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El nuevo técnico de mi Pc

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Mi computadora estaba funcionando pésimo desde hacia unos cuantos días; pero como no me quería quedar sin ella andaba esquivando de llevarla a arreglar.

Forzosamente tuve que acudir al técnico porque la maldita maquina se me había tildado mal. Rodolfo es quien me la arregló siempre, es un hombre que calculo pasará los cuarenta años aproximadamente, es de mi entera confianza, así que teléfono en mano lo llamé.

Con tanta mala suerte que estaba vacacionando con su familia en la ciudad de Mendoza y que no volvería antes de fin de mes. Pero me recomendó que llamara a Gustavo (un colega) dijo que era muy bueno en lo suyo y además no era de los que temataban a la hora de cobrarse el arreglo. Aliviada con el dato le agradecí culminando la conversación.

Minutos más tarde llamé a Gustavo y me daba ocupado… dejé pasar un rato y volví a intentar; y ya esa vez con suerte me atendió. Con un timbre de voz gruesa, imponente, dejaba intuir su simpatía mientras me preguntaba los pormenores de mi PC.
Le expliqué lo mejor que pude (a mi manera) porque no entiendo mucho del tema, solo se usarla. Con lo cual me pidio la dirección de mi casa para irla a revisar, diciendo que en menos de una hora llegaría.

Aproveche para darme una ducha ya que el tiempo era suficiente.
Estaba saliendo del baño cuando sentí el timbre.
Quién será? Pensé …
No me quedó más alternativa que colocarme la bata e ir a atender.
Abrí la puerta y mirando por lo alto, me encontré con un bombón de unos 30 años más o menos, por su voz enseguida lo reconocí.
Con una remera blanca pegada al cuerpo y de mangas japonesas haciendo un contraste perfecto con su piel dorada, su cabello corto no llegaba a rubio, más bien castaño. Ojos grandes y verdes, boca “dibujada” de labios pulposos. Físicamente enorme .
De repente me doy cuenta que me había quedado embobada mirándolo y no lo había echo pasar…

Abriendo un poco más la puerta lo invité a entrar.
_Disculpándome por mi apariencia.
Mi imágen era patética, mis cabellos envueltos por una toalla, bajo el típico enrosque que le damos las mujeres de cabello largo para que absorba el agua excedente sin quitarlo hasta que terminamos de secarnos y de humectarnos la piel con una crema hidratante finamente perfumada, y recién ahí lo soltamos para peinar.
Mi cuerpo cubierto con una bata de seda blanca haciendo juego con las pantuflas mañaneras…

Lo dirigí a donde el PC y una vez allí señalándole la silla giratoria lo invité a sentarse. Me quedé parada detrás observando.
No me quise ir a cambiar para no dejarlo solo, hasta el momento era un completo desconocido.

Mientras reiniciaba la máquina me fue haciendo preguntas como para ir descartando ciertos problemas, en un momento giro sobre sus hombros para quedar cara a cara mientras yo hablaba, de pronto noté que su mirada se perdía sin disimulo a la altura de mis pechos, se ve que en un descuido el lazo de la bata se aflojo o en el apuro de vestirme no la ajuste lo suficiente (esa es la única contra que tiene la seda) se había abierto lo bata más de lo debido dejando escapar sutilmente mis rozados pezones fuera de ella…

Con la rapidez que caracteriza la desesperación de el incidente y con mis mejillas prendidas fuego me cubrí y ajusté el lazo …
Sin promediar palabra dándose cuenta que me había puesto nerviosa, se dio vuelta y continuó en lo suyo.

Yo seguí parada detrás cruzando con mis manos sin despegarlas de la resbalosa tela para que no se volviera abrir…
Luego de una pausa silenciosa me hizo saber que debía llevárselo a su taller, al parecer tendría que instalar nuevamente el sistema operativo .

Mi cara se transformó al instante; y como si leyera mi pensamiento me tranquilizó.
_ descuida que no te dejaré en banda, te traeré una de las mías hasta que esté lista la tuya. Suspiré de tal manera que lo hice sonreír…

(Que linda sonrisa pensé)

Me contentó!!
Y le agradecí aquel gesto para conmigo.
En un acto de caballerosidad aduce
_ que menos podría hacer ante una damisela
Ahí la que sonrió fui yo!!
Bastó con mi sonrisa para darse cuenta que me había agradado su halago.
Lo acompañe hasta la puerta de salida.
dice: tardare lo que tardo en llegar hasta mi casa y volver.
Despidiéndome con un hasta luego se marcho.
Me fui a espiarlo por el ventanal del living y me quedé mirándolo como caminaba hasta el auto. Mientras recordaba el incomodo episodio suscitado . Que vergüenza Dios!!!
Inmediatamente lo vi alejarse me fui a mi habitación a cambiarme. Algo sencillo para una tarde de sábado. Nada sofisticado, un jeans bordado, unas sandalias con algo de tacón, y una musculosa blanca que llevaBA impreso en la delantera la palabra sexy en relieve y con brillitos, sencilla pero bonita.

Arreglé el desorden que había dejado luego del baño, y sin nada más que hacer llame al celular de mi mejor amiga para contarle del técnico, (quedé embobada). No sé el rato que abremos estado hablando, pero a la hora de hablar de hombres el tiempo siempre es poco, ja ja.
LLamaron a la puerta.
Ya estaba de regreso. Llegó con un portátil mientras lo sostenía aún sin apoyarlo sobre la mesa me recorrió por completa con la mirada y comentando
_ Que linda te has puesto para recibirme!! Aunque la bata te sentaba muy bien te digo.
Una sonrisa irónica dejaba ver su blanca dentadura.

No pude menos que esbozar una sonrisa y agradecerle el piropo.
Quise salir rápidamente de la conversación e inmediatamente enfoqué mi mirada en el portátil que traía en sus manos.

Dándose cuenta de la incomodidad de las palabras anteriores acercándome el portátil a mis manos dice
_ para que no te encuentres desconectada del mundo acá te lo dejo, es el que yo uso diariamente, y estoy convencido que lo dejo en buenas manos.
RespondÍ con mi mejor cara:
_No sabes el favor que me estás haciendo, la base de mi trabajo es la compu, sin ella me atrasaría terriblemente; no sé como podré agradecerte…
Casi interrumpiéndome
_Yo se como…
_Si? Me salió un poco dubitativo (los nervios me jugaron en contra)
__ Aceptando ir a cenar esta misma noche, si es que no tienes planes, claro.
Me pareció interesante. (Tengo que cancelar la salida con las chicas) pensé.
No, no la verdad ningún programa.
Sin esperar a que le diera el OK
__ Te parece bien a las 22?
SI. Perfecto.
Se fue saludándome con un beso en la mejilla a modo de despedida; erizando mi piel al rozar sus labios con los míos. Intencional o torpeza no lo sé.

Volví a cambiarme de ropa acorde a la situación.
Como no sabía a qué sitio me llevaría escogí un vestido rojo discretamente escotado con un fino lazo que ajustaba en el cuello, dejando la espalda al descubierto, el modelo no permitía usar corpiño, pero mi pechos firmes lo permitian. Acompañe con zapatos de tacón y una diminuta carterita al tono.

Puntualmente a la hora acordada estaba ahí .

Me llevó a un restaurante muy bonito, de los mejores que hay en la ciudad.
Cálido, de iluminación más bien escaza y música tenue, haciendo de el un lugar confortable.

Era una situación un tanto extraña. No era común para mí estar sentada junto a alguien que pocas horas antes había conocido.
Mantuvimos una conversación amena. Y supimos un poco más del otro.
Ya habíamos cenado pero aún seguíamos bebiendo del exquisito vino, un Cabernet Sauvignon, pero mi cultura alcohólica siempre a sido nula.

A poco más de dos copas me empezó a subir por mi cuerpo un calor que parecería que se concentrara en mis mejillas…
__ En un tono de voz suave y relajador me preguntó si tenía calor.
Me confesé ante su mirada penetrante que parecía concentrarse en esas rosadas manzanitas que se habían incrustado en mi rostro.

Alejó la copa llevándola para su lado.

_ Mejor te pido un café…
Era una buena idea.
Me bebí el café y me levante para ir al baño, al levantarme de la silla sentí que mis piernas flojeaban, disimule bajándome el vestido; muy normal que se suba cuando se permanece mucho rato sentada.
Caminando lentamente moviendo las caderas como si fuera una top model (sabía que él me estaba mir
ando) encontré los baños y al ver la clásica muñequita pintada en la puerta; entré.

Permanecí un largo rato sentada en el inodoro esperando que se me pasara el mareo, (se me daba vuelta todo) de pronto sentí la voz de El tras la puerta…
_Te pasa algo? Me tienes preocupado estás tardando demasiado. Puedo pasar?

Que patética situación para una primera cita pensé…
Entró y se asustó al verme pálida, me ayudo a pararme y me llevó al vanitori. Me comenzó a mojar la cabeza, la frente, pasaba sus manos empapadas de agua por mi rostro, los mareos ya habían cesado, el seguía refrescándome… sacó su pañuelo y me secó.
Mientras acariciaba mi rostro suavemente… Yo como si una diavola se hubiera apoderado de mi ser, me descontrole!!
Besé sus manos, a modo de agradecimiento, me miró con un dejo de timidez y continuo secándome.
Cuando terminó lo abrasé y le pedí disculpas por el papelón.

Pensé en aguantarme las ganas pero no pude resistirme a semejante tentación, estando a escasos centímetros de esos labios era “el momento” y fui yo en busca de esa boca carnosa que parecía estarme pidiendo por favor, al posar mis labios en los suyos nos fundimos en un largo y caliente beso, estábamos tan pegados que notaba el bulto de su entrepierna crecer.

No sé si fue producto de el alcohol o que, deseaba que me penetrara ahí mismo.
Él se transformo. Sin dejar de besarme me empujaba hacia atrás hasta hacer tope contra la puerta del baño anegando la entrada a cualquiera inoportuna que quisiera interrumpirnos.
Estábamos muy excitados los dos, pero Gustavo estaba lucido, en cambio yo no tanto. Apartándose un poco de mí me tomó del mentón elevándome la cara para asegurarse que lo mirara,y se excusó diciendo ….

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La dama y el Vagabundo (3ra parte)

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Mientras continuaba estimulando mi vagina por sobre la tanga con la otra mano acariciaba mis pechos, intercalaba con lengüeteos húmedos que hacían mi piel erizar. Mis pezones se pusieron como piedra en su boca ardiente, quería sentir esos prominentes labios por cada recodito de mi cuerpo excitado.

Me tomó la mano y me guió hasta la cama, nos recostamos sobre ella y me empezó a besar, para continuar recorriendo cada una de mis curvas, deseoso de probar con sus labios el dulce sabor de mí piel.

Me hacía arquear de placer con cada succión.

Quitó mi tanga y con su pesada mano superficialmente comenzó a frotar mi sexo, haciendo que lo deseara desesperadamente…

-¡qué mojadita!

¿Estás muy excitada eh? –

¡sí, muy caliente ¡tengo muchas ganas de vos ¡pendejo!

-me volvés loco llamándome así, éste pendejo te va a coger hasta que me supliques que deje de hacerlo-

mmmmmmm síii siii que ricooooooo

Dejó de frotarme de forma superficial para hundir un par de dedos en mi empapado orificio vaginal. Fue muy excitante sentir como se deslizaban hacia el interior perdiéndose en mí humedad, para luego entrar y salir con ellos repetidamente, a la vez que con su otra mano separaba mis labios menores, dejando expuesto mi clítoris que pedía a gritos ser estimulado.

Me lo comenzó a sobar en círculos con un solo dedo; presionando y aflojando, sin dejar de penetrarme la vagina.

El sonido que salía de mi conchita se mezclaba con los primeros gemidos que comenzaban a surgir.

-uy qué ricura…quiero ver como lames tu mielcita de mis dedos.-

Inmediatamente y casi sin terminar de decir aquello, los llevo hasta mi boca, estaban chorreando de flujito.

No me quise perder su cara, ni sus gestos, cuando cerré la boca envolví sus dedos y con mi lengua moviéndose hacia un lado y hacia el otro fui lamiendo mi propia cremita.

Su pija estallaba de calentura. Sobresalía del bóxer de tan dura que la tenía.

Y mientras lamía sus dedos no pude resistir las ganas de frotarle “el paquete”, lo hice por sobre el bóxer, desde la base de sus testículos hasta la punta del glande que asomaba generosamente mojado y brillando, asfixiado por el elástico.

Aquello era irresistible, no dábamos más…

Mis ansias por sentirla en mi boca eran desesperantes, (la chupada de pija en el auto me había dejado con ganas de más) bajé hasta ella para saciar mi ansiedad pero no me lo permitió, me detuvo de inmediato.

- Shhhhhhhh momentito, ahora no, primero quiero sentir como te venís en mi mano –

“No hizo falta que me lo pidiera”

Con sus dedos entrando y saliendo vertiginosos era algo más que inminente.

Mientras palpaba en lo más profundo de mi sexo, frotaba en paralelo con vehemencia mi clítoris…

Mis jadeos se fueron agudizando de manera tal que lo sorprendí expulsando una gran cantidad de liquido similar a la orina, pero que no lo era.

“Los que desconocen lo confunden con el pis” sin saber que eso es una verdadera eyaculación femenina, y que según leí no es muy común…

(Con mi marido me ha ocurrido en varias ocasiones, en las que estuve extremadamente excitada. Claro qué en nuestros mejores tiempos).

Seguí gimiendo y entregándole hasta la última gota de aquella eyaculación…

La cual sentía correr por mi entrepierna.

Verme tan sexual, “tan perra” lo enloqueció…

-¡Me measte! ¡Que hija de puta hermosa que sos!

Nunca antes me habían meado, ¡me encantó… putita!-

¿En serio te gustó?

-¡Totalmente! me mataste, me volaste la cabeza, tengo muchísimas ganas de cogerte, pero antes te voy a “atender” a vos-

En un arrebato busqué sus labios, me los ofrendó con entusiasmo.

Envolvió mi boca con la suya y nos entregamos en un juego excitante, entre roces y frotadas de nuestras lenguas estimulando al máximo el deseo por poseernos.

Abandonó mi boca para bajar hasta mi sexo, a la vez que con sus manos palpaba mi anatomía. Desde mi cuello hasta la planta de mis pies. En un recorrido suave y sugestivo, haciendo poner mi piel de gallina.

Sin dejarme recuperar del anterior orgasmo afirmó su cara en mi entrepierna y lamió con énfasis el néctar de aquella anterior acabada. Su ritmo exacerbado logró que comenzaron a brotar nuevos fluidos…

¡Como me calienta el olor a hembra. ¡Por Diossss!

(Ese tipo de comentario son los que me hacen sentir una verdadera puta, y me encantó que me las dijera un total “desconocido”)

Aunque no dije nada, en ese momento mis ininterrumpidos jadeos fueron suficientes para que él percibiera que estaba llegando al punto máximo de excitación, y sin dejar de lametearme el clítoris me penetró primero con un dedo, luego con dos… sentía la delgada piel de mi vulva estirarse cuando sumó un tercero, (3 de él equivalen más o menos a mi mano entera ja ja “una bestia”)

Abrí mis piernas lo más que pude para recibir aquellos dedos que a esa altura  me cogían sin piedad.

Ahhhhhhh ahhhhhhhh ahhhhhhhh

Más, más, más duro, ahhhhhhhhhh ahhhhhhhhhh

No podía parar de gemir…

¡Luciano! me viene, me viene el chorro de nuevo; apartateeeeee –

-¡Ni loco! ¡Acabá! quiero sentir tu líquido en mi boca –

Mi cuerpo comenzó a sacudirse, perdí el control, y no pude contenerlo, por inercia eleve mi pelvis, inevitablemente y escuchando sus ruegos expulsé “el gran chorro” sobre su rostro asombrado ante lo ocurrido.

Disfrutó embutido en mi cara recibiendo todo lo que le entregaba. Sin aminorar la estimulación en ningún momento…acabé 2 veces, una seguida de otra, no podía dejar de temblar.

Hasta que no pararon las convulsiones Luciano no retiró la cara de mi sexo. Cuando vi su rostro totalmente “enchastrado” me di cuenta que había sido muchísimo más que la vez anterior.

-¡Me mató!

Más que una perra, sos una loba.

Me volvés loco… que manera de gemir hija de perra… tengo la pija dolorida de tanta calentura-

Fui a higienizarme refrescarme, y al regresar la vista que tenía desde el baño no pudo ser mejor…

Me esperaba sobre la cama, boca arriba y acariciando su dura verga.

Me paré frente a su miembro, y me agarré las tetas con ambas manos y con un poco de esfuerzo logré alcanzarlas con mi boca, propinándome lametones que de tanto en tanto interrumpía pasando la lengua por mis labios, humedeciéndolos, mientras lo miraba con cara de “bebota” llevándome un dedo a la boca que lamia y chupaba con devoción haciéndome la idea que era su pedazo.

-Que puta divina–

¿Te gusta lo qué ves?

-Me calentás mucho, flaca, mucho –

Y vos a mí, ¡pendejo!

Envolviendo mi cuerpo con mis propios brazos a la altura de mis pechos como si me estuviera abrazando comencé acariciarme, deslizando mis manos por sobre mi piel todavía exudada, logrando que se resbalen con facilidad.

Fui recorriendo mi abdomen mientras meneaba mis caderas como si me estuviera penetrando, a esa altura Luciano se pajeaba descontrolado.

Subí una de mis piernas sobre el sillón que tenía a mi izquierda, (el mismo que fue cómplice de aquella paja mientras él dormía) al hacer esto, mis labios vaginales se abrieron dejando ver como mi conchita comenzaba a brillar con mi propia lubricación.

Introduje un dedo que se perdió con facilidad, entonces metí otro más, y me empecé a pajear con ellos.

Mi actuación lo estaba volviendo loco, sus gemidos no se hicieron rogar…

-ahhhhh cómo me hacés subir la leche ¡nena!–

mmmm ¿me la vas a dar?

-¡TODA!

Ahhhhhhhhh, ya viene, ahhhhhhh-

Fui hacia la cama y me le subí encima, en posición inversa. Relajé mi cuerpo entregándome al placer…

Mientras él comenzaba a chuparme la concha yo lamía sus huevos, pero como sabía que la llegada de su leche estaba por llegar me la metí toda en la boca, y la empecé a chupetear.

Mientras su lengua se movía inquieta dentro de mí, provocándome de inmediato un tremendo y glamoroso orgasmo.

Él, jadeaba y elevaba la pelvis cogiéndome la boca abruptamente…

-No te aguantes, entrégame todo. Quiero recibir tus fluidos una y otra vez y beberme todo lo que salga de ella-

Éramos un solo clamor, sus gemidos se mezclaban con mis jadeos, que a esa altura ya eran más que fuertes. No podía ocultar la detonación de mi ser.

En cada embestida me venían arcadas, que inundaban su verga con mi saliva.

Cuando me sentí venir aplasté la concha contra su cara y me refregué en ella, hasta que solté “el chorrito” (mas que chorrito fue un gran chorro).

Luciano estaba tan excitado que levantó su cadera e hizo presión contra mi boca perdiéndose por completo en ella, los huevos rebotaban en cada embestida contra mis labios.

-Ahhh ahhhh ahhhhhhh ahhhhhhhhh

¡Tomáaaaaaa puta, tómatela toda!-

Entregándome sus últimos temblores colmó mi boca con una gran lechada que desbordó por mis comisuras, sintiéndola correr por el cuello, los pechos, y muriendo en mi torso.

Fue una acabada magnifica.

Me tiré a su lado, exhausta. Luciano sonreía aún agitado.

-¡Fue increíble!

Mejor dicho: ¡Sos increíble!-

¡Gracias lindo!… vos estuviste estupendo.

Tenemos que brindar por este encuentro.

Llamé al conserje y le pedí que mandase un buen champagne.

Disfrutamos cada burbuja entre besos y mimos impensados.

Aquel muchachote no dejaba de sorprenderme. Lo creía tan bohemio y salvaje, que no me esperaba fuera tan suave y cariñoso. Sin lugar a dudas un lindo cóctel para una noche de sexo desenfrenado.


Continuará…

“Amor entre hermanos” (no hay mejor amante que mi hermano) 3ra parte (EDITADA)

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Sus dedos fueron por más… se filtraron orillando la única prenda que uso para dormir, y por primera vez  alguien que no fuera yo rozaba la “zona prohibida” (como la llamó mi mamá el día que tuvimos una “charla intima”  de mujer a mujer) habían pasado tan solo cuatro meses de haber menstruado por primera vez, lo recuerdo porque desde entonces mi cuerpo comenzaba a perfilar aquellas formas femeninas dejando atrás el cuerpo de niña para convertirme poco a poco en la mujer que soy hoy…

Sigo describiéndoles  “el sueño” que me voy de tema, je je

Cuando percibí sus dedos examinando el área, sentí una rara sensación de bronca y de placer,  paradójicamente inexplicable.

Mi cuerpo y mis cuerdas vocales seguían  sin responder. Él, sin embargo ajeno a mis intenciones continuaba  sigilosamente estimulando con sus dedos infiltrándose  en lo más profundo de mi sexo, perdiéndose en la humedad que él había incitado…

Se mantuvo sumergido e inmóvil por unos segundos, tratando de  asegurarse de no perturbar mi somnolencia, en ¿mi sueño? mantenía los ojos abiertos, expectante  a cada manipulación, a cada ruido (algo que él no llegaba a divisar, siendo que la visibilidad era casi nula a la altura de mi cama, no obstante yo sí podía distinguirlo).  Impotente por no poder ejercer resistencia.

Después de un pequeño lapso comenzó a mover los dedos en forma ascendente  en mi “zona prohibida”, y con la otra mano acariciaba  mis tetitas en forma discontinua  pasando de una a la otra, me daba culpa sentir placer, pero tampoco podía resistirme, lo disfrutaba en silencio.

Mi cuerpo se arqueaba al compas de sus estímulos,  (al menos me daba esa sensación) eran cada vez  más y más  acelerados, haciendo irresistible la llegada  de “eso” que tanto me gusta, pero claro, siempre fueron mis dedos los que me dieron  ese  placer en la  intimidad de mi cuarto en penumbras, y  no los de mi hermano…  los  generosos movimientos de sus dedos inquietos naufragaron  en mis fluidos como  navegante experimentado provocando en mí una secuencia de convulsiones orgásmicas  sintiendo como esa  secreción pegajosa  chorreaba  hasta  mi cola.

No sé si fue un ruido en la casa que me despertó ¿ó qué?, creí escucharme gemir, todo había sido tan real… prendí la luz  y comprobé que estaba sola, pero me sentía mojada,  entonces  dudé si solo había sido un sueño, y con mi mano tantee mi sexo que sorpresivamente se encontraron con mis fluidos.

Pero era muy morboso pensar que  Iván había entrado a mi cuarto y había estado jugando conmigo mientras dormía. ¡No! no podía ser posible, descarté ese pensamiento casi al instante,  era mi imaginación que me estaba jugando una mala pasada.

Al día siguiente observé el comportamiento de mi hermano, actuaba diferente, casi no me miraba,  me pareció que trataba de evitarme. Si por alguna razón quedábamos solos él buscaba una excusa para ausentarse.

Fueron pasando  los días, los meses  y todo seguía como si nada,  deseaba volver a vivir  esa experiencia, pero nunca más se repitió.

Creo quedé obsesionada  desde  ese día, porque cada noche al irme a dormir no podía dejar  de traer a mi pensamiento  aquella agradable sensación que tanto placer me dio. Cerraba los ojos y revivía paso a paso  esa aventura, y me volvía a excitar  y a tocar cada noche, ahogándome en gemidos mudos, apretando con fuerza mis labios  reprimiendo el sonoro y magnifico estallido del éxtasis.

Un fin de semana que Iván se había ido de campamento con el grupo de boy scout, me dio ganas de curiosear  su cuarto,  revise un par de cajones, encontré revistas de mujeres asiáticas desnudas, y de hentai porno,  era totalmente sabido que me toparía cosas de ese tipo, entrado en la adolescencia  los niveles de testosterona estarían altísimos, y hasta ese momento no le conocíamos  ninguna “amiguita”, y era normal que usase ese material para desahogarse. Lo que no era normal que entre sus prendas hubiese un par de tangas  que yo ya daba por perdidas. Recordé aquella escena del baño. Dude si llevármelas, pero al final decidí dejarlas, sino  descubriría que estuve allí.

También entré a su computadora, revisé todas las carpetas que contenían archivos, encontrando videos pornográficos al por mayor, pero lo que no me imaginaba que encontraría una carpeta que llevara de titulo “mi perversión”  al abrirla ¡oh sorpresa! Un montón de fotos en los que yo estaba durmiendo, tomando sol en el jardín, y en partes de la casa en las que yo creí estar sola. Y también  tenía 8 videos titulados en la ducha 1, en la ducha2 y así sucesivamente hasta  llegar a 8.  Me mató la curiosidad. ¡Me los miré todos!  Pero no se me había ocurrido que la que estaría en ellos pudiera ser yo.

Se ve que preparaba y  programaba la filmadora cuando tenía  la certeza que me  entraría duchar. . Algunos no se veían muy bien la 1, la 2, y la 3, eran ángulos diferentes y se veía de lejos, y con el vapor era casi imposible adivinar los movimientos.  Pero a partir del 4 video  dio en el blanco; encontró el sitio adecuado,  donde capturó con precisión mis baños,  baños que me daba inocentemente sin siquiera intuir que podía ser grabada por mi propio hermano.

Desde ese día mis duchas no fueron iguales, antes de entrar a ella miraba de reojo o de costado para saber si estaba filmándome, las veces que la encontré mis baños fueron extremadamente sensuales, y con los años  a medida que iba creciendo eran cada vez más provocadores.  A los 17 y ya de novia  seguía seduciéndolo a través de las filmaciones, y algunas  veces, me comenzaba a tocar, excitándome sabiéndome espiada. Ponía algo de música para confundir mis jadeos  con ella.

Una noche pasaba por su cuarto y tenía la puerta cerrada, y se me ocurrió espiar por el ojo de la cerradura.

¿Y a qué no saben lo que vi?

Estaba acostado en la cama con la filmadora conectada a la tv viendo una de mis últimas duchas, una de esas en las que me tocaba ¿para él?

Verlo tirado en su cama con su gran pedazo entre sus manos pajeandose duro mientras me veía fue terriblemente excitante y morboso.

Y así continuamos por años, sabiéndonos espiados, porque incluso creo que con el tiempo se dio cuenta que yo lo espiaba. Incluso creo se avivó el día que estaba encerrado con su noviecita en el cuarto, cuando golpee para preguntarle sobre  un libro que no encontraba y me grito:

- ahora no puedo, luego lo busco –

Por el tono de voz no fue difícil saber que estaba en medio de un polvo, así que me agache y me quedé espiando como lo hacían.

- No puedo explicarles los celos que sentí -

Me daba una envidia tremenda ver como la penetraba. Sin darme cuenta estaba tocándome mientras los miraba, cuando vi la verga de Iván entrando en el gran culo de  Paola (porque era más bien gordita), se me hizo agua la boca, y pensé ¿por qué  Santi (mi novio) no me lo hace? Obvio que no encontré la respuesta, pero eso era lo de menos, porqué en ese momento deseaba  fuera mi hermano quién me cogiera así de rico.

Continuará…

“Amor entre hermanos” (no hay mejor amante que mi hermano) 2da parte

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No le respondí nada, pero le hice caso y se lo toqué un poco, me daba “cosa”, su piel era muy suave, me gustaba acariciarla, mis dedos se deslizaban con facilidad, pero seguía intrigada,  ¿cómo podía ser que “eso” siguiera creciendo?

No me iba a quedar con la duda y le pregunté:

- ¿por qué  se te puso así? –

- eso no te lo voy contestar hermanita, ¡tendrás que averiguarlo vos! –

Se paró, agarró su ropa y se introdujo en el baño.

Yo hice lo mismo pero me fui arriba (habitación),  al pasar frente al baño me dio  curiosidad (ganas de espiarlo), seguro que se estaba poniendo la ropa “pensé”- ¡pero no! Seguía desnudo y  tenía algo en la mano, al principio no me daba cuenta de lo que era, hasta que la reconocí, era “mi  bombacha” la que me había sacado antes de entrar a bañarme y se me olvido llevarla al lavadero.

El muy asqueroso  tenía los ojos cerrados  y la olía, aspirabaprofundo  y exhalaba  largando el aire  contenido, con ella se frotaba su “cosota”. Desde el ojo de la cerradura podía darme cuenta que la tenía enorme y dura. En ese momento sentí repulsión al ver que hacía aquello, y me empecé a preguntar si siempre lo haría, ó  si esa sería quizás la primera vez, imposible descubrir la verdad. Y no me animé a preguntárselo tampoco.

Me fui a mi cuarto, me cambie, y me puse a ver  televisión (sin verla) en todo momento se me cruzaba la imagen de Iván oliendo mi bombacha, tocándose con ella.

Pasaron los días y ninguno mencionaba nada de lo ocurrido (quizás no nos atrevíamos).

Pero una  tarde habíamos ido a andar a caballo con mis primos mayores, al llegar a la casa corrimos al baño, nos peleábamos por quién se bañaba primero, él ya estaba prácticamente adentro del mismo, pero de repente  dejó de pelearme y me lo cedió …

- ¡dale! te dejo a vos primera, pero no tardes mucho ¡pendeja! –

Entré, me duché y cuando me quise secar me di cuenta que no había llevado ningún toallón, fui hacía la puerta para gritar que me lo alcanzaran. ¡Alguien me iba a escuchar! Pero para mi sorpresa al semi abrir la puerta dejando asomar solo mi cabeza me lo encuentro a “él”  todavía agachado detrás ¿espiando?, según  él venía a preguntarme si me faltaba mucho.

Tal vez era cierto, ¿por qué dudar? Luego de traerme  un juego de toallas  se quedó en el pasillo apurándome.

- ¡dale nena! Métele pata que me quiero bañar “hoy” -

- ¡ya va idiota! ¿No ves que ya terminé? -

Ni bien saqué un pie se mandó de una.

Inmediatamente me fui a cambiar y me tiré en la cama a ver algo de tv. Luego de cenar me fui a dormir, estaba cansada, la cabalgata me había “matado”.

Soñaba que Iván entraba a mi  habitación  con el cuidado necesario de no despertarme, se sentó  en la orilla de la  cama contemplándome  mientras yo dormía  plácidamente boca arriba.

Aún no había amanecido pero con la suficiente claridad que  entraba por el ventanal de aquella noche de  luna llena lograba ver la sombra de mi hermano y sus movimientos. Estuvo un rato tan solo viéndome, luego sentí que me destapaba casi por completa,  quería decirle que no lo haga, pero no me salía la voz, con su mano estirada y muy suavemente  acariciaba mi pierna, desde las pantorrillas hasta la ingle, hasta que se detuvo en mis muslos, allí con la yema de sus dedos  acariciaba por sobre la bombacha, con movimientos envolventes.

Recuerdo deseaba  gritar, patearlo, no sé, algo para defenderme, pero  mi cuerpo estaba inmóvil, como si este  estuviera separado de mi mente.

Continuará…

“Amor entre hermanos” (no hay mejor amante que mi hermano) 1ra parte

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Soy hija de Juan y  Mabel,  hermana de Iván,  un año y cinco meses  mayor  que yo. Dueño de una conocidísima empresa láctea  que por situaciones que leerán a continuación  no daré a conocer.

Mi nombre es Jorgelina tengo 27 años y soy empleada administrativa en la empresa de mi hermano.  Estoy a solo dos días de mi casamiento con Santiago, mi novio desde hace 4 años.

Esta mañana no sé por qué motivo me desperté  rememorando ciertos recuerdos de mi niñez, y parte de mi adolescencia.

Si bien no debería sentirme orgullosa de ello,  quiero ser sincera con ustedes y decirles que fueron los años más bonitos de mi vida, aunque  para muchos pueda resultarles “bochornoso” y me tilden de inmoral.

Mamá y papá trabajan desde aquella época  para una entidad gubernamental  por lo que mi hermano y yo quedábamos  al cuidado de la “Niñera”. Ella fue muy importante en nuestras vidas, en nuestro crecimiento y educación, porque era exigente y correcta como pocas, nos inculcó  siempre a ser sobre todas las cosas personas dignas y sinceras ante todo tipo de eventualidad.

Ella de todos modos  siguió trabajando con nosotros haciendo los quehaceres domésticos hasta que le llegó la jubilación y dejó de trabajar.

Me fui por las ramas contando otros pormenores, mejor vamos al tema que nos ataña.

Era una tarde  fría, típica del mes de  Julio.  La niñera (Rosa) había ido hasta el centro comercial para proveer a la familia  de comestibles para el fin de semana, siendo que todos los viernes  al regreso de mis padres se iba a su casa con su familia regresando  el día lunes temprano por la mañana.

Recuerdo jugábamos con Iván a las cartas sobre la  alfombra del living  frente al rojo fuego del hogar cuando le gané por segunda vez consecutiva a la escoba  de quince, mientras yo festejaba con risas burlonas  Iván indignado me desafió  a seguir jugando,  pero a diferencia de las anteriores y para darle otro ritmo al juego le quiso sumar emoción. Debíamos  quitarnos   “una prenda” por cada partido perdido.  Ese era el trato. Para desgracia de él y alegría mía la suerte  estaba de mi lado, Iván ya se había quitado casi todo, quedándose  sólo con el bóxer puesto, en cambio yo  había perdido uno solo hasta ese momento, sacándome un buzo polar.

Pero de repente la suerte se  dio vuelta y empecé a  perder  partido tras partido, no quedándome  mucho por sacarme, quise echarme atrás, pero Iván no me lo permitió,  me desafío diciéndome que si no lo hacía “era una boba”  lejos de mí estaba la idea de quedar como una boba ante “mi adversario”, no me quedó más remedio que  quitarme el corpiño, (no hacía mucho que lo había comenzado a usar) era ¡eso! o la bombachita, no tenía muchas  opciones. Aunque debo admitir que me dió bastante vergüenza hacerlo, estaba entrando en la adolescencia, (13) y si bien mi cuerpo no estaba del todo desarrollado, mis pechos  ya eran llamativos, no por el tamaño sino más bien por su forma, muy paraditos y los pezones  rosaditos, (porque soy muy blanca)   apuntando hacia arriba, como en forma de pera.

Era la primera vez que mi hermano  me veía así (en tetas), aunque esté estaba muy nervioso y hasta llegó a ruborizarse, igualmente  sin disimulo fijó su mirada en mis pequeños senos. No me sentí molesta ni nada que se le parezca,  pensé que era “mera” curiosidad,  así que no hice caso y seguimos jugando…

Estaba a un solo partido de perder el juego. Ya me estaba poniendo nerviosa de solo pensar que me tendría que quitar la bombacha.

Ya en la mano siguiente comencé a hacer una escoba  tras otra (4), y sin darme cuenta  había logrado  la setenta completa, sumado al siete de oro,  eran 6 je je  ya con eso tenía asegurado el partido.

Cuando hicimos el recuento  su cara se transformó. Saber que  le gané  lo puso loco.

Era “mi momento”,  el de divertirme  y ver  como se quitaba el calzoncillo y pispiar que había abajo mientras se sonrojaba,  je je , aunque pensé que se iba a parar, agarrar  las pilchas  y mandarse a mudar. Pero no, a pesar de estar furioso por haber perdido cumplió con lo pactado, se  lo quitó y el muy guacho me dice:

- bueno acá lo tenés, satisfecha? –

En ese momento pensé Dios mío que cosota más fea, pero a la vez me daba curiosidad,  y se lo seguía mirando, aunque en aquel momento no comprendí porque lo tenía erecto. (Que inocentona éramos en aquella época)

- Que feo es – fue todo lo que atiné a decirle, sin importarle en lo más mínimo mi comentario …

- Quiero tocarte las tetas- ¿me dejás? –

- Bueno, solo un poco, pero si vos me dejas tocarte el pito –

- buenísimo, yo me dejo si me dejas –

Se acercó a donde yo continuaba sentada y me las tocó suave y tímidamente, pero a los pocos segundos me las empezó a manosear y apretujar fuerte

- Bueno basta! Que me haces cosquillas, ¿a ver el tuyo?-

Él parado frente a mí dando justo con su cosa a mi cara,  en ese momento pensé “¿o yo estoy loca ó se le está poniendo más grande?” era evidente el porqué, pero yo por aquel entonces lo desconocía, era muy inocentona, no tenía la viveza  que quizás otras de mi edad tendrían.

Apenitas  lo rocé  me produjo escalofrío.

– ¡tócalo! no seas sonsa, no te va a morder –

Continuará…

“La Fantasía de Ramiro”

Estándar

Amigo, se viene tu cumple y no sé que regalarte, pensé en un perfume, pero desconozco cuál es tu preferido, un bonito suéter quizás, pero no se tu talle, un libro? me re pregunté luego de meditar unos minutos, NO! Tampoco; no sé quien sean tus autores preferidos. Entonces? Que puedo regalarte?

Pensaba para mi interior mientras miraba la foto que nos tomamos aquel día que tanto nos divertimos, contando aquellas anécdotas de nuestra adolescencia.

En ese instante vino a mi mente una conversación que mantuvimos hace un tiempo atrás mientras compartíamos un café. Al romper con tu novia de ese momento recuerdo me decías que todas tus fantasías y tus sueños se veían truncados por aquella abrupta pelea.


Entre algunas de las cuales recuerdo tenías como fantasía (obsesión) hacer el amor con 2 colegialas, dada tu edad tranquilamente podías cumplirla con alguna de tus alumnas, que a esa edad están a punto caramelo. Pero era entendible tu postura, no mezclar el trabajo con lo personal. La frase me quedó haciendo ruido en el interior de mi cabeza.

Al fin llego tu cumple querido amigo, mediante mensajito de texto te avisé que en media hora estaba por tu casa saludandote.
Habrían pasado unos 45 minutos de aquel sms cuando estacioné el auto en la puerta de tu casa.
Me recibiste contento, y con un beso en la mejilla agradeciste mi visita, saludaste a mi compañera, (mi mejor amiga) que ya conoces muy bien, y de la cual recuerdo que alguna vez mencionaste “lo buena que estaba”.

Fuimos vestidas discretamente las 2. Sutilmente atractivas.
Nos invitaste a pasar y a sentarnos en el sillón blanco que da justo frente al ventanal de calle.
Nos serviste unas copas de champagne, y cortaste la torta de cumpleaños que ya habrías compartido con algunas otras personas que se nos adelantaron porque le faltaban varias porciones.

Entre charlas y risas se nos paso la hora, agradable, divertido, pero mi amiga y yo teníamos en mente algo más… y también temíamos que alguna visita nos arruinara “la sorpresita”.

Ella esperaba mi accionar para seguirme los pasos.
Inventamos una escusa tonta, (que se me había desprendido el corpiño) y como era bien conocido el camino al baño por mis tantas visitas, me dirigí a el, haciéndome de escolta Paola, una vez entradas al mismo sacamos de nuestros bolsos las diminutas polleritas tableaditas en una combinación de rojo y negro, las camisas blancas que se anudan debajo del busto, lencería blanca para Pao y negra para mí, cada una con sus portaligas incluido.
Las mias eran de red y las de mi compañera traslucidas con algunos detalles a los costados. Las bombachitas diminutas al tono de las medias. (ñam ñam).
Por supuesto que debajo de esa camisita no podíamos llevar corpiño, así que nos despojamos de ellos. Unas cintitas de raso ajustarían perfectamente nuestros cabellos dándole forma con 2 altas colitas cada una. Dando ese toque de colegiala fatal.
Sacamos del bolso los zapatos de tacón, esos que a nuestros respectivos novios los calientan sobre manera, y con ellos completamos nuestra indumentaria.

Abrí la puerta del baño asomé la cabeza y grité, _apaga las luces Rami, te queremos dar tu regalo, pero con la luz apagada, sino pierde la gracia…. Espéranos sentado en el sofá.

Obediente como ninguno y ansioso por ver el regalo apagó las luces inmediatamente, quedando casi en plena oscuridad, de no haber sido por el ventanal que se encontraba levantado a la mitad.
Creo que ni remotamente se esperaba lo que minutos más tarde ocurriría allí, y con él como primer actor de nuestro mejor guión.

Desfilamos hacia el living, la poca claridad que entraba dejaba ver su silueta sobre el gran sillón que minutos más tarde sería nuestro único cómplice y testigo.
Ramiro estaba allí, inmutable, nos acercamos a él silenciosamente, cuándo intentó averiguar algo lo callé de pronto acercándome a su cara y sellando su boca con un beso, para mi sorpresa se entrego con mucho desparpajo.
Pao del otro lado de su cuerpo acariciaba su torso, podía ver sus manos inquietas como subían y bajaban por debajo de su chomba, las sombras de nuestros cuerpos se desdibujaban a medida que bajaba el sol, nuestros cuerpos comenzaron a emanar olor a sexo, y más nos excitamos, mi mano busco su bragueta, (ya le explotaba) bajé su cierre y saltó como asfixiado su pedazo de carne deseoso de poseernos.

Cuando zafó de mis besos estiró su brazo alcanzando la mesita ratona que estaba pegada junto al sillón, y en un solo click encendió la lámpara que estaba encima.
Sus ojos encandilados por la luz brillaban más de lo habitual, busco mi mirada para que le dijera algo al respecto, luego poso su vista en mi amiga y creo haberle visto un hilo de saliva chorreando por la comisura de sus labios, estaba obnubilado por nuestra apariencia y actitud.

Sus primeras palabras ante semejante sorpresa fueron
_ me quieren matarrrrrrrr, Dios santo!!! que lindas que están, esto sí que es un verdadero regalo.

Con Paola ya habíamos hablado de cómo manejarnos una vez dada la sorpresa a mi amigo. Solo bastó una mirada para que ella dejara lo que estaba haciendo para arrodillarse frente a su gran pija, la misma era sorpresivamente generosa.
A la misma vez yo hice exactamente lo mismo quedando su falo a merced de nuestras bocas.

El murmuraba por lo bajo, era tan grande su emoción que parecía hablar en otro idioma, porque no pude descifrar sus comentarios. Mientras; pasaba su mano por la entrepierna de Pao, que generosamente separaba un poco más sus piernas para que él hiciera con ella lo que quisiera.

Nuestras bocas y manos se adueñaron de la majestuosa pija, al llegar a la punta de ella Pao y yo nos comiamos la boca mientras lo mirabamos a la cara, y entre lamidas y sobadas nos regalo su primer orgasmo de los 3 de esa noche.

Dejo el resto a la imaginación de los lectores o  más bien prefieren  que continue narrando  como siguió?

Experiencia lésbica con compañerita de colegio

Estándar

Con mi novio nos fuimos a comprar los ingredientes que nos hacían falta para la cena. Ya dentro del lugar y hurgando en la góndola de quesos, nos encontramos a una vieja compañera de la secundaria que desde entonces no veíamos.

Fue una gran sorpresa que ella nos reconociera porque nosotros a ella no la hubiéramos reconocido nunca, es que aquella chiquilla regordeta de entonces hoy dejaba ver su menuda silueta bajo un vestido corto y al cuerpo, que no dude en halagar, a lo cual mi novio por detrás hizo suya mis palabras

Nos contó estaba de paseo; y paraba en casa de sus padres. Se había mudado a la ciudad de donde era nativo su pareja. Con esto ya nos había dejado saber claramente que tenía novio.

La verdad que con su conversación nos tenía cautivos, mientras ella hablaba nosotros nos miramos adivinando lo que el otro pensaba, ambos teníamos ganas de saber más sobre ella.
Invitarla a cenar era lo menos que podíamos hacer para festejar el reencuentro.
Aceptó encantada nuestra invitación con la condición de que le dejemos a ella comprar las bebidas viendo como tumbaba al carrito un par de vinos de los buenos, y una botella de whisky escocés mientras tanto nosotros escogíamos el postre a llevar

Ya en el auto y dejar de hablar llegamos a la casa de sus padres, la dejamos allí y seguimos camino a nuestro hogar.

Mientras cocinábamos nos propinábamos mimos todo el tiempo, disfrutamos de cada momento que pasamos juntos, y no siempre tiene que ser sobre la cama
Ya casi lista la cena he ido por una ducha caliente mientras mi amor avivaba el fuego de la estufa hogar para recibir cálidamente a nuestra invitada.

A punto de salir de la ducha mi novio se aparece con un pequeño paquete de regalo, para que estrenara ahí mismo, en mi rostro se vería reflejada mi sorpresa porque me dice: no quieres? no te lo doy nada
Entre risas y besuqueos lo desenvuelve diciendo:
-Mientras no me reemplaces…

Era un dildo siliconado simulando ser muy venoso dando una sensación extra, me lo llevó hasta mi boca pidiendo que lo lamiera, introduciéndolo suavemente en ella comencé a apretar los labios en un vaivén continuo sintiendo así las generosas venas casi como si se tratara de una gran pija venosa real. El me miraba mientras se tocaba su miembro ya hinchado bajo el pantalón, agarrando mi mano derecha la llevo hasta su abultado sexo.

-Esto y mucho más te espera esta noche luego de que se vaya nuestra visita.

Comprobé con mis manos que cada vez se ponía mas y mas duro, como buena perversa que soy lo acariciaba suavemente sin dejar de jugar con el dildo en mi boca, pasando mi lengua por mis labios, acto que lo vuelve loco, me tomo con fuerza de la cintura llevándome hasta él, me quito el dildo de la boca y tras mirar el reloj (comprobando que aún sobraba tiempo) me metió la lengua enroscando con la mía me dio un beso de eso que se te pone la piel de gallina, el dildo que aún sostenía en su mano lo paso superficialmente por mi conchita pero igual así llegue a mojarlo, lo miro, sonrió, y me lo llevo a la boca.

-Chúpalo todo, quiero verte la cara de putita cuándo te lo comes.

Sus palabras me excitaron doblemente, mi respiración se acrecentó ante la situación, su miembro no cabía en el interior de su pantalón, en ese mismo instante suena el timbre del portero.

A las corridas me termine de vestir, sin más tiempo a acomodar la habitación, me peine a las apuradas, me puse unas gotas de mi mejor perfume y me dirigí al living.
Justo a tiempo que ella entraba por la puerta principal y por detrás Mariano que me hacía señas obscenas haciendo referencia sobre el culo de nuestra invitada.
Cordialmente y muy a gusto la recibí, en verdad estaba feliz de volverla a encontrar, ella parecía estarlo también, quitándole el abrigo como todo un caballero la invito a sentar.

Mientras el fue a revisar la cena nosotras no parábamos de hablar, parecíamos 2 cotorras enjauladas, jaja es que habían pasado ya unos cuantos años de no vernos, y había mucho de que hablar.
Dirigiéndose hacia nosotras con el cantico de la cena está casi lista se viene acercando mi novio a lo cual Perla me dice:
– Qué guapo está Mariano, que físico ha echado y tu mi querida estás descomunalmente bella belleza al natural mas bien, porque no te veo una pizca de maquillaje sobre tu rostro.

Le agradecí con sonrisas sus halagos y no pude contenerme de decirle la figura que había logrado en estos años de no vernos, con un dejo de timidez se sonrojo y me respondió: es que he perdido unos cuantos kilos desde la secundaria a esta parte, también he aprendido a amar y cuidar mi cuerpo como antes no lo hacía.

Interrumpidas por Marian (como lo llamo yo cariñosamente) nos señalo la mesa con un gesto como cuán mesero de un restaurant, solo le faltaba la servilleta colgando del brazo, jaja
Fui en busca del vino que Perla había elegido para la ocasión, una vez puesto en la mesa Marian nos sirvió y alzando las copas brindamos por el reencuentro.

La cena estaba exquisita, casi a la perfección me animo a decir.

Entre charlas recordatorias de nuestra época de estudiantes las copas se vaciaban,las cuales eran llenadas casi al instante por el único caballero de la casa, él estaba atento a todos los detalles, para que la cena fuera una agradable noche de tiernos recuerdos y nuestra invitada se sintiera como en su propia casa.
Los 3 nos quejábamos de lo mucho que habíamos comido, pero ninguno decía nada de lo mucho que habíamos bebido, pero el fuego que encendían mis mejillas denotaba el exceso de alcohol que había entrado en mí.

Ni que decir de Perla que ya no le quedaba más prenda por quitar, le echaba culpas al hogar que estaba encendido detrás.
Hicimos una pausa entre la cena y el postre, pero seguimos bebiendo del exquisito vino que bien había sabido escoger.

Esos recuerdos inolvidables nos transportaron a la adolescencia más añorada; tras un suspiro que salió como ahogado de mi profundo interior comenté:
Qué tiempos aquellos!!!

Se miraron y largaron una carcajada sincrónizadamente como si se hubieran puesto de acuerdo.
Con un poco de dificultad al pararme fui en busca del postre, haciendo alusión que se me había trabado el taco al salir.

Disculpándose por levantarse de la mesa fue por detrás Marian, ayudando a sacar el postre de la heladera le mencione de sacar la botella de champaña que teníamos guardada desde otra ocasión, me toma por sorpresa metiendo toda su mano entre mi culo y mi cuevita y al oído me dijo:

Me encanta verte así de mareadita, estoy como loco viendo como bebes sin culpas, te desconozco un poco, vos no sos de beber y te está sentando fatal, no veo la hora de llevarte a la cama y de cogerte toda, me animo a decir que hoy serás mi sometida
Lo callo sellando sus labios con un beso y con un pequeño empujón de cadera le respondí: No exageres que no he tomado casi nada.

Con el postre en mis manos caminando delante volvió a meterme la mano en el culo, estaba desaforado, más bien descontrolado pensé

Al llegar a la mesa vemos a Perla viendo unas fotografías que yacían sobre un mueble al lado del equipo de música, eran de nuestro viaje por el interior.
Nos ubicamos nuevamente en nuestros sitios mientras comentábamos nuestra experiencia de ese no tan lejano viaje, a la vez que degustábamos de un riquísimo postre con abundante crema, chocolate, dulce de leche, no le faltaba nada, era deliciosamente exquisito.
Volvimos a alzar las copas a diferencia que esta vez era de champaña y no de vino, el motivo también era otro

Que la próxima vez trajese a su pareja.
Marian aprovechando que se hablaba de ello le preguntó a Perla a que se dedicaba su novio
Perla airosamente y sin prejuicios pide perdón por corregirlo, ambos nos miramos sin saber qué cosa iría a decir
Interrumpiendo nuestros pensamientos dice:
No es él, es ella

Y nosotros que somos una pareja modernizada y apostamos al amor, sin importar con quién largamos la contenida respiración con una sonrisa y al choque de copas brindamos por ello

No pude ocultar mi curiosidad de saber como se habían conocido, así que se lo pregunte
Anonadada estaba oyendo su historia de Amor, a Marian creo que un poco lo aburrió porque encontró un pretexto para retirarse de la mesa.
La charla se hizo corta pero creo que fue por mas de 1 hora de conversación continua.
Dejamos de hablar cuando nuestras gargantas se encontraban seca, las copas se encontraban vacias, y la botella también
Recordé el escocés que teníamos y fui en busca de él, aproveche a ver que hacia Marian, tirado sobre la cama y vestido en la habitación chica lo encontré.
Dormidísimo, ni se enteró de mi presencia.

Me dio pena despertarlo, así que con el escocés entre manos y un par de vasos para la ocasión me reuní nuevamente con Perla.

Sonrió al verme llegar abrazada a la botella,
-pensé que te habías olvidado mencionó.

-Eso nunca le respondí.

No recuerdo cuantas veces chocamos los vasos brindando por el reencuentro, pero si recuerdo que estábamos felices de ese momento.

Perla se levantó con un poco de tambaleo, se notaba que le había pegado mal el escocés , pidiéndome que le enseñe el camino al baño la acompañe hasta el, quedé esperando en el pasillo que divide el baño de la habitación, por si se necesitaba algo.

Al cabo de un par de minutos volvió a salir y se la veía bien, mareada un poquitín, pero solo eso.
-Aguarda; le dije – ya que estoy yo también voy.

Al salir no estaba esperándome, pensé tal vez estaba en el living, seguí caminando hacia el y al pasar por la puerta de la habitación la veo tumbada en la cama y con el nuevo regalo de Marian en la mano.
Me mira vislumbrada a la vez con picardía y con su dedo índice me indica que me acerque a su lado.

Al llegar y sin promediar palabras dejó el dildo sobre la cama, me tomo de la mano y me hizo sentar a su lado.

Intuí al instante lo que se avecinaba…

-la fantasía de estar con otra mujer se me hará realidad esta noche, interrumpió mi pensamiento cuándo sus manos acariciaban mis cabellos, mi rostro, mis brazos, me hacia estremecer cerré los ojos y me dispuse a disfrutar.

Con los ojos cerrados sentí su boca posar en la mía, tan suavemente que apenas me di cuenta, jugo con su boca entre abierta sobre la mía, sin besarme, solo jugaba, mientras sus manos inquietas me recorrían el cuerpo por sobre mis prendas, alzó mi mano derecha la puso encima de la de ella y la guio hasta su escote, subía y bajaba haciéndome notar su marcado y erecto pezón
-¿Te gustaría acariciarme por debajo de mi vestido? Me preguntó

-A esta altura ya no lo dudaba, le respondí que sí que lo estaba deseando.

-Tendrás que tenerme paciencia es la primera vez que voy a acariciar a otra mujer.

Ella respondió con una sonrisa:
-seguro que después de esta vez no será la única, déjate guiar por mí y déjate llevar por el momento, te sorprenderás de lo rico que la pasaremos vos y yo.

Desprendé mi corpiño, no seas vergonzosa nena.

Mis nervios se los trasmití a mis manos que no paraban de temblar, lentos eran mis movimientos sentí que tardé una eternidad en llegar hasta la prendedura de su elegante soutien.
Sentía pudor de tocar su piel, apoye mis manos suavemente sobre la prendedura y sin querer la roce, entonces ella percibió mis manos temblorosas y dijo:

Mujer no tengas miedo de mí, cierra los ojos y acaríciame el rostro con el revés de tus manos, será más fácil para romper el hielo.

Con un gesto asentí a sus palabras y me dejé llevar por su pedido.

Cerré los ojos y aún con mis manos temblando tímidamente las pose sobre sus mejillas, recorrí su cara toda y le pedí que ella también cerrara los ojos e hiciera lo mismo conmigo.

- exactamente lo que estaba por hacer, solo que no te iba a avisar.

Sentí sus manos tibias recorrer mi frente, los pómulos, la nariz, cuando llego a mi boca se detuvo un instante y sentí diferente eran las palmas de las manos, era una sensación aún más placentera.

Y copiando cada uno de sus movimientos los repetía para con ella.

Comenzó a usar sus dedos y con ellos recorría mi boca, metiendo un dedo dentro despegando mis labios entre sí, mi boca estaba seca de los nervios que tenía, el movimiento de ellos dentro de mi boca me provocaban deseo, deseaba chuparle uno a uno sus dedos, pero me parecía muy atrevido para ser la primera vez.

Siguiendo paso a paso todos sus movimientos, y con un poco de pudor metí mis dedos en su boca, pero a diferencia de mi; Perla cerro la boca y los empezó a lengüetear, (no puedo trasmitir lo que sentí en ese instante).
Fue sensacional.

Con su voz entrecortada me dice:
Mueve tus dedos en mi boca, siente mi lengua entre ellos.

Me tomo del puño y quito mi mano de su boca apretando mis dedos entre sí, me clavo la mirada mientras se llevaba mis dedos a su boca como si fuese un helado los lamió.

Me excitó mucho verla hacer aquello.

Soltando mi mano se fue acercando más, y más… Cuando quise darme cuenta tenía su boca sobre la mía y acabamos fundiéndonos en un beso suave y dulce.

Ella sin perder el tiempo desabrochó uno a uno los botones de mi abrigo, canchera para esta tarea quito de a una las mangas librándose así de la prenda, debajo de ese abrigo llevaba una camiseta negra de lycra transparente y al cuerpo, dejaba percibir mis senos libres de soutien, como le gusta que lo lleve a Marian.

Haciendo alusión al modelo de mi camiseta comentó:
-Que sensual es el diseño, y que senos mas turgentes escondes debajo de todo eso, mientras levantaba la camiseta de ambos lados enroscándola hacia arriba dejando mis pechos a su merced, con su mano derecha daba vueltas en círculos sobre la aureola de mi pezón, la sensibilidad que en ellos tengo no se hizo esperar.
Se erizaron al instante.

Con un gesto de gusto ella comentó:

-mmmmm que lindura de pezones bien duritos como me gusta a mí, y en una embestida ya estaba allí, comiéndomelos primero los lamió provocándome más excitación de la que ya tenía, luego jugó con ellos con su boca, pasando de un pezón al otro dándoles un chupón entre dientes cada vez.

Sentí la necesidad de hacer lo mismo y empecé acariciando sus hombros, su torso todo, concentrándome en ese par de tetas enormes, creería que supera la talla 100 ampliamente. Sus pezones eran más bien grandes y rozados, se los humedecí con mi lengua para luego soplar sobre ellos, (esto lo copie de Marian) y particularmente me excita mucho que me lo haga. A esta altura sus pezones estaban duros como una roca, los disfrute cada centímetro y a cada lametazo que le daba, deliciosos los encontré.

Ya casi sin pudor subí al encuentro de sus labios carnosos que no se hicieron desear, entre besos y toqueteos nos dejamos caer en la cama.

Perla se arrodillo frente a mí sin dejar de mirarme arrastró sus manos hasta mi cadera en busca de la prendedura de el jean, desabrochando los 2 botones y bajo el cierre del mismo y ayudando la tarea levante mis piernas para que al fin se librara de ellos, arrojándolo al costado de la cama.

Pensé: ahora me quita la tanga. Pero no lo hizo.

Se inclino encima de mí, quedando a la altura de ella, me acariciaba la zona con movimientos suaves, deseaba que sus dedos se apiadaran de mi excitación, y se metieran debajo de ella, pero no, bajo su cara hasta mi vagina y lamia por sobre la tanga.

Estaba empapada no daba más, quería sentir su boca dentro, sin pensármelo le dije:-quiero sentirte dentro, cómemela toda, no me hagas esperar.

Con una gran sonrisa respondió: -Estaba deseando que lo pidieras…

Sin promediar más palabras corrió la tanga a un costado y comenzó a beberme el néctar que ella misma me había provocado.

A cada vaivén de su lengua mi cuerpo se estremecía, enchastrando toda su boca, sentía como mis jugos eran absorbidos por ella, como una esponja. De repente; se inclino hacia un costado despegando su cara de mi excitada vagina.

Tomó el dildo que minutos antes ella misma había dejado; allí arriba. Me lo metió en mi boca para que lo lamiera, dejándolo todo mojado de mi propia saliva; lo llevó hasta mi caliente y latente sexo, lo introdujo en ella metiendo los no menos de 20 cm que le calculé que tendría, lo encendió; a la vez que lo metía y sacaba, sintiendo las gruesas venas que simulaba tener, estaba a punto de estallar; cuándo sin dejar de jugar con el dildo se apoderó de mi clítoris, entre lametazos y mordiscos, perdiéndome en un mar de sensaciones difíciles de explicar con palabras, entrando en el maravilloso estado de clímax total acabé dejando todo mi néctar a su disposición que sin perder un instante retiró el dildo y comenzó a beberlo todo como premio final.

Levantando su boca embadurnada de mi miel subió al encuentro de la mía, nos fundimos en un beso, saboreando de mi propio sabor.

Mientras Perla fue al baño me quedé rememorando lo sucedido, y me pregunté: Y ahora que hago?
No sabía cómo manejar la situación, me encontraba en una extraña situación.

La adrenalina corriendo a full por todo mi cuerpo aún sobresaltado por aquel orgasmo que Perla me había provocado minutos antes, cuando de repente me pareció verla pasar por el pasillo contiguo en dirección a la cocina; sin perturbar mis pensamientos seguí cómodamente recostada boca arriba, la veo entrar con un vaso en la mano sin alcanzar a distinguir que tenia dentro.

Casi murmurando como si hubiera leído mi mente me dice: -He quitado un poco de crema que decora el postre para que juguemos con ella. Espero que no te molestes por ello.

Ante mi cara atónita mientras me enderezaba, ella, sonreía, a la vez que me decía: -A sabiendas de tu debilidad por los dulces, nada mejor que seguir disfrutando de ellos.

Puso el vaso en mi mano, se recostó, boca arriba, delante de mí, yo estaba sentada en una cómoda posición de relax, que uso a menudo en las clases de yoga. Desde esta posición tenía una visión perfecta de sus generosos, firmes, y naturales pechos.

Aún con el vaso de crema en la mano con una mirada tímida recorría su cuerpo mientras pensaba como seguir.

Y casi era lógico darme cuenta que debía comenzar por ese par de tetas que Dios le ha dado, metiendo mi dedo índice en el recipiente y como queriendo emparejar la cantidad recorrí en circulo el mismo quedándome con una generosa porción.

Para mi sorpresa ya no me temblaban las manos a la hora de tocarla, así que sin más preámbulos embadurne sus aureolas y pezones, sintiendo con cada desliz como sus pezones se iban hinchando ante mis ojos.

Y antes de que la crema comenzara a dispersarse ante el calor de su cuerpo, con la punta de la lengua, y ágata rozando sus pezones comencé a lamerla lentamente, viendo su rostro como se desdibujaba en cada lengüetazo. Y no paré hasta que no quedó ni una gota de crema en ella.

Volví en busca de mas nata pero a diferencia de la primera vez metí dos dedos en el recipiente, obteniendo mayor cantidad, la distribuí por todo su abdomen, bajando hasta su ombligo y siguiendo hasta sus caderas como marcando el camino, dejando el resto.

Y haciendo el mismo recorrido que antes hice con mis dedos, lo recorrí con mi boca, lamiendo y comiendo mi dulce preferido, ella se regocijaba de placer, oyendo su jadeo aceleré mis movimientos bebiéndolo todo, hasta llegar a sus caderas, cada gota de crema que allí quedaba era consumida por mi hambrienta boca.

En el vaso quedaba aún una buena ración de crema, que bien me la había reservado para endulzar su parte más deseada. .. Su sexo!!

A mi nariz llegaba el olor de su inquietante excitación, ese olor inconfundible que desprendemos cuándo estamos extremadamente excitadas, y debo reconocer que yo también lo estaba.

Suavemente pero con firmeza retiré la diminuta tanga de color rojo, haciendo juego con su vestido, con unos detalles trasparentes que dejaba apreciar una conchita cuidadosamente depilada.

Inmediatamente le pedí que alzara sus piernas, piernas que ella sostenía con sus manos, quedando ante mí un espectáculo digno de ver…

Sus labios carnosos y rozados empapados chorreaban sus nalgas de su propia excitación, y su mirada clavada en mí, me motivaron rápidamente.

A medida que me aproximaba a su vagina su olor era cada vez más fuerte y más excitante, y sin hacerme desear, baje a tomarme su jugoso néctar…

Mmmm

No puedo explicar con palabras la sensación que en ese momento sentí, viéndole la cara, mordiéndose el labio inferior, casi al extremo de lastimarse, con cada movimiento que mi lengua daba en su vulva, elevaba las caderas como si quisiera hundirme en su sexo.

Cuando comprobé que no quedaba nada de humedad, recurrí a lo que sería en rato más mi próxima comida…. Y abriendo sus labios con mi mano izquierda, fui esparciendo la crema a medida que notaba como se entumecía su timido clítoris debajo del capuchón, dejé allí el resto que quedaba en mis dedos.

Estábamos muy excitadas, yo por ser la primera vez que comería una vulva y ella por saber el placer que se avecinaba…

Perla seguía en la misma posición, boca arriba y con las piernas abiertas y elevadas.
Yo me situé con mi cara enfrentando su rozagante vagina, cómodamente boca abajo, para no perderme el espectáculo que seguramente me daría su rostro.

La crema ya comenzaba a derretirse chorreando hasta el hoyo de su culito. Siin más vueltas mi boca fue en busca de ese tesoro, empecé a lengüetazos a comérselo, sentía como este le palpitaba en cada lamida, subí sin despegar mi lengua por su raya hasta su vulva, jugué en ella a medida que me entregaba un sabor agridulce, producto de la mezcla de su constante jugo y aquella crema dulce que minutos antes yo misma había dejado.

Mirar el disfrute de su cara hacía que me sintiera como una verdadera puta, y con más ganas reaccioné, me apoderé de su ya destacado clítoris, lo tomé entre mi boca succionándolo, en ese preciso instante un ruido hizo que alzara la mirada hacia la puerta.

Era Marian, haciendo de espectador, solo tenía el bóxer blanco puesto, y vaya a saber el rato que llevaba observándonos, y su mano en la ya dura pija haciendo de las suyas.

La miré a Perla y con un gesto le hice mirar la puerta. Al notar su presencia…

-Llegas justo a tiempo.

Excitadísimo y sin hacerse rogar se dirigió hacia nosotras quitándose el bóxer por el camino y mirándome a los ojos comentó: -No te cortes, seguí…

Poniéndose detrás de mí; arrodillado en la alfombra, me abrió las piernas y empezó a comerme la ya mojadísima vagina, yo mientras tanto volví a apoderarme de su clítoris y sin entretiempos lo degustaba frenéticamente en mi boca, como si se tratara de un delicioso caramelo. A la vez que Marian me cambiaba de posición, elevando mis caderas y mis piernas dejándome a cuatro patas y bien abierta, se subió a la cama y me lamió un par de minutos más, en aquella posición, sin hacerse esperar sentí su firme y casi salvaje embestida, entrando dentro de mí, golpeteando sus testículos en cada arremetida.

Perla había alzado su cabeza apoyándola en un almohadón para no perderse ningún detalle del espectáculo, tomo de su lado el dildo que minutos antes habíamos abandonado y mirándonos casi con devoción nos tendía su brazo para que alguno de los dos agarrara el excitante juguetito.

Tomando el dildo le pregunte: -Qué quieres que haga con el?

Ella responde:-Quiero ver como tu novio lo usa con vos

En el traspaso de mano llego a Marian. Qué con una sonrisa agradece el gesto.
Y sin perder el hilo de lo que estábamos haciendo, continuamos.

Podía sentir por la respiración de Perla que pronto me entregaría su orgasmo, pero ella queriendo dilatar un poco más la situación se contraía para no acabar …

Ella era la única espectadora de Marian, mientras lo veía, yo disfrutaba…

Sacó su gran pija de mi vagina y puso en su lugar el vibrador en velocidad media, a la vez que empujaba hacia abajo mi cintura quedando mi culo más respingón, que de por si sobresale de forma prominente sin necesidad de elevarlo, pero esta postura a Marian lo vuelve completamente loco, y desaforadamente me abría el culo con las manos y a lengüetazos, y con ayuda de los dedos que mojaba metiéndolos en mi jugosa conchita me iba preparando para penetrarme, pero estaba tan excitada con aquel dildo moviéndose dentro de mí que no le llevo mucho tiempo que me dilatara.

A diferencia de lo salvaje que me coje por adelante, por la cola siempre es muy cuidadoso, sentí como entraba el glande suavemente abriéndose camino y al ritmo de su suave embestida mi lengua aceleraba los movimientos contra el clítoris de Perla, generando esto una tensión en todo su cuerpo que me lo trasmitió a mí; en ese preciso momento sentía como mi culo se devoraba integramente la pija de Marian, levanté más aun mi cola para sentirlo más y más adentro de mí, me fascina sentirlo todo dentro, sus testículos golpeteando en mi concha me llevaron a un estado de éxtasis descomunal, al acelerar el ritmo de todo mi cuerpo mi boca también lo hacía.

Escuchar los gemidos de Perla más la pija en mi culo que a esta altura me daba tan duramente como fuera posible, le sume unos dedos en su vulva moviéndome al compas del traqueteo que me daba Marian, sin dejar de succionar el clítoris entre gemidos de ella y mis gemidos me embadurnó la cara con su néctar, y abriendo generosamente mi boca me dispuse a limpiarla.

Ella estaba alcanzando el clímax total, sintiendo la presión que ejercía Marian en cada movimiento circular que me propinaba (este sabía que era mi punto débil) , alcancé el orgasmo más rico de mi vida, casi sincronizadamente Marian se me puso delante metiéndome la pija caliente en mi boca acabándome en ella, chorreándome a borbotones.

Inesperadamente Perla se había unido a nosotros y se dispuso a lamer, comiéndose la acabada de mi novio que corría por mis tetas, a la vez que yo me tragaba las últimas gotas que caían de su miembro viril.

Marian nos pidió que con nuestras bocas embadurnadas de su leche nos diéramos un beso delante de él…

Aceptamos gustosas y lo consentimos refregándonos las bocas con el sabor de nuestros sexos.

Varada en la ruta (el final)

Estándar

¡Pobrecita!

Mirá como tiemblas…

Déjame cuidarte.

Se acercó y tras rodearme nuevamente con sus brazos me sorprendió con un beso apabullante que me sucumbió de manera tal que el miedo por la tormenta quedó en el olvido.

Me gustó sentir como envolvía mi fina estampa con sus brazos compactos, fornidos…

Pero también pensé: “podría ser mi padre” pero al momento de acercar su boca a la mía me aferré a la suya y me dejé llevar por sus impulsos…

Desapareciendo por completo el fantasma de la edad.

Disfruté de sus besos como una adolescente siendo besada por primera vez.

Las palabras sobraban, la música de fondo y nuestra respiración era todo lo que se escuchaba. Ni el viento, ni los truenos pudieron arruinar “ese” momento.

Abandonó mi boca y fue bajando por mi cuello, él que estiré hacia atrás ofrendando cada centímetro de él. Deseaba sentirlo, disfrutarlo, por cada partícula de mi piel.

Mientras acariciaba mi rostro con una mano posó la otra sobre una de mis rodillas que comenzó a acariciar halagando mi piel.

- ¡Qué suavidad!

Una verdadera tentación…

Mientras me la frotaba suavemente con la palma abierta iba ascendiendo tímidamente por debajo de la pollera, llevándola hasta el comienzo de mi entrepierna.

Ahí se detuvo, y clavó su mirada enamorante sobre mis ojos color café, que a esa altura lo miraban pidiendo que siguiera…

Con la misma mano que acariciaba mi rostro bajó buscando mis pechos por dentro de la prenda. Le resultó fácil porque no llevaba corpiño, (casi nunca me pongo). Los halló expuestos a su merced; turgentes, erizándose al mínimo roce de sus dedos.

- ¡Qué placer!

Los deseo en mi boca -

Me dolían de tan duros que se me habían puesto.

Los abordó lamiendo con desenfreno y los succionó como queriendo arrancarlos de su sitio (ufff eso me enloqueció). Empecé a notar mi entrepierna humedecer, y por inercia y con cierta sutileza abrí las piernas, necesitaba que él notara mi humedad, y bajara hasta allí para saciar mi desesperación.

Me retorcía de placer cada vez que abandonaba una lola para inmediatamente ir por la otra. La secuencia del intercambio aceleró mis gemidos, componiendo la mejor música para delicia de sus oídos.

Luego insistió en mis partes bajas y deslizó el brazo levantando un poco más la pollera, sin llegar hasta arriba del todo. Pero lo suficiente como para meter su mano por debajo y con sus dedos por sobre mi tanga dibujar levemente la rajita.

-¡Cómo se te moja la bombachita!

¡Qué divina! -

Estaba como atontada, no me salía palabra alguna, lo miraba y jadeaba por sus dedos estimulando mi conchita.

No daba más, Me pajeó así por unos largos minutos, el olor a sexo que emanaba era “único”. Necesitaba que bajara con su boca, pero no sería yo quién se lo pidiese. Él solo lo haría en algún momento.

Y cuando al fin lo hizo acabé casi al instante, indudablemente me había estado conteniendo. Era mi deseo, y mi capricho por “acabar en su boca mi vulnerabilidad”.

Regocijé de placer al ver su rostro embadurnado con mis fluidos. Y adoré que buscase mi boca para besarnos con delirio.

Saboree mi néctar de sus labios, nos besamos con absoluta intensidad, y nos excitamos de forma inaudita.

Con mirada sugestiva me indujo hacía su sexo, mientras tomaba mi mano que apoyó sobre su abultado miembro, ocultado por el  saco que lo tapaba.

- ¡Tomá! ¡Es todo tuyo! linda –

Mientras se bajaba el cierre del pantalón seguido a desprender y deshacerse del saco que a esta altura incomodaba.

Solivió un poco su cuerpo despegándolo del asiento y tironeo del pantalón hacía abajo quedando visible su prenda íntima. Ese día llevaba puesto un bóxer blanco con finas rayas en negro, era por demás notable su excitación.

Me agarró nuevamente la mano y guio por unos segundos los movimientos.

Palpitaba y crecía aun más con las fricciones que yo le proporcionaba.

- ¡Parece que le gusta! Está responiendo increíble a tus estímulos –

Lo miré con mi mejor cara de putita y sin mediar palabra le levanté un poco la camisa, necesitaba ver más piel, su panza, sus pectorales… y en un movimiento jugado y por demás erótico metí la mano por el borde del bóxer y palpé su pene bajo la prenda.

Tratando de descubrir de a poco lo que estaba a punto de degustar.

Perfilaba ser un miembro “gordote”, imponente, y claro; era de imaginarse, por su tamaño corporal, no podía ser insignificante.

Mientras le acariciaba la pija Lucio me sobaba la espalda, recorría con la yema de sus dedos el largo de mi espina dorsal con una seducción tal que me hizo estremecer y erizar mi piel por completo.

Su cara extasiada reflejaba el placer que mis caricias le provocaban. Pero así mismo prefirió cerrar los ojos privándose de uno de los más importantes sentidos para privilegiar otro, como es “el tacto”, y  disfrutó a pleno las sensaciones de mis estímulos.

Luego quité mi mano y le bajé el bóxer. Por suerte los vidrios de la camioneta se habían empañado lo suficiente y eso sumado a la gran cantidad de lluvia que golpeaba en los vidrios no permitía que se llegara a advertir lo que sucedía dentro del vehículo.

Una vez que su sexo quedó expuesto ante mí, lo disfruté contemplando su completa erección, “su gran potencial”.

Observaba mi proceder con minuciosidad.

Contrariamente a minutos previos mantenía sus ojazos bien abiertos, me miraba con delirio, con deseos de que mi boca se apropie de su miembro.

Me tomó del cuello y me acercó a su boca, por unos minutos me hizo esclava de sus besos, me sometí fascinada, como hechizada.

Empujó mi cabeza lentamente diciendo:

- ¡Mira cómo se puso por vos!

¡Chúpala Preciosa! ¡Te pertenece!

Sin rodeos y con la saliva de ambos bajé a su virilidad y lo comencé a devorar… en segundos llené mi boca con su pija. Tuve que hacer un gran esfuerzo por meterla toda.

La tiene muy, muy, grande, fácilmente ronda los 23, 24 cm, para colmo mi boca es angosta, dificultando la deglución. Esto hizo que salivara más de lo normal y cayera sobre sus testículos. Que rato después bajé a limpiarlos con mi propia lengua.

Durante todo el pete no dejé de mirarlo a la cara, infalible si queremos volverlo loco.

Cuando sintió que estaba por estallar me tomó con ambas manos la cara y me la levantó, y con su vista enardecida me preguntó si quería recibir el semen en mi boca o si prefería fuera de ella.

Le respondí: Quiero tomarme tu lechita, quiero probar tu sabor.

Gimió y jadeo entre extraños balbuceos, eso me puso frenética y aligeré más todavía la succión.

Se ve que mi comentario anterior lo “sacó” porque me empezó a coger la boca mientras su cuerpo temblaba sin parar, y con fuertes espasmos acabó de forma exquisita y abundante, rebasando mi boca con su lechada.

La que no dude en tragar mientras le mostraba como la ingería. Y con la yema de mi dedo índice recogí lo que había quedado fuera, y chupetee con devoción mi dedo como si se tratase del más delicioso de los chupetines.

Ese hombre desconocido por mí hasta ese momento había logrado en poco más de 1 hora seducirme de manera asombrosa.

Su cara entusiasta fue mi veneración.

Levanté mi rostro y con sus brazos ya flojos pero aun acariciando con ternura mis cabellos me dirigí directo a su boca y besé sus labios con todo el sabor de su masculinidad en los míos.

- ¡Sos extraordinaria, nena!

Me hiciste gozar como en mis mejores épocas de adolescentes. –

Me alegro que hayas disfrutado, también yo gocé muchísimo.

- Mientras no venga el remolque podemos seguir disfrutando… -

Y me comió la boca de una. Su pija seguía como garrote, mientras me chupeteaba las lolas.

Encendida totalmente, deseaba que me cogiera ahí mismo.

Bajé a su cuello y luego de lametearlo todo, fui directo a respirarle y susurrarle a sus oídos lo mucho que me calentaba. Luego se los empecé a  mordisquear suavecito, una y otra vez.

Enceguecido por completo buscó mi vagina, corrió la tanga hacia un costado, reclinó el asiento al máximo y tras tomarme con sus brazos me sentó sobre sus piernas.

Me recosté sobre él, y tras una odisea pude al fin montarme en su mástil.

Fue una hermosa y excitante cabalgata, yo acabé inmaculadamente dos veces consecutivas, a él le costó un poco llegar, pero a punto de conseguirlo se contuvo para decirme:

- ¡Qué cagada! No tengo condón.

¿y ahora? Aunque debo confesarte que muero por acabarte adentro…-

Mmmm y bue… Yo estoy a punto otra vez…

-¡Uy nena! ¡Me matás!–

Entre quejidos excitados me arrancó una sonrisa.

Con voz exaltada le rogué que me acabara, estaba enfervorizada, necesitaba sentir su vigor, ese fuego producto de un encuentro audaz.

Estábamos a pleno cuando golpearon el vidrio de la camioneta…

-¡Mierda! los del remolque. -

Me enderecé rápidamente con el semen chorreando por mi entrepierna, me acomodé la bombacha que por suerte hizo a la vez de absorbente.

Él aun con los espasmos normales sacudiendo su cuerpo y con las piernas flaqueando se incorporó como pudo tras alistarse la ropa.

Al toque se bajó y habló un par de minutos con el chofer en medio de la tempestad y volvió a subir para pedirme las llaves del auto.

Pregunté si era necesario ir en la grúa y su respuesta fue:

- De vos, me encargo yo –

Y se fue guiñándome un ojo tras una sonrisa cómplice.

Al rato vuelve “empapado.

Pero ni eso borró la alegría que en su rostro se veía reflejada.

Se sentó, me dio un beso tan apasionado que al hasta el día de hoy recordando se me eriza la piel.

- A partir de ahora vos vas a ser mi princesa. No pienso dejarte ir –

Y emprendió la marcha siguiendo el remolque.

El viento golpeaba fuerte, y a los costados de la ruta se podían ver algunos presagios del vendaval.

Llegamos a la ciudad, y tras preguntarme si prefería ir a la editorial primero o elegía seguir con él se contentó con mi respuesta.

Y salió con dirección desconocida para mí.

Pero increíblemente “ese” hombre me inspiraba plena confianza. Tanto que sin conocerlo dejé que acabara dentro de mí ser.

¿Qué estoy loca? ¡Sí lo sé!

Pero así soy; aventurera, impulsiva y atrevida.

Y para ir cerrando este episodio les cuento que  fuimos a un hermosísimo y lujosísimo departamento que me dijo ser de su propiedad y tras volver a hacer el amor, pero más cómodamente en una amplia cama nos contamos intimidades de cada uno.

Resultó ser casado con una señora de 55 años, muy adinerada ella. Dueña de varias agencias de viajes tanto de Mar del plata como en otras localidades, motivo por el cual Lucio viaja bastante.

Me pidió de seguirnos viendo, las veces que nos fuera posible.

Me entregó un juego de llave de ese departamento para qué cada vez que yo viajase tenga donde parar.

Parecerá un libreto de telenovela, ”lo sé” pero no es más que la realidad.

Nos seguimos viendo  1 vez por semana, diferentes días, hasta ahora nunca los fines de semana, como es obvio el debe “cumplir” el rol de esposo.

A mí de verdad no me interesa lo que haga con ella, por vez primera soy amante y no me siento mal por eso. Disfruto muchísimo de estar con él.

Me ha llenado de regalos.

Tiene muy buen gusto, algunos muy caros, otros no tanto, pero para mí pesa más el valor sentimental, y eso es lo más importante para una mujer completamente enamorada como yo.

Estoy fascinada con él, me seduce con cada gesto, cada mirada, me gusta su caballerosidad, su porte.

Es pulcro como pocos, siempre huele exquisito, no fuma (fundamental para mí), rara vez toma alcohol, salvo cuando la circunstancia  así lo amerita.

Recién llego de estar con él, me acaba de regalar 3 pasajes para irme con mis 2 mejores amigas a París, este es el segundo viaje que me regala; el anterior fue a elegir, y opté por México, fui con las mismas amigas que ahora pienso volver a invitar, más que amigas son como hermanas para mí.

Esa vez conocí Cancún, Acapulco, Playa del Carmen, Cabo San Lucas, y Veracruz.

Lugares bellísimos que no sé si hubiese logrado conocer de no ser por él.

En este nuevo viaje a diferencia del anterior me prometió sumarse a nosotras una semana después. Y a modo de chiste me dijo que le encantaría que entre las 3 le hagamos “la fiestita” de bienvenida.

Me dio mucha risa el comentario, se lo festejé pensando que era un chiste.

Mirándome a la cara y con su mano sosteniéndome el mentón me vuelve a decir:

-  enserio, ¡Princesa!

¿No te gustaría agasajarme con tus amiguitas? –

Me estás jodiendo…

No me esperaba algo así de vos…

¡A mí me encantó! Hay que ver si las chicas se prenden…

Fin.

Pero eso se verá, todavía no les comenté del viaje, ni mucho menos lo de la “fiestita”. Pero bue…  eso será motivo para otra nueva historia.

Espero que hayan disfrutado de esta.

Y perdón por la demora en los finales.

¡Ah! el libro probablemente esté a la venta para las vacaciones de INVIERNO.

A quién en verdad lo desee tener no tiene más que hacerme llegar un MENSAJE  con algún dato donde los pueda contactar.

Hasta la próxima…

Saludos y besitos húmedos con sabor a mar…

Martina

Varada en la ruta (2da Parte)

Estándar

Cuando descendió de la camioneta sólo alcance a verle los pies, eran grandes, llevaba puesto zapatos negros, brillosos “impecables”. Caminó hacía a mí.


Lo empecé mirando desde abajo, de piernas largas, vestía un traje azulado, corbata blanca con rayas celestes, y una camisa blanca.

Mi primer pensamiento fue -¡Qué elegancia!-

-¡Hola linda! ¿Qué te pasó? –

Grrrrrrrrrrrr

Segundo pensamiento cuando lo miré a la cara:

-“papito”- qué lindo sos. Pero grande! debe pasar los 40, seguro. (Y sí; todo eso pensé en cuestión de segundos)

Muy, muy alto. De contextura robusta, no gordo.

Pelo corto, castaño claro, sin llegar a rubio, un aro no muy grande adornaba su oreja derecha. Una barba no muy tupida. Tenía puesto unos anteojos de sol que se los quitó cuando estuvo a mi lado.

Lo miré a los ojos…

Tercer pensamiento: ¡Qué ojazos!

Grandes, azules, preciosos, mirada penetrante. Enamorante…


¡Hola! Gracias por detenerte, ya nadie para, la gente anda con miedo y desconfía de todo.

No sé bien que pasó, lo detuve porque empezó a hacer un extraño ruido, es preferible parar antes de seguir, y romper algo más.

Pero lo peor es haberme dado cuenta que no alcé el celular.

No tengo para llamar el auxilio.

Metió la mano en el bolsillo y sacó un lindísimo laptop

¡Toma linda! llamá tranquila… Mientras ¿Me permitís que lo mire?

Me estiré un poco y tomé el celular.

Mientras comento: ¿Podrías?…

Es que verte así, tan impecable…

Mirá si te ensucias…

- Naaa, no pasa nada, no te preocupes. -

Mientras tanto yo intentaba comunicarme con los del remolque.

Pensé: adiós plan.

Había quedado el capot levantado. Lo puso en marcha y le  metió mano; no sé si entendería algo pero las manos se las ensucio bastante; ja ja

Ah mirá acá está el problema: levanté la tapa de la válvula y se ve un agujero justo en el medio de la cabeza del pistón.

- Decime ¿vos sos de mardel? –

De Necochea.

- Ahhhh… ¿y sí en vez de llamar al remolque de allá te llamo al mío? Es una pena que estando tan lejos te tengas que volver, puedo hacer que te lo solucionen acá.

¿Regresas en el día? –

¡Sí! Esa esa la idea.

Te cuento; tengo un amigo que es mecánico, lo llamo para avisarle si puede mirarlo enseguida y si dice que sí y vos estás de acuerdo lo mandamos a su taller.

¿En serio harías eso?

- ¡Claro! ¿Por qué no?

Cómo ni nos conocemos…

- ¡Hasta hoy! Me llamo Lucio. ¿Y vos? –

Ja Ja tenés razón.

Julieta. Mucho gusto.

Estiraba mí brazo para estrecharle la mano, pero él prefirió un saludo un poco más amistoso; acercó su rostro al mío dándome un beso en la mejilla.

Inesperadamente su actitud me provocó un escalofrió que me recorrió el cuerpo.

Accedí a su ofrecimiento y le entregué el celular para que hiciese los llamados pertinentes.

Mientras este lo hacía me dispuse a acomodar las cosas dentro del bolso.

Unas nubes amenazantes taparon el hermoso sol que nos había acompañado en el transcurso de la mañana, y en escasos minutos el cielo se cubrió por completo.

Comenzó a levantarse una fuerte brisa fría.

(Maldita costumbre de nunca alzar abrigo)

Comencé a tiritar. Mi piel reaccionó de inmediato, encrespándose. Al igual que los pezones.

Se volvió a acercar a  mí.

-¡Linda! Estás temblando de frío.-

Automáticamente se quitó el saco y me lo coloco sobre los hombros, cómo todo un caballero que supuse que era.

- ¡Listo!

¡Relájate!

Solucionado el problema. Ahora solo resta esperar a que llegue la grúa. –

Muchas gracias Lucio. No sabés cuanto agradezco tu ayuda.

Qué suerte la mía. De no haber sido por vos, vaya a saber cuánto tiempo hubiese estado acá.

- ¿Como no detenerme ante una dama solicitando ayuda? Y si la misma es tan hermosa imposible resistirse –

Pensé:

¡Guau…Qué hombre!

Su expresión acreditaba aun más la idea de que rondaba los cuarenta y tantos…

Me vas a hacer sonrojar.

- No tenés porqué; no digo más que lo que ven mis ojos. Y ante ellos no puede haber mejor ejemplar.

¿Sácame de una duda? ¿Sos modelo?–

No. Modelé alguna que otra vez pero nada irrelevante, nunca di con las personas indicadas. Pero me hubiese gustado.

- Qué desperdicio, con esa cara y  ese cuerpo no tenés nada que envidiarle a Nicole Neuman, por citar a una grande de las pasarelas –

No sigas que me la voy a terminar creyendo. Ja Ja

- ¿No me digas que no sos consciente de tu belleza? ¿Ni de lo que logras despertar en los demás?…

Sin esperar respuesta continuó diciendo: subamos que se está largando fuerte.

Bajó el capot de mi auto, me tomó de la mano y me llevó hasta su vehículo.

Al subir el tajo de la pollera se abrió demasiado, haciendo que se deslice la tela hacia arriba, dejando mi pierna casi al descubierto.

Sus ojos se posaron de inmediato en la abertura. No disimulo en absoluto.

Me di cuenta de lo sucedido y ni bien apoyé la cola sobre el asiento me la bajé.

Pero claro, el tajo igual se abría, para colmo justo era de su lado.

Tras cerrar la puerta y acomodarme dice:

- No seas así. Hermosísimas piernas mujer, no las escondas. Lucilas con orgullo.

Yo qué tu novio no podría ni siquiera considerar la idea de dejarte venir solita.-

Pero como novio no tengo…

Noté que mientras hablaba no dejaba de mirarme la boca. Como cuan sordo/mudo lee los labios para comprender.

- No puedo creer que una chica delicadamente preciosa esté sola… -

Gracias. Pero así es. Estuve 3 años saliendo con alguien, e incluso estuvimos conviviendo unos meses, pero se acabo.

Estoy muy bien así. Disfrutando de mi nuevo estado.

- ¿Cuántos años tenés Julieta? –

23 ¿y vos?

- 44 ¡a tu lado, un viejo choto! –

¿Te consideras viejo? ¿En serio?

- No para nada; pero por edad biológica digo; podrías ser mi hija… -

Ahhhh es eso…  bueno, en ese caso un papá joven  jeje

Un estridente trueno me sobresaltó.

Me tomó por sorpresa. Pegué un saltito en el asiento que le causo cierta gracia. Lo miré cómo diciendo ¿te reís de mi “miedo”? Creo que me leyó la mente por que  automáticamente se disculpó; se dio cuenta que mi estado no era el mejor.

Justo, en ese momento  vimos un rayo caer delante de nosotros. Lucio al verme aterrorizada se pegó a mí, atrajo mi cuerpo envolviéndome con fuerza con sus brazos; los sentí fuerte, musculosos.

Me tranquilizó diciendo que me calmara, que nada iba a pasarme.

Puso un cd y comenzó a sonar un muy lindo tema que desconocí.

Le pregunté quienes eran… y aflojando sus brazos y alejándose me respondió:

- dudo que los conozcas. Son de mí época –

Y se sonrió.

Le festejé el comentario, pero un trueno me volvió a desestabilizar.

El viento empezó a aumentar, convirtiéndose en fuertes ráfagas, tan, pero tan potentes que hamacaba el vehículo.

Donde estábamos no había reparo alguno.

De golpe se puso oscuro cómo la noche misma.

Se dio cuenta de que eso me había puesto más nerviosa aun.

Continurá..

Te soñe despierta!!

Estándar

Te encontré entre la multitud.

Te miré a los ojos, y mi corazón sentí estallar.

Tu mirada mi cuerpo  hizo vibrar, penetrante, inquisidora, pero a la vez enamorante…

Por un momento me dejé llevar… cerré los ojos e imaginé que esos bellos labios se posaban sobre los míos, me besaban con pasión, me hacían delirar y mi piel estremecer.

Seguiste bajando con tu boca por todo mi cuerpo, llegaste hasta mi sexo, te apoderaste de él con deseo y con sed de beber cada gota de miel que te ofrendaba  hasta hacerme explotar entre jadeos y gemidos que disfrutaste con vehemencia.

Me rendí a tus encantos, me arrodille ante tu cuerpo excitado y sin mencionar palabra bajé el cierre que escondía tu sexo con delicadeza, sin dejar de mirar a tus ojos ni un segundo, esa mirada que me cautivó y que fue el disparador de este sueño que me permití soñar despierta.

Pero mi  fantasía acabó cuando estallaste en mi boca, llenándola con el fruto de tu placer.

Disfrutaste viendo como limpiaba con mi lengua los hilos chorreantes de tu simiente y  así como te encontré;  te marchaste en silencio  perdiéndote entre la multitud.



“Varada en la ruta” 1ra Parte

Estándar

Todo indicaba ser un día más…

Una hermosa jornada, con el sol brillando en su total plenitud.


Estaba en mi local (boutique) reponiendo mercadería cuando de pronto suena el teléfono.


Era de la editorial de mar del plata para decirme que ya tenían la muestra, y que necesitaban de mi aprobación para imprimir (la tapa y contratapa de lo que será mi primer libro de cuentos eróticos) ahí nomás y sin dudar le pregunté a mi empleada/compañera si se animaba a quedar lo que restaba del día sola.

Todo un desafío para ella y también para mí, pero confío en Sole, por eso me animé.

Entré eufórica a mi casa a contarle a mi madre (sabe del libro, pero no que mis relatos son tan, tan, “explícitos”) Le pregunté si me quería acompañar, pero no pudo porque tenía turno con el kinesiólogo (algún día tengo que contarles de él, me sobra material) háganme recordar que les cuente.

Me di un baño ligero y me cambie de ropa. Me puse una pollera color chocolate de corderoy, que sin ser mini, no es muy larga. Cubriendo mi torso con un lindisímo suéter de hilo rosa combinado con unos dibujos en colores: blanco, chocolate, y algunos detalles en relieve rosa fuerte, sin llegar a fucsia. Y sin dudar estrené mis nuevas botas “rosa” con flecos, están súper, re “fashion”.

Manotee la cartera, me cercioré que tuviese suficiente dinero, que llevase el DNI, la agenda, y salí…

Saqué el auto de la cochera y encaminé hacia la estación más cercana a cargar combustible. Mientras esperaba la carga entré al free shop y me compré unas golosinas para el viaje.

Faltaban escasos minutos para las 11 de la mañana, aún me separaba unos 40 km de la ciudad feliz cuando de la nada el auto me comenzó a fallar. Ahí nomás me bajé a la banquina, lo paré, levanté el capot (como si entendiera algo) no vi nada fuera de lugar, no humeaba, no había levantado temperatura, ¡nada! Lo volví a encender y de nuevo apareció ese ruido en el motor. No me gustó para nada. Lo apagué y decidí llamar a la grúa.

En esos momentos son los que odio ser mujer, una por no entender de mecánica, además les doy la razón a los hombres cuando se quejan de que no encontramos lo que buscamos dentro de ese “nido de ratas”

¿Porqué llevaremos tantas cosas en la cartera?

Cuando buscas algo apurada empezás a sacar cosas y sale: el cepillo para los rulos, la planchita del pelo, el otro cepillo para cuando nos pasamos la planchita, el mp4, la famosa barrita de cereal por si nos da hambre, el lápiz labial, otro lápiz labial, el delineador, el perfume, la cremita hidratante, la otra cremita, esa que disimula las ojeras, un desodorante, el paquete de toallitas femeninas, el estuche con los cd preferidos, los guantes por si hace mucho frío, un paquetito de pañuelitos tissue, un vibrador, las bolitas chinas (jamás pueden faltar) para esos días de extrema excitación, je je. Otra tanga por si manchamos la que llevamos puesta, y por las dudas siempre llevamos algunos tampones, no sea cosa que “justo” nos indispongamos… de todo menos lo que buscamos, en ese caso “el celular”.

Soy por demás ansiosa para ponerme a buscar minuciosamente dentro del bolso, así que opté por volcar todo lo que había en él sobre el asiento de al lado.

¡D E S E S P E R A C I Ó N!

¡H I S T E R I A!

Todo junto me agarró, cuando comprobé que no lo tenía.

¿Cómo olvidarme algo tan importante?…

No me quedó otra que bajarme del auto y pedir auxilio a los transeúntes que circulaban por aquella ruta.
Pasó un auto, luego otro, y otro, ignorándome.
El tráfico era escaso y encima parecía importarles poco que yo estuviese allí varada.

Hasta que por fin el dueño de una Peugeot partner se solidarizó parando a ver en qué podía ayudar.

El sol de frente no me dejaba saber cuántos ocupantes eran, ni siquiera podía ver si la silueta de la persona que manejaba se trataba de un hombre o una mujer…

Cuando desciende de la camioneta sólo alcanzo a ver los pies, eran grandes, llevaba puesto unos zapatos negros de vestir, muy brillosos “impecables”…

Continuará

Si llegaste hasta esta instancia no podés irte sin dejar TU COMENTARIO

Besitos húmedos para todo@s

Martina


Sexo con Amor (sin comparación)

Estándar

Tu boca entre abierta, tu lengua húmeda, en busca de la mía… la encuentra…
Juntas entretejen los más dulces y sabrosos besos. Lames y besas mi cara recordándome que eres mi dueño, “mi hombre” el único que puede poseerme.

Tu cuerpo fornido, excelso  acoplándose al mío, se reconocen, se desean, se buscan, se encuentran…

Tu virilidad erguida me apabulla, me delira…

Mis manos lo acarician, lo masturban siento como se engrosa con mis estimulaciones. Unas pequeñas gotas de jugo preseminal hacen de lubricante, mis dedos se resbalan, tu pene late y mi boca se desespera.

Mis labios bajan, mi lengua lo explora, lo seduce, lo incita, lo recorre, lo saborea mmmmm
y poco a poco se va perdiendo en mi boca.  Entra profundo, late en mi garganta, roza  la tráquea, me atragantas… hago arcadas y te retuerces de placer.

No dejas de mirar, gozas exacerbado viendo como llenas mi boca con tu miembro lujurioso. Lo sacas y  lo manipulas enérgico contra mis labios, das pequeños golpecitos  sobre mi boca abierta. Comienzan a chorrear  hilos  de saliva, no los dejas caer, lo levantas con tu glande y lo comienzas a desparramar por toda mi cara.

Ya no me aguanto, lo quiero tener dentro de mí ser.  Te miro, te beso, te sonrió picara, ya me conoces, sabes a lo que voy. Te gusta, te excita sobremanera vérmelo hacer…

Lo tomo con ambas manos, sosteniendo tu mirada, apoyo la punta del pene en mis labios vaginales, “están empapados, hambrientos”, deseosos de recibirte. Empujo suave, sin prisa, muerdo mi boca, disfruto.

Entrego el mando, me dejo llevar…

Comienzas  a deslizarte por mi sexo. Siento como entra cada centímetro de tu hombría; convirtiéndome en tu presa, como una estaca va penetrando sin tregua mi cuerpo jadeante.

Tus  grandes manos aferradas sobre mis nalgas hacen presión en cada embestida, arrancando mis gemidos más profundos, sostienes  mi cuerpo que no para de vibrar.
Tus jadeos se mezclan con los míos, el olor a sexo nos envuelve, tus piernas tiemblan, tu cara se transforma.

Estallamos de placer, nuestros orgasmos sincronizan de manera audaz. Me besas, me miras, me dices cuanto me amas. Te quedas inmóvil dentro de mi cuerpo, lo disfrutas, lo disfruto, sabiéndonos el uno del otro nos quedamos dormidos hasta el amanecer.

Foto levantada del blog  http://www.erotikamente.es

En el cual estoy actualmente  concursando con 4 relatos míos.

Los invito a que visiten el blog de esta pareja, es muy interesante.

SI LLEGASTE HASTA ACÁ ES PORQUE LO LEÍSTE TODO, ¿ NO CREES QUE MEREZCO UN COMENTARIO?

Lo hice en el probador con un desconocido

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Faltaban pocos minutos para el cierre de mi boutique. Sumé la recaudación del día y le dije a la empleada que se retirara.

Estaba a punto de bajar la persiana cuando observé alguien haciéndome señas. Lo miré, no supe quién era y seguí como si no lo hubiese visto. La luz de la vidriera dejó apreciar una figura agradable, el cuerpo de un joven que nuevamente me imploró que lo dejara pasar. En ese instante lo miré al rostro  y me agradó. Su mirada me inspiró confianza, su aura era positiva y lo dejé pasar…

Buscaba una prenda para hacer un regalo, me dijo que era para su hermana, que su cuerpo era muy parecido al mío. Escogió algunos vestiditos y me pidió de manera gentil si podía probármelos, para asegurarse que le quedasen bien a su agasajada.

Entré al probador del medio, corrí el cortinado y comencé con la prueba; cuando estuve lista lo llamé, se acercó y por vez primera noté su blanca y perfecta sonrisa. Le gustó lo que vio, pero me solicitó que siguiera con el resto.

El segundo, un vestido blanco, corte princesa, bastante aniñado pero con detalles re femeninos (nunca se me hubiera ocurrido probarlo de no haber sido bajo esa situación, pero me gustó lo que el espejo me devolvió).


Asomando por uno de los laterales del cortinado lo llamé. Esta vez decidió verlo de cerca, entró al probador y, tras recorrerme con mirada apabullante, lo escuché susurrar “tremendamente hermosa”. Se la dejé pasar y le pregunté si quería ver los siguientes; sólo asintió con la cabeza. Estaba embelesado mirándome por el espejo…

Tercer vestido: de gasa en capas y picos, hermosísimo pero muy escotado. Mis senos parecían querer salir por los bordes y no me veía bien dentro de él, pero debía mostrárselo al cliente. Sin titubear lo llamé.

Le confesé que no me sentía cómoda, que no era mi estilo, pero tampoco quería ser negativa con la prenda, quizás a ella le quedaría mejor que a mí.

Él: no sé por qué no te convence, es el que más me gusta de los tres que te probaste. Realza tu figura de manera descomunal. Permitime un comentario fuera de lugar, pero si vos fueras mi novia no dudaría en obsequiártelo.

Yo: Bueno, gracias, te agradezco el halago. Me pruebo el último, así te decidís.

ÉL: ¡Sí! está perfecto aunque reconozco que me quedaría horas mirándote. Sos muy bonita, y tu simpatía me tiene cautivado.

Al término de su comentario me sonrojé al punto que sentí incendiarse mis mejillas, (soy algo tímida, aunque mi apariencia no lo aparenta, lo soy). Si esperaba respuesta de mi parte no la obtuvo. Me quedé muda.

Esperó del lado de afuera del cambiador mientras trataba de ponerme el cuarto y último vestido. A diferencia de los otros tres, éste llevaba un amplio cierre en la espalda desde la altura de la cola hasta el final del mismo. Luego de varios intentos fallidos por subírmelo, no me quedó otra alternativa que pedirle ayuda.

Yo: Vas a tener que entrar y ayudarme con el cierre, no logro prenderlo.

Mis manos parecían tentáculos de pulpo queriendo sostener la prenda para que no se cayera.

ÉL: Con mucho gusto. Permitime.

Sentí sus manos rozar mi espalda y un escalofrío recorrió mi cuerpo.

ÉL: Perdón, no pude resistir la tentación de tocar tu bronceada y suave piel.

Yo: Está bien, no pasa nada, tus manos también se sintieron suaves.

Miré por el espejo y vi con la delicadeza que deslizaba el cierre a lo largo de su longitud.

Uff madre de Dios, mi piel se erizó al verlo parado junto a mí y pensé: “qué linda pareja que hacemos”.

Él: Ahí quedó, costó un poco, pero lo logré. Ceñido a tus curvas es un delirio para mis ojos, el celeste de la tela hace juego con el color de tus ojos y contrasta con el dorado bronceado de tu piel.

Nuevamente el joven desconocido hizo estallar mis mejillas. No me salió palabra en ese momento, sólo atiné a bajar la mirada y sonreír.

ÉL: Sos increíblemente bonita, cada uno de los vestidos que te probaste te queda mejor que el otro. Me complicaste aún más la elección, no sé cuál de todos llevarle. ¿Cuál crees vos qué le gustará más a una chica de 16 años?

Yo: Mmmm pensé que era mucho mayor, si tan sólo tiene 16 optaría por el blanco, es más adecuado para su edad.

ÉL: Te pido un último favor. ¿Podrías volvértelo a poner?

Yo: Bueno, pero tendrás que ayudarme a quitarme éste, despréndeme el cierre y espérame afuera que me pongo el otro.

ÉL: Trataré de no tentarme otra vez con tu tersura. (Rió)

Posó sus manos a la altura del cuello justo donde comienza la prendedura y empezó a descender en paralelo con sus dedos en mi espina dorsal. Mientras duró el descenso mi piel se manifestó seducida por el roce de sus dedos, y nuevamente me estremecí. Mis pezones que yacían ocultos bajo la fina tela comenzaron a denotar una pronta erección imposible de disimular.

Él miró por el espejo y notó mi alteración corporal, me tomó de los hombros y me giró hacía él.

Pasó su mano por mis labios separándolos entre sí y agachándose lo suficiente quedó su boca a la altura de la mía y me besó descaradamente. Pero cómo me gustó…

Yo: ¿Qué haces? estás loco…

Él: Esto…

Y me volvió a besar. Esta vez su lengua buscó entrelazarse con la mía. Pero me resistí a la tentación y me negué.

Fue entonces que de un tirón se deshizo del vestido dejándolo caer sobre la alfombra. Me puso frente al espejo y señalando mis senos me dijo: “tu cuerpo te está contradiciendo…”.

No pude defenderme de su acusación, tenía razón. Los pezones apuntaban hacia arriba erectos, llenos de deseo.

Apretujó mi diminuto cuerpo contra el suyo y con ambas manos recorrió mis delgadas líneas contorneantes, ejerciendo cierta presión placentera al punto que me arrancó un gemido de mis entrañas.

No pude tolerar el deseo de acariciar su rostro y lo hice. Dibujé con la yema de mis dedos todo su contorno; un gesto de regocijo iluminó su bella cara. La redondez de sus ojos se abrieron en su máximo esplendor. Observaba mi desnudez, elogiaba mi piel sin cesar, posó sus manos en mi cadera y con movimientos suaves pero precisos quitó la única prenda que separaba mi sexo de su cuerpo.

Volvió a mirarme por el espejo, quedó contemplando un largo rato alabando mi figura, mis curvas y mi sexo desprovisto de vellosidad que, confesó, le vuela la cabeza (textuales palabras).

ÉL: Sos exquisitamente deliciosa, ¡qué cuerpo! Necesito hacerte mía.

Mientras hablaba me subió una pierna sobre el banquito. Sentí cómo los labios vaginales se separaban, percibí la humedad de mi entrepierna. La excitación era más fuerte que ponerme a pensar que estaba en manos de un extraño.

Se arrodilló debajo de mí peladita (terrible imagen la que me devolvía el espejo), momento en que sentí su lengua entremezclarse con mis fluidos. Infinitas sensaciones brotaron de mí. Comencé a menearme con vehemencia sobre su boca en busca de mi propio placer.

- Uff qué buen oral – Me quedaría horas dejándome comer así.

No sé el tiempo que habrá estado entre mis piernas, pero lo que sí sé es que me comió como nadie antes, no paró hasta ver mis piernas flojear. Caí rendida a sus pies.

Era la primera vez que experimentaba múltiples orgasmos. Fue una lujuriosa experiencia.

Él continuaba vestido, completamente enardecido, llevaba una remera a rayas blanca y negra y una bermuda holgada, blanca. Debajo de ella me esperaba “un mundo”: su verga estaba completamente erecta.

Él: – Necesito entrar en vos. Quiero poseerte.

Lo miré desconcertada, y no era para menos, apareció de la nada y a los 40 minutos de entrar a mi local me estaba chupando la concha y me quería coger. Era todo muy extraño.

Estaba entre la espada y la pared, dejarlo ir así, caliente, después de haberme hecho gozar como lo hizo, era híper egoísta de mi parte. Además yo seguía excitada y me moría de ganas de tener “ese” bulto entre mis piernas.

Mientras levantaba su remera, cosa que por su altura se me dificultó un poco, le dije:

- No sé quién sos ni de dónde saliste, pero ya ni me importa, no quiero dejarte ir.

Una sonrisa preciosa se dibujó en su cara, los pómulos brillantes por la transpiración le quedaban de maravilla. Descubrí en ese instante que era más lindo todavía.

Cuando bajó la bermuda y arrastró con ella su bóxer, saltó asfixiado su GRAN pene. No sé cuánto le medirá, pero habida cuenta de mis pocas experiencias sexuales, sin dudas fue el más grande que tuve. No por lo largo, sino por el grosor y el glande re grande. Su vello púbico finamente recortado.

Me besaba todo el tiempo; eran besos adictivos, nos separábamos y al instante teníamos la necesidad de volvernos a besar.

ÉL: Te voy a coger hasta que me pidas por favor que pare. Quiero tu disfrute absoluto y con él obtendré mi complacencia. Quiero ser el mejor amante que hayas tenido a tu corta edad. Sacó un preservativo y se lo colocó.

Y vaya si disfruté…

Ni bien entró en contacto con las finas paredes de mi conchita, comencé a gozar como una yegua. Me arrancó un par de orgasmos de esos que te dejan exhausta. Él acabó una sola vez, sus chorros de semen saltaron a borbotones sobre mi desnudez, era blanco y espeso. No lo dejé acabar en mi boca, pero aún así algunas gotas me alcanzaron y llegué a degustar el sabor, más bien amargo, tirando a ácido.

Nos vestimos, extrañamente me pidió la suma de las 4 prendas, (¡sí las 4!) me pagó y se fue diciendo:

ÉL:- Los vestidos no los llevo, ni siquiera tengo hermana, fue tan sólo una excusa para poder acercarme a vos. Jamás creí que me animaría a tanto. La idea de tenerte cerca y de poder mirarte a los ojos ya era un sueño cumplido. ¿Pero esto? Fue la gloria absoluta. Gracias Martina por hacerme el hombre más feliz del planeta.

Al ver que conocía mi nombre fue mucho más desconcertante. Lo quedé mirando pasmada.

ÉL: – Hace 7 meses que te sigo a todas partes, sé todo de vos, dónde, cómo y con quién. Soy quien te manda todos los meses una docena de rosas blancas. Jamás te molesté, no soy un acosador sexual ni un loco, sólo soy un enamorado tuyo que se vio atrapado por tu belleza.

Se retiró del local dejándome boquiabierta, no me salió palabra alguna, ni siquiera sabía cómo se llamaba, ni atiné a preguntárselo.

Me quedé pensando si realmente había sucedido o si había sido producto de mi imaginación. Pero no tardé en quitarme la duda. Al entrar al probador a apagar las luces, encontré una tarjeta que decía:

Gastón A. Peñalba (nombre ficticio, OBVIAMENTE)

Entrenador físico

Dirección……

Teléfono……

Mail……….

Y debajo escrito con bolígrafo:

- Ahora ya sabés quién soy, cómo y dónde ubicarme. Queda en vos si querés que nos sigamos viendo.

¡¡Sos hermosa!!!

Saludos

Gastón

“El siestero”

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- ¿Querés que  hoy nos encontremos para  una siestita? – ¿Te gustaría?

- Claro mi vida!!!  Ni lo dudes. ¿A qué hora? –

- A las 15 hs  ¿podés? Necesito  y deseo que tengamos  un  “siestero”   Tengo muchas ganitas de darte mi lechita, amore–

- ¡ok cielito!  ¡Yo también lo deseo, muchísimo!  A las 15 hs estoy allá –

- Vamos a nonar súper relajaditos, ya vas a ver.  ¡Ah! Te aviso que de solo pensarlo ya se me paró…  Jaja  Un besito dulzura mía –

- ummm que rico amore,  y a mí ya se me humedeció levemente la tanguita. Je je

Chao vidita, hasta luego – Besos  -

La hora no adelantaba nunca, se me hicieron eternas, miraba el reloj cada 5 minutos,  no aguantaba más las ganas de encontrarme con él.

Al fin las agujas marcaron las 2 de la tarde.

Ansiosa  por llegar, aunque faltaba  1 hora,  “demasiado tiempo”,  y estando  a tan sólo 10 minutos del sitio  emprendí camino  hacia “nuestro nidito de amor”.

Quise llegar antes  y chequear que todo estuviese armonioso,  con lo necesario  para poder  disfrutar de una tarde “soñada”, en la que no podía estar ausente  nuestra música preferida, esas melodías que nos elevan hasta el infinito, y convierten nuestros cuerpos en uno solo. Como tampoco  podía faltar el aroma de aquel sahumerio que tanto nos gusta.

Previa supervisión  de cada detalle  me di una ligera y refrescante  ducha.  Me dirigí a la cama tal cual salí de ella y me recosté  esperando su arribo.

Al fin llegó la hora añorada.

- ¡Hola Princesita!

Perdón, se me hizo tarde. En el banco había más gente que nunca.

Estabas dormidita ya…–

- ¡Hola mi vida!

¡Si!

Me recosté y parece que me  dormí ni bien apoyé la cabeza en la almohada. Estoy con fiaquita –

- Qué lindo encontrarte así amorcito, abrazada a la almohada totalmente desnudita  esperándome  así, culito  para arriba –

Se acercó a la cama y se inclinó hacia mí nos enfundamos en un beso tierno y a la vez muy profundo. Como sólo los enamorados podemos darnos.

Se despojó rápidamente de todas sus prendas y se acostó a mi lado. Estaba adormecida,  entregada al placer del roce  que me producía la  suavidad de las sabanas, oliendo el aroma  que desprenden cuando están recientemente  colocadas.

Mi estado  era más bien cómodo, tenía  más ganas de dormir que de hacer el amor.  (No les voy  a mentir)

- ¡Estás cansadita princesita!,  quédate así como estás.  Te quiero mimar, darte besitos  por todo el cuerpo, sentirte mía una vez más. -

Me quedé mullidita  sobre el lado derecho, mantenía los ojos cerrados,  rendida a lo que estaba por acontecer.

Cada encuentro  diferente a los anteriores, cada uno con su encanto especial.

Empezó dándome  masajitos  para distender mi  cuello

¡ufff que lindo!

Dejó caer sus manos y comenzó a moverlas  ejerciendo cierta presión en los omoplatos.

Me hizo saber que  notó mi contractura. Movía  sus dedos en círculos, esparciéndolos hacia afuera, (se sentía  súper relajante), tiene ese “Don especial”,  de que todo lo que toca deja su estigma.

Siguió masajeándome a lo largo de mi cuerpo,  gocé a pleno cada centímetro que él estimulaba.

Cada vez que levantaba y giraba mi cabeza para mirarlo, su rostro destilaba lujuria, percibía  su deseo reprimido por el sólo hecho de entregarme  placer, una comunión compartida, (es  un sentimiento que  no se puede explicar en un texto, solo lo entenderán aquellos que lo han vivido en carne propia) es notable la excitación que le causa saberme entregada, así, como abandonada a su suerte.

Una de las partes de mi cuerpo que lo enloquecen es mi espalda, le fascina quedarse mirándome  por largo rato mientras duermo desnuda, si bien en ese momento no estaba durmiendo mi pose era su delirio, estaba apasionadísimo acariciando a lo largo y ancho de la espalda, pero al llegar al hueco  que se forma entre el  termino de la espina dorsal y la cola (lo tengo muy marcado por que mi cola es de tamaño importante para mi delgado y estilizado cuerpo, generando un tremendo contraste con la línea de la cintura) cuando llegó allí  dejó de acariciarme con sus manos y me empezó a dar besos en ese surco que tanto admira y elogia, besos suaves y tiernos, e intercalaba con algunos  lengüeteos, siempre que hace eso retozo  de placer, me estremecía y desesperaba porque me poseyera.

- Ay amorrrr, sos  tan delicioso –  fue lo único que atiné a decirle en ese instante.

- Vos sos una delicia total,  no te imaginas cuando me desquicias ¡nena! –

Habíamos alcanzado el extremo máximo  de deseo,  la sabana era cómplice y  testigo fiel  de mi humedad, ella absorbía cada gota de miel que de mi cavidad vaginal desprendía.

El olor a sexo había copado la habitación.

De su pene aun sin estimular asomaban las primeras gotas preseminales, esas que tanto me gusta saborear. Obviamente que no me iba a quedar con las ganas, abandoné mi postura y giré mi cuerpo quedando frente a él.

Nos miramos deseándonos, fuimos en busca de la boca del otro para calmar nuestra sed, sed de sentirnos, de poseernos. Rápidamente nuestras lenguas comenzaron a participar de forma categórica del juego sexual del lujurioso siestero.

Me despegue de ella y cambié de posición, me puse cómoda para brindarle una buena chupadita, esas que tanto me deleitan.

Sabiendo lo que estaba a punto de saborear más me mojaba.

Bajé sin más preámbulos a su solemne virilidad. Me recibió con su glande brillando  en sus propios jugos. Lo miré  a los ojos antes de inclinarme hacia su sexo diciéndole:

- Esos juguitos me pertenecen, quiero nutrirme con ellos, “sos mi vicio”. ¡Sábelo! –

-  ¡Son todos tuyos mi Princesa! –

- mmmm -

Próximamente la continuación

La Dama y el Vagabundo (4ta Parte)

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Mientras continuaba estimulando mi vagina por sobre la tanga con la otra mano acariciaba mis pechos, intercalando con lengüeteos húmedos que hacían mi piel erizar, mis pezones se pusieron como piedra en su boca ardiente, quería sentir esos prominentes labios por cada recodito de mi cuerpo excitado.

Me tomó la mano y me guió hasta la cama, nos recostamos sobre ella y me empezó a besar, para continuar recorriendo  cada una de mis curvas, deseoso de probar  con sus labios el sabor de mí piel.

Me hacía arquear de placer con cada succión.

Quitó mi tanga y con su pesada  mano superficialmente comenzó  a frotar  mi sexo, haciendo que lo deseara un poco más…

-  ¡qué mojadita!

¿Estás muy excitada eh? –

- ¡sí, muy caliente ¡tengo muchas ganas de vos, pendejo –

- me vuelve loco que me llames así, éste pendejo te va a coger hasta que me supliques que deje de hacerlo-

-mmmmmmm síii siii que ricooooooo-

Dejó de frotarme de forma superficial para  hundir  un par de dedos  en  mi  empapado  orificio vaginal, fue muy excitante sentir como se  deslizaban hacia el interior perdiéndose  en mí humedad para  luego entrar y salir con ellos repetidamente, a la vez que con su otra mano   separaba  mis labios menores dejando expuesto el glande de  mi clítoris que pedía  a gritos ser estimulado.

Justamente era lo que buscaba,  me  lo comenzó a sobar en círculos  con un solo dedo, presionando y aflojando, sin dejar de penetrarme la vagina. El sonido que salía de mi conchita  se mezclaba con los primeros gemidos que comenzaban a surgir.

-¡uy mi amor!

Por favor, quiero ver como lames tu propia miel de mis dedos.-

Inmediatamente y casi sin terminar de decir aquello, los llevo hasta mi boca, estaban chorreando de lubricación.

No me quise perder su cara, ni sus gestos, cuando cerré  la boca  envolví sus dedos  y con mi lengua moviéndose hacia un lado y hacia otro  fui lamiendo  el producto de mi excitación.

Su pija parecía estallar de calentura, sobresalía del bóxer de tan dura que la tenía.

Y mientras lamía sus dedos no pude resistir las ganas de frotarle “el paquete”, lo hice por sobre el bóxer, desde la base de sus testículos hasta la punta del glande que asomaba mojado y brillando, aunque asfixiado por el  elástico.

Aquello era irresistible, no daba más, mis  ansias por sentirla en mi boca  eran desesperantes, (la chupada de pija en el auto me había dejado con ganas de más) bajé hasta ella para saciar mi ansiedad  pero no me lo permitió, me detuvo de inmediato.

- Shhhhhhhh momentito, ahora no, primero quiero sentir como te venís en mi mano –

¡No hizo falta que lo dijera!

con sus dedos entrando y saliendo vertiginosos era algo más que inminente. Mientras palpaba en lo más profundo de mi sexo y frotaba en paralelo con vehemencia mi clítoris mis jadeos se fueron agudizando de manera tal que lo sorprendí expulsando un gran chorro de orina.

(Con mi marido solo me había ocurrido en tres ocasiones, en las que estuve extremadamente excitada).

Seguí gozando y gimiendo entregándole hasta la última gota de mi néctar, el cual sentía correr por mi entrepierna. Entremezclándose con “el chorrito”.

Verme  “tan perra” lo enloqueció…

- ¡Me meastes! Que hija de puta hermosa que sos…. Nunca antes me habían meado, ¡me encantó putita!

¿Sos siempre así? –

- ¡no! Incluso hace años  que no me pasaba, pero lograste la estimulación necesaria para que con solo masturbarme se me escapara, (no pude evitar ponerme colorada) es una sensación “rara” pero muy placentera, imposible de contenerla,-

- ¿en serio te gustó?  -

- ¡Totalmente! me mataste, me volaste la cabeza mal, tengo muchísimas ganas de cogerte, pero antes te voy a “atender” a vos, por lo menos no antes de que acabes un par de veces en mi boca, y pueda tomarme tu lechita…

En un arrebato busqué sus labios, que me los  ofrendó con euforia.

Envolvió mi boca con la suya y nos entregamos en un juego excitante, entre roces y frotamientos con nuestras lenguas estimulando al máximo nuestro deseo por poseernos.

Abandonó mi boca para bajar hasta mi sexo, a la vez que con sus manos palpaba mi anatomía, desde mi cuello hasta la planta de mis pies, en un recorrido suave y sugerente, haciendo poner mi piel de gallina.

Sin dejarme recuperar del anterior orgasmo afirmó su cara en mi entrepierna y lamió con énfasis el néctar de aquella primera acabada, su ritmo exacerbado logró que comenzaron a brotar nuevos fluidos…

- ¡como me calienta el olor a hembra que despedís!

Ese tipo de comentario son los que me hacen sentir una verdadera puta en la cama, y me encantaba tener “a un desconocido” diciéndomelas.

Aunque no dije nada en ese momento, mis ininterrumpidos jadeos fueron suficientes para que él percibiera que estaba llegando al punto máximo de excitación, y sin dejar de lametear el clítoris me penetro primero con un dedo, luego dos, sentía la delgada piel de mi vulva estirarse cuando sumó un tercer dedo, (tres que de él equivalen a mi mano entera, “una bestia”)

Abrí mis piernas lo más que pude para recibir aquellos dedos que a esa altura  me cogían sin piedad.

- Ahhhhhhh ahhhhhhhh ahhhhhhhh

Más, más, más duro, ahhhhhhhhhh ahhhhhhhhhh, no podía dejar de gemir…

¡Luciano! me viene, me viene el chorro de nuevo, apartateeeeee –

- ¡ni loco!

Por Diossssssss acabá en mi boca, quiero sentir yaaaa tu meo caliente –

Mi cuerpo comenzó a sacudirse, perdí el control de él, y de mi contención, por inercia eleve mi pelvis, inevitablemente y a su ruego expulsé “el gran chorro”.

Luciano disfrutaba de la situación, yo continuaba temblando, mientras él seguía embutido en mi cara, recibiendo todo lo que le entregaba, no aminoró la estimulación en ningún momento, y le acabé dos veces, una seguida de otra.

Hasta que no pararon mis convulsiones no levantó la cara de mi sexo, cuando vi su cara totalmente “enchastrada” me di  cuenta que había expulsado más que la vez anterior.

- ¡Me mató!

Más que una perra, sos una loba, me volvés loco… que manera de gemir… tengo la pija que me estalla.-

Continuará
En la 5ta parte “el final”