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El nuevo técnico de mi Pc

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Mi computadora estaba funcionando pésimo desde hacia unos cuantos días; pero como no me quería quedar sin ella andaba esquivando de llevarla a arreglar.

Forzosamente tuve que acudir al técnico porque la maldita maquina se me había tildado mal. Rodolfo es quien me la arregló siempre, es un hombre que calculo pasará los cuarenta años aproximadamente, es de mi entera confianza, así que teléfono en mano lo llamé.

Con tanta mala suerte que estaba vacacionando con su familia en la ciudad de Mendoza y que no volvería antes de fin de mes. Pero me recomendó que llamara a Gustavo (un colega) dijo que era muy bueno en lo suyo y además no era de los que temataban a la hora de cobrarse el arreglo. Aliviada con el dato le agradecí culminando la conversación.

Minutos más tarde llamé a Gustavo y me daba ocupado… dejé pasar un rato y volví a intentar; y ya esa vez con suerte me atendió. Con un timbre de voz gruesa, imponente, dejaba intuir su simpatía mientras me preguntaba los pormenores de mi PC.
Le expliqué lo mejor que pude (a mi manera) porque no entiendo mucho del tema, solo se usarla. Con lo cual me pidio la dirección de mi casa para irla a revisar, diciendo que en menos de una hora llegaría.

Aproveche para darme una ducha ya que el tiempo era suficiente.
Estaba saliendo del baño cuando sentí el timbre.
Quién será? Pensé …
No me quedó más alternativa que colocarme la bata e ir a atender.
Abrí la puerta y mirando por lo alto, me encontré con un bombón de unos 30 años más o menos, por su voz enseguida lo reconocí.
Con una remera blanca pegada al cuerpo y de mangas japonesas haciendo un contraste perfecto con su piel dorada, su cabello corto no llegaba a rubio, más bien castaño. Ojos grandes y verdes, boca “dibujada” de labios pulposos. Físicamente enorme .
De repente me doy cuenta que me había quedado embobada mirándolo y no lo había echo pasar…

Abriendo un poco más la puerta lo invité a entrar.
_Disculpándome por mi apariencia.
Mi imágen era patética, mis cabellos envueltos por una toalla, bajo el típico enrosque que le damos las mujeres de cabello largo para que absorba el agua excedente sin quitarlo hasta que terminamos de secarnos y de humectarnos la piel con una crema hidratante finamente perfumada, y recién ahí lo soltamos para peinar.
Mi cuerpo cubierto con una bata de seda blanca haciendo juego con las pantuflas mañaneras…

Lo dirigí a donde el PC y una vez allí señalándole la silla giratoria lo invité a sentarse. Me quedé parada detrás observando.
No me quise ir a cambiar para no dejarlo solo, hasta el momento era un completo desconocido.

Mientras reiniciaba la máquina me fue haciendo preguntas como para ir descartando ciertos problemas, en un momento giro sobre sus hombros para quedar cara a cara mientras yo hablaba, de pronto noté que su mirada se perdía sin disimulo a la altura de mis pechos, se ve que en un descuido el lazo de la bata se aflojo o en el apuro de vestirme no la ajuste lo suficiente (esa es la única contra que tiene la seda) se había abierto lo bata más de lo debido dejando escapar sutilmente mis rozados pezones fuera de ella…

Con la rapidez que caracteriza la desesperación de el incidente y con mis mejillas prendidas fuego me cubrí y ajusté el lazo …
Sin promediar palabra dándose cuenta que me había puesto nerviosa, se dio vuelta y continuó en lo suyo.

Yo seguí parada detrás cruzando con mis manos sin despegarlas de la resbalosa tela para que no se volviera abrir…
Luego de una pausa silenciosa me hizo saber que debía llevárselo a su taller, al parecer tendría que instalar nuevamente el sistema operativo .

Mi cara se transformó al instante; y como si leyera mi pensamiento me tranquilizó.
_ descuida que no te dejaré en banda, te traeré una de las mías hasta que esté lista la tuya. Suspiré de tal manera que lo hice sonreír…

(Que linda sonrisa pensé)

Me contentó!!
Y le agradecí aquel gesto para conmigo.
En un acto de caballerosidad aduce
_ que menos podría hacer ante una damisela
Ahí la que sonrió fui yo!!
Bastó con mi sonrisa para darse cuenta que me había agradado su halago.
Lo acompañe hasta la puerta de salida.
dice: tardare lo que tardo en llegar hasta mi casa y volver.
Despidiéndome con un hasta luego se marcho.
Me fui a espiarlo por el ventanal del living y me quedé mirándolo como caminaba hasta el auto. Mientras recordaba el incomodo episodio suscitado . Que vergüenza Dios!!!
Inmediatamente lo vi alejarse me fui a mi habitación a cambiarme. Algo sencillo para una tarde de sábado. Nada sofisticado, un jeans bordado, unas sandalias con algo de tacón, y una musculosa blanca que llevaBA impreso en la delantera la palabra sexy en relieve y con brillitos, sencilla pero bonita.

Arreglé el desorden que había dejado luego del baño, y sin nada más que hacer llame al celular de mi mejor amiga para contarle del técnico, (quedé embobada). No sé el rato que abremos estado hablando, pero a la hora de hablar de hombres el tiempo siempre es poco, ja ja.
LLamaron a la puerta.
Ya estaba de regreso. Llegó con un portátil mientras lo sostenía aún sin apoyarlo sobre la mesa me recorrió por completa con la mirada y comentando
_ Que linda te has puesto para recibirme!! Aunque la bata te sentaba muy bien te digo.
Una sonrisa irónica dejaba ver su blanca dentadura.

No pude menos que esbozar una sonrisa y agradecerle el piropo.
Quise salir rápidamente de la conversación e inmediatamente enfoqué mi mirada en el portátil que traía en sus manos.

Dándose cuenta de la incomodidad de las palabras anteriores acercándome el portátil a mis manos dice
_ para que no te encuentres desconectada del mundo acá te lo dejo, es el que yo uso diariamente, y estoy convencido que lo dejo en buenas manos.
RespondÍ con mi mejor cara:
_No sabes el favor que me estás haciendo, la base de mi trabajo es la compu, sin ella me atrasaría terriblemente; no sé como podré agradecerte…
Casi interrumpiéndome
_Yo se como…
_Si? Me salió un poco dubitativo (los nervios me jugaron en contra)
__ Aceptando ir a cenar esta misma noche, si es que no tienes planes, claro.
Me pareció interesante. (Tengo que cancelar la salida con las chicas) pensé.
No, no la verdad ningún programa.
Sin esperar a que le diera el OK
__ Te parece bien a las 22?
SI. Perfecto.
Se fue saludándome con un beso en la mejilla a modo de despedida; erizando mi piel al rozar sus labios con los míos. Intencional o torpeza no lo sé.

Volví a cambiarme de ropa acorde a la situación.
Como no sabía a qué sitio me llevaría escogí un vestido rojo discretamente escotado con un fino lazo que ajustaba en el cuello, dejando la espalda al descubierto, el modelo no permitía usar corpiño, pero mi pechos firmes lo permitian. Acompañe con zapatos de tacón y una diminuta carterita al tono.

Puntualmente a la hora acordada estaba ahí .

Me llevó a un restaurante muy bonito, de los mejores que hay en la ciudad.
Cálido, de iluminación más bien escaza y música tenue, haciendo de el un lugar confortable.

Era una situación un tanto extraña. No era común para mí estar sentada junto a alguien que pocas horas antes había conocido.
Mantuvimos una conversación amena. Y supimos un poco más del otro.
Ya habíamos cenado pero aún seguíamos bebiendo del exquisito vino, un Cabernet Sauvignon, pero mi cultura alcohólica siempre a sido nula.

A poco más de dos copas me empezó a subir por mi cuerpo un calor que parecería que se concentrara en mis mejillas…
__ En un tono de voz suave y relajador me preguntó si tenía calor.
Me confesé ante su mirada penetrante que parecía concentrarse en esas rosadas manzanitas que se habían incrustado en mi rostro.

Alejó la copa llevándola para su lado.

_ Mejor te pido un café…
Era una buena idea.
Me bebí el café y me levante para ir al baño, al levantarme de la silla sentí que mis piernas flojeaban, disimule bajándome el vestido; muy normal que se suba cuando se permanece mucho rato sentada.
Caminando lentamente moviendo las caderas como si fuera una top model (sabía que él me estaba mir
ando) encontré los baños y al ver la clásica muñequita pintada en la puerta; entré.

Permanecí un largo rato sentada en el inodoro esperando que se me pasara el mareo, (se me daba vuelta todo) de pronto sentí la voz de El tras la puerta…
_Te pasa algo? Me tienes preocupado estás tardando demasiado. Puedo pasar?

Que patética situación para una primera cita pensé…
Entró y se asustó al verme pálida, me ayudo a pararme y me llevó al vanitori. Me comenzó a mojar la cabeza, la frente, pasaba sus manos empapadas de agua por mi rostro, los mareos ya habían cesado, el seguía refrescándome… sacó su pañuelo y me secó.
Mientras acariciaba mi rostro suavemente… Yo como si una diavola se hubiera apoderado de mi ser, me descontrole!!
Besé sus manos, a modo de agradecimiento, me miró con un dejo de timidez y continuo secándome.
Cuando terminó lo abrasé y le pedí disculpas por el papelón.

Pensé en aguantarme las ganas pero no pude resistirme a semejante tentación, estando a escasos centímetros de esos labios era “el momento” y fui yo en busca de esa boca carnosa que parecía estarme pidiendo por favor, al posar mis labios en los suyos nos fundimos en un largo y caliente beso, estábamos tan pegados que notaba el bulto de su entrepierna crecer.

No sé si fue producto de el alcohol o que, deseaba que me penetrara ahí mismo.
Él se transformo. Sin dejar de besarme me empujaba hacia atrás hasta hacer tope contra la puerta del baño anegando la entrada a cualquiera inoportuna que quisiera interrumpirnos.
Estábamos muy excitados los dos, pero Gustavo estaba lucido, en cambio yo no tanto. Apartándose un poco de mí me tomó del mentón elevándome la cara para asegurarse que lo mirara,y se excusó diciendo ….

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El final de la Dama y el Vagabundo (perdón por la demora)

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Bebimos la última copa sin dejar de mirarnos…

Estaba por demás “animada” aunque más bien un poco mareada, (no acostumbro a tomar alcohol), salvo en ocasiones que como esa lo ameritan.

Soy toda tuya esta noche. Quiero ser “tu puta”.

Haceme lo que quieras pendejo.

Estaba entregada al muchachito desalineado.

Luciano había despertado en mí la pasión.

(Deseaba aprovechar esa noche al máximo qué no acabase nunca)

-¿Todo, todo, lo que yo quiera?-

GUAU mujer me tenés al palo todo el tiempo…-

¿Qué parte no entendiste? ¡Todo! es todo

- Sentate en el borde de la cama. ¡Así! en la orilla está perfecto. Ahora tirá tu cuerpo hacía atrás, que tus piernas queden colgando, y levántalas.-

Luciano se arrodilló en el suelo, sobre una de las almohadas y quedó contra el borde de la cama a escasos centímetros de mi palpitante y húmeda vagina

Tomó mis piernas y las colocó por sobre sus hombros. Las empezó a besar desde los tobillos, subiendo poco a poco hasta llegar a la entrepierna, si hay algo que me “puede” es que me acaricien y estimulen la cara interna de los muslos.

Hacen mi cuerpo retozar de placer.

Percatándose de la miel de mi sexo fue en busca de ella, introduciendo sus dedos para cosecharla.

Se los llevó a la boca y los lamió con ganas, para luego retirar los dedos para introducir la boca; abarcando toda mi concha, y succionando como si quisiera devorarla.

De golpe se quedó inmóvil. No entendía lo que estaba pasando…

- ¡uy! no tengo forros.  – Comentó -¡Bajo a comprar! –

Bueno ¡bebé, te espero!

Al cabo de unos minutos estuvo de regreso.

Vertiginoso como pocos, se lo notaba alterado, eufórico, “altamente excitado”.

Con mis piernas en alto y abiertas me la metió hasta el fondo, entró apretada, se sentía más gruesa de lo que parecía.

A esa altura los dos estábamos extremadamente calientes.

En las primeras embestidas me cogió suave, y cuando la calentura se hizo inmanejable empezó a cogerme más fuerte, con movimientos firmes y penetrantes.

- Quiero deleitarme con el sonido del repiqueteo de mis bolas en tu culo –

Y vaya que las sentía… el sonido de ellas era colosal, calzaba llenándome toda.

¡Cómo gocé!

Sacó su pija empapada con mis jugos y con la ayuda de las manos me solivió la cola, puso una almohada debajo dejándome un tanto suspendida en el aire, para luego pasarla totalmente embadurnada por la hendidura que latía enardecida.

Volvió deliciosamente a penetrarme y cada dos embestidas la sacaba y frotaba con ella en mi apretadito agujerito.

Luego la restregaba ejerciendo presión ayudándose con las manos, tratando de meter su glande.

¿Qué haces? ¿Estás loco?

¡No va a entrar!

- Acabo de comprarlo (mostrándome un lubricante)

Pero despacito que él mío no está preparado para un pito como el tuyo.

- ¡Tranquila! No te voy a hacer doler. ¡Disfruta!

Sin siquiera cambiar de posición, eleve un poco más las piernas para dejar la cola bien alta; y así hacer más fácil la penetración…

Tomó el gel y colocó una generosa cantidad en mi.ano palpitante.

Con movimientos delicados hizo entrar lentamente la puntita de un dedo hasta que de a poco fue entrando por completo.

Me relamía de placer sabiendo lo qué me esperaba…

Juntó dos dedos y los introdujo, al principio sentí un poco de dolor, porque le costó entrar, pero una vez que lo consiguió los comenzó a mover hacia afuera y hacia adentro, sin sacarlos del todo… Cada tanto los giraba. Me dolía, pero tan caliente…

La presión de éstos haciendo lugar estiraba la delicada piel del recto provocando una sensación de ardor placentero…

Se inclinó un poco, y me empezó a pasar la lengua a lo ancho y largo de mi concha; rozaba con ella sus propios dedos.

Al compás de sus movimientos yo meneaba mi cadera buscando que se perdieran en mi profundidad….

Con los dos orificios llenos perdí la razón.”Caí inmersa en un océano de placer absoluto”.

¡Pendejo! quiero que me cojas el culo. ¡Ahora mismo! llénamelo con tu pija –

- ¡Lady! sus deseos son órdenes para mí.

Deseaba que me lo pidieras así… con ganas, desesperada por sentir mi verga.

Me acomodó más cerca de la orilla y llevó mis piernas hacia atrás, tocando mi pecho. Me las sostuve con mis manos dejando expuesta toda mi intimidad.

¡Mi cuerpo mendigaba ser explorado en plenitud! Y mi orificio palpitaba de la exuberante calentura que tenía.

(Era demencial lo que ese muchachote me provocaba)

Apoyó su glande y resbalando en el producto trató de penetrarme.

La posición me permitía visualizar como manipulaba su tranca, haciendo más excitante la situación.

Su pija era apretada y devorada por el hoyo que él muy bien había sabido dilatar.

Sentía cómo se engrosaba a medida que iba abriendo camino a su paso.

Una vez que logró llenarme el orificio con buena parte de su trozo se mantuvo quieto permitiendo que las ceñidas paredes del ano se adaptaran a su huésped.

(Fue sorprendente a pesar de mi estrechez y poco usado canal como logró alojarlo)

Cuando lo creyó relajado comenzó a moverse lento, suave, sugestivo, disfrutando en cada movimiento.

Sentir y ver cómo era penetrada analmente por aquel vagabundo fue sensacional, e insuperable.

Después me dio vuelta, y me puso a cuatro patas para seguir dándome sin piedad…

Poco a poco las embestidas fueron incrementando de forma desaforada. Sus huevos golpeaban en mi hinchada, roja y destrozada concha, haciendo el tan característico sonido que aumentaba aun más la excitación de ambos.

Mis gemidos se parecían a los aullidos de una loba apareada por su macho.salvaje.

Pero Luciano no era menos que yo, jadeaba transformando sus gestos de manera que hasta el día de hoy están grabados en mi mente.

Con mi mano derecha busqué acelerar el orgasmo agitando ferviente el clítoris, a medida que sentía la entrega de su simiente daba mis últimos alaridos sin importarme que me pudieran escuchar desde el hall del hotel.

Apoyado sobre mí espalda, exhausto, exhalaba a borbotones. Se quedó así, inamovible tratando de reponerse; mientras mis pulsaciones y latidos mermaban lentamente y mis rodillas comenzaban a flaquear, quedando extendida por completo.

Se bajó dejándose caer torpemente a mi lado mientras alardeaba de su posesión…

- ¡Qué buena cogida de culo te pegué!

Estoy liquidado; decía con cara de ganador sonriendo mientras se quitaba el profiláctico.

Lo sacudió para que yo viese la tremenda cantidad de leche que le había sacado.

¡Nene! me destrozaste la concha y el culo como nadie antes…

A lo que él agrega dejando caer al piso el forro.

- Qué lástima que no vivís acá. Me encantaría poder cogerte todos los días.

¡Pendejo! me hacés estremecer de sólo pensarlo…

Me giró, y tomándome el mentón antes de pararse en busca del baño me estampó un beso arrollador.

Me quedé mirando su desnudez; lindo por donde se lo mire, fresco, rozagante con ese cuerpo imponente… y me hice la pregunta que cambió mi vida para siempre: ¿qué mierda hago yo al lado del viejo de mi marido pudiendo estar con alguien así?

Mientras “Lu” se duchaba yo no podía parar de pensar…

Luciano me calentaba mucho como para no volverlo a ver más.

Fue entonces que una idea me iluminó la mente.

Convencerlo de que viaje conmigo, bancarlo el tiempo que sea necesario mientras se busca algún trabajo digno.

Al salir de la ducha se tiró en la cama me subió sobre su cuerpo y me abrazó tan fuerte que me hacia doler…

Sin imaginarse lo que yo estaba ideando dice:- ahora que te encontré no quiero dejarte ir… te quiero toda para mí.

Ahí nomás le conté mi plan.

No necesité convencerlo, sin dudarlo me dijo: con probar no pierdo nada, en cambio si me quedo te pierdo a vos…

Me lo comí a besos. Y volvimos a hacer el amor; no tan salvajemente como las anteriores, esa vez fue diferente, se podría decir que fue más pasional, con sentimientos.

Estaba feliz de saber que vendría conmigo. No me importaba el resultado de mi locura. Estaba dispuesta a enfrentar lo que pudiera acontecer, lo único que quería era tenerlo cerca para poder gozar cada vez que mi cuerpo tuviera sed de él.

Mientras yo acudí a la reunión motivo por el cual había viajado a Buenos Aires; él fue por sus pocas pertenencias, y sin más motivos para quedarnos emprendimos viaje de regreso a mi ciudad.

En el camino hice una llamada que resolvió prontamente su estadía.

La llamé a Lorena(mi amiga). Y le expliqué la situación, yo sé que no hubiese sido necesario, pero como buenas amigas que somos no quise ocultárselo.

Llegamos allá, lo dejé en un café mientras fui a mi casa por las llaves del departamento de esta pareja amiga que desde hace algunos meses por razones laborales se encuentran en Londres, y soy yo la encargada de hacer que no se note la ausencia de sus ocupantes.

Por suerte Sergio estaba en el juzgado, y los chicos en el colegio.

Tomé las llaves rápidamente y fui en búsqueda de mi conquista…

El departamento estaba listo para habitarse, yo misma llevo cada semana a la señora que trabaja en casa para asear el lugar.

Nos pegamos una ducha ahí mismo para sacarnos el cansancio de las casi 6 horas de viaje. Situación que Luciano no dejó pasar; y me cogió a su antojo bajo la ducha.

Me despedí prometiéndole que al día siguiente regresaba, le dejé plata para que se comprara algo para comer y me fui a mi casa para cumplir con mi rol de madre y esposa.

Por más de un mes y cada vez que podía me escapaba para estar con Lu, siempre encontraba alguna razón para ausentarme varias horas sin que desconfiaran de mí.

En casa teníamos trabajando al señor de mantenimiento con cama adentro. Sólo que él estaba en el departamento pegado al quincho.

Este buen hombre de 68 años llevaba mucho tiempo trabajando para mi familia.

Un día se descompuso, y falleció en la misma ambulancia que lo trasladaba hacia la clínica privada de la cuál mi esposo es uno de los dueños.

Sin dejar de lamentarme por la pérdida de Pedro automáticamente una idea iluminó mi mente.

Y desde entonces Luciano ocupa su lugar…

Hace unos días que en la intimidad del cuarto marital, entre otras cosas mi marido  me dijo estar conforme  con el nuevo empleado, haciendo el comentario de que lo encuentra MUY aplicado.

Y vaya si lo es…

De esta forma lo tengo cada vez que lo deseo, y sin tener que salir a buscar afuera lo que no tengo en casa…


A TODOS GRACIAS POR LEERME.

Y COMO SIEMPRE ESPERO ATENTAMENTE SUS COMENTARIOS

La dama y el vagabundo (2 parte)

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Se bajó el cierre y sacó la pija afuera, sacudiéndola orgulloso de tener semejante pedazo. Estaba totalmente erecta.

Por suerte la iluminaría de la calle se filtraba por las ventanillas ayudando para que no me perdiese ni un solo gesto.

Me miró, me agarró del brazo y me lo llevó hasta su pedazo, tomó mi mano y  ejerció presión sobre su miembro diciendo…: – ¡dale pajeame! mientras manejo, perra –

Puso el auto en marcha y salió a las chapas para el hotel.

Agarré mi nuevo juguete y se lo empecé a estimular suavemente, de a ratos lo abandonaba para meter un poco más adentro mi mano y palpar sus huevos,  así seguí hasta llegar al último semáforo en el que aprovechó para toquetearme. Se mandó por el escote y me estrujó los pezones, mmmm me encanta esa mezcla de dolor y placer.

Continué pajeandolo hasta que me sorprendió presionando con una mano  entre el cuello y la nuca empujando  mi cabeza hasta su pija.

- Quiero ver cómo te la comes. ¡puta!  Trágatela toda. ¡yegua!–

- Siiiiiiiiiiii bebé la quiero sentir todita.

Mmmm ¡Pendejo!… -

(Desde que lo vi tirado en la cama deseaba sentir su pedazo en mi boca)

Glotona como pocas me la metí lo más profundo que pude, estirando al máximo mi lengua alcancé sus huevos. En ese instante cerró los ojos perdiendo el control del auto y dando un fuerte volantazo que me hizo ahogar con su pija.

Fue suficiente para llenarme la boca con su deliciosa y abundante leche,  por suerte era más bien dulzona y me la tragué toda…

-¡Mostrame tu boca! Quiero comprobar que no haya quedado ni una gota de mi semen -

Por suerte no chocamos y pudo retomar sin problema alguno.

- Tengo que admitir que me sorprendiste, primero que no me imaginaba que irías a salir con esto,  y segundo quéeeeeeeeeeee buena paja por Diossssss…

Sos muy buena chupando“mamita” me hiciste explotar como perro en celo.

¡Quiero cogerte ya!

- Síiiiiii bebé  esta noche quiero ser tuya –

- Te voy a contar lo que me pasó en el teatro. Lo que menos hice fue ver la obra, porque me puse a fantasear con  vos, imaginando que lo hacíamos en el ahí mismo, y me puse al palo, me empecé a sobar la pija por encima del pantalón. Estabas tan concentrada mirando que ni te percataste, ¡por suerte!

Imaginaba ser yo quién te insinuara algo, pero seguro no me hubiera atrevido. Nunca imaginé que una señora como “usted”, perdón, como vos se fuera a fijar en una rata como yo, además era faltarte el respeto, y abusar de tu generosidad, después de todo lo que hiciste por mí…

No puedo negarte que sos el estilo de mujer que me calienta y mucho –

-Si hubiera leído tu mente en el teatro seguramente no hubiéramos esperado a que terminara la función para irnos… Cuánto tiempo desperdiciado… -

(Me acerqué a su cara para robarle un primer beso, “un piquito”)

- ¡te quiero comer la boca nena! se me reparó la pija, la puta madre, ¡como me calentas!…

Estoy ansioso por llegar y mostrarte todo lo que puedo hacer por vos.-

Así te quiero, caliente y eufórico, con ganas de matarme en la cama, mmmm  ¡pendejo! Qué lindo macho hay detrás de tu perfil sumiso, callejero, y con tremenda pija.

Sos una caja de sorpresas, y quiero seguir sorprendiéndome más… -

Cuando llegamos al hotel (casi corriendo) iba un paso más atrás tocándome el culo, diciéndome:

- ¡mamita! este culo está para entrarle, ¿me lo vas a entregar? Quiero ver esos cachetes comiéndose mi verga –

Depende de cómo te portes, si haces bien los “deberes” te lo doy como premio.-

Nunca hubiera imaginado que pocas horas después de conocernos “el modosito” sería capaz de hablarme como una cualquiera.

Lo insólito es que ese lenguaje tan vulgar que lo hace diferente, especial, y del cual no estoy acostumbrada fue capaz de hacerme imaginar el goce antes de gozar, y relamerme por anticipado por aquel pedazo de carne que estaba a punto de saborear….

Entramos a la habitación y ni bien se cerró la puerta me apretujó contra ella, parecía un pulpo, sentía manos por todas partes, por suerte me había puesto un vestido rojo, por encima de las rodillas, ceñido al cuerpo y con cierre en la espalda, facilitando su despojo, que de no haber sido así, creo que me lo arrancaba a pedazos.

Estaba totalmente  desquiciado.

Por primera vez me comió la boca mientras dejaba caer el vestido a mis pies.

Le fui desprendiendo la camisa sin dejar de besarnos, calculando uno a uno todos sus botones.

Su boca era atrapante, de tamaño importante y de labios imponente, despertando salvajemente mi apetito sexual.

Apoyó su pesado cuerpo contra el mío y restregándose contra él hábilmente me hizo notar que una parte de su cuerpo también se había despertado.

Fue una situación extremadamente excitante, llena de erotismo y de libertinaje, no me reconocía tan eufórica. Estaba ansiosa por ser penetrada por ese “joven bohemio” que horas antes y a cambio de unas monedas me ofrecía tocar una melodía.

Se quito el pantalón y con él arrastró su prenda interior. Su cuerpo es descomunal, me gusta mucho su porte, con aspecto de machote bruto.

(Justamente era lo que necesitaba).

Aún de pie y sin movernos del lugar recorrí con ambas manos reconociendo su figura, tal cual lo haría un no vidente, empezando por su cara. Palpando su boca entre abierta, mojando mis dedos con su humedad, bajando por su cuello ancho y largo, arrastré mis manos por sus pectorales dibujando con ellas sus marcados abdominales por su cuerpo fibroso que a pesar del tiempo que no entrenaba dejaba claramente adivinar que antes lo había hecho con rigurosidad.

Levantó su rostro estilizando su cuello como un cisne, evidentemente estaba gozando de mi tacto.

Y con un dedo sobre mi tanga hacía presión sobre mis labios vaginales devorándose la delgada tela de mí ya mojada prenda. Eso me calentó mucho más, quería que me la metiera ¡YA! Pero se tomó el tiempo necesario para cada momento, haciéndome gozar como una yegua con cada uno de sus movimientos.

Luciano me había prometido una noche a puro sexo, y estaba empezando a cumplir su promesa…

Continuará!

La nueva versión de la Dama y el Vagabundo (1ra parte)

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Soy la esposa de un reconocido Juez. Su nombre es Sergio tiene hoy 61 años, y yo “María Eugenia” 43.

Antes de él había salido con otros 3 en mi adolescencia. Chicos de mi misma edad, totalmente pendejos y huecos mentalmente.

Al conocerlo a Sergio noté gratamente la disparidad y “me enganche”. En ese entonces la diferencia de edad ni se notaba. Pero hoy día se nota, y mucho.

Soy profesora de danza árabe y de patín artístico tengo 38 alumnas entre ambos cursos.

Y puedo decir que tengo un cuerpo privilegiado. Algunas amigas me dicen que me mantengo físicamente tan bien como a mis 25 años.

Y ¡sí! Tienen razón. Mis curvas aún  innatas, mi cola y mis pechos firmes, sin estrías ni celulitis, mi piel fresca y tersa como la piel de mi hija menor que hoy tiene 14 añitos.

Pero claro, me cuido mucho,como muy sano, bebo mucha agua, voy al gimnasio 3 veces por semana, además de jugar al tenis con mis amigas en el club.

Me casé con él el día de mi cumpleaños número 21. Me deslumbró con su hombría y caballerosidad. Sus gestos y regalos me confundieron, creí estar perdidamente enamorada, pero poco a poco con el correr del tiempo ese encantamiento se fue diluyendo.

Luego llegaron los niños (3) y me quedé a su lado aún sin amarlo, por el cariño y respeto que le tengo, y porque es un padre ejemplar, y como marido también lo es, el problema es que yo no lo amo. Él dice amarme como el primer día, y le creo, porque me lo demuestra día a día.

Mínimamente hacemos el amor 2 o 3 veces por semana, (sexualmente es muy activo, para su edad. Siempre es él quién provoca la situación) yo no tengo deseos de hacerlo, pero no puedo negarme. No quiero que se dé cuenta que ya no lo amo.

Me conformo con la vida que me toca vivir, lo tengo todo, mis caprichitos son órdenes para él, nunca me cuestiona absolutamente nada, pero a veces pienso: que distinto hubiera sido sino me hubiese dejado llevar a solo 4 meses de conocernos por mis efusivos impulsos.

Había viajado sola, y paraba en un  lindo y lujoso hotel que había reservado mi esposo por internet.

Una tarde iba caminando por corrientes rumbo al teatro en busca de una platea, para ver ese espectáculo que tanto me habían recomendado

Me quedaría tan sólo unos días; y quería aprovechar mis días a full.

De pronto se acercó un muchacho que rondaría los 30 años. Con un aspecto de abandono total, de cabellos negros, largo, barba de unos días, olía bastante mal.

Cargaba consigo una mochila en sus hombros y una guitarra entre sus manos.

Se acercó y se ofreció a cantarme una canción a cambio de unas monedas o de un sándwich.

Me apenó su estado calamitoso, y a pesar de tener unos bonitos ojos color café y de voluminosas pestañas noté en su mirada una gran tristeza.

En ese instante pensé en mis hijos, y no pude evitar quererle ayudar.

Le dije que no era necesario y lo invité a merendar a la cafetería de enfrente.

Pedimos un par de gaseosas y un par de suculentos tostados lo dejé comer tranquilo, no quise molestarlo ni hacerle preguntas que pudieran incomodarlo, pero por cómo se manejaba en la mesa parecía un muchacho de buenas costumbres.

Antes que yo lo hiciera se adelantó a presentarse

- Mi nombre es Luciano Almeida, tengo 26 años, y soy Mendocino.

¡Y permítame agradecerle señora por su invitación!–

-¡Luciano! Bonito nombre. El mío es Eugenia, y también soy del interior.

No me agradezcas.

Estoy en Buenos Aires sólo por unos días.

Iba al teatro a sacar una entrada para ver un espectáculo, ¿te molestaría acompañarme?

- Como podría negarme, será un placer oficiarle de guardaespaldas habiéndose comportado tan bien conmigo. Estoy a sus órdenes –

- Creo que no me has entendido muchacho, te estoy pidiendo que me acompañes a ver la obra. Después podríamos ir a cenar algo por ahí –

- Pero señora… ¿me está diciendo en serio? Me gustaría mucho, pero… no tengo ropa para la ocasión.

- Hace tiempo que ando vagando y mis pocas pilchas dan pena, gracias por el gesto, pero no podré acompañarla.

- Si ese es el motivo por el cual no podés, no hay problema, déjamelo a mí, lo soluciono fácilmente. Salvo que… no quieras acompañarme -

- En lo más mínimo señora, estoy encantado con su invitación –

- No se habla más del tema, vayamos a sacar las entradas y luego me encargo lo de la ropa –

Volvimos con las entradas en nuestro poder (a la mitad de la segunda fila, muy buena ubicación).Camino al hotel pasamos por una casa de ropa de una marca muy reconocida en la que yo ya había estado en la mañana comprando un par camisas para mi marido.

Como nadie me conocía no me importó lo que pudieran pensar, pero… como la casa se reserva el derecho de admisión les tuve que pedir aprobación para dejar entrar a ese vagabundo al cual yo deseaba ayudar comprándole algunas prendas.

El empleado excusándose se fue adentro a consultar a su superior.

Regresó dándonos la BIENVENIDA y pensé: -¡como se nota que los comercios están en crisis!-

Luciano me pidió que fuese yo quién eligiera lo que debía ponerse para la ocasión.

El vendedor trajo varias alternativas, y de diferentes estilos, me costó decidirme, así que opté por alcanzarle al probador 3 mudas completas, incluido los zapatos, medias y bóxer.

Cuando estuvo listo con el primer cambio me llamó para que lo viera.

Me sorprendió ver la transformación de una persona con tan sólo unos simples “trapos” nuevos.

- Cuando me pruebe el otro equipo “te” llamo – (cuanta confianza pensé… pero me divirtió que lo hiciera. ¡Me gustó!

-Me pareció escuchar desde el probador que Luciano me llamaba-

Me acerqué y corrí la cortina y ¡ohhhhhh sorpresa!

¡Qué lomazo!

De espalda muy ancha, vestido no parecía tener ese cuerpazo. Todavía no se había puesto la ropa, llevaba solo el slip (blanco) y las medias del mismo color, bueno… blancas habrán sido el día que las compró.

-perdón creí escuchar que me llamaste –

(No pude evitar que mis ojos se fueran directo a su bulto, era demasiado ostentoso, no pasaba desapercibido fácilmente) cuando me di cuenta que miraba fijo “ahí”, me puse colorada de inmediato, ¡qué vergüenza!

- no pasa nada señora – quédese ya que está acá, enseguida me cambio –

Creo que se dio cuenta, pero se hizo el “tonto” y encima llamándome “señora”.

Mientras se ponía el pantalón lo miraba por el espejo. Su cola es fantástica; redondita, y bien marcada, parecida a una cola femenina.

“Quién diga que no le atrae la cola de los hombres ¡MIENTE VILMENTE!”

Y esa colita tentaba…para lengüetearla y morderla largo rato. Y cabalgar sobre ese pedazo de carne  mmmm

A mi mente llegaban pensamientos calientes y perversos, pasaban miles de imágenes, todas teniendo sexo en diferentes posiciones con él.

Me dejé de soñar despierta y aterricé en la tienda.

Le quedaba todo a su medida, así que saqué la tarjeta de crédito y le compre las 3 mudas. Sí las 3.Lo necesitaba…

Salimos de la tienda y nos fuimos al hotel.

Confesó que hacía tiempo que no entraba a un baño que no fuera público, y para ducharse tenía que pedir permiso en las estaciones de servicio y muchas veces se lo negaban.

Su historia de vida “desgraciada” me partía el alma.

El apart hotel era 5 estrellas y no le faltaba nada. Tenía todas las comodidades, incluso un bonito jacuzzi que pensaba estrenar esa noche. Pero debido a la presencia de Luciano descarté esa posibilidad.

Saqué las prendas de las bolsas, le corté las etiquetas y se la extendí sobre la cama mientras él se daba esa ducha que tanta falta le hacía.

Lo dejé sólo.

Bajé a tomar un trago al bar que está junto a la piscina, (había estado la noche anterior y me gustó mucho) no sin antes guardar todas mis cosas de valor en la caja fuerte. Por las dudas.

Dejé pasar 30 minutos y regresé.

Y lo encontré sobre el borde de la cama al lado de la ropa, (parecía otro).

Cubierto con la bata, acostado, estaba súper dormido, “lucia fantástico”, cara relajada, de facciones muy masculinas. Me imaginé que hacía tiempo que no se acostaba sobre un buen colchón.

Estaba prolijamente afeitado (se había sacado integra la barba).

Lo poco que dejaba ver la bata se veía de poco vello en el pecho, (me encantan, los osos me dan rechazo).

Me daba pena tener que despertarlo, además faltaba todavía más de 3 horas para la función.

Lo dejé dormir.

Yo me senté en el sillón frente a la cama y desde allí lo contemplaba… disfrutaba de su paz.

Pero mi curiosidad fue más allá de lo que la vista me devolvía.

Me paré del sillón y fui hacia la cama, mezcla de picardía, y de pánico, me aterraba pensar que se despertara y me encontrara en esa incómoda situación.

Me animé a deshacer el lazo que cruzaba su bata para poder tener mejor panorama…y vaya sí lo tenía.

No se había puesto ropa interior el hijo de puta.

Y tremendo pedazo de carne dormido le colgaba de entre sus piernas.

Fácil rondaba los 25 cm, y muy grueso, eso lo hacía doblemente más deseable. Acostumbrada a tener en casa un tamaño “normal”.

Me empecé a excitar de sólo verlo. Me sentí humedecer, mis dedos obedecieron mis pensamientos, y empezaron a hurgar en mi mojada conchita.

Desde que estoy con Sergio no había vuelto a tener contacto íntimo con nadie.

Desde hace años que me siento algo “asexuada” .Disfruto más conmigo misma, que teniendo sexo con mi marido.

Y en ese momento viendo el cuerpazo de Luciano me toqué hasta empapar mi tanga, y acabé imaginándome que era su boca la que recibía mi néctar.

Me incorporé rápidamente y le ajusté el lazo de la bata. Luciano seguía inmutable, nunca se entero de la pajita que me hice, gracias a él.

Salí disparando al baño, me metí en la bañera, y me quedé un largo rato allí.

Cuando salí del baño fui directo al cuarto, esperaba que Luciano ya se hubiese cambiado, pero para mi sorpresa seguía dormido.

Me ajusté la bata para asegurarme que no se desatara, y a fuerza de zamarreos; lo desperté.

-¡Vaya que dormías!-

- Perdón señora, ¡discúlpeme! me quedé dormido. ¡Qué vergüenza!-

- No te preocupes, está todo bien pero vístete que en un rato salimos.

- Mientras me voy a maquillar un poquito– (me fui al baño para dejarlo cambiar.

Cuando volví a la habitación ya estaba listo, ¡IMPECABLE! No pude contenerme y se lo hice saber.

Muy educadamente me agradeció el halago.

Le pedí que me esperase abajo mientras me cambiaba. Luego me uní a él.

Cuando llegué a la sala de estar se paró en un acto de caballerosidad. Me sorprendió y deslumbró.

No paraba de mirarme, y de decirme lo linda que estaba.

Me había soltado el cabello, lo tengo muy largo y ondulado, pero siempre lo llevaba atado salvo ocasiones especiales como la de esa noche.

Fuimos en el auto. Llevaba  un desconocido a mi lado me sentía rara, pero a la vez eso lo hacía excitante.

Durante el transcurso de la obra disfrutamos en silencio; algún que otro ligero comentario, nada más. Salimos del teatro y ahí sí, intercambiamos algún que otro comentario sobre el espectáculo.

Mientras caminábamos en búsqueda de un sitio para cenar, lo tomé del brazo no sin antes de preguntar si le molestaba que lo hiciera.

Me hallaba cómoda, y muy segura, su figura imponente me daba sensación de protección.

Elegí un restaurante muy bonito, bastante despejado para la hora, un sitio cálido, de luz tenue, acogedor.

Ambos pedimos lo mismo: una parrillada con ensalada para mí y papas fritas para él.

Entre tanta charla se aflojó, y empezó a contar de su pasado. Estaba en Buenos Aires a causa de que su hermano mellizo falleciera en un partido de rugby del que él también pertenecía.

Dice que se enojó mucho con Dios y con el mundo entero. Por eso decidió irse de Mendoza, cambiar de aire, de gente…

También me contó que abandonó su carrera, trabajo, novia, todo.

No quiso saber más nada de todo aquello que le recordase a Lisandro (Su hermano).

Mientras lo contaba sus ojos se llenaban de lágrimas y en su carita se reflejaba su entendible tristeza.

Le hablé como una madre le hablaría a un hijo en estos casos. Traté de hacerle comprender (fui inútil) que la vida continúa a pesar de todo, y que su familia sufriría doblemente; la pérdida irreparable de un hijo, y el alejamiento de él.

Estaba muy cerrado, demasiado negativo para hacerle comprender en una sola charla lo que quizás llevaría meses de terapia.

Se excusó y se fue al baño. Al regresar cambie de tema, no quise insistir, preferí hacerlo pasar un buen momento, y que por lo menos por unas horas despejase su mente de todo aquello que tanto daño lo hacía.

Luego del postre llegó el infaltable café y con el quedaría concluida  “la cita”. Pero me resistía a dejarlo ir, me daba ternura y a la vez intrigada quería saber más de él; conocerlo  más a fondo.

No supe cómo encarar la situación, no sabía cómo darle a entender que no quería que la noche terminase allí.

Pagué y nos fuimos del lugar.

Luciano me preguntó si lo podía alcanzar hasta su “lugar”, una humilde pensión que compartía con  gente de la calle como él.

Pero con el pretexto de que habían quedado sus cosas en el hotel lo llevé hasta allá.

Al llegar a la cochera le pregunté si sabía manejar, me dijo que sí, que en Mendoza había dejado un Fiat uno.

Entonces le sugerí que manejase él. Sin oponer resistencia alguna tomó las llaves y nos marchamos.

El trayecto no era muy largo.

En un momento me dijo:

-dígame que no estoy soñando, ha sido todo tan lindo… que si es un sueño no me quiero despertar. Hacía rato que no me sentía una persona normal, que no la pasaba bien, y mucho más todavía volver a sonreír.

-Me alegra haber sido yo quién te arrancara un par de sonrisas, qué por cierto es muy hermosa.

Y tutéame que no soy tan mayor. Mientras con mi mano tocaba su pierna.

¿Acaso te parezco una jovata? Tengo 43 y muchas ganas de disfrutar de la vida.

Había logrado quebrar la barrera de la seriedad, y estaba dispuesta a conquistarlo.

Había despertado la fiera que hacía tiempo estaba dormida en mí. Esa no he me sentía muy mujer, y necesitaba explotar al máximo mi conquista.

Me desaté de golpe. No crean que lo ayudé con segundas intenciones, porque no fue así. Pero algo  en mi  cabeza me hizo clic y simplemente deseaba pasarla bien, gozar, y vivir una noche inolvidablemente lujuriosa.

Y por primera vez engañar al aburrido de mí marido.

¡Sí por primera vez! Leyeron bien.

El chico era mi nuevo capricho, muy diferente a los que suelo tener normalmente: que me cambie el auto, algún tapado de visón que veía en el shopping, o una joya que me deslumbrase, o hacer algún viajecito de placer, entre tantos otros caprichitos que me concede amorosamente mi marido…

Qué fácil nos resulta sacarle lo que deseamos cuando están enamorados…

Con sólo hacerles creer que estamos perdidamente enamoradas y fingiendo como una actriz porno un par de buenos orgasmos; convenciéndolos que son lo máximo.

Luciano responde a mi pregunta anterior.

- Qué pregunta señora Eugenia. Me hace poner nervioso.

Mire si la voy a considerar una vieja con lo linda que es usted.-

- mmmm  Te pusiste nervioso… ¿Te gusto, me deseas? –

Mi mano que seguía en su muslo comenzó a ascender con firmeza haciéndole sentir mis uñas de gata en celos.

¡y sí!

Entre el vino y la excitación que Luciano me provocaba estaba entregadísima.

Lo quería sí o sí en mi cama esa  noche.

No me anduve con vueltas ni perdiendo el tiempo con histeriqueos estúpidos como una adolescente.

- Señora no me haga esto…

¡Por favor!

(Refiriéndose a la presión de mi mano sobre su pierna).

Voy a perder el control…–

-Justamente, es lo que quiero. Que te descontroles…

El cierre del pantalón te está pidiendo desesperado que lo liberes…

Y manoteé con entusiasmo su bulto dándole a entender que no se podía echar atrás.

¡Vamos!

Dejá la vergüenza de lado, podríamos pasarlo genial…

El muchacho desesperado clavó los frenos y estacionó el auto en el único hueco que encontró.

Alzando la voz dejó aflorar el macho que se ocultaba tras su apariencia sumisa.

-¡Ok!

¿Querés pija? vas a tener pija toda la noche. Me vas a tener que pedir por favor para que te la saque-

“No puedo explicarles como me calentó escucharlo… tan rudo y alterado”

-mmmm que prometedor sonó eso–
Continuará….

Amor entre hermanos (5ta parte)

Estándar

Me empujó del puff haciéndome caer sobre la alfombra. En un raudo movimiento Él también se tiró. Dio un par de giros y quedamos enfrentados, a milésimas de distancia. Se estiró lo poco  que lo separaba de mí  y me clavó su penetrante mirada. Su aliento se confundía con el mío.

- Es ahora o nunca ¿no te parece? Me dijo con voz de ganador…

No necesitó esperar mi respuesta.

Nuestras miradas se entendieron.

El lenguaje de nuestros cuerpos se hicieron oír.

Actuó efusivo. Me robó un beso, el primero de muchos.

Ambos estábamos muy nerviosos, no podíamos disimularlo, ni tampoco podíamos disimular las ganas que nos teníamos…

Literalmente nos comimos la boca. El sabor de lo prohibido fue supremo.

Nuestra respiración se agitaba. Las palabras sobraban…

En minutos su cuerpo y el mío ardían entre las llamas del deseo…

El aroma de su piel siempre me había atraído, pero ese día que pude acariciar la suavidad de ella, me di cuenta que indudablemente era la culpable de mi lasciva, tan sólo con el contacto de mis manos pude percibir la ebullición  de toda mi piel…

Mientras Iván gozaba ferviente se escurría entre mis dedos, y cada milímetro de su cuerpo vibraba sobre el mío.

A partir de ese instante ignoramos nuestros lazos sanguíneos, y pasamos a ser amantes en lugar de hermanos…

No podíamos parar de poseernos, hicimos el amor toda la noche.

Por fin pude sentir su gran pedazo de carne en mis más íntimas cavidades. Lo deseaba tanto…

En plena lujuria del acto sexual le imploré que me hiciera la cola. Desaforados como estábamos, era el momento ideal. Aproveché  y le confesé aquél día que lo vi haciéndoselo a su ex y que desde entonces me perseguía la fantasía de que me lo hiciera a mí…

-¡Qué perrita que sos hermana!  No haberlo adivinado… Me dijo entre espasmos.

Cambió de posición, y me puso a cuatro patas Iván se fue detrás de mí.

-Primero vamos a estimularlo… Susurró con un notadísimo tono de excitación.

Y con su lengua jugueteó con mi ano humectándolo con su saliva mientras este se iba dilatando a sabiendas de lo que estaba a punto de recibir.

Creo que ese fue el momento que más deliré, estaba sacada, quería aprovechar el tiempo al máximo.

Cuando por fin sentí la presión de su glande empujando por entrar me agarré fuerte de las sabanas y lo empecé a insultar con palabras groseras.

-Rómpeme el culo de una buena vez.
Sé que me lo deseas desde que éramos chicos.

¡Dale!

Partime en dos pendejo del orto

¡Putito!

¡Úsame!

¡Haceme tuya!

-Quiero ver como se pierde mi pija abriendo tu hermoso culito.
Mirá que te hago mierda eh… si te la meto de golpe vas a gritar como una yegua.

¿Eso querés?

¡Tomá!

Ahhhhh ahhhhh ahhhh

Se confundían los gemidos de ambos mientras Iván forcejeaba por introducirla por completo.

-Así hijo de perra mándala hasta el fondo.

Reaccionó como yo quería. Había despertado mi lado más salvaje, y el suyo también. Quería explotarlo y estaba cumpliendo mi fantasía más deseada.

Fuimos cogiendo por cada rincón de mi diminuto departamento. Dejando huellas de ese lujurioso encuentro carnal.

Lo sorprendí mientras lo cabalgaba bajándome así de la nada, era mi momento, era yo quién dominaría la situación…

Elevé sus piernas y las empujé sobre su cuerpo, dejando bien expuesto su hoyo, testículos y su pija dura como piedra. Y sin siquiera saber si le gustaba sentir la tibieza de mi larga y juguetona lengua fui directo a lamer su amargo y bien cerrado culito.
(Por cierto muy buena cola, para nada chato, no, no).

-Uffff nena la puta que te parió… como me gustó eso…

-¿No me digas que ninguna de tus novias te lamía el culito?

-No. Nadie.  :(

Mis gestos de asombro se mezclaban con la satisfacción que me produjo la respuesta.

Más a mi favor. Me excitaba muchísimo lamerle ahí, y mientras con una mano lo pajeaba, con mi lengua subía hasta sus huevos y los saboreaba metiéndomelos en mi boca. Bah, lo que entraba de ellos. Y así intercalaba; comiéndome ano, bolas y pija…

Con la punta de mi dedo hurgué en su culo mientras le chupaba la pija con devoción. Al ir retirando el dedo de su hoyo este latía presionando como queriendo que no saliera más…
No se imaginan lo que gozó… acabó de manera infernal…

Terminamos revolcándonos en la cama, lugar donde tuvimos un par de polvos más. Con una previa de lujo.  Sin exagerar perdí la cuenta de mis tantísimos orgasmos, los de él fueron seis. Los recuerdo muy bien. ¡Como olvidarlos!

Nos temblaban las piernas, todo nuestro cuerpo vibraba de placer. El goce fue absoluto, sublime.

Nos sorprendió el amanecer abrazados, exhaustos.

Nos  habíamos dormitados; una escena digna de haber sido capturada como insignia de esa memorable noche.

Pero al caer a la cuenta de lo que habíamos hecho no pudimos evitar sentir culpa. Arrepentidos por el desliz experimentado.

Nos levantamos, desayunamos casi sin promediar palabras, lo único que dijo fue:

-Te dejo la plata que mandaron los viejos. Y de lo otro, hagamos de cuenta que nunca pasó.  Y se fue mucho antes de lo planeado (me había dicho que se iría por la tarde)

Me quedé con una rara sensación, plena por  un lado, vacía por el otro…


Continuará…

Infidelidad por amor a mi marido (2da parte)

Estándar

-¡Buenos días Sergio! Usted dirá.

-Ay Anna tanto tiempo que hace que trabajas para mí y todavía no me tuteas. Mirá que te lo he pedido eh…

-Me cuesta mucho, es por una cuestión de respeto señor. Soy una chica de campo, criada a la antigua se lo he dicho muchas veces.

-Está bien Anna! Yo te lo voy a seguir pidiendo hasta que lo logre (sonrió) ¿Podrías sacarte los anteojos? Privarme de tus ojos  es un pecado inconcebible… ¿No te parece?

-¿Es necesario? Es que tengo una pequeña molestia, por eso me los dejé.

-¡Anna! Llevás más de 3 años en la empresa y te conozco casi de memoria, y sé que me estás mintiendo. ¿Qué me estás ocultando? ¿No me digas que tu marido te pegó?

-Noooooo, miré si mi marido me va a pegar….

-Entonces… ¿qué te pasó?

Acá es donde puse en marcha el plan que acaba de idear…

Me saqué los anteojos y no pude contener una lágrima que afloraba deslizándose por mi mejilla. (El tener que contar me hizo aflojar y acercarme más a la persona y no al jefe en sí).

Inmediatamente él pegó la vuelta del escritorio y con su dedo me secó la gota que ya estaba a la altura de la comisura. Me abrazó muy, muy fuerte y me dijo: olvídate que soy tu jefe, en este momento el que te escucha es un amigo más…

No puedo negar que su proceder fue noble, espontaneo, y admirable. No me esperaba esas palabras, pero inconscientemente eran las que necesitaba.

Me escuchó con atención. No quise abusar de su tiempo y traté de ser lo más breve posible.

Le expliqué de la desocupación de Andrés, de los problemas que eso nos ocasionó,  y sin dejarme terminar de hablar me dijo: -a ver linda, no desesperes que no está muerto quién pelea” si el problema es económico, se le puede encontrar solución.

-Créame, que ya hemos pensado todo y no le encontramos la vuelta, es mucha plata…

Me largué a llorar…

-¿Anna, vos sos consciente de lo mucho que yo te aprecio?

Mientras estiraba sus  brazos rodeando mi espalda y encerrándome con ellos en un abrazo fuerte, envolvente, acogedor, pegándome a su esbeltez.

Lloraba como una tonta y me sonaba la nariz con vigor, me hallaba totalmente compungida, no me salió ni una sola palabra para responderle.

Lo bien qué me sentí en sus brazos me sorprendió.  Necesitaba más que nada en el mundo un poco de contención. No es que Andrés no me contuviese, pero era diferente, la estábamos padeciendo juntos y como que no me alcanzaba…

- Si no lo sabías, ahora lo sabés. Más allá de gustarme, ¡mucho!, intuyo que lo sabés desde el inicio, porque siempre te.digo piropos, respetuosos, pero sinceros…

Te quiero mucho como persona, más allá del vínculo laboral que nos une. No puedo, ni quiero verte padecer ninguna situación angustiosa.

Separando un poco su cuerpo del mío y con sus ojos clavados  en mi mirada triste, brillosa por otra lágrima que estaba a punto de soltar…

¡Déjame ayudarte!

-¿Pero cómo? ¿Cómo podría ayudarme? Sonaba de nuevo mi nariz aliviando mis fosas nasales y arrasando con ella mi congoja.

- ¡Soltate, libérate! permíteme que te demuestre lo que puedo hacer por vos. Creo que llegó el momento que te dejes mimar…

Con su pulgar en alto secó las cargadas lágrimas que estaban por explosionar. Llevó el dedo hasta mi boca y recorrió mis labios con pasión.

Se lo besé justo antes de que lo retirase, y le dije: – ¡gracias Sergio! me siento mejor, me sorprendió gratamente “su” ayuda.

-¡BASTA! Basta de llamarme de usted. Práctica, vuélvelo a decir, pero tuteándome.

- Con una risita solloza ante otro panorama de mi situación…

- Me siento mucho mejor, “te” agradezco sinceramente Sergio  tu acogimiento.

- De nada preciosa. Por tu lealtad intachable para conmigo te mereces esto y mucho más…

Me acarició la cabeza dejando caer su mano a lo largo del cabello.

- ¿Estás mejor?

Claro que lo estaba. Si bien no sabía hasta dónde llegaría su ayuda, su “despreocúpate” me dio la seguridad necesaria para aliviarme.

- ¡SI! Muchísimo  mejor. “Dígame” lo del proyecto. Perdón; “decime” eso del nuevo proyecto.

- Así está mucho mejor. ¿Viste que no es tan difícil?…   (Refiriéndose al tuteo)

Estuve casi 2 horas en su despacho, escuchando con atención sus innovaciones. Luego, al retirarme le volví a agradecer con palabras su gesto.

Al llegar a casa me esperaba Andrés, alicaído, desalentado, y no pude contener las ganas de contarle lo que me había dicho el jefe. Se lo conté. ¿Pará qué? Se me armó,  Andrés es celoso, ahí nomás me dijo: – ¿y el pagó como será?

- Me lo va a ir descontando de a poco, vos despreocúpate, mi amor.

¡Festejemos!

Quiero que hagamos el amor ahora. ¡YA!

Me agarró la mano y me llevó a la cocina. Me trepó arriba de la mesa; me arrancó la ropa a tirones, como con bronca y empezó a chuparme la concha (es muy bueno haciendo sexo oral).

Sin dejar de amasijar las tetas (100) “su debilidad”. No podía parar de jadear, mi cuerpo vibraba en su boca, él, seguía lamiendo con ímpetu, bebió cada gota que mi sexo le entregó.

Subió hasta mi rostro y abriéndola me mostraba como se tragaba mis últimos jugos.

Porque si a ustedes “hombres” les gusta ver cómo nos tragamos sus lechita nosotras también disfrutamos del mismo acto.

Me dio un beso de esos que te dejan “tarambana. Lo pone loquísimo, lo calienta sobremanera “mi boquita petera”; así me la bautizó Andrés.

En otra ocasión hubiese estado con el mástil erguido al instante, pero eso no sucedió; y se rabió.

Tras mi intento de consuelo, con las típicas palabras que se dicen en ese “mal” momento, le sugerí que nos diéramos una duchita juntitos. Estaba medio contrariado. Pero igual aceptó.

No podía fallar, la ducha es infalible entre “nos” je je

Lo hicimos en todas las variantes posibles que la ducha nos permitió.

Quedamos exhaustos.

Preparé la cena y nos fuimos a dormir. Yo daba vueltas y vueltas sin lograr conciliar el sueño, no me podía sacar de la cabeza las palabras de Sergio.

¿Qué me pediría a cambio? y

¿Hasta dónde sería capaz de animarme? …

Al día siguiente todo indicaba ser un día más…

Ni bien lo escuché llegar a Sergio me puse nerviosa, ya no era como cualquier otro día, algo había cambiado.

Al rato de llegar, en lugar de pedirme por el intercomunicador que le alcanzara el café lo hizo directamente; abrió la puerta de mi oficina sorprendiéndome, no me lo esperaba.

En lugar de pedirme un café me pidió que le llevase dos. Tras un cordial saludo de buenos días…

- Enseguida se lo alcanzo. Ahí nomás me autocorregí. Te los alcanzo.

Volví con ellos y los dejé sobre el escritorio, supuse que estaría en una reunión de negocios, pero para mí sorpresa no había nadie. El despacho estaba vacío.

Atravesaba la puerta para retirarme cuando lo escucho que me llama desde el fondo, desde el apartado donde tiene su gimnasio.

-Por favor Anna, tráelos para acá.

Y para el fondo me dirigí con las dos tazas sobre una bandeja.

Continuará…

Amor entre hermanos 4ta parte (perdón por la demora de esta historia)

Estándar

Una noche de esas muy calentonas estábamos mete y ponga, mucha previa, sexo oral hasta acabarle en la boca, varias veces, un 69 maravilloso (era nuestro preferido), patitas al hombro, abajo, arriba, cabalgata… un importante variadito de poses

Ariel era muy bueno en la cama, a pesar de no tener una verga muy grande, pero era bastante gruesa y venosa, cuando por primera vez me pidió que le entregue mi colita. La idea me voló la cabeza, me excité terriblemente. Escucharlo pedírmela tan exaltado y a la vez tan dulce… porque si hay algo que tengo que destacar de Ariel es lo bien que siempre me ha tratado, su amor por mí brotaba era notorio.

Pero me acordé de mi hermano y los ratones no me daban tregua, fue entonces que le dije que no.

-“No por ahora”-

¿Esperaba a Iván?

Inconscientemente creo que sí.

También pensaba que eso nunca iba a suceder, y que tal vez estaba perdiendo de gozar con mi novio por esa maldita obsesión-

Insistió un par de veces pero como me escucho muy segura de no querer, se rindió.

Cuando terminé la secundaria me fui a estudiar afuera, mi relación con Ariel no prosperó, nos veíamos muy poco, y la verdad que yo en los últimos meses  ni lo extrañaba.

Una vez desvinculada de Él empecé a salir con uno y con otro, compañeros de la facultad, o algún que otro chico que conocía en el boliche, pero nadie me “llenaba”.

Un tiempo después de alojada en mi nuevo hogar, un fin de semana viajó a visitarme Iván. Fue a llevarme algunas cosas que mamá me preparaba para que guarde en el freezer, típico en esos casos.

Cuando me llamó papá por teléfono para avisarme que venía mi hermano en lugar de ellos un escalofrío me corrió por el cuerpo, las imágenes de aquella noche se hicieron presentes de inmediato.

Me sentía feliz, tenía muchas ganas de verlo, pero era más que seguro que vendría a presentarme su nueva novia que yo aún no conocía.

Pero no! Para mayor sorpresa mía llegó solo.

- ¡Hola hermanita!  ¿Cómo estás locura? Se te re extraña pendeja del orto.

Ambos nos reímos con el comentario.

-Por acá todo bien hermanito, extrañando horrores a todos, con decirte que extraño tus peleas…

Risas nuevamente de ambos.

-Te sentó bien el cambio a la gran ciudad. Comentó.

Me decía mientras me estrujaba cariñosamente en un fuerte abrazo

Entre mate y mate chimenteamos de todo y de todos.

“Juntos somos terribles”

A la hora de cenar pensaba cocinar algo rápido y liviano, y se lo comenté, pero parece que no le gustó mi menú porque me invitó a que saliéramos a comer fuera ja ja

Comimos como si fuera la última vez y nos acabamos el exquisito malbec que Iván bien había sabido escoger.

¡Eso sí!, a mí se me subió un poquito a la cabeza. Me pegó mal Estaba algo mareada…

Mi hermano se divertía de mi estado, me gozaba

-¿Para que tomás nenita si te hace mal? (Se descostillaba de la risa).

Me agarró del brazo y me ayudó a subir al auto haciéndome prometer que no vomitaría dentro del.

Una vez que llegamos al departamento fui directo a preparar café. Eso ayudaría a que se me pasara la indigestión.

Todavía era demasiado temprano para irnos a dormir. Nos tiramos en los puff y nos pusimos a recordar algunas anécdotas de nuestra niñez. Algunas ni siquiera las tenía presente y me divertí mucho rememorándolas.

Una cosa fue llevando a la otra cuando y entre tantos recuerdos graciosos nos sorprendimos resurgiendo aquel día que nos mostramos desnudos por primera vez. Nos mirábamos y tentábamos.

-Me acuerdo que te sacaste la remera muy rápido. Ni corpiño usabas de tan pocas tetas que tenías

-¿Ah sí?. Pocas tetas eh… Bien que te cansaste de ojeármelas en esa y en cada oportunidad que tenías…

Las risas de ambos no cesaban.

Yo no me podía quedar atrás. Tenía que burlarme también…

-¿Y vos? Cuándo pelaste el pitilín jaja Me parto de risa de tan sólo recordarlo…

-Por eso te negaste a tocarlo… ¿no? jaja.                    ¡Andáaaa!

Se te hizo agua la boca pendeja, vi como chorreaba un hilito de baba de ella.

Carcajadas va carcajada viene… poco a poco fueron menguando.

Terminadas las risas nos quedamos sin nada que decir. Largo rato sin hablarnos…

En ese momento el silencio fue cómplice de nuestros pensamientos.

¿Qué pasaría por su cabeza? ¿Morbo? ¿Melancolía? ¿Arrepentimiento de no haber avanzado en su momento?

Mmmmm

Por la suya no lo sé, pero sí por la mía. Por mi mente pasaron en flash todas aquellas secuencias que fueron motivo de los mejores orgasmos de aquella lejana pubertad…

De golpe ambos alzamos la vista, casi sincronizados, nuestras miradas se cruzaron, ¿se buscaron? Se encontraron…

Continuará….

Infidelidad por amor a mi marido!

Estándar

Desde hace 3 años soy la secretaria de Sergio, 46 años, padre de 3 hijos, casado con una mujer preciosa, muy refinada, las pocas veces que la cruce en los pasillos siempre me había saludó con amabilidad.

Mi jefe no es un hombre feo, por el contrario es un tipo atractivo, con algunas canas pintando su cabellera morena, alto, grandote, de espalda ancha, y brazos fornidos.

Diariamente se entrena en el gimnasio que montó en su oficina con toda clase de aparatos de primera generación.

Mi nombre es Anna, con doble “n” tengo 25 años, recientemente casada con Andrés (28) mi primer y único novio desde la secundaria y del que estoy muy enamorada.

El día que me presenté a la entrevista por el puesto de secretaria desconocía para quién se trataba. Hasta que él mismo me hizo saber que era el Director y dueño de la empresa y que le gustaba personalmente seleccionar a la que sería su secretaria y “segunda esposa”. Tras mi cara de asombro me explicó porque llamaba a la secretaria de esta manera; y su explicación fue: es con la mujer que más horas paso durante el día, después de mi señora.

Con el tiempo y la confianza necesaria me confesó que hizo ese comentario lo hizo para distender mis nervios, los que evidentemente no pude disimular ni por asomo. Ya ese día noté que en lugar de mirar mi CV miraba el surco de mis senos que tímidamente se formaban entre el escote de la camisa blanca que resaltaba el bronceado de mis tardes al sol en la pileta del club a la que asisto con regularidad. Cuando me paré para retirarme vi como me re ojeo de arriba a abajo como sacándome una radiografía.

Hizo pasar la siguiente mientras me despedía extendiendo su mano dándole seriedad al asunto. Y diciendo que en caso de ser la elegida sería llamada telefónicamente en las próximas horas.

Al día siguiente, en hora de la tarde tocan timbre en el departamento que en ese entonces habitábamos (convivíamos pero sin estar todavía casados) y para mi sorpresa era este señor; comunicándome en persona que me había elegido en el preciso momento que atravesé el umbral de la puerta de su despacho, (ya de entrada haciéndome saber que le había gustado) Desde ese primer día hasta el día que pasó lo que más adelante les narraré, me trató de levantar indirectamente y no tanto. Fue un acosador sutil. (No hubo una sola vez que no haya rebotado contra la muralla que imaginariamente cree entre los dos)

Agradecí el puesto de trabajo e hice caso omiso a todo tipo de comentarios que consideré que no tenía nada que ver con mi incorporación a la empresa.

Andrés (mi esposo) trabajaba para una compañía de seguros desde hacía 7 años, un trabajo que parecía ser estable por los años que llevaba allí, y por la seriedad de la aseguradora, hasta que hace unos meses tuvimos la mala noticia que la compañía quebró y todos sus empleados entre ellos mi esposo quedaron a la deriva, en la calle, dejándolos con una mano atrás y otra adelante.

Obviamente y como corresponde vieron un abogado y llevaron a juicio a dicha empresa. Aún siguen esperando sin tener novedades al respecto.

Lo peor de todo es que contando con su trabajo más el mío nos atrevimos a sacar un crédito de una cifra por demás importante para poder así comprarnos esa casita con la que veníamos soñando desde hacía años…

Justamente desde el living de ella estoy contándoles mi historia, mientras que Andrés tirado en la cama agotado de andar golpeando puertas, deprimido porque no encuentra otro trabajo.

Los días pasaban y nuestra situación económica se iba complicando, las cuotas del banco se iban engrosando. Una mañana muy temprano, antes del desayuno nos llegó una intimación del mismo, “paso siguiente de no cumplir con la deuda estipulada vendría el inmediato embargo de la misma”.

Nos íbamos a quedar en la calle mucho antes de lo que suponíamos.
Tantos años luchando para poder tener lo que habíamos logrado hasta ese momento para que de buenas a primera lo tuviésemos que perder todo.
¡Desconsuelo total!

Con Andrés llorábamos abrazados, tratando de contenernos mutuamente, pero no encontrábamos estimulo alguno a nuestra desgracia y más nos compungíamos.

Mi sueldo no era de los más bajo, por el contrario era muy bueno, pero sólo nos alcanzaba para comer, viáticos, y pagar los tradicionales servicios de la casa, y aquellos gustos extras que nos quisiéramos dar por esos tiempos.

En cambio con el sueldo de Andrés más la comisión que le pagaban cubríamos la cuota del banco, la del auto, y siempre nos quedaba un restito que guardábamos rigurosamente. Ese restito nos sirvió sólo para cubrir las siguientes 3 cuotas del préstamo y las últimas 2 del auto (por suerte lo pudimos cancelar)

Ese día llegué a la oficina con anteojos oscuros, cubriendo mis ojos hinchados de tanto llorar.

Generalmente yo sabía lo que tenía que hacer, eran pocas las veces que Sergio me llamaba a su despacho, pero justo esa mañana a sólo 40 minutos de haber llegado me llama por el intercomunicador.

- Toc – toc golpee la puerta de su despacho, “mi pequeña” oficina está pegada a la suya.

-Adelante- dijo con su tono de voz grave…

-¡Buen día Anna! Tomá asiento que necesito explicarte sobre el nuevo proyecto-

Como de costumbre me devoró con la mirada y acotó un halago sobre mi vestimenta, cosa que me tiene acostumbrada y no me incomoda porque lo hace respetuosamente.

Mientras me sentaba se me iluminó la mente. “Una idea acababa de ocurrírseme” Quizás tenía enfrente la solución a mis problemas…

ATENCIÓN!!! A ESTE PEDIDO

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No se si se han dado cuenta que el blog ha sufrido algunos cambios para mejorar su aspecto.

Encontrarán arriba de cada posteo 5 estrellitas en blanco, las mismas te dan la posibilidad de hacer click en la cantidad de estrellitas que consideres para calificar mis escritos. Y acá viene mi pedido: si disfrutás de mi sitio, creo que merezco mínimamente un pequeño mimo, calificando cada posteo me lo concederías y así mi blog luciría más colorido.  Eso sí, te pido total sinceridad a la hora de CALIFICAR, haganló a consciencia por favor. No quiero que me regalen, y tampoco hagan lo que hacen en la web de todosrelatos.com que le dan baja calificación a los mejores sólo por perjudicar al autor.

Me despido hasta prontito!!

Gracias por visitarme!!!

Dejame tu consulta, pedido, recomendación, lo que gustes  haciendo click en COMENTARIOS

Un beso enorme para tod@s

MARTINA

Matías mí nueva fantasía (el final)

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Si no leíste la primera parte leéla acá.

http://misrelatoshot.wordpress.com/2010/04/08/matias-el-stripper-mi-fantasia-1ra-parte/

Sus gestos y susurros reflejaban que le había gustado…

Reaccionó con movimientos firmes y salvajes…

Con una mano me tiró del cabello haciendo mi cuerpo arquear hacía atrás. La otra mano la apoyó sobre mi cuello alongado y con sus dedos bien abiertos comenzó a arrastrarlos con ahínco. Dejó tan sólo unos escasos centímetros de aire entre su cuerpo y el mío y así fue  descendiendo en línea recta atravesando mis senos, bajando por el abdomen y abandonando en la pelvis.

Su repentina manipulación me elevó al mismísimo cielo. Mis gestos y murmullos se lo hicieron saber.

Totalmente compenetrado en lo suyo tomó el cinto; lo pasó por entre sus piernas pegándose más e hizo lo propio por las mías, y comenzó a bambalearlo reiteradas veces rozando nuestra intimidad; despertando la templanza de mi sexo.

Dando unos pasos hacia atrás se distancio un poco y tras retirar el cinto me tomó de la mano y me llevó al sillón, dejándome allí con un – ¡no me extrañes!–

Me paré y me miré al espejo, reparé en mis mejillas, coloridas, acaloradas…

Toda yo estaba desencajada, impaciente, nerviosa.

Desesperadaaaaaaaaaaaaa!!!!

Sobre la mesa ratona yacía el vaso de caipiriña; la  misma parecía estar incitándome a beber lo que quedaba de su contenido.

Lo estaba bebiendo a grandes sorbos, cuando Matías aparece de nuevo (se cambio rapidísimo) personificando un guapo del 900.

Recuerdo haberlo visto de “malevo” en algunas imágenes de la pagina.

¡Ahhhhhhhh noooooooo!

¡Qué hijo de puta! no podés estar tan fuerte -pensé-

Con su completo aspecto arrabalero se plantó en el living con una mano tomándose el sombrero y con un pañuelo blanco asomando del bolsillo del saco haciendo juego con la bufanda que rodeaba su cuello.

Caminó con su sonrisa amplia (la cual me derritió) orgulloso de lucir su dentadura impecable.  Se dirigió hacia el equipo de música y metiendo la mano en el bolsillo derecho sacó otro Cd; lo insertó y comenzó a sonar “La Cumparsita”.

Bailando alrededor de la silla poco a poco se fue despojando de sus pertenencias.

Sin quitar sus ojos en los míos se sacó el sombrero y lo arrojó con desparpajo cayendo a mi lado. Luego le siguió la bufanda previa a mecerla por unos segundos sobre su cuello la que también lanzó sobre mí.

Continuó con el saco, el que colgó sobre el respaldo de la silla y desprendiendo los botones de su camisa blanca quedó con la “tabla de planchar “al desnudo; (perdón quise decir torso, je je) bailando al compás del tango.  Se la fue quitando con una indescriptible sensualidad, tal es así que mi respiración comenzó a aumentar. (No me quiero imaginar la cara de boba que habré puesto. Les aseguro que no era para menos)

Sin exagerar en el más mínimo detalle sentí bajar el flujo mojando mi tanga, chorreando mis muslos, y alcanzando la tela del vestido (por suerte negro) no aguantaba más las ganas de manosearlo, comerloooooo a besossssssss por Diossssssssss ¡Qué delirio!

Al fin se acercó al sillón. Estiró la mano invitándome a parar.

Me dejó de cara a su espalda y haciendo sus brazos para atrás tomó los míos y los llevó hacia adelante apoyando mis manos sobre su torso esplendoroso.

Mis manos transpiradas y aun con un dejo de timidez le acariciaron el pecho. Luego descendí ondeando sus abdominales como cual naufrago va en búsqueda de la orilla nadando en las profundidades del mar atlántico.

Cuando Matí notó mis manos flojear volvió a ejercer presión y las llevó hasta su cintura, impulsando mis dedos a meterse debajo del pantalón.

Me mordía los labios de la desesperación, quería arrancárselo y cogérmelo en ese instante. Una vez cumplido su objetivo me las llevó hasta su abultado sexo.

¡Increíble!

Era notorio lo que se había calentado.

Vislumbraba un tamaño importante. Yo moría porque lo pelara ahí mismo.

Siguió con sus manos sobre las mías en un franeleo de seducción constante. Me las arrastró hacia los laterales de su cuerpo, las depositó sobre el borde del pantalón y allí las dejó quietas; mientras él contorneaba con las suyas mi figura.

El contacto de sus manos en mi cuerpo provocó la completa erección de mi piel. Mis poros a esa altura clamaban “sexo” a borbotones.

Volvió a ponerlas sobre las mías mientras de fondo sonaban las últimas notas, en un imprevisto arrebato las tomó usándolas de pinza y las jaló con rapidez hacía afuera; deshaciéndose por completo del pantalón con mi ayuda accidental.  Se quedó tan sólo con una diminuta sunga blanca que de haber podido y sin dudar hubiese quitado con mis dientes.

“Fue un acto único, majestuoso. Quedará incrustado en mis retinas por el resto de mis días”

Llegó al final de la rutina algo agitado y transpirado. Me miraba con picardía mientras se tomaba lo que quedaba en el vaso, y volviéndose a servir preguntó:

- ¿Te gustó?-

Con risita burlona sabiendo la respuesta bebió otro poco de gaseosa mientras me recorría con detenimiento con su mirada posándose justó allí, en el “blanco”, y me tiró la pregunta:

- ¿Y ella qué opina? –

A mi mente llegaron tantos pensamientos libidinosos como las ganas de coger. Apreté mis labios para cerrar la boca y contenerme de no decir cada barrabasada que de ella quería soltar, pero mi subconsciente me traicionó…

¿A mí? ¡Me encantó!  y si querés saber cómo está mi amiga averígualo vos mismo…

(maaaaaaaaa sí; ya fue! se pudrió todo) – pensé para mí-

Mi cuerpo a esa altura emanaba un insinuante olor a sexo y un mundo de sensaciones que quería concluir.

Pero el muy desgraciado tras reírse ligeramente me susurró al oído:

- quiero mucha humedad, mucha más –

Y se volvió a marchar dejando la estela de un exquisito perfume que aun hoy pareciera que puedo oler… mientras comenzaba a sonar Mick Jagger y su “hard woman” único testigo de ese memorable momento.

Tuve la vaga idea de ir tras él y tirármele encima, pero también no quería dejar de disfrutar de cada una de sus actuaciones y mordiéndome de deseo me volví a servir otro poco de caipiriña (¿para animarme a más?) Y me senté esperando su aparición…

Al término de hard woman comienza a sonar “habibi ya nour el ain” que traducido quiere decir “querida mía eres la luz de mis ojos”  tema que me encanta. (Yo soy profe de danza árabe, pero él no lo sabía)

Como un sikh entró arremetiendo con total energía superando sus demás personajes. Con un turbante dorado sobre su piel bronceada era el mejor exponente jeque árabe que jamás haya visto, salvando la distancia claro; que muy joven para serlo.

Completando su personificación con un chaleco  satinado igual color que el turbante, abierto con flecos y en lugar de la típica túnica llevaba un amplio babuchón con una faja ancha negra elevando su porte.

Empezó a danzar delante del sillón con un dinamismo  tal que estimuló por completo mis sentidos.

Ante su presencia noble me salía de la vaina por pararme y demostrarle mis dotes de bailarina.

Como adivinando mí intención estiró sus manos, los colocó debajo de mis brazos y me levantó en el aire girándome como niñita pequeña mientras sonría contagiosamente. Me bajó lentamente, dilatando el momento de mi aterrizaje, como si deseara no soltarme.

Ese contacto tan directo me hizo sentir tan cerca de él que en ese instante me sentí suya.

Al apoyar mis pies en el suelo como un shock eléctrico me recorrió el cuerpo.

Mirándome a los ojos me dice: – ¿qué fue eso? –

No sé, pero me sacudió.

- A mí también. Sentí como si me hubiese agarrado corriente –

Estarás sobrecargado (y largue una carcajada) a la que no dudó en sumarse. Luego bajó la mirada hacia mi boca, llevó la mano hacía ella y con el dedo índice me hizo callar con un sensual:

- “shhhhhhhhh” -

Me comenzó a recorrer a lo largo y ancho de mis labios con la yema del dedo, automáticamente cerré los ojos para sólo disfrutar de su tacto.

De pronto sentí el cambio de textura… no lo podía creer; era su boca sobre la mía.

Me besó fugazmente (un beso tímido, como esos que damos en los inicios de nuestra pubertad)

Suficiente para encender la llama del deseo.

Abrí los ojos, y lo vi alejarse de mí, al ritmo de “habibi”. Lo observé tiesa por unos segundos, como si ese beso me hubiese paralizado. Pero pronto me animé antes que la canción finalizara, y le dejé saber que la danza árabe era lo mío. Y en cuestión de segundos lo tenía de espectador asombrado esbozando un estridente “guauuuuuuuu”

Pareciera que no le molestó en absoluto cambiar su rutina. Contrariamente y cambiando su cuadro por completo me disfrutaba viéndome con cara de satisfacción.

Mi vestido no era el atuendo ideal para menear mi cuerpo como la situación lo ameritaba, pero sin embargo ni eso me detuvo, y según me pude observar en el espejo que tenía enfrente; la falda subida por los meneos le dejaban ver el color de mi tanga (negra).  Mí figura se veía  sexy, atrevida, eso me animó a más…

Posé mis manos en lo que dejaba  expuesto su chaleco desprendido y las arrastre por ese abdomen que más de uno le envidiará, haciéndole sentir mis largas uñas.

Bailamos los dos, seduciendo con cada movimiento. De por sí, la música árabe induce constantemente a seducir a su pareja y/o espectadores.

Pero me hubiera gustado lucirme cuando abismada le baile la danza del vientre, pero el vestido si bien dejaba ver claramente el meneo  sensual de mis caderas no me favoreció a la hora de demostrar el quiebre de mi cintura ni de mi  total  habilidad en mi especialidad.

Al terminar “habibi” nos aplaudimos orgullosos el uno al otro como agradecimiento de dicho espectáculo.

Acalorados los dos por el baile, y por el alcohol que había empezado a hacer efecto en mí,  bajo risas cómplices comenzamos a jugar con los cubitos de la hielera.

Su show había terminado,  pero empezaba otro, “el mejor”; el que me tenía también de protagonista; y el que tanto ansiaba…

Tomó un hielo y comenzó a recorrer el circuito de mis labios con él. Haciendo pausas en el trayecto, dilatando el fin.

Mezcla del calor que hacía en el lugar, y el calor etílico  que mi cuerpo desprendía; el hielo comenzó a derretirse…

Sugestivamente dejé asomar mi lengua, y acompañé el itinerario con la punta de ella y así fui bebiendo las refrescantes gotas que iba soltando.

Después de haber recorrido mis labios y sosteniendo el minúsculo hielo entre sus dedos me lo depositó para que se fundiese por completo en mi boca.

Calcando sus pasos hice lo propio, sólo que una vez que acabé de recorrer sus labios me lo llevé a mi boca y desde allí se lo introduje en la suya.

Jugamos con él mientras duró, luego nos fundimos en un beso gélido pero contradictoriamente ambas bocas se sacaban chispas.

Nuestras lenguas poco a poco se fueron aclimatando e involucrando. No podíamos parar de besarnos, se sentía tan rico… invitaba a seguir

Sin despegar las bocas voluntariamente nos dejamos caer en el sillón. Una vez allí bajó besándome el cuello, y yo como cuan garza tratando de divisar alimento lo estiraba y echaba hacía atrás para que no quedara ninguna partícula sin besar…

La música seguía sonando…

Comienza a sonar Kaoma  y su archi conocida “Lambada” (para los que no la conocen, les cuento que data de la década de los 80’s). Melodía altamente sensual como pocas.

Matías al sentir la primera nota como una pluma (peso 53 kilos) me levantó y me depositó en el suelo.

Pegó su cuerpo al mío, me tomó la mano y me la llevó en alto y tras un par de ligeros giros empezamos a danzar. Asombrosamente simétricos como si lo hubiésemos hecho desde siempre.

Al término de “Lambada”  estábamos más excitados que antes, era re evidente lo parada que tenía la pija. La babucha era amplísima, pero por la amplitud más se le notaba más el bulto. Y ni se imaginan lo empapada que estaba yo; tenía la tanga toda mojada, sentía escurrir mis juguitos por entre las piernas.

Me indujo a sentarme en el apoya brazo del sillón. Se paró y me dijo:

- ¿Podés hacer algo con esto? – Manoteándose el bulto.

Claro que sí, te voy a pegar una chupada antológica, para que nunca te olvides de mí.

Cumpliendo mi fantasía con su metro ochenta y cuatro delante mío era algo que tiempo atrás jamás me hubiese imaginado.

Le bajé el pantalón hasta los tobillos, él; prefirió sacárselo del todo.  Abrió sus piernas luciendo un bóxer blanco con guardas rayadas en gris. La prenda resistía por contener su mástil. Hasta que decidí liberarlo.

Le bajé el bóxer hasta las rodillas. ¡Hay Dios míooooo! ¡Qué buena pija!

En cuestión de segundos mi boca  se inundó de saliva. Producto de mi apetito sexual.

Mati hizo un intento por quitárselo, pero yo no lo dejé; puse mi mano sobre la suya y se la quité diciéndole:

¡Me gusta así! ¡No lo saques!

No le quedó otra más que obedecerme. Yo pagaba por sus servicios. Sería a mí manera, no a la de él.

Con una mano recorrí su caja torácica haciendo figuras imaginarias sobre ella. Y como buena amante que soy mirando siempre a los ojos  ¡OBVIO!

Con la otra agarré su pija que ya estaba a punto “chupetín” lista para el disfrute de mi aguada boca y con sólo la puntita de mi lengua comencé a martirizarlo tan lentamente como me fue posible.

Quería hacerme desear tanto como él me había hecho desear a mí.

Me tomó del cabello con ambas manos “suponiendo” dos colitas y con ellas acompañó los movimientos que yo le otorgaba.

Lamí sus primeras gotas preseminal. Por nada del mundo me las iba a perder. Las deguste con vehemencia.

Su sexo depilado por completo, estéticamente perfecto.

Su pija estaba híper rígida. De grande testículos, suavecitos… los comencé a lametear a la vez que mi mano acariciaba su tronco.

En principio lo hice suave, pero una vez que me engolosiné no pude dejar de devorarlo. Lo chupetee hasta que eyaculó sobre mí cara, él me preguntó dónde, y yo no dudé en que lo hiciera sobre mí rostro.

Hacía mucho que nadie me calentaba como él;(aparte de mi novio claro, con el gordito tenemos muy buen sexo, pero fuera de él, nadie me había logrado excitar así) y no quise dejar pasar la oportunidad de disfrutarlo a mi manera, así lo quise y así fue.

Con cara de exhaustivo regocijo me miró y dijo:

- ¡Déjame cogerte toda! sos una delicia de mujer… -

Sus palabras sonaron como una dulce melodía en un momento muy hot; pero nada era comparado al placer que me generaba saber que estaba ahí para cumplir una misión.

Exclusivamente contratado para mi propia complacencia.

“Vos vas a hacer lo que yo te ordene ¿OK?”

Estaba emputecida, me desconocía tan dominante…

Sumergida en un “juego” desconocido hasta ese momento, pero me divertía, la estaba pasando genial.

Esta vez fui yo la que le ordenó que se acostara en el sillón, boca arriba con la cabeza en el apoya brazo.

Levanté el vestido, me bajé la tanga que estaba increíblemente empapada y me senté en su cara, de espalda a él.

Sus ojos perfectamente redondeados se abrieron asombrados.

- ¡nena!

¡Me vas a matar! – decía con su boca pegada a mi sexo.

Si pensaba seguir hablando no sé, porque me empecé a mover frotándome en ella, él instantáneamente comenzó a hacer uso de su lengua orillando por la parte de afuera de los laterales de mis labios, como si quisiera juntarlos…

Una mano de cada costado de mis caderas acompañaba los movimientos que me generaba, ejercía presión, quería hundirse sin piedad en mí…

Así se fue introduciendo en el interior de mi hoyito rosado y con su hábil y larga lengua contrariamente a la vez anterior comenzó a separar mis labios en un ir y venir entre jadeos desenfrenados llevándose consigo la miel que mi sexo le obsequiaba.

Ahhhhh ahhhhh ahhhhhh

¡Cuánto placerrrrrr!

En un estado de total excitación y en forma casi desesperada como tomando aire levantó mi trasero por un momento de su rostro clamando…

- ¡Báñame con tus jugos!  –

“Quiero que te los tomes toditos” Le respondí en el preciso momento que liberaba con ímpetu un riquísimo orgasmo.

Me paré frente a él y adoré mirar su cara, totalmente pegoteada. Bajé hasta su boca. Se mantenía inmóvil, en la misma postura y le arrebaté un “jugoso” y sabroso beso al pasar.

Se incorporó y me dijo: – tenemos poco menos de 1 hora, aprovechemos a full el tiempo que nos queda. –

Lo agarré de la mano y sin perder un segundo más me lo llevé a mi habitación.  Cogimos en todos los rincones y espacios del pequeño habitáculo. En el mismo que me revuelco con mi novio jurándole fidelidad eterna. Eso me generaba mucho  morbo y más me excitaba.

Mati acabó 2 veces mientras me penetraba por la conchita y yo 4,la última cuando me hizo el culito, me late y mojo de solo recordar sus 21 riquísimos cm entrando en mí. No se le bajaba nunca…

- Ufff…Me destrozaste la pija ¡Nena! ¡Sos tremenda! Mejor no la pude pasar, me sorprendiste gratamente, Martina.

A ver cuándo repetimos… –

Yo también la pasé muy bien; me encantó elegirte a vos, pero no te confundas bombón; no habrá repetición.

- Le decía mientras abría el grifo para darme una ducha y quitarme la leche que disparó por todo mi cuerpo…

- ¿Me puedo duchar con vos? –

¡Dale! ¡Entrá!

Cero ganas de irse el chabón, me acariciaba tierno, me besaba toda…, más que un contratado parecía un novio, jaja

Resultó un dulce de leche“el” Mati

Nos encendimos de nuevo y terminé contra la pared piernas abiertas penetrada (sin protección) desde atrás dándome fuerte sin parar hasta que llegó su 4ta lechada… mmm no dudé en abrir mi boquita para recibir sus grandes chorros y saborearme mientras me la tragaba.

Al llegar la hora de retirarse le fui a pagar como corresponde…

Y ohhhh ¡sorpresa! No me quiso cobrar excusándose que quería seguir viéndome…

- ¡Martina! me encantó este encuentro, sigamos viéndonos -

- ¡Matías! Sos divino, la pasé genial, ¡pero no!; hasta acá llegamos. Fuiste tan sólo un recreo en mi relación.

Yo contraté tus servicios, y te voy a pagar como todos los demás…

- ¡Ok! De verdad me encantaste. Pero acá la que decide sos vos. Mi número lo tenés, así que espero que algún día me vuelvas a llamar.

Nos dimos un beso de despedida y se marchó llevando consigo su bolsito negro y con él todos sus personajes para seguramente alguna otra novia despechada como yo.

Cerré la puerta y fui en busca de mi celular para mandarle un mensaje de texto a mi novio y el mismo decía…

¡Gordito te amo! ¡Volvé pronto!

¡Te extraño!

No puedo vivir sin vos…

“La Fantasía de Ramiro”

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Amigo, se viene tu cumple y no sé que regalarte, pensé en un perfume, pero desconozco cuál es tu preferido, un bonito suéter quizás, pero no se tu talle, un libro? me re pregunté luego de meditar unos minutos, NO! Tampoco; no sé quien sean tus autores preferidos. Entonces? Que puedo regalarte?

Pensaba para mi interior mientras miraba la foto que nos tomamos aquel día que tanto nos divertimos, contando aquellas anécdotas de nuestra adolescencia.

En ese instante vino a mi mente una conversación que mantuvimos hace un tiempo atrás mientras compartíamos un café. Al romper con tu novia de ese momento recuerdo me decías que todas tus fantasías y tus sueños se veían truncados por aquella abrupta pelea.


Entre algunas de las cuales recuerdo tenías como fantasía (obsesión) hacer el amor con 2 colegialas, dada tu edad tranquilamente podías cumplirla con alguna de tus alumnas, que a esa edad están a punto caramelo. Pero era entendible tu postura, no mezclar el trabajo con lo personal. La frase me quedó haciendo ruido en el interior de mi cabeza.

Al fin llego tu cumple querido amigo, mediante mensajito de texto te avisé que en media hora estaba por tu casa saludandote.
Habrían pasado unos 45 minutos de aquel sms cuando estacioné el auto en la puerta de tu casa.
Me recibiste contento, y con un beso en la mejilla agradeciste mi visita, saludaste a mi compañera, (mi mejor amiga) que ya conoces muy bien, y de la cual recuerdo que alguna vez mencionaste “lo buena que estaba”.

Fuimos vestidas discretamente las 2. Sutilmente atractivas.
Nos invitaste a pasar y a sentarnos en el sillón blanco que da justo frente al ventanal de calle.
Nos serviste unas copas de champagne, y cortaste la torta de cumpleaños que ya habrías compartido con algunas otras personas que se nos adelantaron porque le faltaban varias porciones.

Entre charlas y risas se nos paso la hora, agradable, divertido, pero mi amiga y yo teníamos en mente algo más… y también temíamos que alguna visita nos arruinara “la sorpresita”.

Ella esperaba mi accionar para seguirme los pasos.
Inventamos una escusa tonta, (que se me había desprendido el corpiño) y como era bien conocido el camino al baño por mis tantas visitas, me dirigí a el, haciéndome de escolta Paola, una vez entradas al mismo sacamos de nuestros bolsos las diminutas polleritas tableaditas en una combinación de rojo y negro, las camisas blancas que se anudan debajo del busto, lencería blanca para Pao y negra para mí, cada una con sus portaligas incluido.
Las mias eran de red y las de mi compañera traslucidas con algunos detalles a los costados. Las bombachitas diminutas al tono de las medias. (ñam ñam).
Por supuesto que debajo de esa camisita no podíamos llevar corpiño, así que nos despojamos de ellos. Unas cintitas de raso ajustarían perfectamente nuestros cabellos dándole forma con 2 altas colitas cada una. Dando ese toque de colegiala fatal.
Sacamos del bolso los zapatos de tacón, esos que a nuestros respectivos novios los calientan sobre manera, y con ellos completamos nuestra indumentaria.

Abrí la puerta del baño asomé la cabeza y grité, _apaga las luces Rami, te queremos dar tu regalo, pero con la luz apagada, sino pierde la gracia…. Espéranos sentado en el sofá.

Obediente como ninguno y ansioso por ver el regalo apagó las luces inmediatamente, quedando casi en plena oscuridad, de no haber sido por el ventanal que se encontraba levantado a la mitad.
Creo que ni remotamente se esperaba lo que minutos más tarde ocurriría allí, y con él como primer actor de nuestro mejor guión.

Desfilamos hacia el living, la poca claridad que entraba dejaba ver su silueta sobre el gran sillón que minutos más tarde sería nuestro único cómplice y testigo.
Ramiro estaba allí, inmutable, nos acercamos a él silenciosamente, cuándo intentó averiguar algo lo callé de pronto acercándome a su cara y sellando su boca con un beso, para mi sorpresa se entrego con mucho desparpajo.
Pao del otro lado de su cuerpo acariciaba su torso, podía ver sus manos inquietas como subían y bajaban por debajo de su chomba, las sombras de nuestros cuerpos se desdibujaban a medida que bajaba el sol, nuestros cuerpos comenzaron a emanar olor a sexo, y más nos excitamos, mi mano busco su bragueta, (ya le explotaba) bajé su cierre y saltó como asfixiado su pedazo de carne deseoso de poseernos.

Cuando zafó de mis besos estiró su brazo alcanzando la mesita ratona que estaba pegada junto al sillón, y en un solo click encendió la lámpara que estaba encima.
Sus ojos encandilados por la luz brillaban más de lo habitual, busco mi mirada para que le dijera algo al respecto, luego poso su vista en mi amiga y creo haberle visto un hilo de saliva chorreando por la comisura de sus labios, estaba obnubilado por nuestra apariencia y actitud.

Sus primeras palabras ante semejante sorpresa fueron
_ me quieren matarrrrrrrr, Dios santo!!! que lindas que están, esto sí que es un verdadero regalo.

Con Paola ya habíamos hablado de cómo manejarnos una vez dada la sorpresa a mi amigo. Solo bastó una mirada para que ella dejara lo que estaba haciendo para arrodillarse frente a su gran pija, la misma era sorpresivamente generosa.
A la misma vez yo hice exactamente lo mismo quedando su falo a merced de nuestras bocas.

El murmuraba por lo bajo, era tan grande su emoción que parecía hablar en otro idioma, porque no pude descifrar sus comentarios. Mientras; pasaba su mano por la entrepierna de Pao, que generosamente separaba un poco más sus piernas para que él hiciera con ella lo que quisiera.

Nuestras bocas y manos se adueñaron de la majestuosa pija, al llegar a la punta de ella Pao y yo nos comiamos la boca mientras lo mirabamos a la cara, y entre lamidas y sobadas nos regalo su primer orgasmo de los 3 de esa noche.

Dejo el resto a la imaginación de los lectores o  más bien prefieren  que continue narrando  como siguió?