Pasaron los días, y en mi cabeza seguían las imágenes de “esa” noche.
Para colmo no se lo podía contar a nadie. Mis amigas no me entenderían. No tenía con quién descomprimir la angustia que acarreaba.
Me costaba enormemente concentrarme en la facultad. Me sentía mal, triste, abatida.
Llamé varias veces a la casa de mis padres en las siguientes semanas con la esperanza de que en algún momento fuese Iván el que atendiese, pero no; no tuve suerte.
Mamá me comenzó a enviar las encomiendas con una empresa de transporte qué casualmente el dueño es amigo de la familia y coincidentemente Esteban el hijo de este cursaba en otra facultad de la gran ciudad.
Y alguna que otra vez lo hicieron personalmente mis padres. Pero Iván no apareció más.
Y así pasaron los meses hasta que llegó el verano, y con él las vacaciones. Como cada temporada me fui a la casa de mi padres o sea a mi casa.
Y ahí sí, no pudo evitarme, nuestro primer encuentro fue frío, distante. Pero con el correr de los días ambos nos íbamos liberando de aquello que tanto nos angustiaba…
Una noche de jueves mis padres se fueron a una cena empresarial. Motivo por el cual Iván y yo nos quedamos a solas por primera vez después de tanto tiempo.
Estaba en la compu cuando entró Iván al cuarto a preguntarme si quería comer empanadas de la rotisería de la vuelta, (sabía muy bien que eran mis preferidas) Obviamente le di el OK.
Nos acomodamos sobre almohadones en el piso del living junto a la mesita ratona mientras hacíamos zapping hasta que por fin nos pusimos de acuerdo; una peli estaba comenzando y tenía toda la pinta de estar muy buena. Comimos y tomamos cerveza hasta el hartazgo.
Poco rato después y producto de la excesiva cantidad de birra consumida me comencé a reír como una idiota, por cualquier cosa. ¿Se repetía la escena?
Siempre que tomo un poco de más me produce lo mismo. La falta de costumbre. Me da por decir boludeces y tentarme por cualquier cosa.
La película pasó a ser ignorada por ambos.
Iván también había tomado mucho, mucho más que yo.
Empezamos a empujarnos, reírnos de la nada misma, matarnos a almohadonazos. Una cosa fue llevando la otra, el tema es que al rato nos estábamos busconeando como locos.
¡Incontrolables! nos decíamos barrabasadas, celándonos como dos viejos amantes que habían dejado pasar el tiempo como si eso fuera a cambiar los sentimientos.
Sacamos todos los trapitos al sol en medio de la calentura que bullía de nuestros poros.
Era ineludible, necesitábamos hacernos el amor.
Terminamos desgarrando la ropa del otro con toda la calentura a flor de piel. Revolcándonos con furia y pasión poseyéndonos como aquella primera vez.
Me alzó y llevó a su habitación y allí la seguimos entre besos y arrumacos como dos ¿enamorados? Cogiendo hasta caer desplomados uno al lado del otro.
Deseaba quedarme a vivir en ese cuarto, dormirme abrazada a él. El deseo era más fuerte que yo, pero no podía correr el riesgo de que mis padres nos encontraran. Cuando decidí pararme e irme Iván me agarra la pierna y me dice: -quédate negrita, durmamos juntitos.
Ahhhhhh…. Qué placer escuchar su “casi” ruego. Me sentí flotar sobre pompas de jabón.
Le expliqué de mi miedo a que nos descubrieran y me tranquilizó diciendo: -a mi cuarto nunca entran sin llamar, así que podés quedarte tranquila.
Con tan sólo eso me convenció. Eran tantos mis deseos por quedarme que no necesité más que eso.
Fui a mi habitación, saqué la llave y cerré la puerta del lado de afuera.
Pasamos lo que quedaba de la noche acariciándonos, besándonos. No nos podíamos hacer más los tontos. Hablamos de nuestros sentimientos, de lo mucho que sufrimos después de aquella vez en mi departamento por no querer aceptar lo que nos pasaba. Era una atracción demasiado fuerte como para ignorarla.
Nos prometimos desde ese momento sincerarnos siempre, bajo cualquier tipo de eventualidad; pasara lo que pasara.
Viví la mejor noche de mi vida, y creo sin lugar a equivocarme que también lo fue para Iván.
Al día siguiente, 11:20 me desperté a su lado, dormía con carita plácida. Lo disfruté en silencio. Me lo quedé mirando como una tonta y pensando cómo podía sentirlo como hombre más qué como hermano.
Salí de esas preguntas sin respuesta y lo besé suavemente en los labios y sin que se despertara me marché a mi cuarto.
Estaba feliz por la noche vivida. Me volví a dormir sobre mi cama pero con el aroma de su piel impregnada en la mía.
Desde entonces nos seguimos viendo a escondidas hasta el día de hoy …
Hace 3 años que me recibí de contadora. Iván me ofreció trabajo en su empresa. Obviamente acepté. Qué mejor…
Desde entonces trabajo para mi hermano qué es doblemente placentero.
Me paga el doble de lo contemplado por la ley y además tenemos la excusa perfecta para pasar más tiempos juntos.
Iván montó una habitación a todo vapor al fondo de la propiedad, desde entonces ese es nuestro nidito de amor.
Hace 2 años y algunos meses se casó con “Flavia” aquella chica quedada, tímida, pero buena mina con la que ya estaba saliendo cuando tuvimos nuestro primer encuentro sexual. A la que dice querer mucho, pero que no lo satisface en la cama. (El mismo tiempo que hace que yo empecé a salir con Santiago)
Es entendible, porque Él es terriblemente sexual. Necesita hacerlo todos los días y hasta más de una vez, y parece que ella es algo reacia, y no le soporta el ritmo. Cosa que yo sí, porque soy tan calentona como Él y disfruto mucho del buen sexo. Nada de rapiditos ni de simples misioneros. Santiago es muy fogoso también, y no deja escapar oportunidad de hacerme el amor cada vez que puede. Pero yo soy insaciable, como una verdadera ninfómana; siempre quiero más…
Flavia actualmente está embarazada de 8 meses, y me acaban de dar la noticia que me eligieron de madrina para su primera beba a la que llamaran “Ariane” y a la que voy a amar con locura, sin lugar a dudas.
Con mi cuñada me llevo fantástico, jamás desconfiaría de mí. Si supiera… con lo pacata que es se muere si se llegara a entender que su marido mi hermanito y yo cogemos a sus espaldas como dos buenos amantes.
Con mis 27 años y con todos los nervios normales de una inminente boda, estoy plena porque tengo todo lo que quiero, un futuro marido al que adoro y con el que estoy segura voy a ser muy feliz.
Unos padres joviales gozando de buena salud, babosos por la pronta llegada de su primera nieta y de su “nenita” a punto de dar el sí con el yerno ideal (lo adoran) Y cómo si esto fuera poco tengo el mejor amante que podría llegar a tener…
¡MI HERMANO!
ESPERO HABER SACIADO SUS ESPECTATIVAS. COMO SIEMPRE LES DIGO, ESPERO ME DEJEN SUS COMENTARIOS EN EL POST. Y NO SE OLVIDEN DE CALIFICAR EL POST CON LAS ESTRELLITAS QUE TIENEN A LA IZQUIERA EN LA PARTE INICIAL DE LA ENTRADA.
LOS ESPERO EN MI PRÓXIMO RELATO “LA DAMA Y EL VAGABUNDO”
QUIÉN QUIERA CHATEAR CONMIGO LO PUEDEN HACER DESDE EL FACEBOOK






Una noche de esas muy calentonas estábamos mete y ponga, mucha previa, sexo oral hasta acabarle en la boca, varias veces, un 69 maravilloso (era nuestro preferido), patitas al hombro, abajo, arriba, cabalgata… un importante variadito de poses
Sus dedos fueron por más… se filtraron orillando la única prenda que uso para dormir, y por primera vez alguien que no fuera yo rozaba la “zona prohibida” (como la llamó mi mamá el día que tuvimos una “charla intima” de mujer a mujer) habían pasado tan solo cuatro meses de haber menstruado por primera vez, lo recuerdo porque desde entonces mi cuerpo comenzaba a perfilar aquellas formas femeninas dejando atrás el cuerpo de niña para convertirme poco a poco en la mujer que soy hoy…
Soy hija de Juan y Mabel, hermana de Iván, un año y cinco meses mayor que yo. Dueño de una conocidísima empresa láctea que por situaciones que leerán a continuación no daré a conocer.
