.
Abrí la puerta y mirando por lo alto, me encontré con un bombón de unos 30 años más o menos, por su voz enseguida lo reconocí.
Con una remera blanca pegada al cuerpo y de mangas japonesas haciendo un contraste perfecto con su piel dorada, su cabello corto no llegaba a rubio, más bien castaño. Ojos grandes y verdes, boca “dibujada” de labios pulposos. Físicamente enorme .
De repente me doy cuenta que me había quedado embobada mirándolo y no lo había echo pasar…

Abriendo un poco más la puerta lo invité a entrar.
_Disculpándome por mi apariencia.
Mi imágen era patética, mis cabellos envueltos por una toalla, bajo el típico enrosque que le damos las mujeres de cabello largo para que absorba el agua excedente sin quitarlo hasta que terminamos de secarnos y de humectarnos la piel con una crema hidratante finamente perfumada, y recién ahí lo soltamos para peinar.
Mi cuerpo cubierto con una bata de seda blanca haciendo juego con las pantuflas mañaneras…

Lo dirigí a donde el PC y una vez allí señalándole la silla giratoria lo invité a sentarse. Me quedé parada detrás observando.
No me quise ir a cambiar para no dejarlo solo, hasta el momento era un completo desconocido.

Mientras reiniciaba la máquina me fue haciendo preguntas como para ir descartando ciertos problemas, en un momento giro sobre sus hombros para quedar cara a cara mientras yo hablaba, de pronto noté que su mirada se perdía sin disimulo a la altura de mis pechos, se ve que en un descuido el lazo de la bata se aflojo o en el apuro de vestirme no la ajuste lo suficiente (esa es la única contra que tiene la seda) se había abierto lo bata más de lo debido dejando escapar sutilmente mis rozados pezones fuera de ella…

Con la rapidez que caracteriza la desesperación de el incidente y con mis mejillas prendidas fuego me cubrí y ajusté el lazo …
Sin promediar palabra dándose cuenta que me había puesto nerviosa, se dio vuelta y continuó en lo suyo.

Yo seguí parada detrás cruzando con mis manos sin despegarlas de la resbalosa tela para que no se volviera abrir…
Luego de una pausa silenciosa me hizo saber que debía llevárselo a su taller, al parecer tendría que instalar nuevamente el sistema operativo .

Mi cara se transformó al instante; y como si leyera mi pensamiento me tranquilizó.
_ descuida que no te dejaré en banda, te traeré una de las mías hasta que esté lista la tuya. Suspiré de tal manera que lo hice sonreír…

(Que linda sonrisa pensé)

Me contentó!!
Y le agradecí aquel gesto para conmigo.
En un acto de caballerosidad aduce
_ que menos podría hacer ante una damisela
Ahí la que sonrió fui yo!!
Bastó con mi sonrisa para darse cuenta que me había agradado su halago.
Lo acompañe hasta la puerta de salida.
dice: tardare lo que tardo en llegar hasta mi casa y volver.
Despidiéndome con un hasta luego se marcho.
Me fui a espiarlo por el ventanal del living y me quedé mirándolo como caminaba hasta el auto. Mientras recordaba el incomodo episodio suscitado . Que vergüenza Dios!!!
Inmediatamente lo vi alejarse me fui a mi habitación a cambiarme. Algo sencillo para una tarde de sábado. Nada sofisticado, un jeans bordado, unas sandalias con algo de tacón, y una musculosa blanca que llevaBA impreso en la delantera la palabra sexy en relieve y con brillitos, sencilla pero bonita.

Arreglé el desorden que había dejado luego del baño, y sin nada más que hacer llame al celular de mi mejor amiga para contarle del técnico, (quedé embobada). No sé el rato que abremos estado hablando, pero a la hora de hablar de hombres el tiempo siempre es poco, ja ja.
LLamaron a la puerta.
Ya estaba de regreso. Llegó con un portátil mientras lo sostenía aún sin apoyarlo sobre la mesa me recorrió por completa con la mirada y comentando
_ Que linda te has puesto para recibirme!! Aunque la bata te sentaba muy bien te digo.
Una sonrisa irónica dejaba ver su blanca dentadura.

No pude menos que esbozar una sonrisa y agradecerle el piropo.
Quise salir rápidamente de la conversación e inmediatamente enfoqué mi mirada en el portátil que traía en sus manos.

Dándose cuenta de la incomodidad de las palabras anteriores acercándome el portátil a mis manos dice
_ para que no te encuentres desconectada del mundo acá te lo dejo, es el que yo uso diariamente, y estoy convencido que lo dejo en buenas manos.
RespondÍ con mi mejor cara:
_No sabes el favor que me estás haciendo, la base de mi trabajo es la compu, sin ella me atrasaría terriblemente; no sé como podré agradecerte…
Casi interrumpiéndome
_Yo se como…
_Si? Me salió un poco dubitativo (los nervios me jugaron en contra)
__ Aceptando ir a cenar esta misma noche, si es que no tienes planes, claro.
Me pareció interesante. (Tengo que cancelar la salida con las chicas) pensé.
No, no la verdad ningún programa.
Sin esperar a que le diera el OK
__ Te parece bien a las 22?
SI. Perfecto.
Se fue saludándome con un beso en la mejilla a modo de despedida; erizando mi piel al rozar sus labios con los míos. Intencional o torpeza no lo sé.

Volví a cambiarme de ropa acorde a la situación.
Como no sabía a qué sitio me llevaría escogí un vestido rojo discretamente escotado con un fino lazo que ajustaba en el cuello, dejando la espalda al descubierto, el modelo no permitía usar corpiño, pero mi pechos firmes lo permitian. Acompañe con zapatos de tacón y una diminuta carterita al tono.

Puntualmente a la hora acordada estaba ahí .

Me llevó a un restaurante muy bonito, de los mejores que hay en la ciudad.
Cálido, de iluminación más bien escaza y música tenue, haciendo de el un lugar confortable.

Era una situación un tanto extraña. No era común para mí estar sentada junto a alguien que pocas horas antes había conocido.
Mantuvimos una conversación amena. Y supimos un poco más del otro.
Ya habíamos cenado pero aún seguíamos bebiendo del exquisito vino, un Cabernet Sauvignon, pero mi cultura alcohólica siempre a sido nula.

A poco más de dos copas me empezó a subir por mi cuerpo un calor que parecería que se concentrara en mis mejillas…
__ En un tono de voz suave y relajador me preguntó si tenía calor.
Me confesé ante su mirada penetrante que parecía concentrarse en esas rosadas manzanitas que se habían incrustado en mi rostro.

Alejó la copa llevándola para su lado.

_ Mejor te pido un café…
Era una buena idea.
Me bebí el café y me levante para ir al baño, al levantarme de la silla sentí que mis piernas flojeaban, disimule bajándome el vestido; muy normal que se suba cuando se permanece mucho rato sentada.
Caminando lentamente moviendo las caderas como si fuera una top model (sabía que él me estaba mir
ando) encontré los baños y al ver la clásica muñequita pintada en la puerta; entré.

Permanecí un largo rato sentada en el inodoro esperando que se me pasara el mareo, (se me daba vuelta todo) de pronto sentí la voz de El tras la puerta…
_Te pasa algo? Me tienes preocupado estás tardando demasiado. Puedo pasar?

Que patética situación para una primera cita pensé…
Entró y se asustó al verme pálida, me ayudo a pararme y me llevó al vanitori. Me comenzó a mojar la cabeza, la frente, pasaba sus manos empapadas de agua por mi rostro, los mareos ya habían cesado, el seguía refrescándome… sacó su pañuelo y me secó.
Mientras acariciaba mi rostro suavemente… Yo como si una diavola se hubiera apoderado de mi ser, me descontrole!!
Besé sus manos, a modo de agradecimiento, me miró con un dejo de timidez y continuo secándome.
Cuando terminó lo abrasé y le pedí disculpas por el papelón.

Pensé en aguantarme las ganas pero no pude resistirme a semejante tentación, estando a escasos centímetros de esos labios era “el momento” y fui yo en busca de esa boca carnosa que parecía estarme pidiendo por favor, al posar mis labios en los suyos nos fundimos en un largo y caliente beso, estábamos tan pegados que notaba el bulto de su entrepierna crecer.

No sé si fue producto de el alcohol o que, deseaba que me penetrara ahí mismo.
Él se transformo. Sin dejar de besarme me empujaba hacia atrás hasta hacer tope contra la puerta del baño anegando la entrada a cualquiera inoportuna que quisiera interrumpirnos.
Estábamos muy excitados los dos, pero Gustavo estaba lucido, en cambio yo no tanto. Apartándose un poco de mí me tomó del mentón elevándome la cara para asegurarse que lo mirara,y se excusó diciendo ….

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El final de la Dama y el Vagabundo (perdón por la demora)

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Bebimos la última copa sin dejar de mirarnos…

Estaba por demás “animada” aunque más bien un poco mareada, (no acostumbro a tomar alcohol), salvo en ocasiones que como esa lo ameritan.

Soy toda tuya esta noche. Quiero ser “tu puta”.

Haceme lo que quieras pendejo.

Estaba entregada al muchachito desalineado.

Luciano había despertado en mí la pasión.

(Deseaba aprovechar esa noche al máximo qué no acabase nunca)

-¿Todo, todo, lo que yo quiera?-

GUAU mujer me tenés al palo todo el tiempo…-

¿Qué parte no entendiste? ¡Todo! es todo

- Sentate en el borde de la cama. ¡Así! en la orilla está perfecto. Ahora tirá tu cuerpo hacía atrás, que tus piernas queden colgando, y levántalas.-

Luciano se arrodilló en el suelo, sobre una de las almohadas y quedó contra el borde de la cama a escasos centímetros de mi palpitante y húmeda vagina

Tomó mis piernas y las colocó por sobre sus hombros. Las empezó a besar desde los tobillos, subiendo poco a poco hasta llegar a la entrepierna, si hay algo que me “puede” es que me acaricien y estimulen la cara interna de los muslos.

Hacen mi cuerpo retozar de placer.

Percatándose de la miel de mi sexo fue en busca de ella, introduciendo sus dedos para cosecharla.

Se los llevó a la boca y los lamió con ganas, para luego retirar los dedos para introducir la boca; abarcando toda mi concha, y succionando como si quisiera devorarla.

De golpe se quedó inmóvil. No entendía lo que estaba pasando…

- ¡uy! no tengo forros.  – Comentó -¡Bajo a comprar! –

Bueno ¡bebé, te espero!

Al cabo de unos minutos estuvo de regreso.

Vertiginoso como pocos, se lo notaba alterado, eufórico, “altamente excitado”.

Con mis piernas en alto y abiertas me la metió hasta el fondo, entró apretada, se sentía más gruesa de lo que parecía.

A esa altura los dos estábamos extremadamente calientes.

En las primeras embestidas me cogió suave, y cuando la calentura se hizo inmanejable empezó a cogerme más fuerte, con movimientos firmes y penetrantes.

- Quiero deleitarme con el sonido del repiqueteo de mis bolas en tu culo –

Y vaya que las sentía… el sonido de ellas era colosal, calzaba llenándome toda.

¡Cómo gocé!

Sacó su pija empapada con mis jugos y con la ayuda de las manos me solivió la cola, puso una almohada debajo dejándome un tanto suspendida en el aire, para luego pasarla totalmente embadurnada por la hendidura que latía enardecida.

Volvió deliciosamente a penetrarme y cada dos embestidas la sacaba y frotaba con ella en mi apretadito agujerito.

Luego la restregaba ejerciendo presión ayudándose con las manos, tratando de meter su glande.

¿Qué haces? ¿Estás loco?

¡No va a entrar!

- Acabo de comprarlo (mostrándome un lubricante)

Pero despacito que él mío no está preparado para un pito como el tuyo.

- ¡Tranquila! No te voy a hacer doler. ¡Disfruta!

Sin siquiera cambiar de posición, eleve un poco más las piernas para dejar la cola bien alta; y así hacer más fácil la penetración…

Tomó el gel y colocó una generosa cantidad en mi.ano palpitante.

Con movimientos delicados hizo entrar lentamente la puntita de un dedo hasta que de a poco fue entrando por completo.

Me relamía de placer sabiendo lo qué me esperaba…

Juntó dos dedos y los introdujo, al principio sentí un poco de dolor, porque le costó entrar, pero una vez que lo consiguió los comenzó a mover hacia afuera y hacia adentro, sin sacarlos del todo… Cada tanto los giraba. Me dolía, pero tan caliente…

La presión de éstos haciendo lugar estiraba la delicada piel del recto provocando una sensación de ardor placentero…

Se inclinó un poco, y me empezó a pasar la lengua a lo ancho y largo de mi concha; rozaba con ella sus propios dedos.

Al compás de sus movimientos yo meneaba mi cadera buscando que se perdieran en mi profundidad….

Con los dos orificios llenos perdí la razón.”Caí inmersa en un océano de placer absoluto”.

¡Pendejo! quiero que me cojas el culo. ¡Ahora mismo! llénamelo con tu pija –

- ¡Lady! sus deseos son órdenes para mí.

Deseaba que me lo pidieras así… con ganas, desesperada por sentir mi verga.

Me acomodó más cerca de la orilla y llevó mis piernas hacia atrás, tocando mi pecho. Me las sostuve con mis manos dejando expuesta toda mi intimidad.

¡Mi cuerpo mendigaba ser explorado en plenitud! Y mi orificio palpitaba de la exuberante calentura que tenía.

(Era demencial lo que ese muchachote me provocaba)

Apoyó su glande y resbalando en el producto trató de penetrarme.

La posición me permitía visualizar como manipulaba su tranca, haciendo más excitante la situación.

Su pija era apretada y devorada por el hoyo que él muy bien había sabido dilatar.

Sentía cómo se engrosaba a medida que iba abriendo camino a su paso.

Una vez que logró llenarme el orificio con buena parte de su trozo se mantuvo quieto permitiendo que las ceñidas paredes del ano se adaptaran a su huésped.

(Fue sorprendente a pesar de mi estrechez y poco usado canal como logró alojarlo)

Cuando lo creyó relajado comenzó a moverse lento, suave, sugestivo, disfrutando en cada movimiento.

Sentir y ver cómo era penetrada analmente por aquel vagabundo fue sensacional, e insuperable.

Después me dio vuelta, y me puso a cuatro patas para seguir dándome sin piedad…

Poco a poco las embestidas fueron incrementando de forma desaforada. Sus huevos golpeaban en mi hinchada, roja y destrozada concha, haciendo el tan característico sonido que aumentaba aun más la excitación de ambos.

Mis gemidos se parecían a los aullidos de una loba apareada por su macho.salvaje.

Pero Luciano no era menos que yo, jadeaba transformando sus gestos de manera que hasta el día de hoy están grabados en mi mente.

Con mi mano derecha busqué acelerar el orgasmo agitando ferviente el clítoris, a medida que sentía la entrega de su simiente daba mis últimos alaridos sin importarme que me pudieran escuchar desde el hall del hotel.

Apoyado sobre mí espalda, exhausto, exhalaba a borbotones. Se quedó así, inamovible tratando de reponerse; mientras mis pulsaciones y latidos mermaban lentamente y mis rodillas comenzaban a flaquear, quedando extendida por completo.

Se bajó dejándose caer torpemente a mi lado mientras alardeaba de su posesión…

- ¡Qué buena cogida de culo te pegué!

Estoy liquidado; decía con cara de ganador sonriendo mientras se quitaba el profiláctico.

Lo sacudió para que yo viese la tremenda cantidad de leche que le había sacado.

¡Nene! me destrozaste la concha y el culo como nadie antes…

A lo que él agrega dejando caer al piso el forro.

- Qué lástima que no vivís acá. Me encantaría poder cogerte todos los días.

¡Pendejo! me hacés estremecer de sólo pensarlo…

Me giró, y tomándome el mentón antes de pararse en busca del baño me estampó un beso arrollador.

Me quedé mirando su desnudez; lindo por donde se lo mire, fresco, rozagante con ese cuerpo imponente… y me hice la pregunta que cambió mi vida para siempre: ¿qué mierda hago yo al lado del viejo de mi marido pudiendo estar con alguien así?

Mientras “Lu” se duchaba yo no podía parar de pensar…

Luciano me calentaba mucho como para no volverlo a ver más.

Fue entonces que una idea me iluminó la mente.

Convencerlo de que viaje conmigo, bancarlo el tiempo que sea necesario mientras se busca algún trabajo digno.

Al salir de la ducha se tiró en la cama me subió sobre su cuerpo y me abrazó tan fuerte que me hacia doler…

Sin imaginarse lo que yo estaba ideando dice:- ahora que te encontré no quiero dejarte ir… te quiero toda para mí.

Ahí nomás le conté mi plan.

No necesité convencerlo, sin dudarlo me dijo: con probar no pierdo nada, en cambio si me quedo te pierdo a vos…

Me lo comí a besos. Y volvimos a hacer el amor; no tan salvajemente como las anteriores, esa vez fue diferente, se podría decir que fue más pasional, con sentimientos.

Estaba feliz de saber que vendría conmigo. No me importaba el resultado de mi locura. Estaba dispuesta a enfrentar lo que pudiera acontecer, lo único que quería era tenerlo cerca para poder gozar cada vez que mi cuerpo tuviera sed de él.

Mientras yo acudí a la reunión motivo por el cual había viajado a Buenos Aires; él fue por sus pocas pertenencias, y sin más motivos para quedarnos emprendimos viaje de regreso a mi ciudad.

En el camino hice una llamada que resolvió prontamente su estadía.

La llamé a Lorena(mi amiga). Y le expliqué la situación, yo sé que no hubiese sido necesario, pero como buenas amigas que somos no quise ocultárselo.

Llegamos allá, lo dejé en un café mientras fui a mi casa por las llaves del departamento de esta pareja amiga que desde hace algunos meses por razones laborales se encuentran en Londres, y soy yo la encargada de hacer que no se note la ausencia de sus ocupantes.

Por suerte Sergio estaba en el juzgado, y los chicos en el colegio.

Tomé las llaves rápidamente y fui en búsqueda de mi conquista…

El departamento estaba listo para habitarse, yo misma llevo cada semana a la señora que trabaja en casa para asear el lugar.

Nos pegamos una ducha ahí mismo para sacarnos el cansancio de las casi 6 horas de viaje. Situación que Luciano no dejó pasar; y me cogió a su antojo bajo la ducha.

Me despedí prometiéndole que al día siguiente regresaba, le dejé plata para que se comprara algo para comer y me fui a mi casa para cumplir con mi rol de madre y esposa.

Por más de un mes y cada vez que podía me escapaba para estar con Lu, siempre encontraba alguna razón para ausentarme varias horas sin que desconfiaran de mí.

En casa teníamos trabajando al señor de mantenimiento con cama adentro. Sólo que él estaba en el departamento pegado al quincho.

Este buen hombre de 68 años llevaba mucho tiempo trabajando para mi familia.

Un día se descompuso, y falleció en la misma ambulancia que lo trasladaba hacia la clínica privada de la cuál mi esposo es uno de los dueños.

Sin dejar de lamentarme por la pérdida de Pedro automáticamente una idea iluminó mi mente.

Y desde entonces Luciano ocupa su lugar…

Hace unos días que en la intimidad del cuarto marital, entre otras cosas mi marido  me dijo estar conforme  con el nuevo empleado, haciendo el comentario de que lo encuentra MUY aplicado.

Y vaya si lo es…

De esta forma lo tengo cada vez que lo deseo, y sin tener que salir a buscar afuera lo que no tengo en casa…


A TODOS GRACIAS POR LEERME.

Y COMO SIEMPRE ESPERO ATENTAMENTE SUS COMENTARIOS

La dama y el Vagabundo (3ra parte)

Estándar

Mientras continuaba estimulando mi vagina por sobre la tanga con la otra mano acariciaba mis pechos, intercalaba con lengüeteos húmedos que hacían mi piel erizar. Mis pezones se pusieron como piedra en su boca ardiente, quería sentir esos prominentes labios por cada recodito de mi cuerpo excitado.

Me tomó la mano y me guió hasta la cama, nos recostamos sobre ella y me empezó a besar, para continuar recorriendo cada una de mis curvas, deseoso de probar con sus labios el dulce sabor de mí piel.

Me hacía arquear de placer con cada succión.

Quitó mi tanga y con su pesada mano superficialmente comenzó a frotar mi sexo, haciendo que lo deseara desesperadamente…

-¡qué mojadita!

¿Estás muy excitada eh? –

¡sí, muy caliente ¡tengo muchas ganas de vos ¡pendejo!

-me volvés loco llamándome así, éste pendejo te va a coger hasta que me supliques que deje de hacerlo-

mmmmmmm síii siii que ricooooooo

Dejó de frotarme de forma superficial para hundir un par de dedos en mi empapado orificio vaginal. Fue muy excitante sentir como se deslizaban hacia el interior perdiéndose en mí humedad, para luego entrar y salir con ellos repetidamente, a la vez que con su otra mano separaba mis labios menores, dejando expuesto mi clítoris que pedía a gritos ser estimulado.

Me lo comenzó a sobar en círculos con un solo dedo; presionando y aflojando, sin dejar de penetrarme la vagina.

El sonido que salía de mi conchita se mezclaba con los primeros gemidos que comenzaban a surgir.

-uy qué ricura…quiero ver como lames tu mielcita de mis dedos.-

Inmediatamente y casi sin terminar de decir aquello, los llevo hasta mi boca, estaban chorreando de flujito.

No me quise perder su cara, ni sus gestos, cuando cerré la boca envolví sus dedos y con mi lengua moviéndose hacia un lado y hacia el otro fui lamiendo mi propia cremita.

Su pija estallaba de calentura. Sobresalía del bóxer de tan dura que la tenía.

Y mientras lamía sus dedos no pude resistir las ganas de frotarle “el paquete”, lo hice por sobre el bóxer, desde la base de sus testículos hasta la punta del glande que asomaba generosamente mojado y brillando, asfixiado por el elástico.

Aquello era irresistible, no dábamos más…

Mis ansias por sentirla en mi boca eran desesperantes, (la chupada de pija en el auto me había dejado con ganas de más) bajé hasta ella para saciar mi ansiedad pero no me lo permitió, me detuvo de inmediato.

- Shhhhhhhh momentito, ahora no, primero quiero sentir como te venís en mi mano –

“No hizo falta que me lo pidiera”

Con sus dedos entrando y saliendo vertiginosos era algo más que inminente.

Mientras palpaba en lo más profundo de mi sexo, frotaba en paralelo con vehemencia mi clítoris…

Mis jadeos se fueron agudizando de manera tal que lo sorprendí expulsando una gran cantidad de liquido similar a la orina, pero que no lo era.

“Los que desconocen lo confunden con el pis” sin saber que eso es una verdadera eyaculación femenina, y que según leí no es muy común…

(Con mi marido me ha ocurrido en varias ocasiones, en las que estuve extremadamente excitada. Claro qué en nuestros mejores tiempos).

Seguí gimiendo y entregándole hasta la última gota de aquella eyaculación…

La cual sentía correr por mi entrepierna.

Verme tan sexual, “tan perra” lo enloqueció…

-¡Me measte! ¡Que hija de puta hermosa que sos!

Nunca antes me habían meado, ¡me encantó… putita!-

¿En serio te gustó?

-¡Totalmente! me mataste, me volaste la cabeza, tengo muchísimas ganas de cogerte, pero antes te voy a “atender” a vos-

En un arrebato busqué sus labios, me los ofrendó con entusiasmo.

Envolvió mi boca con la suya y nos entregamos en un juego excitante, entre roces y frotadas de nuestras lenguas estimulando al máximo el deseo por poseernos.

Abandonó mi boca para bajar hasta mi sexo, a la vez que con sus manos palpaba mi anatomía. Desde mi cuello hasta la planta de mis pies. En un recorrido suave y sugestivo, haciendo poner mi piel de gallina.

Sin dejarme recuperar del anterior orgasmo afirmó su cara en mi entrepierna y lamió con énfasis el néctar de aquella anterior acabada. Su ritmo exacerbado logró que comenzaron a brotar nuevos fluidos…

¡Como me calienta el olor a hembra. ¡Por Diossss!

(Ese tipo de comentario son los que me hacen sentir una verdadera puta, y me encantó que me las dijera un total “desconocido”)

Aunque no dije nada, en ese momento mis ininterrumpidos jadeos fueron suficientes para que él percibiera que estaba llegando al punto máximo de excitación, y sin dejar de lametearme el clítoris me penetró primero con un dedo, luego con dos… sentía la delgada piel de mi vulva estirarse cuando sumó un tercero, (3 de él equivalen más o menos a mi mano entera ja ja “una bestia”)

Abrí mis piernas lo más que pude para recibir aquellos dedos que a esa altura  me cogían sin piedad.

Ahhhhhhh ahhhhhhhh ahhhhhhhh

Más, más, más duro, ahhhhhhhhhh ahhhhhhhhhh

No podía parar de gemir…

¡Luciano! me viene, me viene el chorro de nuevo; apartateeeeee –

-¡Ni loco! ¡Acabá! quiero sentir tu líquido en mi boca –

Mi cuerpo comenzó a sacudirse, perdí el control, y no pude contenerlo, por inercia eleve mi pelvis, inevitablemente y escuchando sus ruegos expulsé “el gran chorro” sobre su rostro asombrado ante lo ocurrido.

Disfrutó embutido en mi cara recibiendo todo lo que le entregaba. Sin aminorar la estimulación en ningún momento…acabé 2 veces, una seguida de otra, no podía dejar de temblar.

Hasta que no pararon las convulsiones Luciano no retiró la cara de mi sexo. Cuando vi su rostro totalmente “enchastrado” me di cuenta que había sido muchísimo más que la vez anterior.

-¡Me mató!

Más que una perra, sos una loba.

Me volvés loco… que manera de gemir hija de perra… tengo la pija dolorida de tanta calentura-

Fui a higienizarme refrescarme, y al regresar la vista que tenía desde el baño no pudo ser mejor…

Me esperaba sobre la cama, boca arriba y acariciando su dura verga.

Me paré frente a su miembro, y me agarré las tetas con ambas manos y con un poco de esfuerzo logré alcanzarlas con mi boca, propinándome lametones que de tanto en tanto interrumpía pasando la lengua por mis labios, humedeciéndolos, mientras lo miraba con cara de “bebota” llevándome un dedo a la boca que lamia y chupaba con devoción haciéndome la idea que era su pedazo.

-Que puta divina–

¿Te gusta lo qué ves?

-Me calentás mucho, flaca, mucho –

Y vos a mí, ¡pendejo!

Envolviendo mi cuerpo con mis propios brazos a la altura de mis pechos como si me estuviera abrazando comencé acariciarme, deslizando mis manos por sobre mi piel todavía exudada, logrando que se resbalen con facilidad.

Fui recorriendo mi abdomen mientras meneaba mis caderas como si me estuviera penetrando, a esa altura Luciano se pajeaba descontrolado.

Subí una de mis piernas sobre el sillón que tenía a mi izquierda, (el mismo que fue cómplice de aquella paja mientras él dormía) al hacer esto, mis labios vaginales se abrieron dejando ver como mi conchita comenzaba a brillar con mi propia lubricación.

Introduje un dedo que se perdió con facilidad, entonces metí otro más, y me empecé a pajear con ellos.

Mi actuación lo estaba volviendo loco, sus gemidos no se hicieron rogar…

-ahhhhh cómo me hacés subir la leche ¡nena!–

mmmm ¿me la vas a dar?

-¡TODA!

Ahhhhhhhhh, ya viene, ahhhhhhh-

Fui hacia la cama y me le subí encima, en posición inversa. Relajé mi cuerpo entregándome al placer…

Mientras él comenzaba a chuparme la concha yo lamía sus huevos, pero como sabía que la llegada de su leche estaba por llegar me la metí toda en la boca, y la empecé a chupetear.

Mientras su lengua se movía inquieta dentro de mí, provocándome de inmediato un tremendo y glamoroso orgasmo.

Él, jadeaba y elevaba la pelvis cogiéndome la boca abruptamente…

-No te aguantes, entrégame todo. Quiero recibir tus fluidos una y otra vez y beberme todo lo que salga de ella-

Éramos un solo clamor, sus gemidos se mezclaban con mis jadeos, que a esa altura ya eran más que fuertes. No podía ocultar la detonación de mi ser.

En cada embestida me venían arcadas, que inundaban su verga con mi saliva.

Cuando me sentí venir aplasté la concha contra su cara y me refregué en ella, hasta que solté “el chorrito” (mas que chorrito fue un gran chorro).

Luciano estaba tan excitado que levantó su cadera e hizo presión contra mi boca perdiéndose por completo en ella, los huevos rebotaban en cada embestida contra mis labios.

-Ahhh ahhhh ahhhhhhh ahhhhhhhhh

¡Tomáaaaaaa puta, tómatela toda!-

Entregándome sus últimos temblores colmó mi boca con una gran lechada que desbordó por mis comisuras, sintiéndola correr por el cuello, los pechos, y muriendo en mi torso.

Fue una acabada magnifica.

Me tiré a su lado, exhausta. Luciano sonreía aún agitado.

-¡Fue increíble!

Mejor dicho: ¡Sos increíble!-

¡Gracias lindo!… vos estuviste estupendo.

Tenemos que brindar por este encuentro.

Llamé al conserje y le pedí que mandase un buen champagne.

Disfrutamos cada burbuja entre besos y mimos impensados.

Aquel muchachote no dejaba de sorprenderme. Lo creía tan bohemio y salvaje, que no me esperaba fuera tan suave y cariñoso. Sin lugar a dudas un lindo cóctel para una noche de sexo desenfrenado.


Continuará…