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Resignación!!!! Febrero 4, 2010

Archivado en: Poemas — Martina @ 12:03 am

Llueve…

la lluvia me trajo tu recuerdo

tu recuerdo la nostalgia

nostalgia de recordar tus besos


de extrañarlos, echarte de menos


nostalgia por aquellos tiempos vividos

melancolía de rememorar tus manos explorando mi cuerpo


anatomía que supiste recorrer como nadie


y que nadie jamás podrá igualarte

mis pupilas incólumes recuerdan tu piel, tu olor, tu hombría


mis sentimientos por tí no han variado, pero la resignación llegó a mí


en el momento justo.


Porque de otra te has enamorado.

relatos eróticos

 

Me mojé con las anécdotas de mi tía Febrero 1, 2010

Archivado en: Incesto, Amor Filial, Lesbianas, Masturbación — Martina @ 6:23 pm

Hola a tod@s!

No sé por dónde empezar…  esto fue hace tan sólo unos días atrás.

Arranco describiéndome: tengo 18 años, mido 1,65,  mis tetitas, más bien grandes,  (95) , de mi cuerpo la parte que más halagos se lleva es la trasera (95) de cadera, “culoncita”, para mi pequeña cinturita (58)  Cabello largo, semi ondulado, ojos color del tiempo, eso dicen, je je es más bien indefinido, no llega a ser verde ni tampoco azules, y los días nublados, tormentosos los tengo más bien grisáceos. Labios gruesos, dentadura blanca, y dientes parejitos, tengo la sonrisa de mi papá, conclusión me gusto como soy, je je

(Me amo, ¿se nota?)

Bueno, vamos al tema que me trajo a escribir.

Resulta que mi tía la menor de todas, (29) acaba de salir de la cárcel. Fue presa por vender estupefacientes con el que era su pareja en ese momento. Y desde entonces no la había vuelto a ver. Como estamos en época de vacaciones y yo vivo en una ciudad  turística se puso en contacto con su hermana (mi mamá) para saber si la recibíamos unos días acá, dijo necesitar aire de la costa. Por supuesto mi mami feliz de volver a encontrarse con su hermana después de unos años de no verse.

Mis recuerdos por ella eran buenos, siempre que venía a visitarnos me llenaba de regalitos, y eso me encantaba.

La casa cuenta con 4 habitaciones, la de mis padres, la de mi hermano Tadeo, la otra para Tiago, el pequeño de la familia,  y la  cuarta es la mía, arriba, en el 2do piso.

Cuando mamá intentó que mis hermanos durmieran juntos para poder así dejar libre un cuarto libre pusieron mil excusas.

Mami me preguntó si no me molestaba que Adri durmiese en el mío. Yo cero problemas, todo bien.

Papá subió el diván que estaba abajo y asunto solucionado.

El día que llegó Adri nos besaba y abrazaba  y se le escapaba un lagrimón, emocionada por el reencuentro.

Verdaderamente se la notaba feliz de estar en casa. Confesó ansiar en demasía vernos.

A mí no paraba de mirarme y alabarme, claro, me encontró cambiada, “crecidita” ya no era esa nenita que vio por última vez.

En cambio ella  estaba bastante más gordita, no gorda, sino rellenita.  Llevaba puesto ese día una remera escote V ajustada dejando ver el canal de sus senos, y claro, al engordar sus pechos eran mucho más grandes, fácil 100, 105, pero cómo es grandota no le queda mal. Lo que si me impresionó fueron algunos tatuajes que llevaba en sus brazos, algo bastante usual en el ámbito “tumbero”, esto lo sé porque he visto programas de televisión filmado desde diferentes cárceles, (siempre que veía alguno de cárcel de mujeres me venía en mente mí tía).

Después de saludarnos  me fui a la casa de mi mejor amiga y recién regresé para la hora de la cena.

Entré derecho a ducharme, hacía muchísimo calor ese día. Cuando estaba en plena ducha me sorprendí cuando abrieron la puerta, era mi tía.

- Uh amor, perdón, no sabía que estabas, no te vi llegar, en el de abajo (se refería al baño) está tu padre, por eso subí a este. ¡Báñate tranquila!

Yo aguanto, puedo esperar –

- ¡Entrá tía!

Yo me doy vuelta, hacé tranquila.

Cuando giré quedé de perfil al espejo del botiquín y aunque estaba empezando a empañarse alcancé a ver que mientras hacía pis me estaba mirando…

Y dice:

- Qué cuerpazo nena que has echado. –

- Largué una risita y le respondí….

- Y… tía… Cumplí los 18 en Noviembre -

- Claro hija! No sólo para mí pasan los años… ya sos toda una mujercita.

¿Tenés novio? -

- No -

- Que raro, una chica tan linda y sin novio…. -

-Tuve, pero me pelee hace unos meses. -

- No vas a tardar en ponerte de novia. A tu edad yo era terrible, cambiaba de novio más seguido que de bombacha, jaja así decía mi madre, si te contara jaja -

- Muero por escuchar esas historias, cópate tía y contáme… -

Entre risas de ellas y mías el tema quedó ahí.

Cenamos  escuchando a la tía comentando detalles de su paso por la cárcel, copita de vino va y viene, tomó un montón y creo que por eso se largó a hablar más, la pasó muy mal, contaba cada cosa…

A mí me pintó el sueño antes que a todos, y eso que yo tomé re poquito.  Me despedí y me fui a dormir.

Cuando la escuche llegar al cuarto le pregunté la hora (estaba re dormida) me dijo que eran las 4 y 20.  Me levanté al baño y cuando regresé se estaba poniendo una remera de esas de dormir.

Le hable unas boludeces (me había despabilado) la tía parecía no tener sueño tampoco así que le busqué charla.

- En un momento le dije:

Hace calor y tengo sed, voy a la cocina a tomar algo. ¿Querés qué te traiga algo fresco? -

- ¡Dale! –

Le iba a llevar gaseosa, me serví en un vaso grande y me lo tomé,  y cuando le estaba preparando otro para ella vi la fresita…

uhhhhhh ¡me encanta! No lo pensé 2 veces.

Ahí nomás la manotee,  la descorché con la puerta de la cocina (no es habilidad, es ingenio) je je y me mandé  con la fresita para arriba.

La tía se rió al verme llegar abrazada a la fresita y con 2 copas en la otra mano.

- ¿No se enojarán tus padres? –

- Naaaaaaaaa tía, para nada, son re piolas, mirá que se van a enojar por esta boludez… –

Estaba ¡exquisita!

Bien helada, entre charla va y viene nos la pasamos toda.

Lejos de darme sueño, pero si algo de mareo y risita estúpida la escuchaba con atención, era todo oídos, en un momento, y no sé cómo la charla se disparó en un ámbito más escabroso, empezó a contar intimidades  de su paso por “el infierno” así le llamó ella.

Claro una conversación fue llevando a la otra y terminó confesando que allá se hizo lesbiana.

Mi cara de asombro pasó desapercibida porque estábamos sólo con la luz del velador.  Pero los ratones en mi cabeza empezaron a hacer de las suyas. El lesbianismo siempre me ha llamado la atención,  una fantasía recurrente en mí, creo que por curiosidad, por ser algo desconocido, tal vez por considerarse algo mal visto por la mayoría de la sociedad, no sé, la cosa que  entre lo alegre que estaba y mi tía que me narraba como se fueron dando las cosas con su compañera de celda, uffff

Empecé a sentir humedad en mi entre pierna.

Mi tía hablaba de lo más tranqui, sin siquiera imaginarse lo que estaba sucediendo debajo de las sabanas…

Continuará…

 

Lo hice en el probador con un desconocido Enero 24, 2010

Archivado en: Relatos Hetero — Martina @ 3:04 am

Faltaban pocos minutos para el cierre de mi boutique. Sumé la recaudación del día y le dije a la empleada que se retirara.

Estaba a punto de bajar la persiana cuando observé alguien haciéndome señas. Lo miré, no supe quién era y seguí como si no lo hubiese visto. La luz de la vidriera dejó apreciar una figura agradable, el cuerpo de un joven que nuevamente me imploró que lo dejara pasar. En ese instante lo miré al rostro  y me agradó. Su mirada me inspiró confianza, su aura era positiva y lo dejé pasar…

Buscaba una prenda para hacer un regalo, me dijo que era para su hermana, que su cuerpo era muy parecido al mío. Escogió algunos vestiditos y me pidió de manera gentil si podía probármelos, para asegurarse que le quedasen bien a su agasajada.

Entré al probador del medio, corrí el cortinado y comencé con la prueba; cuando estuve lista lo llamé, se acercó y por vez primera noté su blanca y perfecta sonrisa. Le gustó lo que vio, pero me solicitó que siguiera con el resto.

El segundo, un vestido blanco, corte princesa, bastante aniñado pero con detalles re femeninos (nunca se me hubiera ocurrido probarlo de no haber sido bajo esa situación, pero me gustó lo que el espejo me devolvió).

Asomando por uno de los laterales del cortinado lo llamé. Esta vez decidió verlo de cerca, entró al probador y, tras recorrerme con mirada apabullante, lo escuché susurrar “tremendamente hermosa”. Se la dejé pasar y le pregunté si quería ver los siguientes; sólo asintió con la cabeza. Estaba embelesado mirándome por el espejo…

Tercer vestido: de gasa en capas y picos, hermosísimo pero muy escotado. Mis senos parecían querer salir por los bordes y no me veía bien dentro de él, pero debía mostrárselo al cliente. Sin titubear lo llamé.

Le confesé que no me sentía cómoda, que no era mi estilo, pero tampoco quería ser negativa con la prenda, quizás a ella le quedaría mejor que a mí.

Él: no sé por qué no te convence, es el que más me gusta de los tres que te probaste. Realza tu figura de manera descomunal. Permitime un comentario fuera de lugar, pero si vos fueras mi novia no dudaría en obsequiártelo.

Yo: Bueno, gracias, te agradezco el halago. Me pruebo el último, así te decidís.

ÉL: ¡Sí! está perfecto aunque reconozco que me quedaría horas mirándote. Sos muy bonita, y tu simpatía me tiene cautivado.

Al término de su comentario me sonrojé al punto que sentí incendiarse mis mejillas, (soy algo tímida, aunque mi apariencia no lo aparenta, lo soy). Si esperaba respuesta de mi parte no la obtuvo. Me quedé muda.

Esperó del lado de afuera del cambiador mientras trataba de ponerme el cuarto y último vestido. A diferencia de los otros tres, éste llevaba un amplio cierre en la espalda desde la altura de la cola hasta el final del mismo. Luego de varios intentos fallidos por subírmelo, no me quedó otra alternativa que pedirle ayuda.

Yo: Vas a tener que entrar y ayudarme con el cierre, no logro prenderlo.

Mis manos parecían tentáculos de pulpo queriendo sostener la prenda para que no se cayera.

ÉL: Con mucho gusto. Permitime.

Sentí sus manos rozar mi espalda y un escalofrío recorrió mi cuerpo.

ÉL: Perdón, no pude resistir la tentación de tocar tu bronceada y suave piel.

Yo: Está bien, no pasa nada, tus manos también se sintieron suaves.

Miré por el espejo y vi con la delicadeza que deslizaba el cierre a lo largo de su longitud.

Uff madre de Dios, mi piel se erizó al verlo parado junto a mí y pensé: “qué linda pareja que hacemos”.

Él: Ahí quedó, costó un poco, pero lo logré. Ceñido a tus curvas es un delirio para mis ojos, el celeste de la tela hace juego con el color de tus ojos y contrasta con el dorado bronceado de tu piel.

Nuevamente el joven desconocido hizo estallar mis mejillas. No me salió palabra en ese momento, sólo atiné a bajar la mirada y sonreír.

ÉL: Sos increíblemente bonita, cada uno de los vestidos que te probaste te queda mejor que el otro. Me complicaste aún más la elección, no sé cuál de todos llevarle. ¿Cuál crees vos qué le gustará más a una chica de 16 años?

Yo: Mmmm pensé que era mucho mayor, si tan sólo tiene 16 optaría por el blanco, es más adecuado para su edad.

ÉL: Te pido un último favor. ¿Podrías volvértelo a poner?

Yo: Bueno, pero tendrás que ayudarme a quitarme éste, despréndeme el cierre y espérame afuera que me pongo el otro.

ÉL: Trataré de no tentarme otra vez con tu tersura. (Rió)

Posó sus manos a la altura del cuello justo donde comienza la prendedura y empezó a descender en paralelo con sus dedos en mi espina dorsal. Mientras duró el descenso mi piel se manifestó seducida por el roce de sus dedos, y nuevamente me estremecí. Mis pezones que yacían ocultos bajo la fina tela comenzaron a denotar una pronta erección imposible de disimular.

Él miró por el espejo y notó mi alteración corporal, me tomó de los hombros y me giró hacía él.

Pasó su mano por mis labios separándolos entre sí y agachándose lo suficiente quedó su boca a la altura de la mía y me besó descaradamente. Pero cómo me gustó…

Yo: ¿Qué haces? estás loco…

Él: Esto…

Y me volvió a besar. Esta vez su lengua buscó entrelazarse con la mía. Pero me resistí a la tentación y me negué.

Fue entonces que de un tirón se deshizo del vestido dejándolo caer sobre la alfombra. Me puso frente al espejo y señalando mis senos me dijo: “tu cuerpo te está contradiciendo…”.

No pude defenderme de su acusación, tenía razón. Los pezones apuntaban hacia arriba erectos, llenos de deseo.

Apretujó mi diminuto cuerpo contra el suyo y con ambas manos recorrió mis delgadas líneas contorneantes, ejerciendo cierta presión placentera al punto que me arrancó un gemido de mis entrañas.

No pude tolerar el deseo de acariciar su rostro y lo hice. Dibujé con la yema de mis dedos todo su contorno; un gesto de regocijo iluminó su bella cara. La redondez de sus ojos se abrieron en su máximo esplendor. Observaba mi desnudez, elogiaba mi piel sin cesar, posó sus manos en mi cadera y con movimientos suaves pero precisos quitó la única prenda que separaba mi sexo de su cuerpo.

Volvió a mirarme por el espejo, quedó contemplando un largo rato alabando mi figura, mis curvas y mi sexo desprovisto de vellosidad que, confesó, le vuela la cabeza (textuales palabras).

ÉL: Sos exquisitamente deliciosa, ¡qué cuerpo! Necesito hacerte mía.

Mientras hablaba me subió una pierna sobre el banquito. Sentí cómo los labios vaginales se separaban, percibí la humedad de mi entrepierna. La excitación era más fuerte que ponerme a pensar que estaba en manos de un extraño.

Se arrodilló debajo de mí peladita (terrible imagen la que me devolvía el espejo), momento en que sentí su lengua entremezclarse con mis fluidos. Infinitas sensaciones brotaron de mí. Comencé a menearme con vehemencia sobre su boca en busca de mi propio placer.

- Uff qué buen oral – Me quedaría horas dejándome comer así.

No sé el tiempo que habrá estado entre mis piernas, pero lo que sí sé es que me comió como nadie antes, no paró hasta ver mis piernas flojear. Caí rendida a sus pies.

Era la primera vez que experimentaba múltiples orgasmos. Fue una lujuriosa experiencia.

Él continuaba vestido, completamente enardecido, llevaba una remera a rayas blanca y negra y una bermuda holgada, blanca. Debajo de ella me esperaba “un mundo”: su verga estaba completamente erecta.

Él: – Necesito entrar en vos. Quiero poseerte.

Lo miré desconcertada, y no era para menos, apareció de la nada y a los 40 minutos de entrar a mi local me estaba chupando la concha y me quería coger. Era todo muy extraño.

Estaba entre la espada y la pared, dejarlo ir así, caliente, después de haberme hecho gozar como lo hizo, era híper egoísta de mi parte. Además yo seguía excitada y me moría de ganas de tener “ese” bulto entre mis piernas.

Mientras levantaba su remera, cosa que por su altura se me dificultó un poco, le dije:

- No sé quién sos ni de dónde saliste, pero ya ni me importa, no quiero dejarte ir.

Una sonrisa preciosa se dibujó en su cara, los pómulos brillantes por la transpiración le quedaban de maravilla. Descubrí en ese instante que era más lindo todavía.

Cuando bajó la bermuda y arrastró con ella su bóxer, saltó asfixiado su GRAN pene. No sé cuánto le medirá, pero habida cuenta de mis pocas experiencias sexuales, sin dudas fue el más grande que tuve. No por lo largo, sino por el grosor y el glande re grande. Su vello púbico finamente recortado.

Me besaba todo el tiempo; eran besos adictivos, nos separábamos y al instante teníamos la necesidad de volvernos a besar.

ÉL: Te voy a coger hasta que me pidas por favor que pare. Quiero tu disfrute absoluto y con él obtendré mi complacencia. Quiero ser el mejor amante que hayas tenido a tu corta edad. Sacó un preservativo y se lo colocó.

Y vaya si disfruté…

Ni bien entró en contacto con las finas paredes de mi conchita, comencé a gozar como una yegua. Me arrancó un par de orgasmos de esos que te dejan exhausta. Él acabó una sola vez, sus chorros de semen saltaron a borbotones sobre mi desnudez, era blanco y espeso. No lo dejé acabar en mi boca, pero aún así algunas gotas me alcanzaron y llegué a degustar el sabor, más bien amargo, tirando a ácido.

Nos vestimos, extrañamente me pidió la suma de las 4 prendas, (¡sí las 4!) me pagó y se fue diciendo:

ÉL:- Los vestidos no los llevo, ni siquiera tengo hermana, fue tan sólo una excusa para poder acercarme a vos. Jamás creí que me animaría a tanto. La idea de tenerte cerca y de poder mirarte a los ojos ya era un sueño cumplido. ¿Pero esto? Fue la gloria absoluta. Gracias Martina por hacerme el hombre más feliz del planeta.

Al ver que conocía mi nombre fue mucho más desconcertante. Lo quedé mirando pasmada.

ÉL: – Hace 7 meses que te sigo a todas partes, sé todo de vos, dónde, cómo y con quién. Soy quien te manda todos los meses una docena de rosas blancas. Jamás te molesté, no soy un acosador sexual ni un loco, sólo soy un enamorado tuyo que se vio atrapado por tu belleza.

Se retiró del local dejándome boquiabierta, no me salió palabra alguna, ni siquiera sabía cómo se llamaba, ni atiné a preguntárselo.

Me quedé pensando si realmente había sucedido o si había sido producto de mi imaginación. Pero no tardé en quitarme la duda. Al entrar al probador a apagar las luces, encontré una tarjeta que decía:

Gastón A. Peñalba (nombre ficticio, OBVIAMENTE)

Entrenador físico

Dirección……

Teléfono……

Mail……….

Y debajo escrito con bolígrafo:

- Ahora ya sabés quién soy, cómo y dónde ubicarme. Queda en vos si querés que nos sigamos viendo.

¡¡Sos hermosa!!!

Saludos

Gastón

 

Una dramática historia de amor (juntos hasta el fin) (no erótica) Enero 23, 2010

Archivado en: Cuentos (no eróticos) — Martina @ 7:43 pm

Inmersa en la tristeza me hallaba.
No veía futuro ante mis ojos, todo era gris, todo era oscuro.
Sin él ya nada tenía sentido. Mi castillo se derrumbó el día que un inoperante conductor atravesó la calzada contraria a su dirección, llevándose con él la vida de mi querido y amado esposo. Padre de cuatro hermosos hijos, tres mujercitas y un varón, (auténtico retrato de su padre) todos ellos por suerte establecidos laboral y sentimentalmente.
Quedaron cinco nietos, cinco criaturitas que eran la luz de sus ojos. Que por culpa de un mal nacido, alcoholizado arrebató en un instante la vida de su abuelito querido.

¿Porqué justo tuvo que pasar en ese momento? en el preciso instante que mi sostén, mi compañero, la razón de mi vivir regresaba a casa. Ingenuo de la fatalidad que estaba a punto de acontecer…

Han pasado dos años de su trágica desaparición.

Vivo sin vivir, respiro porque respiro, camino sin querer andar, esperando que llegue el momento de poder irme a su lado y así cumplir con nuestra promesa: “juntos hasta la eternidad “

 

El poder de la mente Enero 23, 2010

Archivado en: Poemas — Martina @ 7:37 pm
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Me gustas como eres, pero no te conozco
Me gusta como hueles, aún sin haberte olido
Me gusta el sabor de tus besos, (labios que no he saboreado)
Me gusta tu andar, sin siquiera verte llegar
Me gusta tu voz, aunque jamás escuché mi nombre saliendo de tu boca
Me gusta tu mirada suspicaz… la imagino explorando mi cuerpo, queriendome hacer tuya, penetrando con tus ojos claros cada centimetro de mi figura.
Me gustas cuando pasas tus dedos desenredando mis cabellos mientras me besas en silencio (hermosa  imágen la que viene a mí mente)
Me gustan tus gestos cuando me lees, me gustan tus gestos cuando miras mis fotos, aunque no te vea.
Me gustas cuando dudas, te imagino ansioso de saber si soy real, si soy quién crees, me gusta tu desquicio, tu incertidumbre
Me gusta que te guste, más allá de tus titubeos.

 

“La mesa está servida” Enero 5, 2010

Archivado en: Poemas — Martina @ 5:37 pm

Al despertar tuve la sensación  de que ese día sería diferente, algo iba a acontecer, pero no sabía qué.

Como cada jornada  en horas muy tempranas me dirigí al trabajo a cumplir con mis obligaciones, pero nada atípico ocurrió en él. La misma vorágine de siempre, “entre carpetas y archivos” paso mis horas encerradas entre las cuatro paredes de la oficina.

Aquella sensación del amanecer se iba desintegrando por completo con el correr de las horas, tampoco era capaz de intuir qué era lo que me había mantenido expectante  durante todo el día.

Al regresar camino a casa y vaya a saber porqué! En mi mente de pronto se me presentó la imagen diaria de mi mesa con sus cuatro sillas,  pero tristemente preparada para un solo integrante, yo.

Sumergida en la melancolía caminaba cabizbaja a mi guarida cuando de repente en dirección contraria lo veo a él, caminando hacia mí. Mi primer amor, ese del que no nos olvidamos jamás, por más que en nuestras vidas pasen muchos amores, ese primer amor es quién graba a fuego nuestro corazón por toda la eternidad.

Después de tanto tiempo sin siquiera saber del otro, mágicamente se nos iluminó el rostro, con su mejor sonrisa me miró y me dijo:

- esta mañana  me desperté pensando en vos, durante el día te tuve en la mente y ni bien acabé el trabajo me retiré y emprendí la marcha  en tu búsqueda desesperada, como aquellos viejos tiempos recorriendo este mismo trayecto que mi memoria supo recordar, porque amores como el nuestro son difíciles de olvidar -

Y desde aquél mágico día la mesa es siempre servida para dos.

 

“El siestero” Noviembre 24, 2009

Archivado en: Relatos Hetero — Martina @ 6:21 pm
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- ¿Querés que  hoy nos encontremos para  una siestita? – ¿Te gustaría?

- Claro mi vida!!!  Ni lo dudes. ¿A qué hora? –

- A las 15 hs  ¿podés? Necesito  y deseo que tengamos  un  “siestero”   Tengo muchas ganitas de darte mi lechita, amore–

- ¡ok cielito!  ¡Yo también lo deseo, muchísimo!  A las 15 hs estoy allá –

- Vamos a nonar súper relajaditos, ya vas a ver.  ¡Ah! Te aviso que de solo pensarlo ya se me paró…  Jaja  Un besito dulzura mía –

- ummm que rico amore,  y a mí ya se me humedeció levemente la tanguita. Je je

Chao vidita, hasta luego – Besos  -

La hora no adelantaba nunca, se me hicieron eternas, miraba el reloj cada 5 minutos,  no aguantaba más las ganas de encontrarme con él.

Al fin las agujas marcaron las 2 de la tarde.

Ansiosa  por llegar, aunque faltaba  1 hora,  “demasiado tiempo”,  y estando  a tan sólo 10 minutos del sitio  emprendí camino  hacia “nuestro nidito de amor”.

Quise llegar antes  y chequear que todo estuviese armonioso,  con lo necesario  para poder  disfrutar de una tarde “soñada”, en la que no podía estar ausente  nuestra música preferida, esas melodías que nos elevan hasta el infinito, y convierten nuestros cuerpos en uno solo. Como tampoco  podía faltar el aroma de aquel sahumerio que tanto nos gusta.

Previa supervisión  de cada detalle  me di una ligera y refrescante  ducha.  Me dirigí a la cama tal cual salí de ella y me recosté  esperando su arribo.

Al fin llegó la hora añorada.

- ¡Hola Princesita!

Perdón, se me hizo tarde. En el banco había más gente que nunca.

Estabas dormidita ya…–

- ¡Hola mi vida!

¡Si!

Me recosté y parece que me  dormí ni bien apoyé la cabeza en la almohada. Estoy con fiaquita –

- Qué lindo encontrarte así amorcito, abrazada a la almohada totalmente desnudita  esperándome  así, culito  para arriba –

Se acercó a la cama y se inclinó hacia mí nos enfundamos en un beso tierno y a la vez muy profundo. Como sólo los enamorados podemos darnos.

Se despojó rápidamente de todas sus prendas y se acostó a mi lado. Estaba adormecida,  entregada al placer del roce  que me producía la  suavidad de las sabanas, oliendo el aroma  que desprenden cuando están recientemente  colocadas.

Mi estado  era más bien cómodo, tenía  más ganas de dormir que de hacer el amor.  (No les voy  a mentir)

- ¡Estás cansadita princesita!,  quédate así como estás.  Te quiero mimar, darte besitos  por todo el cuerpo, sentirte mía una vez más. -

Me quedé mullidita  sobre el lado derecho, mantenía los ojos cerrados,  rendida a lo que estaba por acontecer.

Cada encuentro  diferente a los anteriores, cada uno con su encanto especial.

Empezó dándome  masajitos  para distender mi  cuello

¡ufff que lindo!

Dejó caer sus manos y comenzó a moverlas  ejerciendo cierta presión en los omoplatos.

Me hizo saber que  notó mi contractura. Movía  sus dedos en círculos, esparciéndolos hacia afuera, (se sentía  súper relajante), tiene ese “Don especial”,  de que todo lo que toca deja su estigma.

Siguió masajeándome a lo largo de mi cuerpo,  gocé a pleno cada centímetro que él estimulaba.

Cada vez que levantaba y giraba mi cabeza para mirarlo, su rostro destilaba lujuria, percibía  su deseo reprimido por el sólo hecho de entregarme  placer, una comunión compartida, (es  un sentimiento que  no se puede explicar en un texto, solo lo entenderán aquellos que lo han vivido en carne propia) es notable la excitación que le causa saberme entregada, así, como abandonada a su suerte.

Una de las partes de mi cuerpo que lo enloquecen es mi espalda, le fascina quedarse mirándome  por largo rato mientras duermo desnuda, si bien en ese momento no estaba durmiendo mi pose era su delirio, estaba apasionadísimo acariciando a lo largo y ancho de la espalda, pero al llegar al hueco  que se forma entre el  termino de la espina dorsal y la cola (lo tengo muy marcado por que mi cola es de tamaño importante para mi delgado y estilizado cuerpo, generando un tremendo contraste con la línea de la cintura) cuando llegó allí  dejó de acariciarme con sus manos y me empezó a dar besos en ese surco que tanto admira y elogia, besos suaves y tiernos, e intercalaba con algunos  lengüeteos, siempre que hace eso retozo  de placer, me estremecía y desesperaba porque me poseyera.

- Ay amorrrr, sos  tan delicioso -  fue lo único que atiné a decirle en ese instante.

- Vos sos una delicia total,  no te imaginas cuando me desquicias ¡nena! –

Habíamos alcanzado el extremo máximo  de deseo,  la sabana era cómplice y  testigo fiel  de mi humedad, ella absorbía cada gota de miel que de mi cavidad vaginal desprendía.

El olor a sexo había copado la habitación.

De su pene aun sin estimular asomaban las primeras gotas preseminales, esas que tanto me gusta saborear. Obviamente que no me iba a quedar con las ganas, abandoné mi postura y giré mi cuerpo quedando frente a él.

Nos miramos deseándonos, fuimos en busca de la boca del otro para calmar nuestra sed, sed de sentirnos, de poseernos. Rápidamente nuestras lenguas comenzaron a participar de forma categórica del juego sexual del lujurioso siestero.

Me despegue de ella y cambié de posición, me puse cómoda para brindarle una buena chupadita, esas que tanto me deleitan.

Sabiendo lo que estaba a punto de saborear más me mojaba.

Bajé sin más preámbulos a su solemne virilidad. Me recibió con su glande brillando  en sus propios jugos. Lo miré  a los ojos antes de inclinarme hacia su sexo diciéndole:

- Esos juguitos me pertenecen, quiero nutrirme con ellos, “sos mi vicio”. ¡Sábelo! –

-  ¡Son todos tuyos mi Princesa! –

- mmmm -

Próximamente la continuación

 

La Doctora y un paciente muy caliente (el final) Noviembre 6, 2009

Archivado en: Relatos Eróticos, Relatos Caseros — Martina @ 1:09 am

Traté de bajar un cambio: – discúlpeme, es que me pone muy nervioso que ande ahí. –

- ¡Así está mejor!  Necesito que no te tenses  –

-Podría estar mejor si se quitase la chaqueta, eso me distendería je je (me la jugué, cuando mucho me echaba del consultorio a patadas con el culo aceitado, pero algo me indicaba que no sería así).

- No lo puedo evitar, es más fuerte que yo, su inconmensurable belleza me ha cautivado. -

- ja-ja

¡Qué divino sos!  Bueno, si eso te hace sentir mejor… -

Se dirigió hasta la puerta, dio una vuelta de llave y volvió hacia la camilla. Con una seguridad notable, se desprendió uno a uno todos los botones de su blanco uniforme, dejando relucir su “tez dorada”. Sus pechos quedaron frente a mis ojos, parecía como si necesitaran escapar, descomprimirse ante mi mirada atónita. Por el tipo de tela (creo que se llama encaje) se podía ver claramente lo que sujetaba, incluso los pezones, que ante mi presencia se le pusieron muyyyy duros.

- ¿Conforme? –

- Como un boludo le dije que sí. ¡Qué tarado! Yo ya la tenía entregada, sino no se hubiera prendido al juego, ahí nomás tendría que haberle entrado a las tetas. –

- Me alegro que te sientas mejor –

- Naaaaaaaa qué mejor ni mejor, tenía unas ganas de ensartarla terribles, me dolían los huevos de la calentura que me hizo pegar, para colmo hacía como un mes que no la ponía.  Pero no me animaba a decirle nada. Como un boludo sólo agradecí.

¡Sí! gracias, así está súper –

- Bueno, ahora es mi turno. Dame esa colita  -

- ¡Es toda suya Dra.! –

- ¿Toda? –

- ¡Sí! Toda suya. Confío en que no me hará doler –

- Claro chiquito, verás que ni lo sentirás – (no supe a qué se refirió hasta minutos después). –

Cerré los ojos y me relajé, como pude, pero relajado al fin.

Ella se paró detrás. Apoyó sus manos en el culo y de pronto sentí algo “muy frio” en la puerta del orto. De a poco se fue deslizando lentamente pero sin dolerme. ¡Qué loco! Como que me introducía un dedo.

- Dra. ¿podría decirme qué me está haciendo? –

-  Garrido, para palpar la textura del recto tengo que revisar y ver si el prurito viene desde adentro hacia afuera. Pero no creo que te duela, porque el gel que te puse anteriormente es un anestésico –

- Ahhhhhh ¡ok!

Mientras ella me revisaba, a mi mente llegaba la siguiente conclusión. “Con razón tanto gay dando vueltas”.

-  Por último y para que ni te des cuenta cuando retiro mi dedo, te voy a masajear la zona mientras lo voy sacando despacito.

Por suerte la erupción es sólo externa, con una simple pomadita en dos o tres días desaparecerá.

Es un herpes muy común.

¡Listo bebé! ¡Ya acabé! –

- ¿No me puedo quedar unos minutos más? –

- ¿Porqué? ¿Qué pasó? ¿Te quedó doliendo?  -

¡Hija de recontra mil puta! ¿Qué me va a pasar?

- Dra. no puedo ocultarlo, es  demasiado evidente lo que me pasa –

Salí de la posición que estaba (boca abajo) y me senté al borde de la camilla

- ja-ja- ¡que tonta que soy! Debí imaginarlo.  Pero…  no fue para tanto… -

La muy yegua clavó la vista en mi pija. Me di cuenta que le gustó lo que vio, porque se le escapó una relamida recorriendo la boca con su lengua, mientras se apretujaba las tetas con ambas manos.

En ese instante tuve un sólo impulso: aun sin bajarme de la camilla la envolví con mi brazo derecho, tomándola con ímpetu de la cintura y acercándola con fuerza hacia mí.

- ¿Le gusta lo que ve?  (Agarrándome la pija con la mano) necesita atención personalizada. –

- ¡Es verdad! Veo que se puso gorda y tensa –

- ¿Y no piensa hacer nada? Vamos Doc, chúpemela ¡please!  Estalla de leche –

Primero me miró a la cara, luego bajó la mirada hasta el bulto.

- Voy a ver qué puedo hacer por él –

Bajó tímidamente las manos y lo manoteó. Lo agarró como con vergüenza, pero se le notaba lo puta en la cara, la deschababa mal.

Me lo empezó a rozar con la punta de los dedos, casi como sin querer, pero increíblemente eso me hizo calentar más. No veía la hora que se la tragara.

- Rosadita, cabezona y pocos  pelitos, mmmmm ¡lindo juguetito! –

- Todo suyo, haga lo que quiera con él, ahora es “su” juguetito –

- Pero qué paciente más servicial…  -

Me estiró la pielcita de la pija para atrás, dejando al descubierto la cabeza enrojecida y mojada. Mientras con la otra mano me agarró las bolas, me palpó los huevos desde abajo (eso me re calienta).

Al fin decidió comérmela, se la llevó a la boca, pero tan solo se metió la puntita. Jugó con su lengua rodeando la cabeza, como si estuviese lamiendo un helado derretido (acostumbrado a cogerme pendejas, esto era “el paraíso”.

Estaba entregado al placer que ella se permitiera darme.

Cuando su boca se devoró por completo mi pija no pude resistir cogerle la boca y al sentir que venía mi leche, le dije:

- Quiero cogerte las tetas y acabar en ellas –

Con una sonrisa amplia accedió a mí pedido casi desesperado, sacó sus tetas fuera del corpiño y apretándolas entre sí me miró provocativamente:

- ¡Tomá pendejo!

No alcanzó a decirlo que empecé a bombear leche como loco, salpicando hasta su cara.

La muy turra se relamía mi acabada. Bien puta la Doc, como me gustan a mí.

Me saboreaba de antemano pensando en romperle el ojete ahí mismo cuando interrumpió mis pensamientos.

-  Me bañaste en leche ¡nene!  Me voy a lavar la cara,  cuando venga espero que estés vestido –

-  ¿Qué? ¿No vamos a coger?

Quiero meterle la pija por todo sus  agujeros, por favor, no me deje así… -

- Pendejos, pendejos,  – (decía pensando en voz alta mientras me hacía la receta).

Vení dentro de quince días, quiero ver cómo evolucionó esa lesión. –

Me acompañó hasta la salida, abrió la puerta y me despidió como si nada hubiera pasado, como a un paciente más.

Salí sonriente, pensando entusiasmado en la cogida de culo que le iba a pegar.

 

La Doctora y un paciente muy caliente!! Noviembre 3, 2009

Archivado en: Relatos Eróticos, Relatos Caseros, Relatos Hetero — Martina @ 10:23 pm

- ¿Garrido? -

Llamaba la Gastroenteróloga desde la puerta de su consultorio.

- Buenas tardes Dra –

¿Qué tal Garrido? Tome asiento y cuénteme que le está pasando –

- Miré Dra desde hace un par de días que tengo comezón en el tracto anal, me estoy volviendo loco, mi mamá me dio una pomada que usa mi papá en esos casos,  a él le suele pasar seguido y con eso le calma un tocazo, pero a mí no me calmó nada. –

- A ver Garrido, sáquese el pantalón y el calzoncillo y póngase esta bata, y acuéstese boca abajo en la camilla –

- ¡Ya vengo! –

Y  se fue por una de las puertas  internas,  dejándome  solo.

Cuando saqué el turno por teléfono no se me había ocurrido pensar que podía tratarse de una Doctora en lugar de un Doctor, me daba un poco de vergüenza la situación, encima era un día agobiante, la temperatura a esa hora (las 16) pasaba los treinta grados. El sudor comenzaba a fluir de mi cuerpo, y eso me fastidiaba.

Habrían pasado un par de minutos y la veo venir de refilón.

Pero algo en ella me llamó la atención.  Había algo diferente, ¿acaso se había cambiado de ropa en ese ínterin?

Haciendo algo de esfuerzo (porque la posición no me permitía verla) me di cuenta  que” lo diferente” era la ausencia de lo que llevaba puesto debajo del guardapolvo/chaqueta  cuando me recibió.

¿Cómo no notarlo?

Si sus dos globos parecían querer arrancar los botones de la prenda que la cubría, sobrepasaba  unos pocos escasos centímetros de la  cadera,  y dejaba  ver una pollera recta,  ajustada al cuerpo y más bien corta, de color azul, haciendo juego con el corpiño azulado (seguramente fue casual)  que se divisaba entre botón y botón al abrirse la tela por la presión que ejercía ese tremendo de par de tetas.

Se intuía  bajo la chaqueta ceñida  al cuerpo  una cintura  diminuta, contrarrestando con su delantera voluptuosa.  Una muy buena figura para sus (cálculo) treinta y tantos y quizás pasaba los cuarenta, no lo sé, pero estaba “re buena”. Con esa  minifalda  que tenía puesta permitía admirar un muy buen par de piernas torneadas y un bronceado  dorado  que seguro envidiaran más de una.  A mis diecinueve años estaba mirando  a esa mujer que podría ser tranquilamente mi madre,  pero justamente mi mirada no era como la de un hijo a su madre. Je je

Menos mal que estaba boca abajo, porque se me había parado la pija mal, mal, viendo “semejante yegua” venir hacía mí.

Se casó los guantes de latex, los entalcó y mirándome a la cara  me sonrió y me dijo: – “relájate”   vamos a mirar esa colita…

Naaaaaa no podes decirme así ¡ que yegua!   Con esa voz mescla de dulzura y come hombre me mató.

Empecé a sentir  mi pija palpitar,  hacia presión contra la dureza de la camilla. Pensaba cómo haría para  pararme sin que la Dra  no se avivara.

Agarró  una lupa, y con ella en la mano se paró a mi lado, de repente sentí  el calor de sus manos  apoyadas  sobre mi culo,  con una me abría los cachetes y con la otra me miraba con la lupa.

- Creo que ya sé cuál es tu problema, si es lo que yo supongo lo vamos a poder saber en un rato. Te voy a pasar un gel, hay que esperar  veinte minutos como mínimo para ver su reacción. Ahora necesito que cambies de posición, apoyado sobre tus rodillas y manos, así tengo una mejor visión de tu ano, y facilita la penetración de la crema.

Necesito que estés relajado,  no te va a doler en absoluto si te aflojas  y  liberas la tensión que evidentemente tenés. –

- ¿De que me está hablando esta mina? Como no tensionarme si me pide que me ponga en cuatro para meterme algo en el culo… ¡Imposible!

Hice lo que pude, como lo suponía, la pija me saltó erguida, pero ella no pudo verlo, estaba detrás de mí.

Sentí sus dedos en la zona,  empezó a  dar masajes circulares con movimientos suaves, deslizándose  hacia dentro y hacia afuera,  no puedo explicarles lo bien que se sentían sus manos. Pero la cosa se complicó cuando empezó a masajearme el orificio,  me puso por demás nervioso.

- no contraigas la colita bebe, que precisamente necesito que entre la mayor cantidad de gel posible, y no estás colaborando en absoluto  conmigo, se buenito, y abrí la colita –

- hija de re mil puta, no podéssssssssss hablarme así…

Me hizo mojar la pija de una.

Continuará…

 

Amar contra viento y marea!! (Lesbianas) Octubre 24, 2009

Archivado en: Lesbianas, Lesbicos, Poemas — Martina @ 8:08 pm
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Demostremos que somos más que dos
la gente que  diga lo que quiera
hagamos oído sordo a  la discriminación

Cada quién vive como puede y quiere
y nosotras tenemos  la dicha de tenernos
la una a la otra, entendernos
amarnos, y disfrutarnos.

Demostrémosle a la humanidad entera
este gran  amor que nos une
especialmente a ellos “los homofóbicos”
que nos marginan con sus miradas
que nos apuntan con el dedo
como si hubiéramos cometido el peor de los  delito

Al mundo y  especialmente a  ellos
gritémosle  que nos hemos encontrado
en el camino de la vida, y que no es fácil
hallar  nuestra otra mitad, agradecidas por ello
vivimos la vida como solo nosotras sabemos hacerlo
“Amandonos”

Otra creatividad propia, por favor haganme saber si la copian,  no me enoja que lo hagan, pero por favor les pido eso, AVISEN donde, dejenme el enlace y citen la verdadera FUENTE,  el link de este BLOG

 

La Dama y el Vagabundo (4ta Parte) Octubre 23, 2009

Mientras continuaba estimulando mi vagina por sobre la tanga con la otra mano acariciaba mis pechos, intercalando con lengüeteos húmedos que hacían mi piel erizar, mis pezones se pusieron como piedra en su boca ardiente, quería sentir esos prominentes labios por cada recodito de mi cuerpo excitado.

Me tomó la mano y me guió hasta la cama, nos recostamos sobre ella y me empezó a besar, para continuar recorriendo  cada una de mis curvas, deseoso de probar  con sus labios el sabor de mí piel.

Me hacía arquear de placer con cada succión.

Quitó mi tanga y con su pesada  mano superficialmente comenzó  a frotar  mi sexo, haciendo que lo deseara un poco más…

-  ¡qué mojadita!

¿Estás muy excitada eh? –

- ¡sí, muy caliente ¡tengo muchas ganas de vos, pendejo –

- me vuelve loco que me llames así, éste pendejo te va a coger hasta que me supliques que deje de hacerlo-

-mmmmmmm síii siii que ricooooooo-

Dejó de frotarme de forma superficial para  hundir  un par de dedos  en  mi  empapado  orificio vaginal, fue muy excitante sentir como se  deslizaban hacia el interior perdiéndose  en mí humedad para  luego entrar y salir con ellos repetidamente, a la vez que con su otra mano   separaba  mis labios menores dejando expuesto el glande de  mi clítoris que pedía  a gritos ser estimulado.

Justamente era lo que buscaba,  me  lo comenzó a sobar en círculos  con un solo dedo, presionando y aflojando, sin dejar de penetrarme la vagina. El sonido que salía de mi conchita  se mezclaba con los primeros gemidos que comenzaban a surgir.

-¡uy mi amor!

Por favor, quiero ver como lames tu propia miel de mis dedos.-

Inmediatamente y casi sin terminar de decir aquello, los llevo hasta mi boca, estaban chorreando de lubricación.

No me quise perder su cara, ni sus gestos, cuando cerré  la boca  envolví sus dedos  y con mi lengua moviéndose hacia un lado y hacia otro  fui lamiendo  el producto de mi excitación.

Su pija parecía estallar de calentura, sobresalía del bóxer de tan dura que la tenía.

Y mientras lamía sus dedos no pude resistir las ganas de frotarle “el paquete”, lo hice por sobre el bóxer, desde la base de sus testículos hasta la punta del glande que asomaba mojado y brillando, aunque asfixiado por el  elástico.

Aquello era irresistible, no daba más, mis  ansias por sentirla en mi boca  eran desesperantes, (la chupada de pija en el auto me había dejado con ganas de más) bajé hasta ella para saciar mi ansiedad  pero no me lo permitió, me detuvo de inmediato.

- Shhhhhhhh momentito, ahora no, primero quiero sentir como te venís en mi mano –

¡No hizo falta que lo dijera!

con sus dedos entrando y saliendo vertiginosos era algo más que inminente. Mientras palpaba en lo más profundo de mi sexo y frotaba en paralelo con vehemencia mi clítoris mis jadeos se fueron agudizando de manera tal que lo sorprendí expulsando un gran chorro de orina.

(Con mi marido solo me había ocurrido en tres ocasiones, en las que estuve extremadamente excitada).

Seguí gozando y gimiendo entregándole hasta la última gota de mi néctar, el cual sentía correr por mi entrepierna. Entremezclándose con “el chorrito”.

Verme  “tan perra” lo enloqueció…

- ¡Me meastes! Que hija de puta hermosa que sos…. Nunca antes me habían meado, ¡me encantó putita!

¿Sos siempre así? –

- ¡no! Incluso hace años  que no me pasaba, pero lograste la estimulación necesaria para que con solo masturbarme se me escapara, (no pude evitar ponerme colorada) es una sensación “rara” pero muy placentera, imposible de contenerla,-

- ¿en serio te gustó?  -

- ¡Totalmente! me mataste, me volaste la cabeza mal, tengo muchísimas ganas de cogerte, pero antes te voy a “atender” a vos, por lo menos no antes de que acabes un par de veces en mi boca, y pueda tomarme tu lechita…

En un arrebato busqué sus labios, que me los  ofrendó con euforia.

Envolvió mi boca con la suya y nos entregamos en un juego excitante, entre roces y frotamientos con nuestras lenguas estimulando al máximo nuestro deseo por poseernos.

Abandonó mi boca para bajar hasta mi sexo, a la vez que con sus manos palpaba mi anatomía, desde mi cuello hasta la planta de mis pies, en un recorrido suave y sugerente, haciendo poner mi piel de gallina.

Sin dejarme recuperar del anterior orgasmo afirmó su cara en mi entrepierna y lamió con énfasis el néctar de aquella primera acabada, su ritmo exacerbado logró que comenzaron a brotar nuevos fluidos…

- ¡como me calienta el olor a hembra que despedís!

Ese tipo de comentario son los que me hacen sentir una verdadera puta en la cama, y me encantaba tener “a un desconocido” diciéndomelas.

Aunque no dije nada en ese momento, mis ininterrumpidos jadeos fueron suficientes para que él percibiera que estaba llegando al punto máximo de excitación, y sin dejar de lametear el clítoris me penetro primero con un dedo, luego dos, sentía la delgada piel de mi vulva estirarse cuando sumó un tercer dedo, (tres que de él equivalen a mi mano entera, “una bestia”)

Abrí mis piernas lo más que pude para recibir aquellos dedos que a esa altura  me cogían sin piedad.

- Ahhhhhhh ahhhhhhhh ahhhhhhhh

Más, más, más duro, ahhhhhhhhhh ahhhhhhhhhh, no podía dejar de gemir…

¡Luciano! me viene, me viene el chorro de nuevo, apartateeeeee –

- ¡ni loco!

Por Diossssssss acabá en mi boca, quiero sentir yaaaa tu meo caliente –

Mi cuerpo comenzó a sacudirse, perdí el control de él, y de mi contención, por inercia eleve mi pelvis, inevitablemente y a su ruego expulsé “el gran chorro”.

Luciano disfrutaba de la situación, yo continuaba temblando, mientras él seguía embutido en mi cara, recibiendo todo lo que le entregaba, no aminoró la estimulación en ningún momento, y le acabé dos veces, una seguida de otra.

Hasta que no pararon mis convulsiones no levantó la cara de mi sexo, cuando vi su cara totalmente “enchastrada” me di  cuenta que había expulsado más que la vez anterior.

- ¡Me mató!

Más que una perra, sos una loba, me volvés loco… que manera de gemir… tengo la pija que me estalla.-

Continuará
En la 5ta parte “el final”

 

La Dama y el Vagabundo (3ra parte) Octubre 15, 2009

Había despertado la fiera que hacía tiempo estaba dormida en mí. Me sentía poderosa al lado de él, debía ser mío, y no porque fuera premeditado, porque no lo fue, ni tampoco  a cambio de nada, simplemente para gozar juntos, y vivir una noche de lujuria. Engañando por primera vez al aburrido de mí marido. ¡Sí por primera vez! Leyeron bien. Y no es verso.

(El chico era mi nuevo capricho,  diferente  a los que tengo normalmente: viajes exóticos, un nuevo auto, algún nuevo  tapado de visón que vi en algún shopping,  entre tantos otros caprichitos que me ha concedido gentilmente mi marido…

qué fácil es meterle la mano en el bolsillo  cuando están enamorados… hacemos lo que queremos con ellos, hasta logramos  que crean que estamos perdidamente enamoradas de ellos. Y aunque en la cama no sintamos absolutamente nada le fingimos tremendos orgasmos  actuando como la mejor actriz.

-  ¡Eugenia por favorrrrrrrrrrrr!  ¿No me preguntará enserio?  –

- mmmm  ¿porqué? ¿Te gusto? –

Mi mano que seguía en su muslo comenzó a ascender  con total firmeza haciendo sentir mis uñas de gata en celos, ¡y sí!  Entre el vinito que tomé y la excitación que Luciano me provocaba  estaba  entregadísima.

Lo quería sí o sí en mi cama, esa  misma noche, y no iba  a andar con vueltas perdiendo el tiempo  con jueguitos  estúpidos de  pendejas  histéricas.

- Señora no me haga esto… ¡por favor!  que  me hará perder el control del auto –

- Sin embargo bajo el cierre de tu pantalón hay algo que hace fuerza para salir…

¡Vamos!

Dejá la vergüenza  para otra ocasión, podríamos pasarlo tan bien… – (en esa última frase manoteé  con entusiasmo su bulto como una buena puta, dejando de lado la señora  que soy)

El muchacho clavó los frenos y  estacionó en el único hueco  que encontró  libre.

Peló el machote Argentino que tenía bien escondido  y levantando la voz  me corrió con el siguiente comentario:

-  ¡Ok¡ vos me tenés ganas hija de puta… me vas a tener , te voy a coger  hasta que me pidas por favor que te la saque-

No puedo explicarles como me calentó escucharlo  tan rudo y alterado.

-  Huy  bebé  que prometedor sonó esoooooooo mmmm –

Se bajó el cierre y  sacó la pija  afuera, estaba totalmente al palo, y la tenía  enorme. Me miró y me agarró  del  brazo y me lo llevó hasta su pedazo, tomó mi mano y  ejerció presión sobre su miembro y  dijo: – pajeame mientras conduzco, perra –

Puso el auto en marcha y salió a las chapas para el hotel.

Agarré mi nuevo  juguete  y al revés de lo que me pidió se lo empecé a estimular suavemente, de a ratos lo abandonaba para meter un poco más adentro mi mano y palpar sus huevos,  así seguí hasta llegar al último semáforo en el que aprovechó que se detuvo para toquetearme, se mandó por el escote y me estrujó  los pezones, mmmm me encanta esa mezcla de dolor y placer. Continué  pajeandolo  hasta que me sorprendió presionando con una mano  entre el cuello y la nuca empujando  mi cabeza  hasta su pija.

-  quiero ver cómo te la comes, ¡puta!  Trágatela toda, ¡yegua! –

- Siiiiiiiiiiii bebé se me hace agua la boca, la estoy deseandoooooooo,

Mmmm  me la voy a devorar completa. ¡Pendejo!… -

(Desde que lo vi tirado en la cama deseaba sentir su pedazo en mi boca)

Glotona como pocas me  la metí lo más profundo que pude, estirando al máximo mi  lengua alcancé sus huevos, en ese momento calculo que debió cerrar los ojos  porqué perdió el control del auto dando un volantazo  que me hizo ahogar con su pija, fue  suficiente para  llenarme la boca con su  deliciosa y abundante leche  por suerte era más bien dulzona y me la tragué toda, porque las que son agrias, o algo acidas me cuesta tomármela.

-¡mostrame tu boca! Quiero comprobar que no haya quedado ni  una gota de mi semen

Por suerte no chocamos y pudo retomar sin problema alguno.

-   Tengo que admitir que me sorprendiste, primero que no me imaginaba que irías a salir con esto  y segundo quéeeeeeeeeeee buena paja por Diossssss,  y esa mamada  “mamita” me hizo explotar.

¡Quiero cogerte ya!

- Síiiiiii bebé  esta noche quiero ser tuya –

- Te voy  a contar lo que me pasó  en el teatro  Eugenia.  Cuando estábamos  allí adentro, lo que menos hice fue ver la obra, porque  me puse a fantasear con  vos, imaginaba que lo hacíamos en el teatro, y me puse al palo, me empecé a sobar la pija por encima del pantalón, estabas tan concentrada mirando la obra, que ni te percataste, ¡por suerte!  Si lo hubieras hecho no hubiera sabido que decirte en ese momento, imaginaba también ser yo quién te insinuara algo, pero seguro no me atrevería, además que nunca imaginé  que una Dama como usted, perdón, como vos se fuera a fijar en un sucio  como yo, además  era faltarte el respeto, y abusar de tu generosidad, después de todo lo que hiciste por mí…

No puedo negarte que sos el estilo de mujer que me calienta y mucho –

-Si hubiera leído tu mente en el teatro seguramente no hubiéramos esperado a que terminara para irnos, cuanto rato desperdiciado… – (acercándome a su cara para robarle un 1er beso “un piquito”)

- ¡te quiero comer la boca nena! se me reparó  la pija de vuelta, pero mal, la puta madre, ¡como me calentas! Estoy ansioso por llegar y mostrarte todo lo que puedo hacer por vos.-

- Así te quiero, caliente y  eufórico,  con ganas de matarme en la cama, mmmm  ¡pendejo!  Qué lindo macho hay  detrás de ese perfil  sumiso y callejero, y con tremenda pija! guau! sos  una caja de sorpresas, y quiero seguir descubriendo más … -

Cuando llegamos al hotel (casi corriendo) iba un paso más atrás tocándome el culo, diciéndome:

- ¡mamita! ese culo está para entrarle, ¿me lo vas a entregar?  Quiero ver esos cachetes comiéndose mi verga –

- depende de cómo te portes, si haces bien los “deberes”  te lo doy como premio.-

Nunca hubiera imaginado que pocas horas después de conocernos “el modosito” sería  capaz  de hablarme como a una puta, lo insólito es que ese lenguaje tan vulgar que lo hace diferente, especial, es capaz de lograr hacerme  imaginar  el goce antes de gozar. Relamerme  por anticipado aquel pedazo de carne que  estaba  por deglutir.

Entramos a la habitación y ni bien se cerró la puerta me apretujó contra ella, parecía un pulpo, sentía sus manos por todas partes, por suerte me había puesto un vestido rojo, por encima de las rodillas, ceñido al cuerpo  y con cierre en la espalda, facilitando su despojo, que de no haber sido así, creo que me lo arrancaba a pedazos, estaba totalmente  desquiciado.

Por primera vez me comió la boca mientras dejaba caer mi vestido a mis pies.

Le fui desprendiendo la camisa adivinando uno a uno todos sus botones, sin dejar de besarnos, su boca era atrapante, de tamaño importante y de labios imponente, despertando salvajemente mi apetito sexual. Y apoyando su  pesado cuerpo  contra el mío y restregándose contra él hábilmente me hizo notar que una parte de su cuerpo también se había despertado.

Fue una situación extremadamente excitante, llena de lujuria y  de pasión, no me reconocía tan eufórica, tan apasionada.  Estaba ansiosa por ser penetrada por ese joven  bohemio que horas antes y a cambio de unas monedas  ofrecía tocar una canción.

Se quito el pantalón y con él arrastró su prenda interior, su cuerpo era descomunal, digno de estar sobre una pasarela desfilando para  la más reconocida marca de ropa fashion.  Aún de pie y sin movernos del lugar  recorrí con ambas manos  reconociendo su figura, tal cual lo haría un no vidente,  empezando por su cara, palpando su boca entre abierta, mojando mis dedos con su humedad, bajando por su cuello ancho y largo, arrastrando mis manos por sus pectorales, dibujando con ellas sus marcados abdominales en su cuerpo fibroso  que a pesar del tiempo de no entrenar dejaba claramente adivinar que antes lo había hecho con rigurosidad. El levantaba su rostro estilizando su cuello como un cisne, evidentemente  estaba gozando de mi inspección. Y con un dedo sobre mi tanga hacía presión sobre mis labios vaginales  devorándose  la delgada tela de la mojada prenda, eso me calentó mucho más, quería que me la metiera ¡YA! Pero  se tomó el tiempo necesario para cada momento, haciéndome gozar como una yegua con cada uno de sus movimientos.

Luciano me había prometido una noche a puro sexo,  y estaba empezando a  cumplir con su promesa.

CONTINUARÁ…

 

La Dama y el Vagabundo (Infidelidad y perversión) 2da parte Octubre 13, 2009

-Me pareció escuchar que Luciano  me llamaba-

Me acerqué y corrí la cortina y ¡ohhhhhh sorpresa! ¡Qué lomazo!  De espalda muy ancha, vestido no parecía tener ese cuerpazo. Todavía no se había puesto la ropa,  llevaba solo el slip (blanco)  y las medias  del mismo color, bueno… blancas habrán sido el día que las compró.

-  perdón creí escuchar que me llamaste –

(No pude evitar que mis  ojos  se fueran directo a su bulto, era demasiado ostentoso, no pasaba desapercibido fácilmente) cuando me di cuenta que miraba fijo “ahí”, me puse colorada de inmediato, ¡qué vergüenza¡

- no pasa nada señora –  quédese ya que está acá, enseguida me pongo la otra ropa –

Creo que se dio cuenta, pero se hizo el “tonto” y encima llamándome “señora”  ¡que tedioso!

Mientras se ponía el pantalón lo miraba por el espejo, es que su  cola es fantástica, redondita, y bien marcada, parecida a  la cola de una mujer.  Quién diga que no le atrae la cola de los hombres ¡MIENTE VILMENTE!

Y esa colita estaba para lengüetearla y morderla largo rato.  Y  cabalgar sobre ese pedazo de carne  mmmm

“A mi mente llegaban pensamientos  calientes y perversos, por ella pasaban  miles de imágenes  teniendo sexo con él en  diferentes posiciones”

Deje de volar  y aterricé en la realidad…

Le quedaba todo a su medida, así que saqué la tarjeta de crédito y le compre las 3 mudas.

Salimos de la tienda y nos fuimos al hotel.

Confesó que hacía tiempo no entraba a un baño que no fuera público, y para ducharse tenía que pedir permiso en las estaciones de servicio y muchas veces se lo negaban.

Su historia de vida (desgraciada) me partía el alma, y menos mal que había dejado de hacer frío, andar todo el tiempo al aire libre, expuesto, el imaginármelo me ponía muy mal.

El apart hotel era 5 estrellas y no le faltaba nada. Tenía todas las comodidades, hasta incluso un bonito jacuzzi que pensaba estrenar esa noche. Pero debido a la presencia de Luciano, pensé no lo iría a usar…

Le saqué las etiquetas a la ropa nueva y se la extendí sobre la cama mientras él se daba un buen baño, (de esos que vayan a saber cuánto tiempo no se daba).

Para dejar que pudiera cambiarse bajé a tomar un trago al bar que está junto a  la piscina, (había estado  la noche anterior y me gustó mucho) no sin antes guardar todas mis cosas de valor en la caja fuerte. Era inevitable no tomar precauciones con un extraño.  Podré ser muy buenaaaaa, pero de  tonta ni un pelo.

Dejé pasar 30 minutos y regresé. Y lo encontré prolijamente afeitado,  de poco vello en el pecho, (me encantan así, los osos nunca me han llamado la atención) cubierto por la bata y acostado sobre el borde de la cama al lado de la ropa, (parecía otro).

Lucía fantástico, cara relajada, de facciones muy masculinas,  estaba súper dormido, me imaginé que hacía tiempo no se acostaría sobre un buen colchón. De hecho no me había contado detalles de donde dormía, (luego averiguaré en la cena, si es que me quiere contar).

Me dio pena despertarlo, además faltaba todavía más de  3 horas para la función, lo dejé que durmiera, cuando lo escuché roncar y tuve la certeza que no se hacía el dormido  me senté en el sillón frente a la cama y lo contemplaba con mesura,  disfruté  observarlo,  pero mi curiosidad quería ir un poco más allá de lo que la vista me devolvía, me paré del sillón y fui hacia la cama mezcla de picardía y de  pánico porque me aterraba pensar que se despertara.

Desprendí  sutilmente el lazo que cruzaba la bata, se la abrí para poder tener mejor panorama,  ¡guau y sí que lo tenía!  tremendo pedazooooooo  de carne dormido  le colgaba  entre las piernas, fácilmente andaría  en los 25 cm, y muy grueso, eso lo hacía doblemente  más deseable.

Me empecé a excitar con solo verlo,  me sentí humedecer, mis dedos  acataron  mis órdenes y empezaron a hurgar en mi mojada conchita.

Dentro mi poca variedad sexual  nunca he tenido la suerte de haberme  topado  con  uno tan dotado.

Desde que estoy con Sergio no volví a tener  contacto íntimo con nadie más, la de Sergio es más tirando a estándar, o mal llamado “normal” 18 cm x 3,5, pero  la supo usar muy bien, no tengo quejas sexuales para con él, el problema es que ya no me calienta, no me mueve  ni un pelo.

Desde hace años que me siento algo “asexuada”  disfruto más de jugar conmigo sola, que teniendo sexo con mi marido.

Y en ese momento  viendo el cuerpazo de Luciano  me toqué hasta empapar mi tanga y acabé imaginándome que era su boca la que recibía mi néctar.

Me incorporé rápidamente y volví a hacer el lazo de la bata, él siguió inmutable, nunca se entero de la paja que me hice por  su culpa.

Salí disparando al baño, me metí en  la bañera, me quedé un rato allí relajando la tensión que me había causado “esa situación”.

Cuando salí fue directo al cuarto, esperaba que Luciano ya se hubiese cambiado, pero para mi sorpresa seguía dormido.

Me ajuste la bata para asegurarme no llegara a desatarse y a fuerza de zamarreos lo desperté.

-¡Vaya que dormías!-

_¡Perdón señora, discúlpeme, me apoyé a descansar un momento y me he quedado dormido. ¡Qué vergüenza!-

- No te preocupes, no me ha molestado, pero vístete que en un rato saldremos, mientras lo haces me voy a maquillar  un poquito– (me fui al baño para dejarlo cambiarse, pero que ganas de espiarlo tenía…)mmmmm

Cuando  volví  a la habitación ya estaba listo, ¡IMPECABLE! No pude contenerme y se lo hice saber. Muy educadamente me agradeció por ello y creo que por cuarta vez lo hizo por la compra de la ropa.

Le pedí me esperase abajo mientras me cambiaba, y luego me uní a él. Cuando llegué a la sala de estar se paró un acto muy caballeresco para su corta edad, me sorprendió. No paraba de mirarme, y de decirme lo linda que estaba,  tengo el cabello muy largo y ondulado pero siempre lo llevo atado (no me lo había descubierto) salvo ocasiones especiales como la de esa noche, que me lo dejé suelto, solo recogí un poco con una flor hacia un costado para darle un toque personal.

Fuimos en el auto para podernos manejar mejor, me sentía rara llevando a un desconocido a mi lado, pero a la vez era excitante, morbosamente se me ocurrían cosas para con el muchacho.

Salimos del teatro conversando sobre el espectáculo y camino al estacionamiento del auto, lo tomé del brazo no sin antes preguntarle si no le molestaba.  Me hallé cómoda y segura, la palabra exacta vendría a ser protegida.

Elegí un restaurante muy bonito, cálido, de luz tenue, el pidió lo mismo que yo, quizás por vergüenza no sé,  lo cierto es que parece que le gustó, porque  no dejó nada.

Me contó  que se había venido a Buenos Aires después de  que su hermano mellizo muriera  en pleno partido de rugby del cual ambos  pertenecían al mismo equipo. Abandonó su novia, su carrera, trabajo, no quería saber nada de todo aquello que le recordase a Lisandro, su hermano.  Al contarlo se notaba la gran carga de dolor que lo perturbaba. Hablé mucho con él, traté de hacerle comprender que la vida continúa a pesar de todo, y que  muchos sufrirán doblemente, por un lado por la pérdida irreparable de su hermano y por otro la ausencia de él por su huída repentina. Estaba muy cerrado en sus convicciones, demasiado negativo para hacerle comprender  en una sola charla lo que quizás llevaría meses de terapia.

Se excusó para ir al baño. Al regresar cambie de tema, no quería hacerle revivir sus tristezas.

Luego del postre un café y se terminaría  “la cita”, llegaba a su fin. Pero me resistía a dejarlo ir, la estaba pasando bien, me sentía toda una aventura experimentando  una nueva rebeldía, como cuando era adolescente y sabiendo que no debía hacer tal cosa, la hacía por el simple hecho de contradecir a lo ético.

Luciano  me pidió que lo dejase de pasada  camino al hotel en su “lugar”, una humilde pensión que compartía con  gente de la calle como él. Pero con el pretexto de que en el hotel estaban todas  sus cosas lo convencí.

Al llegar al auto le pregunté si sabía manejar, me dijo que sí, y le pedí condujera  él.  Me senté a su lado tranquila, me trasmitía seguridad,  el viaje no era muy largo, nos separaban no más de 30 minutos  hasta el hotel.

En un momento me dijo:

- dígame que no estoy soñando,  ha sido todo tan lindo… que si es un sueño no me quiero despertar, desde la tragedia que no había vuelto a sonreír-

- ¡claro que no lo es!  Me alegra haber sido el nexo que te arrancara un par de sonrisas.

Y tutéame que no soy tan mayor,  por mi edad biológica podría ser tu madre, pero no lo soy.

Y mi mano deslizándose por su pierna…

” ¿Acaso tan mal me veo para mis 43 años?”

Continuará…

 

La dama y el vagabundo!! Infidelidad y perversión Octubre 12, 2009

Soy la esposa de  un reconocido  Juez, su nombre es  Sergio  tiene hoy 61 años,  y  yo “María Eugenia” de  43. Antes había salido con otros 3 chicos de mi misma edad, totalmente pendejos y huecos mentalmente.

Al conocerlo a él noté gratamente la disparidad y “me enganche”,  en ese entonces  la diferencia de edad ni se notaba. Pero hoy día se nota y mucho. Soy  profesora de danzas árabes  y de patín artístico y  les doy  clase a 38  alumnas entre ambos cursos. Y puedo decir que tengo un cuerpo privilegiado. Algunas amigas me dicen que me mantengo físicamente tan bien como a mis 25 años.

Y ¡sí! Es verdad, mis curvas aún  innatas, mi  cola y mis pechos son firmes, sin estrías ni celulitis, mi piel es fresca y tersa como la piel de mi hija menor que hoy tiene 14 añitos.

Pero claro,  soy una mujer que como muy sano, bebo mucha agua, voy al gimnasio 3 veces por semana, además de jugar  al tenis con mis amigas en el club.

Me casé con él el día de mi cumpleaños número  21, me deslumbró con su hombría y caballerosidad. Sus gestos y regalos me confundieron, creí estar perdidamente  enamorada, pero poco a poco con el correr del tiempo ese encantamiento se fue diluyendo.

Luego llegaron los niños (3) y me quedé a su lado aún sin amarlo, por el cariño y respeto que le tengo, y porque es un padre ejemplar, y como marido también lo es, el problema pasa por mí,  no por él. Él dice amarme como el primer día, y le creo, me lo demuestra  con hechos.

Mínimamente  hacemos el amor 2 o 3 veces por semana, (sexualmente es muy activo,  siempre es él quién provoca la situación) yo no siento  deseos de hacerlo, pero no puedo negarme. No  quiero que se dé cuenta que ya no lo amo.

Me conformo con la vida que me toca vivir, lo tengo todo, mis caprichos son ordenes para él, nunca me cuestiona absolutamente nada, pero a veces pienso que distinto sería todo si no me hubiera  dejado llevar por mis impulsos,  a solo 4 meses de conocernos.

Una tarde caminaba por la calle corrientes  iba a sacar una entrada para ver una obra esa misma noche, no tenía con quién ir, estaba de paso por la ciudad y me quedaría  tan solo unos días en ella.

Había viajado sola, y paraba en un  lindo y lujoso hotel que había reservado mi esposo  por internet, cuando de pronto  se acerca un muchacho  que no pasaría de los 30 años. De aspecto muy dejado, de cabellos negros, más bien corto, barba de unos días, algo sucio y hasta olía bastante mal, cargaba una mochila en sus hombros y una guitarra  entre sus manos, se ofreció cantarme una canción a cambio de unas monedas o de un sándwich.

Me  apenó  su estado calamitoso, y a pesar de tener unos bonitos ojos  color café  y de voluminosas pestañas  noté  en su mirada la tristeza que acarreaba. Pensé en ese instante  en mis hijos,(que tranquilamente podrían ser ellos)  y no pude evitar querer ayudarle.

Lo invité a merendar a la cafetería de enfrente, lo dejé comer tranquilo,  no quise molestarlo ni hacerle  preguntas que pudieran incomodarlo, pero por cómo se manejaba en la mesa parecía un muchacho de buenas costumbres.

Se adelantó a presentarse  antes que yo lo hiciera.

- Mi nombre es  Luciano Almeida, tengo 26 años, y soy de un pueblo pequeño de Mendoza.

Gracias por esto señora, lo necesitaba, me estaba descomponiendo de hambre –

-¡Luciano! Bonito nombre. El mío es Eugenia, y también  soy del interior, y no me agradezcas, por favor, estoy en buenos aires por unos trámites solo por unos días.

Estoy yendo al teatro a sacar una entrada para ver un espectáculo, ¿te molestaría acompañarme? La verdad no me gusta la idea de ir sola –

- Como podría negarme a acompañarla hasta la puerta del teatro habiéndose comportado tan bien conmigo. Cuando quiera ir Eugenia vamos –

- Creo que no me has entendido chico, te estoy invitando a que me acompañes al espectáculo, después podríamos ir a cenar algo por ahí –

- Pero señora…  no tengo ropa adecuada para ir, hace tiempo que estoy en la calle y mis pocas pilchas  dan pena, gracias por el gesto, pero no puedo acompañarla-

- Si ese es el motivo por el cual no puedes ir, no te hagas problema se. Tengo la solución, salvo que… te incomode  acompañarme… -

- En lo más mínimo señora, estaría encantado de ir –

- No se habla más del tema, vayamos a sacar las entradas y luego me encargo de solucionar lo de la ropa –

Volvimos con las entradas en nuestro poder (a la mitad de la segunda fila,  mejor ubicación imposible).  Camino al hotel pasamos por  una casa de ropa de una marca muy reconocida  en la que yo ya había estado en la mañana comprando un par camisas para Sergio.

Como nadie me conocía allí no me importó lo que pudieran pensar, pero como la casa se reserva el derecho de admisión les tuve que  pedir  aprobación  para dejar entrar a ese vagabundo al cual yo deseaba ayudar comprándole algunas prendas. El empleado excusándose se fue hacia adentro  a consultar a su superior.

Regresó dándonos la BIENVENIDA y pensé… -¡como se nota que los comercios están en crisis!-

Luciano me pidió que fuese yo quién elija lo que debía ponerse para aquella ocasión, el vendedor  trajo varias alternativas, y de diferentes estilos, me costó decidirme, así que opté por alcanzarle al probador  3 mudas completas, incluido los zapatos, medias y bóxer.

Cuando estuvo listo con el primer cambio me llamó para que lo viera.

Me sorprendió  ver como una persona pudiera parecer otra con unos simples “trapos” nuevos.

- Cuando me pruebe el otro equipo “te” llamo – (cuanta confianza pensé…  pero me divirtió que lo hiciera, y contrariamente me gustó)

Quieren que la continué?….  no estoy muy convencida, que opinan ustedes?

 

“Amor entre hermanos” (no hay mejor amante que mi hermano) 3ra parte (EDITADA) Octubre 10, 2009

Sus dedos fueron por más… se filtraron orillando la única prenda que uso para dormir, y por primera vez  alguien que no fuera yo rozaba la “zona prohibida” (como la llamó mi mamá el día que tuvimos una “charla intima”  de mujer a mujer) habían pasado tan solo cuatro meses de haber menstruado por primera vez, lo recuerdo porque desde entonces mi cuerpo comenzaba a perfilar aquellas formas femeninas dejando atrás el cuerpo de niña para convertirme poco a poco en la mujer que soy hoy…

Sigo describiéndoles  “el sueño” que me voy de tema, je je

Cuando percibí sus dedos examinando el área, sentí una rara sensación de bronca y de placer,  paradójicamente inexplicable.

Mi cuerpo y mis cuerdas vocales seguían  sin responder. Él, sin embargo ajeno a mis intenciones continuaba  sigilosamente estimulando con sus dedos infiltrándose  en lo más profundo de mi sexo, perdiéndose en la humedad que él había incitado…

Se mantuvo sumergido e inmóvil por unos segundos, tratando de  asegurarse de no perturbar mi somnolencia, en ¿mi sueño? mantenía los ojos abiertos, expectante  a cada manipulación, a cada ruido (algo que él no llegaba a divisar, siendo que la visibilidad era casi nula a la altura de mi cama, no obstante yo sí podía distinguirlo).  Impotente por no poder ejercer resistencia.

Después de un pequeño lapso comenzó a mover los dedos en forma ascendente  en mi “zona prohibida”, y con la otra mano acariciaba  mis tetitas en forma discontinua  pasando de una a la otra, me daba culpa sentir placer, pero tampoco podía resistirme, lo disfrutaba en silencio.

Mi cuerpo se arqueaba al compas de sus estímulos,  (al menos me daba esa sensación) eran cada vez  más y más  acelerados, haciendo irresistible la llegada  de “eso” que tanto me gusta, pero claro, siempre fueron mis dedos los que me dieron  ese  placer en la  intimidad de mi cuarto en penumbras, y  no los de mi hermano…  los  generosos movimientos de sus dedos inquietos naufragaron  en mis fluidos como  navegante experimentado provocando en mí una secuencia de convulsiones orgásmicas  sintiendo como esa  secreción pegajosa  chorreaba  hasta  mi cola.

No sé si fue un ruido en la casa que me despertó ¿ó qué?, creí escucharme gemir, todo había sido tan real… prendí la luz  y comprobé que estaba sola, pero me sentía mojada,  entonces  dudé si solo había sido un sueño, y con mi mano tantee mi sexo que sorpresivamente se encontraron con mis fluidos.

Pero era muy morboso pensar que  Iván había entrado a mi cuarto y había estado jugando conmigo mientras dormía. ¡No! no podía ser posible, descarté ese pensamiento casi al instante,  era mi imaginación que me estaba jugando una mala pasada.

Al día siguiente observé el comportamiento de mi hermano, actuaba diferente, casi no me miraba,  me pareció que trataba de evitarme. Si por alguna razón quedábamos solos él buscaba una excusa para ausentarse.

Fueron pasando  los días, los meses  y todo seguía como si nada,  deseaba volver a vivir  esa experiencia, pero nunca más se repitió.

Creo quedé obsesionada  desde  ese día, porque cada noche al irme a dormir no podía dejar  de traer a mi pensamiento  aquella agradable sensación que tanto placer me dio. Cerraba los ojos y revivía paso a paso  esa aventura, y me volvía a excitar  y a tocar cada noche, ahogándome en gemidos mudos, apretando con fuerza mis labios  reprimiendo el sonoro y magnifico estallido del éxtasis.

Un fin de semana que Iván se había ido de campamento con el grupo de boy scout, me dio ganas de curiosear  su cuarto,  revise un par de cajones, encontré revistas de mujeres asiáticas desnudas, y de hentai porno,  era totalmente sabido que me toparía cosas de ese tipo, entrado en la adolescencia  los niveles de testosterona estarían altísimos, y hasta ese momento no le conocíamos  ninguna “amiguita”, y era normal que usase ese material para desahogarse. Lo que no era normal que entre sus prendas hubiese un par de tangas  que yo ya daba por perdidas. Recordé aquella escena del baño. Dude si llevármelas, pero al final decidí dejarlas, sino  descubriría que estuve allí.

También entré a su computadora, revisé todas las carpetas que contenían archivos, encontrando videos pornográficos al por mayor, pero lo que no me imaginaba que encontraría una carpeta que llevara de titulo “mi perversión”  al abrirla ¡oh sorpresa! Un montón de fotos en los que yo estaba durmiendo, tomando sol en el jardín, y en partes de la casa en las que yo creí estar sola. Y también  tenía 8 videos titulados en la ducha 1, en la ducha2 y así sucesivamente hasta  llegar a 8.  Me mató la curiosidad. ¡Me los miré todos!  Pero no se me había ocurrido que la que estaría en ellos pudiera ser yo.

Se ve que preparaba y  programaba la filmadora cuando tenía  la certeza que me  entraría duchar. . Algunos no se veían muy bien la 1, la 2, y la 3, eran ángulos diferentes y se veía de lejos, y con el vapor era casi imposible adivinar los movimientos.  Pero a partir del 4 video  dio en el blanco; encontró el sitio adecuado,  donde capturó con precisión mis baños,  baños que me daba inocentemente sin siquiera intuir que podía ser grabada por mi propio hermano.

Desde ese día mis duchas no fueron iguales, antes de entrar a ella miraba de reojo o de costado para saber si estaba filmándome, las veces que la encontré mis baños fueron extremadamente sensuales, y con los años  a medida que iba creciendo eran cada vez más provocadores.  A los 17 y ya de novia  seguía seduciéndolo a través de las filmaciones, y algunas  veces, me comenzaba a tocar, excitándome sabiéndome espiada. Ponía algo de música para confundir mis jadeos  con ella.

Una noche pasaba por su cuarto y tenía la puerta cerrada, y se me ocurrió espiar por el ojo de la cerradura.

¿Y a qué no saben lo que vi?

Estaba acostado en la cama con la filmadora conectada a la tv viendo una de mis últimas duchas, una de esas en las que me tocaba ¿para él?

Verlo tirado en su cama con su gran pedazo entre sus manos pajeandose duro mientras me veía fue terriblemente excitante y morboso.

Y así continuamos por años, sabiéndonos espiados, porque incluso creo que con el tiempo se dio cuenta que yo lo espiaba. Incluso creo se avivó el día que estaba encerrado con su noviecita en el cuarto, cuando golpee para preguntarle sobre  un libro que no encontraba y me grito:

- ahora no puedo, luego lo busco –

Por el tono de voz no fue difícil saber que estaba en medio de un polvo, así que me agache y me quedé espiando como lo hacían.

- No puedo explicarles los celos que sentí -

Me daba una envidia tremenda ver como la penetraba. Sin darme cuenta estaba tocándome mientras los miraba, cuando vi la verga de Iván entrando en el gran culo de  Paola (porque era más bien gordita), se me hizo agua la boca, y pensé ¿por qué  Santi (mi novio) no me lo hace? Obvio que no encontré la respuesta, pero eso era lo de menos, porqué en ese momento deseaba  fuera mi hermano quién me cogiera así de rico.

Continuará…