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Amor entre hermanos “El final”

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Pasaron los días, y en mi cabeza seguían las imágenes de “esa” noche.

Para colmo no se lo podía contar a nadie. Mis amigas no me entenderían. No tenía con quién descomprimir la angustia que acarreaba.

Me costaba enormemente concentrarme en la facultad. Me sentía mal, triste, abatida.

Llamé varias veces a la casa de mis padres en las siguientes semanas con la esperanza de que en algún momento fuese Iván el que atendiese, pero no; no tuve suerte.

Mamá me comenzó a enviar las encomiendas con una empresa de transporte qué casualmente el dueño es amigo de la familia y coincidentemente Esteban el hijo de este cursaba en otra facultad de la gran ciudad.

Y alguna que otra vez lo hicieron personalmente mis padres. Pero Iván no apareció más.

Y así pasaron los meses hasta que llegó el verano, y con él las vacaciones. Como cada temporada me fui a la casa de mi padres o sea a mi casa.

Y ahí sí, no pudo evitarme, nuestro primer encuentro fue frío, distante. Pero con el correr de los días ambos nos íbamos liberando de aquello que tanto nos angustiaba…

Una noche de jueves mis padres se fueron a una cena empresarial. Motivo por el cual Iván y yo nos quedamos a solas por primera vez después de tanto tiempo.

Estaba en la compu cuando entró Iván al cuarto a preguntarme si quería comer empanadas  de la rotisería de la vuelta, (sabía muy bien que eran mis preferidas) Obviamente le di el OK.

Nos acomodamos sobre almohadones en el piso del living junto a la mesita ratona mientras hacíamos zapping hasta que por fin nos pusimos de acuerdo; una peli estaba comenzando y tenía toda la pinta de estar muy buena. Comimos  y tomamos cerveza hasta el hartazgo.

Poco rato después y producto de la excesiva cantidad de birra consumida me comencé a reír como una idiota, por cualquier cosa. ¿Se repetía la escena?

Siempre que tomo un poco de más me produce lo mismo. La falta de costumbre. Me da por decir boludeces y tentarme por cualquier cosa.

La película pasó a ser ignorada por ambos.

Iván también había tomado mucho, mucho más que yo.

Empezamos a empujarnos, reírnos de la nada misma, matarnos a almohadonazos. Una cosa fue llevando la otra, el tema es que al rato nos estábamos busconeando como locos.

¡Incontrolables! nos decíamos barrabasadas, celándonos como dos viejos amantes que habían dejado pasar el tiempo como si eso fuera a cambiar los sentimientos.

Sacamos todos los trapitos al sol en medio de la calentura que bullía de nuestros poros.

Era ineludible, necesitábamos hacernos el amor.

Terminamos desgarrando la ropa del otro con toda la calentura a flor de piel. Revolcándonos con furia y pasión poseyéndonos como aquella primera vez.

Me alzó  y llevó a su habitación y allí la seguimos entre besos y arrumacos como dos ¿enamorados? Cogiendo hasta caer desplomados uno al lado del otro.

Deseaba quedarme a vivir en ese cuarto, dormirme abrazada a él. El deseo era más fuerte que yo, pero no podía correr el riesgo de que mis padres nos encontraran. Cuando decidí pararme e irme Iván me agarra la pierna y me dice: -quédate negrita, durmamos juntitos.

Ahhhhhh…. Qué placer escuchar su “casi” ruego. Me sentí flotar sobre pompas de jabón.

Le expliqué de mi miedo a que nos descubrieran y me tranquilizó diciendo: -a mi cuarto nunca entran sin llamar, así que podés quedarte tranquila.

Con tan sólo eso me convenció. Eran tantos mis deseos por quedarme que no necesité más que eso.

Fui a mi habitación, saqué la llave y cerré la puerta del lado de afuera.

Pasamos lo que quedaba de la noche acariciándonos, besándonos. No nos podíamos hacer más los tontos. Hablamos de nuestros sentimientos, de lo mucho que sufrimos después de aquella vez en mi departamento por no querer aceptar lo que nos pasaba. Era una atracción demasiado fuerte como para ignorarla.

Nos prometimos desde ese momento sincerarnos siempre, bajo cualquier tipo de eventualidad; pasara lo que pasara.

Viví la mejor noche de mi vida, y creo sin lugar a equivocarme que también lo fue para Iván.

Al día siguiente, 11:20 me desperté a su lado, dormía con carita plácida. Lo disfruté en silencio. Me lo quedé mirando como una tonta y pensando cómo podía sentirlo como hombre más qué como hermano.

Salí de esas preguntas sin respuesta y lo besé suavemente en los labios y sin que se despertara me marché a mi cuarto.

Estaba feliz por la noche vivida. Me volví a dormir sobre mi cama pero con el aroma de su piel impregnada en la mía.

Desde entonces nos seguimos viendo a escondidas hasta el día de hoy …

Hace  3 años que me recibí de contadora. Iván me ofreció trabajo en su empresa. Obviamente acepté. Qué mejor…

Desde entonces trabajo para mi hermano qué es doblemente placentero.

Me paga el doble de lo contemplado por la ley y además tenemos la excusa perfecta para pasar más tiempos juntos.

Iván montó una habitación a todo vapor al fondo de la propiedad, desde entonces ese es nuestro nidito de amor.

Hace 2 años y algunos meses se casó con “Flavia” aquella chica quedada, tímida, pero buena mina con la que ya estaba saliendo cuando tuvimos nuestro primer encuentro sexual. A la que dice querer mucho, pero que no lo satisface en la cama.  (El mismo tiempo que hace que yo empecé a salir con Santiago)

Es entendible, porque Él es terriblemente sexual. Necesita hacerlo todos los días y hasta más de una vez, y parece que ella es algo reacia, y no le soporta el ritmo. Cosa que yo sí, porque soy tan calentona como Él y disfruto mucho del buen sexo. Nada de rapiditos ni de simples misioneros. Santiago es muy fogoso también, y no deja escapar oportunidad de hacerme el amor cada vez que puede. Pero yo soy insaciable, como una verdadera ninfómana; siempre quiero más…

Flavia actualmente está embarazada de 8 meses, y me acaban de dar la noticia que me eligieron de madrina para su primera beba a la que llamaran “Ariane” y a la que voy a amar con locura, sin lugar a dudas.

Con mi cuñada me llevo fantástico, jamás desconfiaría de mí. Si supiera… con lo pacata que es se muere si se llegara a entender que su marido mi hermanito y yo cogemos a sus espaldas como dos buenos amantes.

Con mis 27 años y con todos los nervios normales de una inminente boda, estoy plena porque tengo todo lo que quiero, un futuro marido al que adoro y con el que estoy segura voy a ser muy feliz.

Unos padres joviales gozando de buena salud, babosos por la pronta llegada de su primera nieta y de su “nenita” a punto de dar el sí con el yerno ideal (lo adoran) Y cómo si esto fuera poco tengo el mejor amante que podría llegar a tener…

¡MI HERMANO!

ESPERO  HABER SACIADO SUS ESPECTATIVAS.  COMO SIEMPRE LES DIGO, ESPERO ME DEJEN SUS COMENTARIOS  EN EL POST. Y NO SE OLVIDEN DE CALIFICAR EL POST CON LAS ESTRELLITAS QUE TIENEN A LA IZQUIERA EN LA PARTE INICIAL DE LA ENTRADA.

LOS ESPERO EN MI PRÓXIMO RELATO “LA DAMA Y EL VAGABUNDO”

QUIÉN QUIERA CHATEAR CONMIGO LO PUEDEN HACER DESDE EL FACEBOOK

Amor entre hermanos (5ta parte)

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Me empujó del puff haciéndome caer sobre la alfombra. En un raudo movimiento Él también se tiró. Dio un par de giros y quedamos enfrentados, a milésimas de distancia. Se estiró lo poco  que lo separaba de mí  y me clavó su penetrante mirada. Su aliento se confundía con el mío.

- Es ahora o nunca ¿no te parece? Me dijo con voz de ganador…

No necesitó esperar mi respuesta.

Nuestras miradas se entendieron.

El lenguaje de nuestros cuerpos se hicieron oír.

Actuó efusivo. Me robó un beso, el primero de muchos.

Ambos estábamos muy nerviosos, no podíamos disimularlo, ni tampoco podíamos disimular las ganas que nos teníamos…

Literalmente nos comimos la boca. El sabor de lo prohibido fue supremo.

Nuestra respiración se agitaba. Las palabras sobraban…

En minutos su cuerpo y el mío ardían entre las llamas del deseo…

El aroma de su piel siempre me había atraído, pero ese día que pude acariciar la suavidad de ella, me di cuenta que indudablemente era la culpable de mi lasciva, tan sólo con el contacto de mis manos pude percibir la ebullición  de toda mi piel…

Mientras Iván gozaba ferviente se escurría entre mis dedos, y cada milímetro de su cuerpo vibraba sobre el mío.

A partir de ese instante ignoramos nuestros lazos sanguíneos, y pasamos a ser amantes en lugar de hermanos…

No podíamos parar de poseernos, hicimos el amor toda la noche.

Por fin pude sentir su gran pedazo de carne en mis más íntimas cavidades. Lo deseaba tanto…

En plena lujuria del acto sexual le imploré que me hiciera la cola. Desaforados como estábamos, era el momento ideal. Aproveché  y le confesé aquél día que lo vi haciéndoselo a su ex y que desde entonces me perseguía la fantasía de que me lo hiciera a mí…

-¡Qué perrita que sos hermana!  No haberlo adivinado… Me dijo entre espasmos.

Cambió de posición, y me puso a cuatro patas Iván se fue detrás de mí.

-Primero vamos a estimularlo… Susurró con un notadísimo tono de excitación.

Y con su lengua jugueteó con mi ano humectándolo con su saliva mientras este se iba dilatando a sabiendas de lo que estaba a punto de recibir.

Creo que ese fue el momento que más deliré, estaba sacada, quería aprovechar el tiempo al máximo.

Cuando por fin sentí la presión de su glande empujando por entrar me agarré fuerte de las sabanas y lo empecé a insultar con palabras groseras.

-Rómpeme el culo de una buena vez.
Sé que me lo deseas desde que éramos chicos.

¡Dale!

Partime en dos pendejo del orto

¡Putito!

¡Úsame!

¡Haceme tuya!

-Quiero ver como se pierde mi pija abriendo tu hermoso culito.
Mirá que te hago mierda eh… si te la meto de golpe vas a gritar como una yegua.

¿Eso querés?

¡Tomá!

Ahhhhh ahhhhh ahhhh

Se confundían los gemidos de ambos mientras Iván forcejeaba por introducirla por completo.

-Así hijo de perra mándala hasta el fondo.

Reaccionó como yo quería. Había despertado mi lado más salvaje, y el suyo también. Quería explotarlo y estaba cumpliendo mi fantasía más deseada.

Fuimos cogiendo por cada rincón de mi diminuto departamento. Dejando huellas de ese lujurioso encuentro carnal.

Lo sorprendí mientras lo cabalgaba bajándome así de la nada, era mi momento, era yo quién dominaría la situación…

Elevé sus piernas y las empujé sobre su cuerpo, dejando bien expuesto su hoyo, testículos y su pija dura como piedra. Y sin siquiera saber si le gustaba sentir la tibieza de mi larga y juguetona lengua fui directo a lamer su amargo y bien cerrado culito.
(Por cierto muy buena cola, para nada chato, no, no).

-Uffff nena la puta que te parió… como me gustó eso…

-¿No me digas que ninguna de tus novias te lamía el culito?

-No. Nadie.  :(

Mis gestos de asombro se mezclaban con la satisfacción que me produjo la respuesta.

Más a mi favor. Me excitaba muchísimo lamerle ahí, y mientras con una mano lo pajeaba, con mi lengua subía hasta sus huevos y los saboreaba metiéndomelos en mi boca. Bah, lo que entraba de ellos. Y así intercalaba; comiéndome ano, bolas y pija…

Con la punta de mi dedo hurgué en su culo mientras le chupaba la pija con devoción. Al ir retirando el dedo de su hoyo este latía presionando como queriendo que no saliera más…
No se imaginan lo que gozó… acabó de manera infernal…

Terminamos revolcándonos en la cama, lugar donde tuvimos un par de polvos más. Con una previa de lujo.  Sin exagerar perdí la cuenta de mis tantísimos orgasmos, los de él fueron seis. Los recuerdo muy bien. ¡Como olvidarlos!

Nos temblaban las piernas, todo nuestro cuerpo vibraba de placer. El goce fue absoluto, sublime.

Nos sorprendió el amanecer abrazados, exhaustos.

Nos  habíamos dormitados; una escena digna de haber sido capturada como insignia de esa memorable noche.

Pero al caer a la cuenta de lo que habíamos hecho no pudimos evitar sentir culpa. Arrepentidos por el desliz experimentado.

Nos levantamos, desayunamos casi sin promediar palabras, lo único que dijo fue:

-Te dejo la plata que mandaron los viejos. Y de lo otro, hagamos de cuenta que nunca pasó.  Y se fue mucho antes de lo planeado (me había dicho que se iría por la tarde)

Me quedé con una rara sensación, plena por  un lado, vacía por el otro…


Continuará…

“Amor entre hermanos” (no hay mejor amante que mi hermano) 3ra parte (EDITADA)

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Sus dedos fueron por más… se filtraron orillando la única prenda que uso para dormir, y por primera vez  alguien que no fuera yo rozaba la “zona prohibida” (como la llamó mi mamá el día que tuvimos una “charla intima”  de mujer a mujer) habían pasado tan solo cuatro meses de haber menstruado por primera vez, lo recuerdo porque desde entonces mi cuerpo comenzaba a perfilar aquellas formas femeninas dejando atrás el cuerpo de niña para convertirme poco a poco en la mujer que soy hoy…

Sigo describiéndoles  “el sueño” que me voy de tema, je je

Cuando percibí sus dedos examinando el área, sentí una rara sensación de bronca y de placer,  paradójicamente inexplicable.

Mi cuerpo y mis cuerdas vocales seguían  sin responder. Él, sin embargo ajeno a mis intenciones continuaba  sigilosamente estimulando con sus dedos infiltrándose  en lo más profundo de mi sexo, perdiéndose en la humedad que él había incitado…

Se mantuvo sumergido e inmóvil por unos segundos, tratando de  asegurarse de no perturbar mi somnolencia, en ¿mi sueño? mantenía los ojos abiertos, expectante  a cada manipulación, a cada ruido (algo que él no llegaba a divisar, siendo que la visibilidad era casi nula a la altura de mi cama, no obstante yo sí podía distinguirlo).  Impotente por no poder ejercer resistencia.

Después de un pequeño lapso comenzó a mover los dedos en forma ascendente  en mi “zona prohibida”, y con la otra mano acariciaba  mis tetitas en forma discontinua  pasando de una a la otra, me daba culpa sentir placer, pero tampoco podía resistirme, lo disfrutaba en silencio.

Mi cuerpo se arqueaba al compas de sus estímulos,  (al menos me daba esa sensación) eran cada vez  más y más  acelerados, haciendo irresistible la llegada  de “eso” que tanto me gusta, pero claro, siempre fueron mis dedos los que me dieron  ese  placer en la  intimidad de mi cuarto en penumbras, y  no los de mi hermano…  los  generosos movimientos de sus dedos inquietos naufragaron  en mis fluidos como  navegante experimentado provocando en mí una secuencia de convulsiones orgásmicas  sintiendo como esa  secreción pegajosa  chorreaba  hasta  mi cola.

No sé si fue un ruido en la casa que me despertó ¿ó qué?, creí escucharme gemir, todo había sido tan real… prendí la luz  y comprobé que estaba sola, pero me sentía mojada,  entonces  dudé si solo había sido un sueño, y con mi mano tantee mi sexo que sorpresivamente se encontraron con mis fluidos.

Pero era muy morboso pensar que  Iván había entrado a mi cuarto y había estado jugando conmigo mientras dormía. ¡No! no podía ser posible, descarté ese pensamiento casi al instante,  era mi imaginación que me estaba jugando una mala pasada.

Al día siguiente observé el comportamiento de mi hermano, actuaba diferente, casi no me miraba,  me pareció que trataba de evitarme. Si por alguna razón quedábamos solos él buscaba una excusa para ausentarse.

Fueron pasando  los días, los meses  y todo seguía como si nada,  deseaba volver a vivir  esa experiencia, pero nunca más se repitió.

Creo quedé obsesionada  desde  ese día, porque cada noche al irme a dormir no podía dejar  de traer a mi pensamiento  aquella agradable sensación que tanto placer me dio. Cerraba los ojos y revivía paso a paso  esa aventura, y me volvía a excitar  y a tocar cada noche, ahogándome en gemidos mudos, apretando con fuerza mis labios  reprimiendo el sonoro y magnifico estallido del éxtasis.

Un fin de semana que Iván se había ido de campamento con el grupo de boy scout, me dio ganas de curiosear  su cuarto,  revise un par de cajones, encontré revistas de mujeres asiáticas desnudas, y de hentai porno,  era totalmente sabido que me toparía cosas de ese tipo, entrado en la adolescencia  los niveles de testosterona estarían altísimos, y hasta ese momento no le conocíamos  ninguna “amiguita”, y era normal que usase ese material para desahogarse. Lo que no era normal que entre sus prendas hubiese un par de tangas  que yo ya daba por perdidas. Recordé aquella escena del baño. Dude si llevármelas, pero al final decidí dejarlas, sino  descubriría que estuve allí.

También entré a su computadora, revisé todas las carpetas que contenían archivos, encontrando videos pornográficos al por mayor, pero lo que no me imaginaba que encontraría una carpeta que llevara de titulo “mi perversión”  al abrirla ¡oh sorpresa! Un montón de fotos en los que yo estaba durmiendo, tomando sol en el jardín, y en partes de la casa en las que yo creí estar sola. Y también  tenía 8 videos titulados en la ducha 1, en la ducha2 y así sucesivamente hasta  llegar a 8.  Me mató la curiosidad. ¡Me los miré todos!  Pero no se me había ocurrido que la que estaría en ellos pudiera ser yo.

Se ve que preparaba y  programaba la filmadora cuando tenía  la certeza que me  entraría duchar. . Algunos no se veían muy bien la 1, la 2, y la 3, eran ángulos diferentes y se veía de lejos, y con el vapor era casi imposible adivinar los movimientos.  Pero a partir del 4 video  dio en el blanco; encontró el sitio adecuado,  donde capturó con precisión mis baños,  baños que me daba inocentemente sin siquiera intuir que podía ser grabada por mi propio hermano.

Desde ese día mis duchas no fueron iguales, antes de entrar a ella miraba de reojo o de costado para saber si estaba filmándome, las veces que la encontré mis baños fueron extremadamente sensuales, y con los años  a medida que iba creciendo eran cada vez más provocadores.  A los 17 y ya de novia  seguía seduciéndolo a través de las filmaciones, y algunas  veces, me comenzaba a tocar, excitándome sabiéndome espiada. Ponía algo de música para confundir mis jadeos  con ella.

Una noche pasaba por su cuarto y tenía la puerta cerrada, y se me ocurrió espiar por el ojo de la cerradura.

¿Y a qué no saben lo que vi?

Estaba acostado en la cama con la filmadora conectada a la tv viendo una de mis últimas duchas, una de esas en las que me tocaba ¿para él?

Verlo tirado en su cama con su gran pedazo entre sus manos pajeandose duro mientras me veía fue terriblemente excitante y morboso.

Y así continuamos por años, sabiéndonos espiados, porque incluso creo que con el tiempo se dio cuenta que yo lo espiaba. Incluso creo se avivó el día que estaba encerrado con su noviecita en el cuarto, cuando golpee para preguntarle sobre  un libro que no encontraba y me grito:

- ahora no puedo, luego lo busco –

Por el tono de voz no fue difícil saber que estaba en medio de un polvo, así que me agache y me quedé espiando como lo hacían.

- No puedo explicarles los celos que sentí -

Me daba una envidia tremenda ver como la penetraba. Sin darme cuenta estaba tocándome mientras los miraba, cuando vi la verga de Iván entrando en el gran culo de  Paola (porque era más bien gordita), se me hizo agua la boca, y pensé ¿por qué  Santi (mi novio) no me lo hace? Obvio que no encontré la respuesta, pero eso era lo de menos, porqué en ese momento deseaba  fuera mi hermano quién me cogiera así de rico.

Continuará…

“Amor entre hermanos” (no hay mejor amante que mi hermano) 2da parte

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No le respondí nada, pero le hice caso y se lo toqué un poco, me daba “cosa”, su piel era muy suave, me gustaba acariciarla, mis dedos se deslizaban con facilidad, pero seguía intrigada,  ¿cómo podía ser que “eso” siguiera creciendo?

No me iba a quedar con la duda y le pregunté:

- ¿por qué  se te puso así? –

- eso no te lo voy contestar hermanita, ¡tendrás que averiguarlo vos! –

Se paró, agarró su ropa y se introdujo en el baño.

Yo hice lo mismo pero me fui arriba (habitación),  al pasar frente al baño me dio  curiosidad (ganas de espiarlo), seguro que se estaba poniendo la ropa “pensé”- ¡pero no! Seguía desnudo y  tenía algo en la mano, al principio no me daba cuenta de lo que era, hasta que la reconocí, era “mi  bombacha” la que me había sacado antes de entrar a bañarme y se me olvido llevarla al lavadero.

El muy asqueroso  tenía los ojos cerrados  y la olía, aspirabaprofundo  y exhalaba  largando el aire  contenido, con ella se frotaba su “cosota”. Desde el ojo de la cerradura podía darme cuenta que la tenía enorme y dura. En ese momento sentí repulsión al ver que hacía aquello, y me empecé a preguntar si siempre lo haría, ó  si esa sería quizás la primera vez, imposible descubrir la verdad. Y no me animé a preguntárselo tampoco.

Me fui a mi cuarto, me cambie, y me puse a ver  televisión (sin verla) en todo momento se me cruzaba la imagen de Iván oliendo mi bombacha, tocándose con ella.

Pasaron los días y ninguno mencionaba nada de lo ocurrido (quizás no nos atrevíamos).

Pero una  tarde habíamos ido a andar a caballo con mis primos mayores, al llegar a la casa corrimos al baño, nos peleábamos por quién se bañaba primero, él ya estaba prácticamente adentro del mismo, pero de repente  dejó de pelearme y me lo cedió …

- ¡dale! te dejo a vos primera, pero no tardes mucho ¡pendeja! –

Entré, me duché y cuando me quise secar me di cuenta que no había llevado ningún toallón, fui hacía la puerta para gritar que me lo alcanzaran. ¡Alguien me iba a escuchar! Pero para mi sorpresa al semi abrir la puerta dejando asomar solo mi cabeza me lo encuentro a “él”  todavía agachado detrás ¿espiando?, según  él venía a preguntarme si me faltaba mucho.

Tal vez era cierto, ¿por qué dudar? Luego de traerme  un juego de toallas  se quedó en el pasillo apurándome.

- ¡dale nena! Métele pata que me quiero bañar “hoy” -

- ¡ya va idiota! ¿No ves que ya terminé? -

Ni bien saqué un pie se mandó de una.

Inmediatamente me fui a cambiar y me tiré en la cama a ver algo de tv. Luego de cenar me fui a dormir, estaba cansada, la cabalgata me había “matado”.

Soñaba que Iván entraba a mi  habitación  con el cuidado necesario de no despertarme, se sentó  en la orilla de la  cama contemplándome  mientras yo dormía  plácidamente boca arriba.

Aún no había amanecido pero con la suficiente claridad que  entraba por el ventanal de aquella noche de  luna llena lograba ver la sombra de mi hermano y sus movimientos. Estuvo un rato tan solo viéndome, luego sentí que me destapaba casi por completa,  quería decirle que no lo haga, pero no me salía la voz, con su mano estirada y muy suavemente  acariciaba mi pierna, desde las pantorrillas hasta la ingle, hasta que se detuvo en mis muslos, allí con la yema de sus dedos  acariciaba por sobre la bombacha, con movimientos envolventes.

Recuerdo deseaba  gritar, patearlo, no sé, algo para defenderme, pero  mi cuerpo estaba inmóvil, como si este  estuviera separado de mi mente.

Continuará…

“Amor entre hermanos” (no hay mejor amante que mi hermano) 1ra parte

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Soy hija de Juan y  Mabel,  hermana de Iván,  un año y cinco meses  mayor  que yo. Dueño de una conocidísima empresa láctea  que por situaciones que leerán a continuación  no daré a conocer.

Mi nombre es Jorgelina tengo 27 años y soy empleada administrativa en la empresa de mi hermano.  Estoy a solo dos días de mi casamiento con Santiago, mi novio desde hace 4 años.

Esta mañana no sé por qué motivo me desperté  rememorando ciertos recuerdos de mi niñez, y parte de mi adolescencia.

Si bien no debería sentirme orgullosa de ello,  quiero ser sincera con ustedes y decirles que fueron los años más bonitos de mi vida, aunque  para muchos pueda resultarles “bochornoso” y me tilden de inmoral.

Mamá y papá trabajan desde aquella época  para una entidad gubernamental  por lo que mi hermano y yo quedábamos  al cuidado de la “Niñera”. Ella fue muy importante en nuestras vidas, en nuestro crecimiento y educación, porque era exigente y correcta como pocas, nos inculcó  siempre a ser sobre todas las cosas personas dignas y sinceras ante todo tipo de eventualidad.

Ella de todos modos  siguió trabajando con nosotros haciendo los quehaceres domésticos hasta que le llegó la jubilación y dejó de trabajar.

Me fui por las ramas contando otros pormenores, mejor vamos al tema que nos ataña.

Era una tarde  fría, típica del mes de  Julio.  La niñera (Rosa) había ido hasta el centro comercial para proveer a la familia  de comestibles para el fin de semana, siendo que todos los viernes  al regreso de mis padres se iba a su casa con su familia regresando  el día lunes temprano por la mañana.

Recuerdo jugábamos con Iván a las cartas sobre la  alfombra del living  frente al rojo fuego del hogar cuando le gané por segunda vez consecutiva a la escoba  de quince, mientras yo festejaba con risas burlonas  Iván indignado me desafió  a seguir jugando,  pero a diferencia de las anteriores y para darle otro ritmo al juego le quiso sumar emoción. Debíamos  quitarnos   “una prenda” por cada partido perdido.  Ese era el trato. Para desgracia de él y alegría mía la suerte  estaba de mi lado, Iván ya se había quitado casi todo, quedándose  sólo con el bóxer puesto, en cambio yo  había perdido uno solo hasta ese momento, sacándome un buzo polar.

Pero de repente la suerte se  dio vuelta y empecé a  perder  partido tras partido, no quedándome  mucho por sacarme, quise echarme atrás, pero Iván no me lo permitió,  me desafío diciéndome que si no lo hacía “era una boba”  lejos de mí estaba la idea de quedar como una boba ante “mi adversario”, no me quedó más remedio que  quitarme el corpiño, (no hacía mucho que lo había comenzado a usar) era ¡eso! o la bombachita, no tenía muchas  opciones. Aunque debo admitir que me dió bastante vergüenza hacerlo, estaba entrando en la adolescencia, (13) y si bien mi cuerpo no estaba del todo desarrollado, mis pechos  ya eran llamativos, no por el tamaño sino más bien por su forma, muy paraditos y los pezones  rosaditos, (porque soy muy blanca)   apuntando hacia arriba, como en forma de pera.

Era la primera vez que mi hermano  me veía así (en tetas), aunque esté estaba muy nervioso y hasta llegó a ruborizarse, igualmente  sin disimulo fijó su mirada en mis pequeños senos. No me sentí molesta ni nada que se le parezca,  pensé que era “mera” curiosidad,  así que no hice caso y seguimos jugando…

Estaba a un solo partido de perder el juego. Ya me estaba poniendo nerviosa de solo pensar que me tendría que quitar la bombacha.

Ya en la mano siguiente comencé a hacer una escoba  tras otra (4), y sin darme cuenta  había logrado  la setenta completa, sumado al siete de oro,  eran 6 je je  ya con eso tenía asegurado el partido.

Cuando hicimos el recuento  su cara se transformó. Saber que  le gané  lo puso loco.

Era “mi momento”,  el de divertirme  y ver  como se quitaba el calzoncillo y pispiar que había abajo mientras se sonrojaba,  je je , aunque pensé que se iba a parar, agarrar  las pilchas  y mandarse a mudar. Pero no, a pesar de estar furioso por haber perdido cumplió con lo pactado, se  lo quitó y el muy guacho me dice:

- bueno acá lo tenés, satisfecha? –

En ese momento pensé Dios mío que cosota más fea, pero a la vez me daba curiosidad,  y se lo seguía mirando, aunque en aquel momento no comprendí porque lo tenía erecto. (Que inocentona éramos en aquella época)

- Que feo es – fue todo lo que atiné a decirle, sin importarle en lo más mínimo mi comentario …

- Quiero tocarte las tetas- ¿me dejás? –

- Bueno, solo un poco, pero si vos me dejas tocarte el pito –

- buenísimo, yo me dejo si me dejas –

Se acercó a donde yo continuaba sentada y me las tocó suave y tímidamente, pero a los pocos segundos me las empezó a manosear y apretujar fuerte

- Bueno basta! Que me haces cosquillas, ¿a ver el tuyo?-

Él parado frente a mí dando justo con su cosa a mi cara,  en ese momento pensé “¿o yo estoy loca ó se le está poniendo más grande?” era evidente el porqué, pero yo por aquel entonces lo desconocía, era muy inocentona, no tenía la viveza  que quizás otras de mi edad tendrían.

Apenitas  lo rocé  me produjo escalofrío.

– ¡tócalo! no seas sonsa, no te va a morder –

Continuará…

Mi primera vez fue con mi primo

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Éramos muy chicos los dos.
Pero a pesar de los años que han pasado recuerdo aquel día como si fuera hoy.
Estábamos en la casa de mi abuela Angélica, allí nos solíamos reunir cada domingo, era un bello lugar para esos encuentros familiares.
Comilonas típicas de los días domingos en la cual era casi una cita obligada para la familia.

Era una quinta alejada de la ciudad rodeada de plantas frutales, el colorido de sus frutos realzaba el paisaje.
Esperaba ansiosa llegara el fin de semana para reencontrarme con mis primas y primos, (más ó menos todos teníamos la misma edad)

Pero aquel domingo fue especial…

Luego de disfrutar del almuerzo y de corretear con mis primos por el prado nos pusimos a jugar a las escondidas. (Sí a las escondidas)
La idea era escondernos en parejas indistintamente del sexo, 2 chicas, 2 chicos, mezclados, eso no importaba, pero sí que nos escondiéramos de a 2.

Mi primo Jonathan de 15 años me escogió como su pareja en el juego, (creo que fue premeditado de su parte).
Me llevó al fondo de la finca, donde una gran higuera nos esperaba para escondernos, el lugar era “perfecto”; la higuera estaba en todo su esplendor y rebalsaba de gajos.

Ahí estábamos ocultos, e intuimos que no nos podían encontrar. Nos quedamos inmóviles viendo como nuestros primos pasaban frente a nosotros sin percatarse que allí estábamos.
Había pasado ya un largo rato y los chicos habían abandonado el juego y se habían ido al otro lado donde estaban las hamacas. Recuerdo que le dije a Jonathan que ya nos podíamos unir al resto.

Cuando de repente siento que su mano roza mis pequeños y turgentes senos… (Aquella sensación me agradó).
Bajo una sonrisa picara y suspicaz me dijo:
_ tengo una idea mejor.
Quedémonos acá y juguemos a tocarnos y descubrir nuestros cuerpos.
En aquel momento no comprendí muy bien lo que pretendía, pero acepté porque siempre que jugábamos juntos nos divertíamos muchísimo.

Estábamos los 2 parados frente a frente, y sentí como su mirada penetrante recorría cada parte de mi cuerpo, esas facciones las desconocía, parecía ser otra persona no eran las miradas de siempre.
Se acercó y se pegó a mi cuerpo, mi corazón latía a pasas agigantados, sentía su respiración aumentar en mi oreja, me incomodé un poco con la situación pero a la vez me gustaba sentirlo tan cerca.

Recuerdo que empezó refregando sus partes contra mí, yo llevaba puesta una pollerita cortita de tablitas color roja, y una remerita sin mangas bien pegada a mi piel, como era muy niña aun no usaba corpiño, pero ya a esa edad mis tetitas eran perfectamente redonditas, muy blancas y unos rozados pezones puntiagudos que más se erizaban cuando tenía frio o cuando me los acariciaba en la intimidad.

Mientras él se frotaba cada vez más ligero apoyándome su bulto que se hacía más notorio a través de su pantalón con la mano derecho tomo la mía y me la posó sobre sus genitales friccionándola con la suya me hacia moverla de arriba hacia abajo y en círculos.
En ese preciso instante me preguntó si me había dado cuenta de cómo yo lo había puesto…

Le respondí que no entendía porque, si yo no había hecho nada para que él se pusiera así.
_ prima no necesitas hacerme nada para volverme loco, me gustas mucho, he visto como ha cambiado tu cuerpo en este corto tiempo, esas tetitas que tenés me enloquecen, quiero tocarlas, puedo?

Con mi voz suave y finita aún de nena le dije tímidamente tan solo :
_ Bueno tócalas!!! Si eso querés…
A lo lejos se escuchaban los gritos de mis primos jugando por ahí.

Jonathan me levantó la remerita hasta dejarme las lolitas al aire, con una mano en cada una de ellas se apoderó de la situación acariciándolas suavemente…
Luego ya no fue tan tierno y me pellizcaba los pezones con los dedos, pero era un dolor lindo.
Acercó su cara a mi pecho y me sorprendió que empezara a usar la lengua dándole lamidas como si fuera un helado, o un chupetín, (mmmmm eso me gustaba más que lo anterior)

Mis pezones reaccionaron ante su tibia y húmeda lengua poniéndose cada vez más duros a medida que su lengua los rodeaba y estimulaba.
Nuevamente me llevó mi mano hasta su erecto pene que no sé en qué momento había bajado su pantalón dejando todo el pedazo afuera.
Me guiaba con sus manos enseñándome como tenía que tocarlo, (en aquel momento no sabía que eso se llamaba paja).

Me pidió que empezara suave y que poco a poco fuera apurando los movimientos, que eso le gustaba mucho.
Lo complací porque lo veía entusiasmado.

Cuando quitó sus manos de las mías y me dejó sola al principio no me animaba mucho a hacer eso que él me había explicado, pero poco a poco fui sintiendo que con mis movimientos su pene se ponía cada vez más duro y hasta más gordo, y fui aumentando paulatinamente las fricciones y apretando un poco más la palma contra su pito.

Mientras yo le hacía eso metió la manó por debajo de mi pollerita y me fue bajando la bombachita quedando a la altura de las rodillas. y pensé :
_ me hará caricias ahí? Como las que me suelo hacer yo cuando me baño?
Y si !!! Era lo que yo pensaba, hundió un dedito en mi húmeda conchita que recién empezaban a asomas los primeros vellos púbicos moviéndolos hacia un lado y hacia otro, (mmmm que rico se sentía con su dedo) lo sacó y volvió a meter pero no era unos solo, eran dos, y los movió en círculos un ratito, mientras lo seguía pajeando más ligeramente…

Su cara era de goce total, balbuceaba algo que no logré comprender.
Sus dedos en mi vagina se movían cada vez más y me hacía estremecer el cuerpo.
_te gusta prima? Veo que te gusta sentir mis dedos ahí…
Le respondí entre dientes
_no pares, sigue, muévelos más…más… y mis piernas se abrían para poder recibir más de eso que tanto placer me estaba dando.

Mi cuerpo se contorneaba según sus movimientos dentro de mí, eso me hacía tomarlo con mas fuerzas de su miembro y viendo como su cara se transformaba me sorprendió un liquido blanco, pegajoso, desconocidos, cayendo sobre mis dedos a la vez que mi conchita palpitaba con más fuerza, queriéndose devorar por completa su mano.

De mi boca salían sonidos extraños que jamás antes había experimentado. (De la de él también) hasta que por ultimo soltó un grito aún mayor acompañado de un suspiro gigante que me colmó de placer…
mientras miraba como su rostro se relajaba.


Mi Primera Vez (Sexo con mi Primo) Incesto

Estándar


“Mi primera vez“(sexo con mi primo)

Éramos muy chicos los dos.
Pero a pesar de los años que han pasado recuerdo aquel día como si fuera hoy.
Estábamos en la casa de mi abuela Angélica, allí nos solíamos reunir cada domingo, era un bello lugar para esos encuentros familiares.
Comilonas típicas de los días domingos en la cual era casi una cita obligada para la familia.

Era una quinta alejada de la ciudad rodeada de plantas frutales, el colorido de sus frutos realzaba el paisaje.
Esperaba ansiosa llegara el fin de semana para reencontrarme con mis primas y primos, (más ó menos todos teníamos la misma edad)

Pero aquel domingo fue especial…

Luego de disfrutar del almuerzo y de corretear con mis primos por el prado nos pusimos a jugar a las escondidas. (Sí a las escondidas)
La idea era escondernos en parejas indistintamente del sexo, 2 chicas, 2 chicos, mezclados, eso no importaba, pero sí que nos escondiéramos de a 2.

Mi primo Jonathan de 15 años me escogió como su pareja en el juego, (creo que fue premeditado de su parte).
Me llevó al fondo de la finca, donde una gran higuera nos esperaba para escondernos, el lugar era “perfecto”; la higuera estaba en todo su esplendor y rebalsaba de gajos.

Ahí estábamos ocultos, e intuimos que no nos podían encontrar. Nos quedamos inmóviles viendo como nuestros primos pasaban frente a nosotros sin percatarse que allí estábamos.
Había pasado ya un largo rato y los chicos habían abandonado el juego y se habían ido al otro lado donde estaban las hamacas. Recuerdo que le dije a Jonathan que ya nos podíamos unir al resto.

Cuando de repente siento que su mano roza mis pequeños y turgentes senos… (Aquella sensación me agradó).
Bajo una sonrisa picara y suspicaz me dijo:
_ tengo una idea mejor.
Quedémonos acá y juguemos a tocarnos y descubrir nuestros cuerpos.
En aquel momento no comprendí muy bien lo que pretendía, pero acepté porque siempre que jugábamos juntos nos divertíamos muchísimo.

Estábamos los 2 parados frente a frente, y sentí como su mirada penetrante recorría cada parte de mi cuerpo, esas facciones las desconocía, parecía ser otra persona no eran las miradas de siempre.
Se acercó y se pegó a mi cuerpo, mi corazón latía a pasas agigantados, sentía su respiración aumentar en mi oreja, me incomodé un poco con la situación pero a la vez me gustaba sentirlo tan cerca.

Recuerdo que empezó refregando sus partes contra mí, yo llevaba puesta una pollerita cortita de tablitas color roja, y una remerita sin mangas bien pegada a mi piel, como era muy niña aun no usaba corpiño, pero ya a esa edad mis tetitas eran perfectamente redonditas, muy blancas y unos rozados pezones puntiagudos que más se erizaban cuando tenía frio o cuando me los acariciaba en la intimidad.

Mientras él se frotaba cada vez más ligero apoyándome su bulto que se hacía más notorio a través de su pantalón con la mano derecho tomo la mía y me la posó sobre sus genitales friccionándola con la suya me hacia moverla de arriba hacia abajo y en círculos.
En ese preciso instante me preguntó si me había dado cuenta de cómo yo lo había puesto…

Le respondí que no entendía porque, si yo no había hecho nada para que él se pusiera así.
_ prima no necesitas hacerme nada para volverme loco, me gustas mucho, he visto como ha cambiado tu cuerpo en este corto tiempo, esas tetitas que tenés me enloquecen, quiero tocarlas, puedo?

Con mi voz suave y finita aún de nena le dije tímidamente tan solo :
_ Bueno tócalas!!! Si eso querés…
A lo lejos se escuchaban los gritos de mis primos jugando por ahí.

Jonathan me levantó la remerita hasta dejarme las lolitas al aire, con una mano en cada una de ellas se apoderó de la situación acariciándolas suavemente…
Luego ya no fue tan tierno y me pellizcaba los pezones con los dedos, pero era un dolor lindo.
Acercó su cara a mi pecho y me sorprendió que empezara a usar la lengua dándole lamidas como si fuera un helado, o un chupetín, (mmmmm eso me gustaba más que lo anterior)

Mis pezones reaccionaron ante su tibia y húmeda lengua poniéndose cada vez más duros a medida que su lengua los rodeaba y estimulaba.
Nuevamente me llevó mi mano hasta su erecto pene que no sé en qué momento había bajado su pantalón dejando todo el pedazo afuera.
Me guiaba con sus manos enseñándome como tenía que tocarlo, (en aquel momento no sabía que eso se llamaba paja).

Me pidió que empezara suave y que poco a poco fuera apurando los movimientos, que eso le gustaba mucho.
Lo complací porque lo veía entusiasmado.

Cuando quitó sus manos de las mías y me dejó sola al principio no me animaba mucho a hacer eso que él me había explicado, pero poco a poco fui sintiendo que con mis movimientos su pene se ponía cada vez más duro y hasta más gordo, y fui aumentando paulatinamente las fricciones y apretando un poco más la palma contra su pito.

Mientras yo le hacía eso metió la manó por debajo de mi pollerita y me fue bajando la bombachita quedando a la altura de las rodillas. y pensé :
_ me hará caricias ahí? Como las que me suelo hacer yo cuando me baño?
Y si !!! Era lo que yo pensaba, hundió un dedito en mi húmeda conchita que recién empezaban a asomas los primeros vellos púbicos moviéndolos hacia un lado y hacia otro, (mmmm que rico se sentía con su dedo) lo sacó y volvió a meter pero no era unos solo, eran dos, y los movió en círculos un ratito, mientras lo seguía pajeando más ligeramente…

Su cara era de goce total, balbuceaba algo que no logré comprender.
Sus dedos en mi vagina se movían cada vez más y me hacía estremecer el cuerpo.
_te gusta prima? Veo que te gusta sentir mis dedos ahí…
Le respondí entre dientes
_no pares, sigue, muévelos más…más… y mis piernas se abrían para poder recibir más de eso que tanto placer me estaba dando.

Mi cuerpo se contorneaba según sus movimientos dentro de mí, eso me hacía tomarlo con mas fuerzas de su miembro y viendo como su cara se transformaba me sorprendió un liquido blanco, pegajoso, desconocidos, cayendo sobre mis dedos a la vez que mi conchita palpitaba con más fuerza, queriéndose devorar por completa su mano.

De mi boca salían sonidos extraños que jamás antes había experimentado. (De la de él también) hasta que por último soltó un grito aún mayor acompañado de un suspiro gigante que me colmó de placer mientras miraba como su rostro se relajaba.